Hola a todos:
Os escribo para deciros que no voy a asistir a la presentación de los “Laboratorios” que tendrá lugar en Medialab el martes 17 de mayo a las 18h. La razón es muy simple: nosotros hemos ofrecido diálogo y cooperación a las dos administraciones públicas locales — Ayuntamiento y Comunidad — para el desarrollo de unas mejores políticas culturales; para dar un nuevo impulso a la cultura y las artes en Madrid, aportando nuestra experiencia y energía. Ninguna de las dos administraciones está interesada en tal diálogo, por lo que no tiene sentido acudir para escuchar una vez más que sociedad e instituciones caminan en direcciones opuestas. Ellos han roto la baraja, no nosotros, y no podemos aceptar un diálogo asimétrico, en el que se nos asigna un rol pasivo.
Creo que la Plataforma ya ha hecho todo lo que se puede hacer con este clima político: hemos redactado un documento, el único, entre todos los que han ido emitiendo los diferentes actores de la cultura de Madrid, que pide un sistema de apoyo a la creación equitativo y transparente para todos los ciudadanos. Esta precisión, que somos los únicos que no pedimos para nosotros, sino para toda la sociedad, me la han hecho ya dos cargos públicos.
Hemos redactado un documento, se lo hemos ofrecido a los responsables de cultura del Ayuntamiento y la Comunidad y ha sido rechazado por la segunda e ignorado por el primero. No hemos podido hacer una presentación pública y un debate sobre esta propuesta, porque las instituciones, en especial el Ayuntamiento, han bloqueado durante meses nuestras solicitudes de un espacio y de colaboración para organizarlo. En su lugar, han convocado estos Laboratorios. Sólo nos queda enviarlo a los grupos de la oposición, cosa que ya he empezado a hacer.
Quiero agradeceros a todos el compromiso y el apoyo en las diferentes etapas de este proceso, puesto que de alguna manera me siento responsable del impulso inicial que dio lugar a la Plataforma. No ha sido tiempo perdido. La semilla que hemos plantado dará fruto. Hemos creado un modelo de acción política horizontal entre creadores, hemos iniciado el primer debate serio que ha habido en Madrid sobre políticas culturales, y hemos hecho la primera propuesta coherente de un Fondo para las Artes de Madrid, que antes o después existirá. Vencer las inercias autoritarias de las instituciones y sortear las pequeñas ambiciones de sus responsables no es trabajo de unos meses.
Pero ahora no tiene sentido intentar movilizaciones contra el poder. Disponen de recursos más que suficientes para aplastar cualquier intento, y creo que además todos tenemos otras cosas que hacer, cosas que a largo plazo quizás sean más importantes, como nuestra propia obra.
Voy a dejar accesibles los documentos que hemos generado (actas, informes y la propuesta del Fondo), pero desactivaré el correo de la Plataforma, este desde el que os escribo, el grupo de discusión y la página de Facebook.
Un abrazo
Tomás
POLÍTICAS CULTURALES: LA PARTICIPACIÓN TRUCADA
Ahora Madrid llegó al Ayuntamiento sin una propuesta de políticas culturales. En su programa no dedicaban más de 106 palabras a la cultura, creo recordar, y todo en términos muy vagos. En su momento entrevisté a Guillermo Zapata[1] e hice un análisis de dicho programa[2]. Mis conclusiones fueron bastante pesimistas. Por otra parte sabemos que el equipo de Celia Mayer funciona con un par de mantras que repiten sin cesar, aunque por sí mismos no signifiquen nada: cultura popular, procesos colaborativos; cultura popular, procesos colaborativos… Con tales antecedentes, no es raro que la cultura se haya convertido en el peor campo de batalla para este gobierno municipal, que cuenta ya varias bajas en el correspondiente área de gobierno, desde el mencionado Guillermo Zapata a Jesús Carrillo.
Ahora, al fin, tras un año sin resultados visibles, pero a lo largo del cual seguro que se ha seguido gastando dinero, mucho dinero, los responsables del área han decidido abrir un debate sobre las políticas culturales municipales. Podría decir que a buenas horas, que la sociedad civil ya inició este debate hace meses, aunque hayan preferido ignorarnos olímpicamente. Pero por desgracia hay que rascar un poco más.
El formato elegido para tan gran debate son unos “Laboratorios[3]”. El primero de ellos ya está convocado[4], y han invitado para iluminarnos a Natalia Balseiro, investigadora y productora cultural que ha estado al frente del Centro Coreográfico Galego y en la dirección del MOV-S; Tere Badía, actual directora de Hangar; Mikel Toral, técnico municipal de Cultura, exdirector de Promoción Cultural del Gobierno vasco y miembro del Consejo Vasco de la Cultura. Además, para el taller subsiguiente, han contratado como dinamizadores a Natalia Balseiro, Sofía Coca y Pedro Jiménez de ZEMOS98 (Sevilla), y Ricardo Antón de ColaBoraBora (Bilbao).
¿De quién se han olvidado? ¿A quiénes han dejado fuera? ¿A quiénes no han invitado? A los interlocutores legitimados de la cultura madrileña. Han pasado de todos y cada uno de nosotros, en todos y cada uno de los ámbitos de la creación. Para participar en este “Laboratorio” hay que inscribirse y ser admitido. No se explican los criterios de admisión. ¿Trayectoria, participación en asociaciones o plataformas, aleatorio…? ¿Amiguetes? No importa, porque como no van a publicar ni los criterios ni la lista de “desechados”, la cosa parecerá muy legal y muy trasparente.
A mí me llena de asombro, la verdad. En las artes visuales de Madrid existen, además de la Plataforma de la que el Antimuseo forma parte junto con otras 40 asociaciones y 150 particulares, varios colectivos que, nos gusten o no, son los interlocutores legitimados para este debate. Para empezar MAV (www.mav.org.es). También están AVAM (www.avam.net) y el IAC (www.iac.org.es), que no son santo de mi devoción, no es ningún secreto, pero que algo tendrán que decir sobre estos temas. Me imagino que en otros ámbitos pasa lo mismo, que habrá asociaciones de salas alternativas de teatro, por ejemplo. Y Tabacalera (latabacalera.net) y los otros Centros Sociales Autogestionados deberían tomar parte en esta discusión, sin duda, porque hace ya más de quince años que juegan un importante papel en la cultura madrileña. Tampoco se incorporan a este supuesto diálogo los representantes políticos de otras fuerzas, como si lo que tienen que decir los concejales de la Comisión de Cultura no fuera relevante. Expertos internacionales, un George Yúdice, un Fernando Vicario[5] ¿para qué? No, nadie avalado por su trabajo, por su representatividad, por sus conocimientos, o cualquier otro atributo que podamos considerar solvente. Se seleccionarán 60 personas en cada “Laboratorio”, para que diseñen las políticas culturales de Madrid en virtud de su reconocido/a ………………….…… (rellene usted la línea de puntos, por favor, que a mí me da vergüenza).
A ver si nos aclaramos: el debate no se da entre personas que ya están de acuerdo, sino entre los que mantienen posturas enfrentadas. El éxito en política es saber encauzar el diálogo y encontrar los puntos comunes que nos permiten convivir.
¿Por qué razón no se ha planteado un debate serio con todos estos interlocutores legítimos (y sobradamente conocidos en el Ayuntamiento)? Porque el objetivo de estos “Laboratorios” no es abrir una gran discusión en la que podamos participar todos los madrileños que nos dedicamos profesional y precariamente a la cultura, sino justificar el cúmulo de errores que esta concejalía viene acumulando desde hace un año, y fortalecer y ampliar las redes clientelares de Intermediae, Patio Maravillas, la Fundación de los Comunes y demás. Para esta operación, lo que funciona es inventarse un interlocutor abstracto (“el pueblo”, como si el 99% restante fuésemos de la familia real), que ellos mismos definen y seleccionan. Un traje hecho a medida. Lo que buscan no es una confrontación honesta entre distintas visiones de la cultura, sino la adhesión sumisa a su autoridad y doctrinas. A sus intereses particulares.
Esta jugada es lamentable, y pone de manifiesto la falta de rigor y la cortedad de miras políticas del equipo de Celia Mayer. Imagino que Azucena Klett y Ana Méndez de Andrés, asesoras de cultura y, por lo que sé, las madres de la criatura, estarán ufanas, convencidas de que nos la han jugado una vez más. Que con este truco nos van a dejar en la cuneta a todos los que no encajamos en su planes, y que van a legitimar, tras un año perdido para la cultura de Madrid, las despolíticas culturales que han venido perpetrando.
Lo malo es que no sólo corroboran lo que todos sabemos, que las administraciones públicas son las peores enemigas de la cultura madrileña, sino que están comprometiendo el proyecto político de Manuela Carmena, que en ningún caso puede permitirse maniobras tan rastreras y antidemocráticas.
Azucena, Ana: haceos un favor a vosotras mismas. Haced un favor al gobierno municipal de Carmena, a las creadoras y creadores de Madrid. Haced un favor a toda nuestra ciudad y dejaos de artimañas. No engañáis a nadie. Estos “Laboratorios” carecen de la menor legitimidad y en nada van a revalidar vuestras torpes estrategias. Canceladlos y empezad a trabajar con la sociedad, con los interlocutores que ya están constituidos y que tienen propuestas que compartir con el Ayuntamiento. De nuestros conflictos surgirán las soluciones que estamos esperando.
Lo que estáis haciendo no responde al cambio que ha exigido y exige la ciudadanía, que no es sólo un cambio de partido en el gobierno, sino sobre todo de esas formas mezquinas y torticeras de hacer política.
Tengo poco más que decir. Siento un gran vacío y recuerdo la cita de Dante con la que empecé mi proyecto de crítica en enero de 2015: Lasciate ogni speranza, abandona toda esperanza. Si creyese en la madurez política de mis conciudadanos, os propondría que asistamos masivamente el martes 17 de mayo a las 18h, en el auditorio de Medialab, para exigir a la concejal Celia Mayer, que estará presente, la cancelación de este nuevo disparate y el inicio de una diálogo de verdad, donde entre todos podamos construir un marco adecuado para nuestra cultura.
Como guinda, en este link https://goo.gl/0s2h9H podéis bajar un breve informe sobre los sistemas de apoyo a la creación en Europa, para que comprendáis mejor que es lo que estas señoras quieren evitar a toda costa — un sistema equitativo y transparente — y podáis imaginar que es lo que pretenden colarnos en su lugar.
ÚLTIMA HORA: Tras filtrar yo mismo este texto a un alto cargo del Ayuntamiento, por eso de que el que avisa no es traidor, recibo una invitación para que la Plataforma participe en el taller como invitada especial. Cada paso que dan se hunden más en el lodo.
ÚLTIMA HORA: Un amigo de Facebook me propone que nos concentremos en la puerta de Medialab para reventar el acto. Me hace mucha ilusión, pero sé que nadie en Madrid da la cara cuando hay conflicto y yo estoy viejo para meterme solo en estos fregados.
Apoya el Fondo para las Artes de Madrid: https://goo.gl/o08jZq
[1] http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html
[2] http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/05/las-artes-visuales-en-los-programas-del.html
[3] http://medialab-prado.es/article/los-laboratorios
[4] medialab-prado.es/article/laboratorio-1-apertura-institucional-y-herramientas-de-participacion
[5] Hace poco ha publicado en su blog:
"Se necesita una política más cultural y una cultura más política. No ideologizada, politizada, que no es para nada lo mismo, ni siquiera se parece.
La gestión de la cultura es un proceso político al que nuestras sociedades deben darle el valor que le corresponde, siempre que nuestros profesionales sepan desempeñar su papel con la presencia y la responsabilidad que tal encargo social tiene."
http://fvicario.com/poder-politica-y-cultura/
Ahora, al fin, tras un año sin resultados visibles, pero a lo largo del cual seguro que se ha seguido gastando dinero, mucho dinero, los responsables del área han decidido abrir un debate sobre las políticas culturales municipales. Podría decir que a buenas horas, que la sociedad civil ya inició este debate hace meses, aunque hayan preferido ignorarnos olímpicamente. Pero por desgracia hay que rascar un poco más.
El formato elegido para tan gran debate son unos “Laboratorios[3]”. El primero de ellos ya está convocado[4], y han invitado para iluminarnos a Natalia Balseiro, investigadora y productora cultural que ha estado al frente del Centro Coreográfico Galego y en la dirección del MOV-S; Tere Badía, actual directora de Hangar; Mikel Toral, técnico municipal de Cultura, exdirector de Promoción Cultural del Gobierno vasco y miembro del Consejo Vasco de la Cultura. Además, para el taller subsiguiente, han contratado como dinamizadores a Natalia Balseiro, Sofía Coca y Pedro Jiménez de ZEMOS98 (Sevilla), y Ricardo Antón de ColaBoraBora (Bilbao).
¿De quién se han olvidado? ¿A quiénes han dejado fuera? ¿A quiénes no han invitado? A los interlocutores legitimados de la cultura madrileña. Han pasado de todos y cada uno de nosotros, en todos y cada uno de los ámbitos de la creación. Para participar en este “Laboratorio” hay que inscribirse y ser admitido. No se explican los criterios de admisión. ¿Trayectoria, participación en asociaciones o plataformas, aleatorio…? ¿Amiguetes? No importa, porque como no van a publicar ni los criterios ni la lista de “desechados”, la cosa parecerá muy legal y muy trasparente.
A mí me llena de asombro, la verdad. En las artes visuales de Madrid existen, además de la Plataforma de la que el Antimuseo forma parte junto con otras 40 asociaciones y 150 particulares, varios colectivos que, nos gusten o no, son los interlocutores legitimados para este debate. Para empezar MAV (www.mav.org.es). También están AVAM (www.avam.net) y el IAC (www.iac.org.es), que no son santo de mi devoción, no es ningún secreto, pero que algo tendrán que decir sobre estos temas. Me imagino que en otros ámbitos pasa lo mismo, que habrá asociaciones de salas alternativas de teatro, por ejemplo. Y Tabacalera (latabacalera.net) y los otros Centros Sociales Autogestionados deberían tomar parte en esta discusión, sin duda, porque hace ya más de quince años que juegan un importante papel en la cultura madrileña. Tampoco se incorporan a este supuesto diálogo los representantes políticos de otras fuerzas, como si lo que tienen que decir los concejales de la Comisión de Cultura no fuera relevante. Expertos internacionales, un George Yúdice, un Fernando Vicario[5] ¿para qué? No, nadie avalado por su trabajo, por su representatividad, por sus conocimientos, o cualquier otro atributo que podamos considerar solvente. Se seleccionarán 60 personas en cada “Laboratorio”, para que diseñen las políticas culturales de Madrid en virtud de su reconocido/a ………………….…… (rellene usted la línea de puntos, por favor, que a mí me da vergüenza).
A ver si nos aclaramos: el debate no se da entre personas que ya están de acuerdo, sino entre los que mantienen posturas enfrentadas. El éxito en política es saber encauzar el diálogo y encontrar los puntos comunes que nos permiten convivir.
¿Por qué razón no se ha planteado un debate serio con todos estos interlocutores legítimos (y sobradamente conocidos en el Ayuntamiento)? Porque el objetivo de estos “Laboratorios” no es abrir una gran discusión en la que podamos participar todos los madrileños que nos dedicamos profesional y precariamente a la cultura, sino justificar el cúmulo de errores que esta concejalía viene acumulando desde hace un año, y fortalecer y ampliar las redes clientelares de Intermediae, Patio Maravillas, la Fundación de los Comunes y demás. Para esta operación, lo que funciona es inventarse un interlocutor abstracto (“el pueblo”, como si el 99% restante fuésemos de la familia real), que ellos mismos definen y seleccionan. Un traje hecho a medida. Lo que buscan no es una confrontación honesta entre distintas visiones de la cultura, sino la adhesión sumisa a su autoridad y doctrinas. A sus intereses particulares.
Esta jugada es lamentable, y pone de manifiesto la falta de rigor y la cortedad de miras políticas del equipo de Celia Mayer. Imagino que Azucena Klett y Ana Méndez de Andrés, asesoras de cultura y, por lo que sé, las madres de la criatura, estarán ufanas, convencidas de que nos la han jugado una vez más. Que con este truco nos van a dejar en la cuneta a todos los que no encajamos en su planes, y que van a legitimar, tras un año perdido para la cultura de Madrid, las despolíticas culturales que han venido perpetrando.
Lo malo es que no sólo corroboran lo que todos sabemos, que las administraciones públicas son las peores enemigas de la cultura madrileña, sino que están comprometiendo el proyecto político de Manuela Carmena, que en ningún caso puede permitirse maniobras tan rastreras y antidemocráticas.
Azucena, Ana: haceos un favor a vosotras mismas. Haced un favor al gobierno municipal de Carmena, a las creadoras y creadores de Madrid. Haced un favor a toda nuestra ciudad y dejaos de artimañas. No engañáis a nadie. Estos “Laboratorios” carecen de la menor legitimidad y en nada van a revalidar vuestras torpes estrategias. Canceladlos y empezad a trabajar con la sociedad, con los interlocutores que ya están constituidos y que tienen propuestas que compartir con el Ayuntamiento. De nuestros conflictos surgirán las soluciones que estamos esperando.
Lo que estáis haciendo no responde al cambio que ha exigido y exige la ciudadanía, que no es sólo un cambio de partido en el gobierno, sino sobre todo de esas formas mezquinas y torticeras de hacer política.
Tengo poco más que decir. Siento un gran vacío y recuerdo la cita de Dante con la que empecé mi proyecto de crítica en enero de 2015: Lasciate ogni speranza, abandona toda esperanza. Si creyese en la madurez política de mis conciudadanos, os propondría que asistamos masivamente el martes 17 de mayo a las 18h, en el auditorio de Medialab, para exigir a la concejal Celia Mayer, que estará presente, la cancelación de este nuevo disparate y el inicio de una diálogo de verdad, donde entre todos podamos construir un marco adecuado para nuestra cultura.
Como guinda, en este link https://goo.gl/0s2h9H podéis bajar un breve informe sobre los sistemas de apoyo a la creación en Europa, para que comprendáis mejor que es lo que estas señoras quieren evitar a toda costa — un sistema equitativo y transparente — y podáis imaginar que es lo que pretenden colarnos en su lugar.
ÚLTIMA HORA: Tras filtrar yo mismo este texto a un alto cargo del Ayuntamiento, por eso de que el que avisa no es traidor, recibo una invitación para que la Plataforma participe en el taller como invitada especial. Cada paso que dan se hunden más en el lodo.
ÚLTIMA HORA: Un amigo de Facebook me propone que nos concentremos en la puerta de Medialab para reventar el acto. Me hace mucha ilusión, pero sé que nadie en Madrid da la cara cuando hay conflicto y yo estoy viejo para meterme solo en estos fregados.
Apoya el Fondo para las Artes de Madrid: https://goo.gl/o08jZq
[1] http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html
[2] http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/05/las-artes-visuales-en-los-programas-del.html
[3] http://medialab-prado.es/article/los-laboratorios
[4] medialab-prado.es/article/laboratorio-1-apertura-institucional-y-herramientas-de-participacion
[5] Hace poco ha publicado en su blog:
"Se necesita una política más cultural y una cultura más política. No ideologizada, politizada, que no es para nada lo mismo, ni siquiera se parece.
La gestión de la cultura es un proceso político al que nuestras sociedades deben darle el valor que le corresponde, siempre que nuestros profesionales sepan desempeñar su papel con la presencia y la responsabilidad que tal encargo social tiene."
http://fvicario.com/poder-politica-y-cultura/
Es esto lo que queremos?
Es normal que la falta de perspectiva nos impida comprender bien nuestra realidad más cercana, juzgarla con la ecuanimidad necesaria para poner cada cosa en su sitio y actuar en consecuencia. Como dice la expresión popular, los árboles no nos dejan ver el bosque. Por eso, aunque los hechos estén a la vista, a veces somos incapaces de reconocerlos y llamarlos por su nombre. Un pez no sabe que está mojado, de la misma manera que tantos políticos y altos cargos no tenían conciencia de estar podridos. Con el arte madrileño pasa algo parecido: estamos tan involucrados en sus dinámicas que no percibimos lo mal que huele. Porque la cruda verdad es que el sistema del arte en Madrid es corrupto. Quizás lo sea todo el sistema de la cultura y quizás en toda España, pero yo me limito a comentar lo que veo con mis propios ojos.
La cuestión es que en el momento en que escribo estas líneas, los recursos públicos a los que puede acceder un artista madrileño por medio de convocatorias públicas, contando todo lo que aportan la administración central, a través de la Secretaría de Estado para la Cultura y las agencias y organismos que dependen de Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, suman CERO EUROS. Y nos parece natural. Pero dinero hay. Hay secretarías de estado, direcciones generales, concejalías, museos, centros de arte, con todos sus sueldos, hay millones de euros destinados a promoción de la cultura y a subvenciones nominativas. Pero los recursos se consiguen a través de contactos personales. Y nos parece natural. No nos extraña la ausencia de un reglamento, de un marco legal, de un procedimiento, y aceptamos sin cuestionarlo que las cosas se apañen en una conversación informal en el transcurso de una inauguración, tomando unas cañas en el bar de la esquina… Además no se apoya nunca la creación, sino la mediación. Esto es peculiar de Madrid y obliga a los artistas a meterse a proyectos de gestión. Lo que nació como respuesta a la crisis de la vanguardia — el artist-run space — se ha convertido en una forma perversa de reconducir la relación entre los poderes públicos y la creación artística. Nada de esto nos extraña, aunque los contenidos de todas esas instancias públicas que he citado antes los tienen que producir los artistas.
Vamos a ver unos ejemplos para tomar perspectiva y evaluar el tamaño del bosque sin liarnos con los árboles: en el Reino Unido el Ars Council distribuye cada año 89.000.000 € en convocatorias públicas (open-access funding programme). Estos recursos van destinados a todos los ámbitos de la creación a través de una serie de programas, entre los que se incluyen las Grants for the Art, con ayudas de 1.000 a 100.000 libras. Los artistas británicos pueden acceder además a recursos locales. En Berlín, ciudad que todos envidiamos y admiramos, los fondos anuales del Projektförderung alcanzan los 23.000.000 € a través de varios programas. El de artes visuales, que se subdivide en 16 aplicaciones, dispone de 5.500.000 €. Los artistas residentes en Berlín pueden además acceder a otros recursos a través de organismos federales. En Holanda la Fundación Mondriaan reparte 26.000.000 € al año, sólo para artes visuales.
En Madrid: 0 €.
Y lo peor es que los representantes electos de cada administración, los altos cargos y los privilegiados que revolotean a su alrededor saben perfectamente que en el resto de Europa hay importantes recursos para la cultura que se redistribuyen a la sociedad a través de convocatorias públicas. Es una simple cuestión de legitimidad democrática. Si hay recursos públicos destinados a la cultura, significa que se ha diseñado una política cultural y uno de los ejes de cualquier política cultural es el estímulo a la creación. Pero aquí no. En Madrid esos sistemas no valen porque… ¡Porque no podríamos dar todo el dinero a nuestros amigos! Por eso he afirmado que el sistema del arte de nuestra ciudad y comunidad autónoma es corrupto. No quiero decir que alguien se esté llevando dinero a su casa, sino que hay un enorme desfase entre la realidad de la creación en Madrid, las políticas culturales y el marco legal y político en el que se supone que vivimos. El origen de la corrupción está en la falta de adecuación de las políticas públicas a las necesidades y objetivos de la sociedad. El dinero va donde no debe, y además va como no debe.
No voy a hacer sangre ahora con el detalle de las actuaciones de las distintas administraciones públicas. Todos sabemos que las Ayudas a la Promoción del Arte Español se han estado concediendo en los últimos 10 años a las galerías para que asistan a ferias de arte, pero sin el requisito, en apariencia obvio, de que lleven artistas españoles. Nadie se ha quejado nunca. Todos sabemos que el Reina Sofía es una especie de OVNI en el centro de Madrid, que no tiene ni desea diálogo alguno con el tejido creativo de la ciudad, y mucho menos si es “grassroots”. Su foco ha estado en la política, no en el arte, y también sabemos todos a quiénes ha apoyado y dónde están ahora esas personas. El CA2M por su parte es perfectamente irrelevante, Todos, o muchos, conocemos el “procedimiento administrativo” implantado por la Comunidad de Madrid para la relación con el tejido creativo: “escribe un e-mail a Javier”. La verdad es que me alucina que con la que le está cayendo al PP en los tribunales todavía se atrevan a decirnos que metamos proyectos en una administración pública en plan amiguetes, sin las garantías de una convocatoria reglada, que debe garantizar unos criterios justos, y sin el respaldo del sello de ingreso en el registro de Alcalá 31, que es lo que salvaguarda los contenidos y autoría de los proyectos. Pero he dicho que no iba a hacer sangre. Además no sólo nadie se ha quejado, sino que muchas personas relevantes de este tejido creativo han admitido sin reparos el “procedimiento” y ya tienen sus proyectos en marcha. Los proyectos son buenos y merecen apoyo público, pero la escasa legitimidad de su acceso a la financiación pública los perjudica a largo plazo, aunque ahora parezca lo contrario.
En cuanto al Ayuntamiento, valoro y mucho el esfuerzo de recuperar las ayudas a la creación. Provienen de aquellas que un grupo de personas pedimos en 2005 a Juan Carrete, entonces director del Conde Duque. Yo personalmente estoy orgulloso de aquellas ayudas, que el Ojo Atómico / Antimuseo sólo obtuvo dos veces por culpa de mis “excesos verbales” (léase crítica despiadada). Recuerdo el día que el Ayuntamiento nos propuso que trasladásemos nuestras actividades al futuro Matadero, y no sólo nos negamos (El Ojo Atómico, Liquidación Total y otros) sino que exigimos que se creasen las ayudas. Muchos artistas y colectivos auto-organizados se han beneficiado de ellas en los seis años que duraron, y el panorama creativo de Madrid no sería el mismo si en aquellos momentos hubiésemos optado por el camino fácil y nos hubiésemos integrado en el proyecto de Matadero. Es una buena noticia que recuperen algo de aquello.
Sin embargo ha sido lamentable la manera en que la Concejalía de Cultura se ha comportado con nosotros. En mi opinión nos ha engañado y despreciado. En el Encuentro de Organizaciones de Artistas celebrado en Medialab el pasado septiembre, Jesús Carrillo no sólo aceptó la creación de una mesa de trabajo con el grupo que luego se ha convertido en la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid, sino que nos urgió nombrar una comisión para la primera reunión. Siete meses después la comisión que nombramos a toda prisa sigue esperando su respuesta; o la de su sucesora, Getsemaní San Marcos. Un simple e-mail con la fecha y lugar. Con la concejala ni intentarlo, porque ella no pierde su tiempo con los ciudadanos de a pie. La Plataforma cuenta ya con más de 30 asociaciones y colectivos, casi todos con proyectos en activo en Madrid. Además han suscrito la propuesta casi cien artistas y simpatizantes, un número que sigue creciendo todos los días. ¿No somos interlocutores válidos para el Ayuntamiento? Aquí hay otra cosa que está fallando. Y con toda seguridad la convocatoria de ayudas a la creación va a nacer viciada, porque ha habido una maniobra de distracción y eso es por algo. No lo duden.
Lo peor es que en 2005, con un gobierno del PP, media docena de asociaciones pudimos colaborar en la redacción de las ayudas. En 2015/16, con el gobierno de Ahora Madrid, somos más de treinta y han impedido a toda costa que participemos o sepamos algo de las convocatorias que preparan en sus despachos. Es el mundo al revés.
Pero no va a pasar nada, porque lo que he descubierto en este proceso es que la mayoría de los artistas de Madrid, y no hablemos de los gestores y de las entidades asociativas más grandes, no quieren un sistema público, reglado, transparente, basado en la igualdad de oportunidades, como el que hay en el resto de los países de Europa. Confían más en la intriga, en sus contactos, en su habilidad para aprovechar la oportunidad de gol. A mí me escandalizó que la autodenominada Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo exigiese, entre las demandas de siempre sobre el IRPF, el IVA, etc., que el gobierno les financie revistas de arte, un programa de televisión (en horario de máxima audiencia, precisa su documento), o la creación de un centro de postgrado de estudios estéticos “de prestigio internacional”. Sin embargo ninguna de las asociaciones que forman parte de esa mesa sectorial ha apoyado hasta ahora el Fondo para las Artes de Madrid. AVAM tampoco lo ha suscrito e incluso su junta directiva ha rechazado reunirse con una comisión de la Plataforma. Muchos artistas que en su día recibieron las Ayudas de Intermediae/Matadero tampoco quieren apoyarlo, cuando en esencia es una ampliación y mejora de aquellas ayudas. Gran ampliación y gran mejora.
Quizás es una idea demasiado avanzada, demasiado democrática. Como que cualquiera que tenga un buen proyecto podría hacer arte en Madrid. Qué tremendo desafío a las jerarquías y establishment de nuestro pequeño mundo.
Bueno, también he descubierto que hay una duda: algunos creen que la Plataforma va a gestionar los recursos del Fondo. Desde aquí aprovecho para aclararlo: el objetivo de la Plataforma es la creación del Fondo para las Artes de Madrid. La Plataforma no es una asociación, federación o persona jurídica que pueda manejar recursos públicos, y como tal plataforma ciudadana, se disolverá el día que consiga su objetivo: el Fondo. Es necesario definir instancias de la sociedad civil que durante el proceso de su creación y una vez exista el Fondo colaboren con las administraciones públicas, que son las que ponen el dinero y las que tendrán la última palabra sobre su reglamento. Pero el rechazo de AVAM ha dejado un vacío que los artistas madrileños tendremos que rellenar por medio de otra figura. Quizás sea el momento de empezar a trabajar en un Consejo, Observatorio o algo similar.
En cualquier caso y para quien no lo haya entendido: la Plataforma tiene como único objetivo la creación del Fondo. La Plataforma no tendrá ningún control sobre los recursos del Fondo, de hecho dejará de existir en el mismo momento en que se aprueben estos recursos. El suscribir la propuesta y aparecer en la lista de ciudadanos y asociaciones que forman la Plataforma no da ningún derecho futuro sobre esos recursos, ya que serán jurados independientes, designados por el Ayuntamiento y la Comunidad con la colaboración de esas instancias aún desconocidas de la sociedad civil, los que seleccionen o rechacen las aplicaciones de cada programa del Fondo.
Dicho esto, la pregunta que me asalta, a la vista de las reticencias de tantos artistas de Madrid que yo suponía que apoyarían la propuesta de un Fondo para las Artes, y que sin embargo parecen preferir el régimen de arbitrariedad y manipulación partidista que hemos sufrido durante tantos años, es si realmente esto es lo que queremos. De verdad ¿Es esto lo que queremos? ¿Un sistema cultural gobernado por la picaresca, donde las habilidades cortesanas son más importantes que el mérito, que el trabajo, que la trayectoria? ¿La sumisión perpetua a las veleidades de los altos cargos? ¿El despilfarro de nuestros impuestos en proyectos que en vez de apoyarlo, erosionan el tejido creativo de Madrid? ¿Es esto lo que queremos?
...
Voy a acabar con un dato para la reflexión: lo que deberían ofrecer el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid en convocatorias abiertas, para todas las disciplinas, incluidas artes escénicas, si establecemos una proporción entre el gasto en cultura, el PIB y la población de ambos con los de Berlín. En rojo los presupuestos que nos equipararían a Berlín.
Nota: si se tiene problemas para visualizar la tabla, se puede bajar en JPG de https://goo.gl/1nEE4z
Los cálculos son aproximados; en el Ayuntamiento cultura está unida a deportes y en la CAM a turismo. En los resultados por población y PIB las cantidades no se suman, pues la ciudad está comprendida en la comunidad, pero en la última línea sí se deben considerar en su suma: 13.800.000 euros. Ésta es la cantidad que correspondería al Fondo para las Artes de Madrid, si realmente alguien estuviese interesado en que Madrid tenga la misma vida cultural que Berlín.
El que no vea que aquí falla algo… Lo que no entiendo es por qué no nos hemos echado aún a la calle.
FIRMA POR EL FONDO PARA LAS ARTES DE MADRID
Declaración: https://goo.gl/o08jZq
Formulario para firmar: http://goo.gl/forms/UxfEAemDZF
La cuestión es que en el momento en que escribo estas líneas, los recursos públicos a los que puede acceder un artista madrileño por medio de convocatorias públicas, contando todo lo que aportan la administración central, a través de la Secretaría de Estado para la Cultura y las agencias y organismos que dependen de Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, suman CERO EUROS. Y nos parece natural. Pero dinero hay. Hay secretarías de estado, direcciones generales, concejalías, museos, centros de arte, con todos sus sueldos, hay millones de euros destinados a promoción de la cultura y a subvenciones nominativas. Pero los recursos se consiguen a través de contactos personales. Y nos parece natural. No nos extraña la ausencia de un reglamento, de un marco legal, de un procedimiento, y aceptamos sin cuestionarlo que las cosas se apañen en una conversación informal en el transcurso de una inauguración, tomando unas cañas en el bar de la esquina… Además no se apoya nunca la creación, sino la mediación. Esto es peculiar de Madrid y obliga a los artistas a meterse a proyectos de gestión. Lo que nació como respuesta a la crisis de la vanguardia — el artist-run space — se ha convertido en una forma perversa de reconducir la relación entre los poderes públicos y la creación artística. Nada de esto nos extraña, aunque los contenidos de todas esas instancias públicas que he citado antes los tienen que producir los artistas.
Vamos a ver unos ejemplos para tomar perspectiva y evaluar el tamaño del bosque sin liarnos con los árboles: en el Reino Unido el Ars Council distribuye cada año 89.000.000 € en convocatorias públicas (open-access funding programme). Estos recursos van destinados a todos los ámbitos de la creación a través de una serie de programas, entre los que se incluyen las Grants for the Art, con ayudas de 1.000 a 100.000 libras. Los artistas británicos pueden acceder además a recursos locales. En Berlín, ciudad que todos envidiamos y admiramos, los fondos anuales del Projektförderung alcanzan los 23.000.000 € a través de varios programas. El de artes visuales, que se subdivide en 16 aplicaciones, dispone de 5.500.000 €. Los artistas residentes en Berlín pueden además acceder a otros recursos a través de organismos federales. En Holanda la Fundación Mondriaan reparte 26.000.000 € al año, sólo para artes visuales.
En Madrid: 0 €.
Y lo peor es que los representantes electos de cada administración, los altos cargos y los privilegiados que revolotean a su alrededor saben perfectamente que en el resto de Europa hay importantes recursos para la cultura que se redistribuyen a la sociedad a través de convocatorias públicas. Es una simple cuestión de legitimidad democrática. Si hay recursos públicos destinados a la cultura, significa que se ha diseñado una política cultural y uno de los ejes de cualquier política cultural es el estímulo a la creación. Pero aquí no. En Madrid esos sistemas no valen porque… ¡Porque no podríamos dar todo el dinero a nuestros amigos! Por eso he afirmado que el sistema del arte de nuestra ciudad y comunidad autónoma es corrupto. No quiero decir que alguien se esté llevando dinero a su casa, sino que hay un enorme desfase entre la realidad de la creación en Madrid, las políticas culturales y el marco legal y político en el que se supone que vivimos. El origen de la corrupción está en la falta de adecuación de las políticas públicas a las necesidades y objetivos de la sociedad. El dinero va donde no debe, y además va como no debe.
No voy a hacer sangre ahora con el detalle de las actuaciones de las distintas administraciones públicas. Todos sabemos que las Ayudas a la Promoción del Arte Español se han estado concediendo en los últimos 10 años a las galerías para que asistan a ferias de arte, pero sin el requisito, en apariencia obvio, de que lleven artistas españoles. Nadie se ha quejado nunca. Todos sabemos que el Reina Sofía es una especie de OVNI en el centro de Madrid, que no tiene ni desea diálogo alguno con el tejido creativo de la ciudad, y mucho menos si es “grassroots”. Su foco ha estado en la política, no en el arte, y también sabemos todos a quiénes ha apoyado y dónde están ahora esas personas. El CA2M por su parte es perfectamente irrelevante, Todos, o muchos, conocemos el “procedimiento administrativo” implantado por la Comunidad de Madrid para la relación con el tejido creativo: “escribe un e-mail a Javier”. La verdad es que me alucina que con la que le está cayendo al PP en los tribunales todavía se atrevan a decirnos que metamos proyectos en una administración pública en plan amiguetes, sin las garantías de una convocatoria reglada, que debe garantizar unos criterios justos, y sin el respaldo del sello de ingreso en el registro de Alcalá 31, que es lo que salvaguarda los contenidos y autoría de los proyectos. Pero he dicho que no iba a hacer sangre. Además no sólo nadie se ha quejado, sino que muchas personas relevantes de este tejido creativo han admitido sin reparos el “procedimiento” y ya tienen sus proyectos en marcha. Los proyectos son buenos y merecen apoyo público, pero la escasa legitimidad de su acceso a la financiación pública los perjudica a largo plazo, aunque ahora parezca lo contrario.
En cuanto al Ayuntamiento, valoro y mucho el esfuerzo de recuperar las ayudas a la creación. Provienen de aquellas que un grupo de personas pedimos en 2005 a Juan Carrete, entonces director del Conde Duque. Yo personalmente estoy orgulloso de aquellas ayudas, que el Ojo Atómico / Antimuseo sólo obtuvo dos veces por culpa de mis “excesos verbales” (léase crítica despiadada). Recuerdo el día que el Ayuntamiento nos propuso que trasladásemos nuestras actividades al futuro Matadero, y no sólo nos negamos (El Ojo Atómico, Liquidación Total y otros) sino que exigimos que se creasen las ayudas. Muchos artistas y colectivos auto-organizados se han beneficiado de ellas en los seis años que duraron, y el panorama creativo de Madrid no sería el mismo si en aquellos momentos hubiésemos optado por el camino fácil y nos hubiésemos integrado en el proyecto de Matadero. Es una buena noticia que recuperen algo de aquello.
Sin embargo ha sido lamentable la manera en que la Concejalía de Cultura se ha comportado con nosotros. En mi opinión nos ha engañado y despreciado. En el Encuentro de Organizaciones de Artistas celebrado en Medialab el pasado septiembre, Jesús Carrillo no sólo aceptó la creación de una mesa de trabajo con el grupo que luego se ha convertido en la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid, sino que nos urgió nombrar una comisión para la primera reunión. Siete meses después la comisión que nombramos a toda prisa sigue esperando su respuesta; o la de su sucesora, Getsemaní San Marcos. Un simple e-mail con la fecha y lugar. Con la concejala ni intentarlo, porque ella no pierde su tiempo con los ciudadanos de a pie. La Plataforma cuenta ya con más de 30 asociaciones y colectivos, casi todos con proyectos en activo en Madrid. Además han suscrito la propuesta casi cien artistas y simpatizantes, un número que sigue creciendo todos los días. ¿No somos interlocutores válidos para el Ayuntamiento? Aquí hay otra cosa que está fallando. Y con toda seguridad la convocatoria de ayudas a la creación va a nacer viciada, porque ha habido una maniobra de distracción y eso es por algo. No lo duden.
Lo peor es que en 2005, con un gobierno del PP, media docena de asociaciones pudimos colaborar en la redacción de las ayudas. En 2015/16, con el gobierno de Ahora Madrid, somos más de treinta y han impedido a toda costa que participemos o sepamos algo de las convocatorias que preparan en sus despachos. Es el mundo al revés.
Pero no va a pasar nada, porque lo que he descubierto en este proceso es que la mayoría de los artistas de Madrid, y no hablemos de los gestores y de las entidades asociativas más grandes, no quieren un sistema público, reglado, transparente, basado en la igualdad de oportunidades, como el que hay en el resto de los países de Europa. Confían más en la intriga, en sus contactos, en su habilidad para aprovechar la oportunidad de gol. A mí me escandalizó que la autodenominada Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo exigiese, entre las demandas de siempre sobre el IRPF, el IVA, etc., que el gobierno les financie revistas de arte, un programa de televisión (en horario de máxima audiencia, precisa su documento), o la creación de un centro de postgrado de estudios estéticos “de prestigio internacional”. Sin embargo ninguna de las asociaciones que forman parte de esa mesa sectorial ha apoyado hasta ahora el Fondo para las Artes de Madrid. AVAM tampoco lo ha suscrito e incluso su junta directiva ha rechazado reunirse con una comisión de la Plataforma. Muchos artistas que en su día recibieron las Ayudas de Intermediae/Matadero tampoco quieren apoyarlo, cuando en esencia es una ampliación y mejora de aquellas ayudas. Gran ampliación y gran mejora.
Quizás es una idea demasiado avanzada, demasiado democrática. Como que cualquiera que tenga un buen proyecto podría hacer arte en Madrid. Qué tremendo desafío a las jerarquías y establishment de nuestro pequeño mundo.
Bueno, también he descubierto que hay una duda: algunos creen que la Plataforma va a gestionar los recursos del Fondo. Desde aquí aprovecho para aclararlo: el objetivo de la Plataforma es la creación del Fondo para las Artes de Madrid. La Plataforma no es una asociación, federación o persona jurídica que pueda manejar recursos públicos, y como tal plataforma ciudadana, se disolverá el día que consiga su objetivo: el Fondo. Es necesario definir instancias de la sociedad civil que durante el proceso de su creación y una vez exista el Fondo colaboren con las administraciones públicas, que son las que ponen el dinero y las que tendrán la última palabra sobre su reglamento. Pero el rechazo de AVAM ha dejado un vacío que los artistas madrileños tendremos que rellenar por medio de otra figura. Quizás sea el momento de empezar a trabajar en un Consejo, Observatorio o algo similar.
En cualquier caso y para quien no lo haya entendido: la Plataforma tiene como único objetivo la creación del Fondo. La Plataforma no tendrá ningún control sobre los recursos del Fondo, de hecho dejará de existir en el mismo momento en que se aprueben estos recursos. El suscribir la propuesta y aparecer en la lista de ciudadanos y asociaciones que forman la Plataforma no da ningún derecho futuro sobre esos recursos, ya que serán jurados independientes, designados por el Ayuntamiento y la Comunidad con la colaboración de esas instancias aún desconocidas de la sociedad civil, los que seleccionen o rechacen las aplicaciones de cada programa del Fondo.
Dicho esto, la pregunta que me asalta, a la vista de las reticencias de tantos artistas de Madrid que yo suponía que apoyarían la propuesta de un Fondo para las Artes, y que sin embargo parecen preferir el régimen de arbitrariedad y manipulación partidista que hemos sufrido durante tantos años, es si realmente esto es lo que queremos. De verdad ¿Es esto lo que queremos? ¿Un sistema cultural gobernado por la picaresca, donde las habilidades cortesanas son más importantes que el mérito, que el trabajo, que la trayectoria? ¿La sumisión perpetua a las veleidades de los altos cargos? ¿El despilfarro de nuestros impuestos en proyectos que en vez de apoyarlo, erosionan el tejido creativo de Madrid? ¿Es esto lo que queremos?
...
Voy a acabar con un dato para la reflexión: lo que deberían ofrecer el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid en convocatorias abiertas, para todas las disciplinas, incluidas artes escénicas, si establecemos una proporción entre el gasto en cultura, el PIB y la población de ambos con los de Berlín. En rojo los presupuestos que nos equipararían a Berlín.
Berlín
|
Ayuntamiento
|
CAM
|
|
| Población |
3.500.000
|
3.141.991
|
6.454.000
|
| PIB |
109.200M€
|
122.223M€
|
193.834M€
|
| Fondos anuales en convocatoria abierta |
23.084.491€
|
0€
|
0€
|
| Proporción fondos convocatoria abierta dentro del presupuesto de cultura |
5%
|
0%
|
0%
|
| Equivalencia x población |
20.716.000€
|
42.057.000€
|
|
| Equivalencia x PIB |
25.700.000€
|
40.890.000€
|
|
| Equivalencia 5% porcentaje presupuestos cultura |
7.700.000€
|
6.100.000€
|
Los cálculos son aproximados; en el Ayuntamiento cultura está unida a deportes y en la CAM a turismo. En los resultados por población y PIB las cantidades no se suman, pues la ciudad está comprendida en la comunidad, pero en la última línea sí se deben considerar en su suma: 13.800.000 euros. Ésta es la cantidad que correspondería al Fondo para las Artes de Madrid, si realmente alguien estuviese interesado en que Madrid tenga la misma vida cultural que Berlín.
El que no vea que aquí falla algo… Lo que no entiendo es por qué no nos hemos echado aún a la calle.
FIRMA POR EL FONDO PARA LAS ARTES DE MADRID
Declaración: https://goo.gl/o08jZq
Formulario para firmar: http://goo.gl/forms/UxfEAemDZF
LA COLECCIÓN SANDRETTO RE REBAUDENGO EN EL MATADERO
Llevo una semana con una gripe espantosa. Fiebre, dolor de garganta, ataques de tos en medio de la noche… No he sido capaz de leer ni de escribir nada en varios días, hasta que me he topado hoy con una noticia que ha surtido en mí el efecto de una inyección de energía. ¿Qué inyección? ¡Un supositorio gigante que ha estremecido mis carnes! Matadero Madrid va a acoger de manera permanente la colección de arte de una millonaria italiana (http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/28/actualidad/1456687591_174041.html). Gallardón debe estar disfrutando del mejor orgasmo de su vida en estos momentos, porque no ha sido su sucesora, Ana Botella, sino el bando contrario, Manuela Carmena, quien ha encontrado la manera de dar sentido (neoliberal) al modelo de ciudad e instituciones (neoliberales) que él soñó. Matadero nació como un cascarón vacío. Recuerdo muy bien la inauguración, con renders 3D, catering para varios miles de personas y batucada multicultural. Pero en realidad no había nada, sólo humo. Gallardón era un gran vendedor de aire.
Luego, nadie ha sabido qué hacer con ese monstruo de 85.000 metros cuadrados (edificados), que aún requiere inversiones millonarias. Era una dotación que respondía a un proyecto urbano que se frustró con la crisis: un gran Madrid, quizás con 10 ó 12 millones de habitantes, que escalase de la categoría beta a la alfa dentro de la red de ciudades globales. Hay mucho dinero implicado en ese simple cambio de categoría. Hoy en día los países no importan mucho, son las ciudades globales las que dominan el mundo. Y Madrid estuvo cerca, con sus multinacionales (casi todas empresas públicas privatizadas por Aznar), algunos organismos internacionales, pocos, IFEMA, buenos museos, una gastronomía en alza… Pero faltaba base fiscal y de consumo. Aquí faltaba gente, porque en una ciudad de menos de tres millones de habitantes, y otros tantos en su área metropolitana, no se generan los recursos necesarios.
Matadero se insertaba en esta lógica de la ciudad alfa. Gallardón, que en los ocho años que estuvo al frente de la Comunidad de Madrid (1995-2003) no realizó inversiones significativas en dotaciones culturales, dio un giro radical a su estrategia al llegar al Ayuntamiento. A lo largo de dos mandatos (fue elegido tres veces, pero en 2011 renunció para ser ministro de Justicia) inauguró 155.000 metros cuadrados, dentro de los cuales están incluidos Matadero, CentroCentro, Circo Price, la rehabilitación completa del Conde Duque y Medialab.
Esto no se cuestionó en ningún programa de las pasadas elecciones locales. En Ahora Madrid (ver entrevista con Guillermo Zapata http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html), ni siquiera habían pensado en el tema. No habían previsto que iban a recibir una ciudad con un exceso de recintos culturales, la mayoría sin recursos para funcionar y sobre todo sin un proyecto museológico. Es decir, tenemos las dotaciones, pero no sabemos para qué sirven. Quizás pensaban que todo se convertiría en Patio Maravillas. Matadero además no es una institución cultural, como entenderíamos normalmente un museo. Es una propiedad de Madrid Destino a la que se pueden dar distintos usos. Algo muy postmoderno y flexible.
A mí nunca me ha gustado, no es un secreto, empezando por el nombre, porque creo que llamar Matadero a una institución de este tipo determina lecturas específicas sobre la cultura, en las que el choque semántico entre la amenaza implícita de la palabra Matadero, por un lado, y la esperanza inscrita en la noción de cultura, por el otro, se resuelve por medio del humor: es un sitio para hacer el payaso. Aquí no vengas a hablar de la muerte, porque este lugar se llama Matadero.
La cuestión es que con la colección de Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, Matadero se consolida como el espacio de arte contemporáneo de la ciudad de Madrid, del Ayuntamiento, pero al mismo tiempo se da un paso más en la destrucción de cualquier relato coherente sobre lo contemporáneo en nuestra ciudad, así como en la erosión de una cultura crítica local, que se suplanta por una cultura mainstream que aunque quizás hable de cosas muy interesantes, es posible que calle las que más nos podrían importar a nosotros, los madrileños.
Lo voy a explicar de otra manera: en Madrid no hay MACBA. Ni el Ayuntamiento ni la Comunidad han sido capaces de generar una institución, un museo y centro de arte, que desarrolle ese relato al que antes aludía: el de nuestro arte contemporáneo. Ni mucho menos de coordinarse para algo así, claro. No se ha creado un espacio teórico e historiográfico que articule un debate serio sobre el arte madrileño, sino que se han ido superponiendo ejercicios de modernidad en estado puro, capa sobre capa, hasta convertirnos en la ciudad artísticamente más imbécil del planeta.
Hay dos fenómenos que han facilitado este vacío intelectual: ARCO y la falacia de que Madrid es lo mismo que España. Cuando escribí la serie de artículos semanales del año pasado, el último iba a ser “Reformar o Cerrar, ante el colapso de las instituciones culturales madrileñas”. No llegué a terminarlo, pero en mis notas reflexionaba sobre ambos fenómenos:
1. La feria ARCO, un proyecto de Estado impulsado por el gobierno de Felipe González en 1982, ha funcionado como un sucedáneo del tejido institucional que Madrid necesita. Su titular es IFEMA, es decir, es propiedad del Ayuntamiento y la CAM conjuntamente, y para los políticos madrileños ha sido la solución para disponer, sin coste ni esfuerzo intelectual, de un proyecto cultural y modernizador que ellos no habrían sabido hacer. Pero ARCO no es un museo, no es una institución cultural, es una feria, y su funcionamiento institucionalizado (bienalizado en la jerga al uso) es una anomalía. Ahora tenemos toda una semana del arte, con seis o siete ferias, que produce una excitación compulsiva parecida a la de las rebajas. Ése es un rasgo que identifica el consumismo más exacerbado. Imagino que debemos considerarlo un éxito.
2. Se ha identificado el arte madrileño con el arte español, y se ha sobrentendido que el Reina Sofía cumple ya la función de un Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Pero Madrid no es España, y su arte y la historia de su arte no se identifican con el arte y la historia del arte del Estado Español considerado en su conjunto, ni de las demás comunidades autónomas por separado. Durante las décadas de los 80 y los 90 los artistas de Madrid no tuvimos instituciones públicas dedicadas al arte madrileño. A partir del 2000, como ya he indicado, hubo una especie de big bang institucional, pero sigue sin existir un centro que tenga como principal cometido crear un relato histórico del arte de Madrid. Como consecuencia de ello no se ha formado una colección que explique la recepción de la modernidad (modernism) en Madrid y sus relecturas en los años 30, 40, 50, 60, 70, 80… Es muy difícil encontrar algo sobre las relaciones de arte y política en la Transición, hay una pérdida ya irreparable de archivos, no se fomenta la creación, etc.
Ésta es una situación insólita en nuestro entorno, la Unión Europea. Y no sé qué es lo que me llama más la atención: si la prepotencia palurda de nuestros dirigentes o la sumisión idiotizada de la comunidad artística a una situación de la que sólo pueden resultar daños.
Aquí se hacen cosas sin sentido, una detrás de otra. Se gastan millones de euros en “políticas culturales” que no producen sentido para la sociedad. Sino todo lo contrario, nos privan del sentido, nos frustran el potencial de conocimiento que hay en el arte y en la cultura.
Entiendo que la decisión de colocar en Matadero la colección de esta señora, que por lo demás está divina de la muerte con sus collares, es una cacicada de la alcaldesa, que habrá pensado, como antes otros, que con esto sí que nos ponemos modernos, pero modernos-modernos. Manuela, como Paco Martínez Soria en "El turismo es una gran invento", acaba de dar con el artilugio que nos estaba haciendo falta.
La principessa estará feliz, porque ha comprado arte de manera compulsiva durante dos décadas largas, más de 2000 piezas de todas las estrellas y estrellitas de los 90 en adelante, y puede que con la crisis tenga algunos problemas para pagar los costes, nada accesibles, del mantenimiento de su colección. No sufra, principessa, que se los pagamos los madrileños.
Pero lo que pagamos los madrileños, sobre todo, es esa falta de sentido, el vaciamiento de nuestra historia, de las identidades. Las capas de modernidad trasnochada que han querido aplicar como un barniz sobre el paletismo casposo de este pueblote.
La decisión de Manuela Carmena marca un antes y un después. En primer lugar porque contradice todo el discurso sobre cultura que se ha generado en la llamada nueva izquierda. Poner nuestros recursos a disposición de una aristócrata italiana es justo lo contrario al cacareado procomún. Las estrategias de cesión de locales a los (ex)okupas, los huertos urbanos, toda la panoplia de la “otra cultura”, no es éste el sitio para discutirla, se convierten en productos de un catálogo cultural donde también cabe la aristócrata italiana. Es decir, formas de ocio, atractivos turísticos que se complementan. Rutas que los guiris harán en autobuses panorámicos. Al final en Madrid todo es bar, y Gramsci me parece un buen nombre para un antro.
No es de extrañar que en la nota de El País citen a Luis Cueto, presidente de Ifema y coordinador del Ayuntamiento, y no a Celia Mayer, Concejal de Cultura, o a Santiago Eraso, Director de Contenidos de Madrid Destino y responsable directo de Matadero. Imagino que se acostumbrarán a vivir en la contradicción, pero a la larga las contradicciones explotan. Hace menos de un mes hablaba del colapso del discurso cultural del Ayuntamiento y resulta que en realidad nunca lo hubo, que seguimos en lo de siempre.
Luego, nadie ha sabido qué hacer con ese monstruo de 85.000 metros cuadrados (edificados), que aún requiere inversiones millonarias. Era una dotación que respondía a un proyecto urbano que se frustró con la crisis: un gran Madrid, quizás con 10 ó 12 millones de habitantes, que escalase de la categoría beta a la alfa dentro de la red de ciudades globales. Hay mucho dinero implicado en ese simple cambio de categoría. Hoy en día los países no importan mucho, son las ciudades globales las que dominan el mundo. Y Madrid estuvo cerca, con sus multinacionales (casi todas empresas públicas privatizadas por Aznar), algunos organismos internacionales, pocos, IFEMA, buenos museos, una gastronomía en alza… Pero faltaba base fiscal y de consumo. Aquí faltaba gente, porque en una ciudad de menos de tres millones de habitantes, y otros tantos en su área metropolitana, no se generan los recursos necesarios.
Matadero se insertaba en esta lógica de la ciudad alfa. Gallardón, que en los ocho años que estuvo al frente de la Comunidad de Madrid (1995-2003) no realizó inversiones significativas en dotaciones culturales, dio un giro radical a su estrategia al llegar al Ayuntamiento. A lo largo de dos mandatos (fue elegido tres veces, pero en 2011 renunció para ser ministro de Justicia) inauguró 155.000 metros cuadrados, dentro de los cuales están incluidos Matadero, CentroCentro, Circo Price, la rehabilitación completa del Conde Duque y Medialab.
Esto no se cuestionó en ningún programa de las pasadas elecciones locales. En Ahora Madrid (ver entrevista con Guillermo Zapata http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html), ni siquiera habían pensado en el tema. No habían previsto que iban a recibir una ciudad con un exceso de recintos culturales, la mayoría sin recursos para funcionar y sobre todo sin un proyecto museológico. Es decir, tenemos las dotaciones, pero no sabemos para qué sirven. Quizás pensaban que todo se convertiría en Patio Maravillas. Matadero además no es una institución cultural, como entenderíamos normalmente un museo. Es una propiedad de Madrid Destino a la que se pueden dar distintos usos. Algo muy postmoderno y flexible.
A mí nunca me ha gustado, no es un secreto, empezando por el nombre, porque creo que llamar Matadero a una institución de este tipo determina lecturas específicas sobre la cultura, en las que el choque semántico entre la amenaza implícita de la palabra Matadero, por un lado, y la esperanza inscrita en la noción de cultura, por el otro, se resuelve por medio del humor: es un sitio para hacer el payaso. Aquí no vengas a hablar de la muerte, porque este lugar se llama Matadero.
La cuestión es que con la colección de Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, Matadero se consolida como el espacio de arte contemporáneo de la ciudad de Madrid, del Ayuntamiento, pero al mismo tiempo se da un paso más en la destrucción de cualquier relato coherente sobre lo contemporáneo en nuestra ciudad, así como en la erosión de una cultura crítica local, que se suplanta por una cultura mainstream que aunque quizás hable de cosas muy interesantes, es posible que calle las que más nos podrían importar a nosotros, los madrileños.
Lo voy a explicar de otra manera: en Madrid no hay MACBA. Ni el Ayuntamiento ni la Comunidad han sido capaces de generar una institución, un museo y centro de arte, que desarrolle ese relato al que antes aludía: el de nuestro arte contemporáneo. Ni mucho menos de coordinarse para algo así, claro. No se ha creado un espacio teórico e historiográfico que articule un debate serio sobre el arte madrileño, sino que se han ido superponiendo ejercicios de modernidad en estado puro, capa sobre capa, hasta convertirnos en la ciudad artísticamente más imbécil del planeta.
Hay dos fenómenos que han facilitado este vacío intelectual: ARCO y la falacia de que Madrid es lo mismo que España. Cuando escribí la serie de artículos semanales del año pasado, el último iba a ser “Reformar o Cerrar, ante el colapso de las instituciones culturales madrileñas”. No llegué a terminarlo, pero en mis notas reflexionaba sobre ambos fenómenos:
1. La feria ARCO, un proyecto de Estado impulsado por el gobierno de Felipe González en 1982, ha funcionado como un sucedáneo del tejido institucional que Madrid necesita. Su titular es IFEMA, es decir, es propiedad del Ayuntamiento y la CAM conjuntamente, y para los políticos madrileños ha sido la solución para disponer, sin coste ni esfuerzo intelectual, de un proyecto cultural y modernizador que ellos no habrían sabido hacer. Pero ARCO no es un museo, no es una institución cultural, es una feria, y su funcionamiento institucionalizado (bienalizado en la jerga al uso) es una anomalía. Ahora tenemos toda una semana del arte, con seis o siete ferias, que produce una excitación compulsiva parecida a la de las rebajas. Ése es un rasgo que identifica el consumismo más exacerbado. Imagino que debemos considerarlo un éxito.
2. Se ha identificado el arte madrileño con el arte español, y se ha sobrentendido que el Reina Sofía cumple ya la función de un Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Pero Madrid no es España, y su arte y la historia de su arte no se identifican con el arte y la historia del arte del Estado Español considerado en su conjunto, ni de las demás comunidades autónomas por separado. Durante las décadas de los 80 y los 90 los artistas de Madrid no tuvimos instituciones públicas dedicadas al arte madrileño. A partir del 2000, como ya he indicado, hubo una especie de big bang institucional, pero sigue sin existir un centro que tenga como principal cometido crear un relato histórico del arte de Madrid. Como consecuencia de ello no se ha formado una colección que explique la recepción de la modernidad (modernism) en Madrid y sus relecturas en los años 30, 40, 50, 60, 70, 80… Es muy difícil encontrar algo sobre las relaciones de arte y política en la Transición, hay una pérdida ya irreparable de archivos, no se fomenta la creación, etc.
Ésta es una situación insólita en nuestro entorno, la Unión Europea. Y no sé qué es lo que me llama más la atención: si la prepotencia palurda de nuestros dirigentes o la sumisión idiotizada de la comunidad artística a una situación de la que sólo pueden resultar daños.
Aquí se hacen cosas sin sentido, una detrás de otra. Se gastan millones de euros en “políticas culturales” que no producen sentido para la sociedad. Sino todo lo contrario, nos privan del sentido, nos frustran el potencial de conocimiento que hay en el arte y en la cultura.
Entiendo que la decisión de colocar en Matadero la colección de esta señora, que por lo demás está divina de la muerte con sus collares, es una cacicada de la alcaldesa, que habrá pensado, como antes otros, que con esto sí que nos ponemos modernos, pero modernos-modernos. Manuela, como Paco Martínez Soria en "El turismo es una gran invento", acaba de dar con el artilugio que nos estaba haciendo falta.
La principessa estará feliz, porque ha comprado arte de manera compulsiva durante dos décadas largas, más de 2000 piezas de todas las estrellas y estrellitas de los 90 en adelante, y puede que con la crisis tenga algunos problemas para pagar los costes, nada accesibles, del mantenimiento de su colección. No sufra, principessa, que se los pagamos los madrileños.
Pero lo que pagamos los madrileños, sobre todo, es esa falta de sentido, el vaciamiento de nuestra historia, de las identidades. Las capas de modernidad trasnochada que han querido aplicar como un barniz sobre el paletismo casposo de este pueblote.
La decisión de Manuela Carmena marca un antes y un después. En primer lugar porque contradice todo el discurso sobre cultura que se ha generado en la llamada nueva izquierda. Poner nuestros recursos a disposición de una aristócrata italiana es justo lo contrario al cacareado procomún. Las estrategias de cesión de locales a los (ex)okupas, los huertos urbanos, toda la panoplia de la “otra cultura”, no es éste el sitio para discutirla, se convierten en productos de un catálogo cultural donde también cabe la aristócrata italiana. Es decir, formas de ocio, atractivos turísticos que se complementan. Rutas que los guiris harán en autobuses panorámicos. Al final en Madrid todo es bar, y Gramsci me parece un buen nombre para un antro.
No es de extrañar que en la nota de El País citen a Luis Cueto, presidente de Ifema y coordinador del Ayuntamiento, y no a Celia Mayer, Concejal de Cultura, o a Santiago Eraso, Director de Contenidos de Madrid Destino y responsable directo de Matadero. Imagino que se acostumbrarán a vivir en la contradicción, pero a la larga las contradicciones explotan. Hace menos de un mes hablaba del colapso del discurso cultural del Ayuntamiento y resulta que en realidad nunca lo hubo, que seguimos en lo de siempre.
LA CIUDAD DE LAS COCES
(o cómo se rompió el discurso cultural del Ayuntamiento)
Manuela Carmena quería convertir Madrid en la ciudad de los abrazos. Ha descubierto muy pronto que Madrid es en realidad la ciudad de las coces, de las patadas donde más duelen. La idea de los abrazos a mí no me gustaba nada, en primer lugar por la cursilería, y en segundo porque no soy una persona especialmente cariñosa y odio que me abracen si no hay un interés sexual de por medio. La “crisis de los titiriteros” nos ha confrontado con nuestra naturaleza más profunda: somos la capital del esperpento y la mala leche. Madrid es canalla, y sólo puedes quererlo si le coges gusto a su tacto rasposo y al aroma grasiento de los bocatas de calamares. Cuando yo era niño nos odiaban en toda España, a los madrileños, por la chulería. Han sido necesarias cuatro décadas de campañas institucionales, de Tierno a Gallardón, para que nos convenzamos de que Madrid es una ciudad acogedora, amable, casa común de todos, donde los pajaritos se posan en las manos de los viandantes y los camareros te sirven el café con una sonrisa y una canción. Pero en el Madrid que yo conozco las palomas son unas mutantes drogadictas y los camareros te responden al buenos días con un “lo serán para usted”.
En la “crisis de los titiriteros” — sólo escribir el nombre es una ducha de agua fría para los que creíamos que esto tiene arreglo — ha habido tres víctimas: los dos autores, que no pagan por un delito, inexistente, sino por una forma de hacer política en la que andan embarrados todos los partidos, y nosotros, los ciudadanos, víctima colectiva, que nos hemos visto obligados a escoger entre ser o muy malos o muy tontos, o ambas cosas a la vez. Lo siento sinceramente por los dos primeros, que son daños colaterales en sórdidas luchas de poder. Y los victimarios, los culpables, son todos los implicados en este juego de los disparates.
Las guerras culturales, expresión que ha saltado enseguida a la palestra, consisten en eso: “se obliga a los sujetos no sólo a actuar, sino a imaginar su acción dentro de una estructura fantasizada. Dicha estructura, cuyo soporte son los contextos institucionales de todo tipo, puede obligarnos a ocupar la posición normativa, (…), la posición “alternativa” sancionada institucionalmente (…) o incluso instancias opositoras." [1] Esta forma de hacer política, y que nos guste o no está implícita en la noción de “casta” propugnada por Pablo Iglesias, no plantea un debate racional sobre los asuntos que realmente tienen importancia (corrupción, sanidad, educación, derechos sociales, contaminación, política fiscal, movilidad), sino que exige adhesiones a identidades simplificadas; ahí está lo cultural. Este marco ideológico, esta estructura fantasizada, permite fusionar multitud de cuestiones trascedentes e intrascendentes en una narrativa coherente y sencilla. Si defiendes a los titiriteros eres abortista, etarra, lesbiano y tienes piojos. ¿Quién quiere ser todo eso? Preferimos abandonar una libertad tan básica como es la de expresión antes que vernos reflejados en semejante espejo. Así entre nos, a mí me han “presionado” bastantes veces por lo que escribo y ocupo un lugar privilegiado en las listas negras del Ayuntamiento y la Comunidad, sin que importe mucho quien gobierne. Quiero decir que el desprecio a los derechos recogidos en la Constitución no me sorprende, porque eso por desgracia es la norma. Es su transformación en espectáculo mediático, o en guerra cultural, lo que marca un antes y un después.
Yo no tengo mucho que aportar al meollo de este asunto. Deseo, como casi todo las personas que conozco, que sean absueltos los dos titiriteros, César Strawberry, las hermanas del Santo Coño de Sevilla, Abel Azcona y todos los que vengan detrás. Además deberían ser indemnizados, porque en algunos casos se ha infligido un daño que exige reparación. Pero me siento un poco como las Miss Universo cuando desean la paz mundial. Dicho esto, lo que me interesa es analizar el conflicto que se ha detonado en el proyecto cultural de Carmena. Porque lo que ha ocurrido en primer término es que el discurso del Ayuntamiento de Madrid sobre la cultura se ha roto. Se ha quebrado desde dentro sin ninguna posibilidad de que pueda ser reconstruido. Esto es complicado y puede tener resultados demoledores para el tejido creativo de la ciudad, que a duras penas ha sobrevivido a los 25 años de gobiernos del Partido Popular.
¿Qué es lo que se ha roto? La política cultural del Ayuntamiento se basaba en dos premisas erróneas: que hay algo como una cultural popular y que se puede convocar a toda la sociedad a un mismo diálogo. Perdidas estas bases, o acometen una reformulación profunda de sus planteamientos, o se enrocan en la ficción y van excluyendo a los sectores de la sociedad que no encajan en su esquema hasta quedarse aislados. Me temo que la segunda opción es mucho más posible, porque el problema de una parte substancial de la izquierda es que tiene un discurso tan compacto y coherente que a veces se ve obligada a prescindir de la experiencia, de la práctica, porque la vida está llena de contradicciones. El discurso acaba por convertirse en una zona de confort donde uno escapa del sinsentido de nuestra existencia. ¿Serán capaces de abandonar de su zona de confort?
Pero antes de nada voy a fundamentar las afirmaciones anteriores:
El término cultura popular invoca una categoría política inexistente: el pueblo. Una comunidad basada en rasgos identitarios compartidos, como la lengua, la nación, la religión… Su reducción a una difusa clase trabajadora es aún más irreal. Hace tiempo que el pensamiento más avanzado de la izquierda ha desechado esta categoría proveniente del Estado nacional burgués, que necesitaba ofrecer sensación de pertenencia a su fuerza laboral. Los grandes teóricos que han inspirado a la llamada nueva izquierda (Negri, Hardt, Lazzarato…) hablan de la necesidad de crear un nuevo sujeto político que no se base en una subjetividad colectiva unificada, sino en una colección de singularidades. Nuestro mundo es el de la multitud, una categoría acorde con la fragmentación cultural y laboral de las sociedades actuales. Con la movilidad y el desarraigo. Para mí es extraña la insistencia en una cultura popular, cuando deberíamos estar hablando de las culturas de la multitud. Muchas culturas, con frecuencia en conflicto, que dan lugar a públicos y contrapúblicos también múltiples. En conclusión, las que pretenden implementar son políticas que se dirigen a un público imaginario, el pueblo de Madrid, y que en consecuencia excluyen a una infinidad de contrapúblicos que sí existen y actúan. Lo que ocurre en esta situación es que se ven compelidos a construir la cultura popular y su público unificado a partir de retazos de categorías políticas agonizantes. Hasta ahora lo que hemos visto son gestos, una escenificación de la cultura. “Estas instituciones que buscan, cada vez más, satisfacer a las masas, están en un error cuando olvidan que se les ha encomendado que ofrezcan espacio para una cultura pública, en toda su complejidad discursiva, y en lugar de ello pretenden representar cultura para el público". [2]
(Aviso al margen: uno de los fantasmas que se perfilan en estas brumas es el del casticismo, que se presta mejor que cualquier otra figura para rellenar el vacío de manera aconflictiva.)
El primer error, confundir la sociedad actual con los viejos pueblos nacionales europeos, o peor, con una abstracción del proletariado del siglo XIX, les lleva de manera automática al segundo: convocar a la sociedad en su conjunto para debates abiertos, como si todos hablásemos el mismo idioma. No es así, la lengua de la multitud es la de Babel. Estamos condenados a no entendernos. Incluso en los cenáculos de Ahora Madrid y Podemos se habla una neolengua de florida retórica que uno debe dominar si quiere hacerse respetar en las asambleas. Pero la suposición de que exista una unidad esencial de todos los madrileños les ha llevado a desarrollar un modelo de participación asambleísta que está fracasando de manera sistemática. La sociedad se organiza por un lado (pongo por ejemplo nuestra Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid), y ellos convocan por otro en foros a los que no queremos asistir, porque se nos exige la renuncia previa a nuestro lenguaje, a nuestras razones y a nuestros saberes. La cuestión es muy sencilla: ¿debo renunciar a mis 25 años de experiencia, a los miles de páginas de literatura especializada que he leído, y escrito, a las lenguas extrajeras que he aprendido, a mi conocimiento del juego sucio en las instituciones etc., para participar en un debate desarticulado sobre la cultura con ciudadanos especializados en otros campos, o en ninguno? Pues no quiero, porque aunque la cultura sea cosa de todos, como la educación, la sanidad, el urbanismo, etc., para el desarrollo de las respectivas políticas hacen falta foros especializados. Es tarea de los representantes electos el articular estos foros especializados con el resto de la sociedad y gestionar el conflicto.
No me voy a extender mucho. Tengo varias páginas de notas vinculadas a este texto, pero creo que debo centrarme en lo esencial. Y lo esencial es si queremos que en Madrid haya — entre otras — una cultura independiente, experimental, transgresora, que pueda establecer redes con los espacios y organizaciones del mismo tipo que abundan en el resto de Europa y del mundo, y contribuir en la medida de sus posibilidades a que la ciudad que habitamos nos ofrezca las experiencias y conocimientos nuevos que necesitamos para aprender, para crecer como personas, para construir nuestra visión y nuestro lugar en el mundo. Lo esencial es si queremos una ciudad de grandes desafíos intelectuales, o si vamos a quedarnos con la de charanga y pandereta que nos han legado los anteriores gobiernos municipales.
Pues bien, si lo que queremos es un Madrid revolucionado y revolucionario, lo público, lo institucional, tiene que empezar a disolverse en lo civil, en el tejido cultural. La idea de producir cultura desde las instituciones pertenece, como la cultura popular, a la época de la Ilustración. Hace ya 25 años que empezó a circular la noción de rizoma. Y el rizoma está, actúa, crece bajo la tierra y emerge por donde puede. Si la política cultural del Ayuntamiento sigue basada en en gestos como los que hemos visto, enfocada al desarrollo de propuestas propias y a la provisión de contenidos para los mega-contenedores de Gallardón, chocará con la sociedad, con ese tejido creativo de Madrid que ha demostrado ser resistente (o resilente) como las malas hierbas de la meseta. Para los gobiernos del Partido Popular este choque es un objetivo, porque en su ideario la cultura emana de baluartes institucionales que controlan desde sus sillones. Así garantizan un uso patrimonial y propagandístico. El tejido creativo ha sido y es tratado como un enemigo por parte de las administraciones públicas gobernadas por ellos. Pero para Ahora Madrid, para la izquierda en general, debería estar claro que la cultura es un espacio de conflicto donde la sociedad tiene toda la iniciativa. La sociedad civil, no el gobierno y sus instituciones.
Estimada Manuela Carmena: las guerras culturales han llegado para quedarse. Luchemos y ganémoslas, pero no en el campo del enemigo, sino en el nuestro. Porque a esta ciudad hay que darle la vuelta como a un calcetín, y una gran mayoría de madrileños, votantes o no de Ahora Madrid, queremos y trabajamos por el cambio.
[1] Yúdice, George
El recurso de la cultura
Gedisa, Barcelona 2002
Pág 69
[2] Those institutions that increasingly seek to crow-please are at fault when they forget the fact that they are tasked with providing a space for public culture, in all its discursive complexity, and instead seek to represent “culture to the public”.
Drabble, Barnaby. On De-Organisation. En Self-Organized. Hebert, Stine y Szefer Karlsen, Anne eds. Open Editions/Hordaland Art Center. London 2013. Pág 20.
UN FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID
El Fondo para las Artes Visuales de Madrid es una propuesta que estamos desarrollando un amplio grupo de artistas, asociaciones y colectivos para establecer las bases de unas políticas culturales que atiendan las necesidades reales del tejido creativo de nuestra ciudad y comunidad autónoma.
El objetivo principal es que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, eventualmente con la participación del Ministerio de Cultura, instauren un sistema de convocatorias públicas donde todos los ciudadanos puedan solicitar recursos para el desarrollo de sus proyectos artísticos. Un sistema transparente, consensuado con los distintos agentes que formamos este tejido y que incida de manera efectiva en el desarrollo de la vida cultural de Madrid.
Nuestra segunda reivindicación es que estos recursos se gestionen desde un organismo interadministrativo, al que hemos llamado Fondo para las Artes Visuales de Madrid, que tenga además la capacidad de dar asesorías y haga el seguimiento del trabajo de los artistas y organizaciones beneficiarios, de manera que los procedimientos de justificación se adapten a las condiciones reales de la creación artística.
El proceso para redactar la propuesta y presentarla a ambas administraciones públicas es abierto, horizontal, y se desarrolla por medio de encuentros periódicos y herramientas online como el formulario que hoy presentamos.
Pueden inscribirse y participar en los debates:
Aunque esta iniciativa se ha impulsado desde el ámbito de las artes visuales, la discusión está abierta para todos los colectivos que desarrollan proyectos culturales innovadores en Madrid.
El objetivo del formulario es facilitar la coordinación entre las personas y grupos que colaboramos en la propuesta, así como reunir una información básica sobre las necesidades del tejido creativo de Madrid. El diseño del Fondo para las Artes Visuales de Madrid y de las correspondientes convocatorias tomará estos datos como referencia.
Este formulario se va a repetir anualmente, con el fin de que haya siempre una lista actualizada de colaboradores.
Puedes rellenar el fomulario desde la web del Antimuseo: www.antimuseo.org
El objetivo principal es que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, eventualmente con la participación del Ministerio de Cultura, instauren un sistema de convocatorias públicas donde todos los ciudadanos puedan solicitar recursos para el desarrollo de sus proyectos artísticos. Un sistema transparente, consensuado con los distintos agentes que formamos este tejido y que incida de manera efectiva en el desarrollo de la vida cultural de Madrid.
Nuestra segunda reivindicación es que estos recursos se gestionen desde un organismo interadministrativo, al que hemos llamado Fondo para las Artes Visuales de Madrid, que tenga además la capacidad de dar asesorías y haga el seguimiento del trabajo de los artistas y organizaciones beneficiarios, de manera que los procedimientos de justificación se adapten a las condiciones reales de la creación artística.
El proceso para redactar la propuesta y presentarla a ambas administraciones públicas es abierto, horizontal, y se desarrolla por medio de encuentros periódicos y herramientas online como el formulario que hoy presentamos.
Pueden inscribirse y participar en los debates:
- Artistas individuales o colectivos residentes en Madrid capital o en cualquier otra población de la Comunidad Autónoma de Madrid
- Asociaciones sin ánimo de lucro, que tengan su dirección legal en Madrid capital o en cualquier otra población de la Comunidad Autónoma de Madrid.
- Colectivos dedicados a la gestión cuyos proyectos tengan lugar en Madrid capital o en cualquier otra población de la Comunidad Autónoma de Madrid.
- En el caso de los gestores, sean asociaciones o colectivos sin formalizar, el trabajo debe ser autogestionado, es decir, no puede existir una dependencia orgánica de empresas, fundaciones, instituciones públicas, partidos políticos u otras entidades.
Aunque esta iniciativa se ha impulsado desde el ámbito de las artes visuales, la discusión está abierta para todos los colectivos que desarrollan proyectos culturales innovadores en Madrid.
El objetivo del formulario es facilitar la coordinación entre las personas y grupos que colaboramos en la propuesta, así como reunir una información básica sobre las necesidades del tejido creativo de Madrid. El diseño del Fondo para las Artes Visuales de Madrid y de las correspondientes convocatorias tomará estos datos como referencia.
Este formulario se va a repetir anualmente, con el fin de que haya siempre una lista actualizada de colaboradores.
Puedes rellenar el fomulario desde la web del Antimuseo: www.antimuseo.org
LOS 25 AÑOS DEL OJO ATÓMICO
(ideas para un regalo de cumpleaños)
Este texto recoge únicamente mis opiniones personales. La plataforma de organizaciones autogestionadas de artistas, de la que el Antimuseo forma parte, no comparte necesariamente las posturas que a continuación expongo ni respalda este artículo.
Abrí mi primer espacio hace hoy veinticinco años: el 13 de noviembre de 1990. Un semisótano en Chueca, cuando este barrio era territorio yonkie y las noches acababan, con demasiada frecuencia, salpicadas de sangre. Madrid ha cambiado, ha cambiado mucho, pero por desgracia el mundo del arte no tanto. Nuestro mundillo local sigue suspendido en ese no-lugar que hay entre sus raíces pueblerinas y las aspiraciones cosmopolitas. Los problemas, las disfunciones, las contradicciones, las demandas nunca escuchadas por las administraciones públicas, se repiten a lo largo de las décadas. Si me dejan citar por enésima vez una de las frases más brillantes que se han escrito sobre esta ciudad, Madrid engorda, pero no crece [1].
No voy a hacer aquí un repaso de las catástrofes pasadas ni de las que ya se avistan en el horizonte. Todos sabemos de qué va la cosa y la verdad es que a pocos nos importa. La sociedad española mantiene vivos dos rasgos del imperio barroco: la corrupción y la jerarquía. El primero impide que el mundo de arte se enfrente a procesos intensos de autocrítica. No importa tanto si las cosas están bien o mal, como si podemos ponernos de acuerdo con los suficientes amigos como para negar la evidencia y hacer que la mierda reluzca como el oro. La segunda, una visión jerárquica del mundo, nos hace sumisos al poder y recelosos de la rebeldía. La escena alternativa, independiente, autónoma, como la quieran llamar, tiene una baja consideración en Madrid, porque está lejos de las fuentes del poder. Incluso se enfrenta a él o lo desprecia. En consecuencia, el arte que se hace en nuestra ciudad, como mucho, correcto, cuando lo único interesante que nos puede ofrecer la creación, la cultura toda, es incorrección. Ruptura con el canon. Un camino hacia lo desconocido, nunca hacia lo que ya sabemos.
Desde luego hay excepciones, artistas y profesionales de primera, bastantes, pero nunca han alcanzado la masa crítica necesaria para dar un vuelco a la situación.
Hace casi un año empecé esta serie de artículos [2] con una cita de Dante: "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate" ¿Debemos hacerlo? ¿Abandonar toda esperanza? Grave cuestión para la que no tengo o no quiero tener respuesta. Pero el panorama es malo. Sé que los artículos han tenido eco, que los ha leído mucha gente y que finalmente posibilitaron los Encuentros de Organizaciones de Artistas [3]. Tengo mucho más material que no he llegado a publicar, pero ha quedado pendiente desde antes del verano un texto “propositivo”. Lo he retrasado porque era necesario que el grupo de trabajo que ha surgido de los Encuentros tomase forma y se separase de cualquier forma de tutela o control por parte del Antimuseo. Quería saber además si hay otras personas y colectivos que compartan mis preocupaciones, aunque puedan disentir de mis modos y argumentos. Además, publicado en una fecha tan carismática, seguro que conmueve los fríos corazones funcionariales que se alojan en Alcalá 31 y Cibeles, y mañana mismo mi propuesta se empieza a tramitar.
La cuestión es que nadie, ni dentro del mundo del arte, ni en los partidos políticos que concurrieron a las elecciones del 24M, ha mostrado la menor preocupación por el tejido creativo de Madrid, en su doble sentido de ciudad y comunidad autónoma. Tampoco se ha planteado desde ninguna instancia política o civil algo tan básico como unas reglas transparentes para el uso de recursos públicos. La estrategia es crear estructuras cerradas que permitan una interlocución privilegiada con las administraciones públicas. Es triste pero todo el mundo juega a este juego [4]. El funcionamiento es el mismo: construir un espacio de privilegio que acabe con la competencia y permita acceder a los recursos con la menor cantidad posible de controles. Los partidos políticos, incluso los nuevos, no sólo permiten estas prácticas, sino que las favorecen, porque saben que la ausencia de un marco legal específico para los fondos de la cultura les da margen de maniobra, ellos también tienen sus amigos, y además cuando se establecen privilegios la crítica queda desactivada.
Mientras tanto en Madrid decenas de colectivos y asociaciones animan una vida cultural que sólo puede compararse con la de Berlín. Y sinceramente, creo que en la comparación salimos ganando en más de un aspecto. Quizás mi visión de la capital alemana no está tan mistificada porque hablo su idioma, o porque viví allí a principios de los 80, cuando aquello era realmente divertido. Aunque aquí no hay proyectos que hayan madurado como la NGBK, es cierto. Pero se debe a que en vez de apoyo hubo persecución, entendámonos. A pesar de todo cada generación de madrileños ha puesto en marcha los medios que necesitaba para producir cultura, su cultura. Esta ciudad tiene la escena independiente más interesante de Europa, le pese a quien le pese. Es un tesoro escondido, cuyo potencial los políticos no han sabido comprender. Quizás no sean capaces de asumir el riesgo de una cultura que se hace en libertad.
Hace diez años algunos colectivos iniciamos una lucha por un sistema transparente para el uso de los recursos públicos. Porque recursos, haberlos, haylos. Y se gastan. Se gastan en dotaciones públicas, recintos culturales, sueldos, contratas, proyectos elaborados en despachos. Se gastan en imponer modelos de cultura que emanan de un programa político, tanto desde la izquierda como desde la derecha, no en apoyar lo que los madrileños hacemos, y lo hacemos tan bien.
Mi conclusión, tras la experiencia de entonces y tras un año de investigación, con las entrevistas, el estudio de los modelos que se aplican en otras ciudades [5], reuniones con agentes de todo tipo, tras leer y escuchar casi todo lo que se ha estado proponiendo en este periodo, es que para acabar con los vicios que arrastramos desde hace décadas debemos impulsar un FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID. Un organismo interadministrativo, participado por el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Cultura por un lado, y una plataforma abierta de organizaciones locales por el otro, a través del cual se puedan distribuir los recursos y dar distintas formas de apoyo, no sólo económicas, a los creadores y organizaciones que generan la cultura en este territorio.
El objetivo del FONDO es fomentar la creación artística experimental y de calidad. Y no estoy hablando sólo de las artes visuales, que es una categoría caduca para la mayor parte de la sociedad, pues música, vídeo, texto, performance e imagen se mezclan libremente en el mundo actual, donde además gran parte de la información circula por Internet. La Comunidad de Madrid es la principal responsable de fomentar la cultura y la creación en su territorio, en virtud de su propio estatuto [6] y del decreto de transferencia de competencias en cultura [7]. Pero el Ayuntamiento y el Ministerio comparten esta obligación.
El FONDO debe estructurar un sistema divido en categorías, con financiación específica para la creación, para las organizaciones independientes y no lucrativas, para la edición y la traducción, para la movilidad, para el desarrollo de proyectos en dotaciones públicas… Debe además dar orientación legal y fiscal, apoyar la difusión y también respetar los objetivos de público, cuando un proyecto no busque llegar a toda la sociedad.
Debe acabar con los sistemas de justificación que hemos sufrido con la Ley de Subvenciones, y establecer un sistema de seguimiento por medio de tutorías. La principal razón para esto es que los proyectos experimentales necesitan un margen de libertad que el presente marco legal no permite. Las subvenciones conducen a una institucionalización de los proyectos alternativos, o a la exclusión de aquellos que no quieren formalizar sus dinámicas por medio de programas anuales y una gestión profesionalizada. Es un tema muy conocido en el mundo del arte, no hace falta que me extienda.
Se debe instituir también un programa de responsabilidad social, de manera que los artistas y organizaciones que reciban recursos participen en políticas de carácter social: educación, inclusión, igualdad…
Por último, este FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID debería ir acompañado de un plan para racionalizar las instituciones y de un esfuerzo extraordinario para la potenciación de la pedagogía, como un vector que atraviesa todas las políticas. Quizás esto último es lo único que está en marcha, gracias a la energía de los educadores.
Lo que aquí planteo, además de ser mi regalo para los 25 años del Ojo Atómico, no es más que un marco general, algo que debería discutirse en la mesa prometida, y hasta ahora no cumplida, por los responsables del Ayuntamiento y la Comunidad que asistieron a los Encuentros. No creo que contemos con apoyo del PSOE o de Podemos para desarrollar estas ideas, porque está cada uno a lo suyo, intentando crear parcelas de poder o conservar las que ya tenían. Siempre pensando en articular la sociedad mediante espacios de privilegio. Cualquier cosa menos aceptar que la cultura se hace desde abajo. El PP y Ciudadanos seguramente son contrarios a un modelo tan “social” de políticas culturales, aunque tampoco hablan de cancelar el gasto público en cultura, que sería lo lógico en un programa neoliberal, lo cual deja a la vista sus muchas contradicciones.
FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID, suena bien, verdad ¿pero saben por qué no se va a hacer nunca? Porque los políticos y los altos cargos (incluso los medianos y bajos) de las instituciones culturales verían disminuida su influencia, perderían poder a favor de la sociedad, que podría crear y gestionar su propio trabajo con libertad. Y en el mundo del arte oficial, perderían privilegios antiguos, y lo que es peor, cualquiera podría ver que cosas que algunos hacían fatal con gastos enormes, otros lo hacen muy bien con poco dinero. ¿Cómo vas a dar recursos a desconocidos, a través de herramientas transparentes, blindadas contra los favoritismos, cuando hay tantos buenos y fieles amigos con la mano extendida?
En lo personal, estas dos décadas y media han sido apasionantes, voy a ver que se me ocurre para los próximos veinticinco años.

[1] En un viejo documento de Brumaria.
[2] antimuseo.blogspot.com.es/2015/01/debemos-abandonar-toda-esperanza.html
[3] Las grabaciones están recogidas en www.antimuseo.org
[4] Un ejemplo es el hecho de que el Ayuntamiento de Madrid iniciase, nada más ganar las elecciones, conversaciones con los principales colectivos okupas, para ver qué necesitan, mientras nosotros llevamos meses esperando una reunión. Desde el primer momento se han establecido en Madrid dos categorías de ciudadanos.
Ver:
http://www.madridiario.es/noticia/425266/canal-social/los-nueve-colectivos-que-aspiran-a-autogestionar-espacios-cedidos-por-el-ayuntamiento.html
[5] Como ejemplo, el programa de fondos para las artes visuales de Berlín (en inglés):
https://www.berlin.de/sen/kultur/en/funding/funding-programmes/visual-arts/
[6] www.madrid.org/wleg/servlet/Servidor?opcion=VerHtml&nmnorma=1&cdestado=P
[7] http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1985-8993
Este texto recoge únicamente mis opiniones personales. La plataforma de organizaciones autogestionadas de artistas, de la que el Antimuseo forma parte, no comparte necesariamente las posturas que a continuación expongo ni respalda este artículo.
Abrí mi primer espacio hace hoy veinticinco años: el 13 de noviembre de 1990. Un semisótano en Chueca, cuando este barrio era territorio yonkie y las noches acababan, con demasiada frecuencia, salpicadas de sangre. Madrid ha cambiado, ha cambiado mucho, pero por desgracia el mundo del arte no tanto. Nuestro mundillo local sigue suspendido en ese no-lugar que hay entre sus raíces pueblerinas y las aspiraciones cosmopolitas. Los problemas, las disfunciones, las contradicciones, las demandas nunca escuchadas por las administraciones públicas, se repiten a lo largo de las décadas. Si me dejan citar por enésima vez una de las frases más brillantes que se han escrito sobre esta ciudad, Madrid engorda, pero no crece [1].
No voy a hacer aquí un repaso de las catástrofes pasadas ni de las que ya se avistan en el horizonte. Todos sabemos de qué va la cosa y la verdad es que a pocos nos importa. La sociedad española mantiene vivos dos rasgos del imperio barroco: la corrupción y la jerarquía. El primero impide que el mundo de arte se enfrente a procesos intensos de autocrítica. No importa tanto si las cosas están bien o mal, como si podemos ponernos de acuerdo con los suficientes amigos como para negar la evidencia y hacer que la mierda reluzca como el oro. La segunda, una visión jerárquica del mundo, nos hace sumisos al poder y recelosos de la rebeldía. La escena alternativa, independiente, autónoma, como la quieran llamar, tiene una baja consideración en Madrid, porque está lejos de las fuentes del poder. Incluso se enfrenta a él o lo desprecia. En consecuencia, el arte que se hace en nuestra ciudad, como mucho, correcto, cuando lo único interesante que nos puede ofrecer la creación, la cultura toda, es incorrección. Ruptura con el canon. Un camino hacia lo desconocido, nunca hacia lo que ya sabemos.
Desde luego hay excepciones, artistas y profesionales de primera, bastantes, pero nunca han alcanzado la masa crítica necesaria para dar un vuelco a la situación.
Hace casi un año empecé esta serie de artículos [2] con una cita de Dante: "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate" ¿Debemos hacerlo? ¿Abandonar toda esperanza? Grave cuestión para la que no tengo o no quiero tener respuesta. Pero el panorama es malo. Sé que los artículos han tenido eco, que los ha leído mucha gente y que finalmente posibilitaron los Encuentros de Organizaciones de Artistas [3]. Tengo mucho más material que no he llegado a publicar, pero ha quedado pendiente desde antes del verano un texto “propositivo”. Lo he retrasado porque era necesario que el grupo de trabajo que ha surgido de los Encuentros tomase forma y se separase de cualquier forma de tutela o control por parte del Antimuseo. Quería saber además si hay otras personas y colectivos que compartan mis preocupaciones, aunque puedan disentir de mis modos y argumentos. Además, publicado en una fecha tan carismática, seguro que conmueve los fríos corazones funcionariales que se alojan en Alcalá 31 y Cibeles, y mañana mismo mi propuesta se empieza a tramitar.
La cuestión es que nadie, ni dentro del mundo del arte, ni en los partidos políticos que concurrieron a las elecciones del 24M, ha mostrado la menor preocupación por el tejido creativo de Madrid, en su doble sentido de ciudad y comunidad autónoma. Tampoco se ha planteado desde ninguna instancia política o civil algo tan básico como unas reglas transparentes para el uso de recursos públicos. La estrategia es crear estructuras cerradas que permitan una interlocución privilegiada con las administraciones públicas. Es triste pero todo el mundo juega a este juego [4]. El funcionamiento es el mismo: construir un espacio de privilegio que acabe con la competencia y permita acceder a los recursos con la menor cantidad posible de controles. Los partidos políticos, incluso los nuevos, no sólo permiten estas prácticas, sino que las favorecen, porque saben que la ausencia de un marco legal específico para los fondos de la cultura les da margen de maniobra, ellos también tienen sus amigos, y además cuando se establecen privilegios la crítica queda desactivada.
Mientras tanto en Madrid decenas de colectivos y asociaciones animan una vida cultural que sólo puede compararse con la de Berlín. Y sinceramente, creo que en la comparación salimos ganando en más de un aspecto. Quizás mi visión de la capital alemana no está tan mistificada porque hablo su idioma, o porque viví allí a principios de los 80, cuando aquello era realmente divertido. Aunque aquí no hay proyectos que hayan madurado como la NGBK, es cierto. Pero se debe a que en vez de apoyo hubo persecución, entendámonos. A pesar de todo cada generación de madrileños ha puesto en marcha los medios que necesitaba para producir cultura, su cultura. Esta ciudad tiene la escena independiente más interesante de Europa, le pese a quien le pese. Es un tesoro escondido, cuyo potencial los políticos no han sabido comprender. Quizás no sean capaces de asumir el riesgo de una cultura que se hace en libertad.
Hace diez años algunos colectivos iniciamos una lucha por un sistema transparente para el uso de los recursos públicos. Porque recursos, haberlos, haylos. Y se gastan. Se gastan en dotaciones públicas, recintos culturales, sueldos, contratas, proyectos elaborados en despachos. Se gastan en imponer modelos de cultura que emanan de un programa político, tanto desde la izquierda como desde la derecha, no en apoyar lo que los madrileños hacemos, y lo hacemos tan bien.
Mi conclusión, tras la experiencia de entonces y tras un año de investigación, con las entrevistas, el estudio de los modelos que se aplican en otras ciudades [5], reuniones con agentes de todo tipo, tras leer y escuchar casi todo lo que se ha estado proponiendo en este periodo, es que para acabar con los vicios que arrastramos desde hace décadas debemos impulsar un FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID. Un organismo interadministrativo, participado por el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Cultura por un lado, y una plataforma abierta de organizaciones locales por el otro, a través del cual se puedan distribuir los recursos y dar distintas formas de apoyo, no sólo económicas, a los creadores y organizaciones que generan la cultura en este territorio.
El objetivo del FONDO es fomentar la creación artística experimental y de calidad. Y no estoy hablando sólo de las artes visuales, que es una categoría caduca para la mayor parte de la sociedad, pues música, vídeo, texto, performance e imagen se mezclan libremente en el mundo actual, donde además gran parte de la información circula por Internet. La Comunidad de Madrid es la principal responsable de fomentar la cultura y la creación en su territorio, en virtud de su propio estatuto [6] y del decreto de transferencia de competencias en cultura [7]. Pero el Ayuntamiento y el Ministerio comparten esta obligación.
El FONDO debe estructurar un sistema divido en categorías, con financiación específica para la creación, para las organizaciones independientes y no lucrativas, para la edición y la traducción, para la movilidad, para el desarrollo de proyectos en dotaciones públicas… Debe además dar orientación legal y fiscal, apoyar la difusión y también respetar los objetivos de público, cuando un proyecto no busque llegar a toda la sociedad.
Debe acabar con los sistemas de justificación que hemos sufrido con la Ley de Subvenciones, y establecer un sistema de seguimiento por medio de tutorías. La principal razón para esto es que los proyectos experimentales necesitan un margen de libertad que el presente marco legal no permite. Las subvenciones conducen a una institucionalización de los proyectos alternativos, o a la exclusión de aquellos que no quieren formalizar sus dinámicas por medio de programas anuales y una gestión profesionalizada. Es un tema muy conocido en el mundo del arte, no hace falta que me extienda.
Se debe instituir también un programa de responsabilidad social, de manera que los artistas y organizaciones que reciban recursos participen en políticas de carácter social: educación, inclusión, igualdad…
Por último, este FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID debería ir acompañado de un plan para racionalizar las instituciones y de un esfuerzo extraordinario para la potenciación de la pedagogía, como un vector que atraviesa todas las políticas. Quizás esto último es lo único que está en marcha, gracias a la energía de los educadores.
Lo que aquí planteo, además de ser mi regalo para los 25 años del Ojo Atómico, no es más que un marco general, algo que debería discutirse en la mesa prometida, y hasta ahora no cumplida, por los responsables del Ayuntamiento y la Comunidad que asistieron a los Encuentros. No creo que contemos con apoyo del PSOE o de Podemos para desarrollar estas ideas, porque está cada uno a lo suyo, intentando crear parcelas de poder o conservar las que ya tenían. Siempre pensando en articular la sociedad mediante espacios de privilegio. Cualquier cosa menos aceptar que la cultura se hace desde abajo. El PP y Ciudadanos seguramente son contrarios a un modelo tan “social” de políticas culturales, aunque tampoco hablan de cancelar el gasto público en cultura, que sería lo lógico en un programa neoliberal, lo cual deja a la vista sus muchas contradicciones.
FONDO PARA LAS ARTES VISUALES DE MADRID, suena bien, verdad ¿pero saben por qué no se va a hacer nunca? Porque los políticos y los altos cargos (incluso los medianos y bajos) de las instituciones culturales verían disminuida su influencia, perderían poder a favor de la sociedad, que podría crear y gestionar su propio trabajo con libertad. Y en el mundo del arte oficial, perderían privilegios antiguos, y lo que es peor, cualquiera podría ver que cosas que algunos hacían fatal con gastos enormes, otros lo hacen muy bien con poco dinero. ¿Cómo vas a dar recursos a desconocidos, a través de herramientas transparentes, blindadas contra los favoritismos, cuando hay tantos buenos y fieles amigos con la mano extendida?
En lo personal, estas dos décadas y media han sido apasionantes, voy a ver que se me ocurre para los próximos veinticinco años.

[1] En un viejo documento de Brumaria.
[2] antimuseo.blogspot.com.es/2015/01/debemos-abandonar-toda-esperanza.html
[3] Las grabaciones están recogidas en www.antimuseo.org
[4] Un ejemplo es el hecho de que el Ayuntamiento de Madrid iniciase, nada más ganar las elecciones, conversaciones con los principales colectivos okupas, para ver qué necesitan, mientras nosotros llevamos meses esperando una reunión. Desde el primer momento se han establecido en Madrid dos categorías de ciudadanos.
Ver:
http://www.madridiario.es/noticia/425266/canal-social/los-nueve-colectivos-que-aspiran-a-autogestionar-espacios-cedidos-por-el-ayuntamiento.html
[5] Como ejemplo, el programa de fondos para las artes visuales de Berlín (en inglés):
https://www.berlin.de/sen/kultur/en/funding/funding-programmes/visual-arts/
[6] www.madrid.org/wleg/servlet/Servidor?opcion=VerHtml&nmnorma=1&cdestado=P
[7] http://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1985-8993
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