ARCHIVO Y MALDAD

“Ningún poder político existe sin control del archivo, cuando no de la memoria. La democratización efectiva se mide siempre por este criterio esencial: la participación y el acceso al archivo, a su constitución y a su interpretación.”
J. Derrida, El mal de archivo.

La constitución de los archivos de las instituciones autónomas de arte contemporáneo —los espacios alternativos y demás estructuras auto-organizadas para la producción y difusión de la creación experimental— se está convirtiendo en uno de los temas de trabajo y discusión más significativos tanto para los artistas como para los historiadores, ahora que los cincuentenarios de los principales espacios de la primera generación se van a suceder a un ritmo imparable: 1969 Museo del Barrio, Gain Ground y 112 Greene Street Workshop en Nueva York, y nGbK en Berlín; 1970 el Museum of Conceptual Art MOCA en San Francisco; 1971, Institute for Art and Urban Resources Inc., (del que luego surgiría PS1) y The Kitchen (NY); 1972, Air Gallery (NY); 1973 Idea Warehouse y 3 Mercer (NY), Woman’s Building (LA) y Western Front en Vancouver; 1974 Hallwalls en Buffalo, Zona en Florencia y Art Metropole en Toronto; 1975, La Mamelle en San Francisco; 1976 Franklin Furnace y Printed Matter (NY)… Una lista exhaustiva sería interminable. La inauguración de una exposición dedicada a A 37 90 89 en Neuer Berliner Kunstverein el próximo 27 de septiembre es el pistoletazo de salida.

Algunos de aquellos espacios míticos encontraron en su momento el camino para transformarse en archivos independientes, como Zona o Franklin Furnace. En otros casos los archivos han sido incorporados a instituciones, como MOCA, al Museo de Berkeley en la Universidad de California, o el de Art Metropole a la National Gallery de Canadá. En Madrid sólo Espacio P está en vías de constituir un archivo formal, aunque no podemos hablar de un proceso de auto-archivo, ya que su impulsor, Pedro Garhel, murió en 2005. Afortunadamente algunos de los miembros de la primera etapa de Espacio P están colaborando en este trabajo, como Karin Ohlenschläger o el fotógrafo Fernando S. Cabeza, quien, igual que Cosmos Sarchiapone en 112 Greene Street Workshop, documentó durante años las actividades de aquel reducto de libertad creativa.

Los demás proyectos que tuvieron lugar en Madrid a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX no han iniciado aún una reflexión sobre la constitución de sus archivos y la producción de sus propias narrativas históricas. Los que participamos en ellos, fuesen espacios, festivales u otros formatos de gestión autónoma y colectiva, todavía no nos hemos parado a pensar sobre estos temas, ni sobre cómo vamos a articular nuestra relación con las instituciones hegemónicas y los relatos históricos que imponen. Quizás se deba a que la mayoría continuamos en un estado de marginación igual o mayor que el que sufrimos en los 90. O simplemente a la ausencia de un pensamiento crítico comprometido con la creación. El mundo del arte de Madrid ha sido capaz de modernizarse en lo formal, tanto en la obra como en el discurso, sin alterar en lo más mínimo las estructuras jerárquicas heredadas del Franquismo. Luego ilustraré esta afirmación con un ejemplo, para mayor deleite de mis lectores.

La exposición "La Cara Oculta de la Luna, arte alternativo en el Madrid de los 90" pretendía, entre otras cosas, abrir este debate. Pero no ocurrió, claro. Las pocas críticas que tuvo la exposición se deslizaban por su superficie sin intuir siquiera estas cuestiones cruciales. Una narrativa basada en el par ‘pieza-autor’, por ejemplo, impide ver realidades más complejas y con mayores consecuencias políticas y culturales. Creo que sólo algunos cuestionamientos hechos desde la “banda izquierda” se acercaban al meollo de la cuestión: Pablo España sobre mis criterios, que dejaban fuera a colectivos como Industrias Mikuerpo, o, en una fase posterior, Mar Núñez sobre el lugar del archivo de la Red de Lavapiés, si vinculado a movimientos artísticos o a movimientos sociales. Una pregunta, por cierto, que pone en evidencia la insuficiencia del concepto de archivo que estamos manejando. Los dos abren debates importantes y deseables, porque nos ayudarían a construir esas narrativas históricas alternativas, que eludan los rodillos de la institución y puedan ofrecernos una visión compleja de nuestro pasado, con los conflictos y disensos que dieron impulso a nuestro trabajo.

Pero la reflexión sobre qué hacemos con nuestros acervos documentales es, sin duda alguna, una asignatura pendiente. La constitución hoy de nuestros archivos tiene la misma transcendencia que hace veinticinco años tuvieron los procesos instituyentes que dieron lugar a Estrujenbank, el Ojo Atómico, La Más Bella, Cruce, Public Art, Zona de Acción Temporal, etc. Desde la perspectiva actual podemos comprender —éste era otro objetivo de La Cara Oculta— que las diversas iniciativas que fueron apareciendo en Madrid a partir de 1990 condujeron a la formación de un tejido creativo sin precedentes, y con él a la detonación, literal, de un ejercicio de inteligencia colectiva que tiene pocos parangones en nuestra historia. Una inteligencia colectiva que no se basaba en la adscripción a una doctrina política, ni a una corriente estética, ni a un consenso previo sobre cuestión alguna, sino que se desarrollaba a partir de encuentros y discrepancias, de complicidades y fugas, en la diversidad de nuestros objetivos personales y de nuestras formas de hacer y entender el arte.

Los archivos de los proyectos artist-run, independientes, alternativos, auto.-organizados, etc., tienen necesidades específicas y deben desarrollar características propias. Éste es un proceso que necesariamente debe hacerse de “abajo a arriba”, es decir, desde ese tejido creativo hacia la institución, que no debería pretender ser más que un acompañante lo más silencioso posible. Como dice Stuart Hall en "Constituting an Archive":
La constitución de un archivo es un momento significativo sobre el que debemos reflexionar con cuidado. Ocurre cuando un colección más o menos aleatoria de trabajos, cuyo movimiento parece ser impulsado de una producción creativa a la siguiente, llega al punto en que se convierte en algo más ordenado y ponderado: un objeto de reflexión y debate. El momento del archivo representa el final de cierto tipo de inocencia creativa y el principio de una nueva etapa de auto-conciencia o auto-reflexividad en un movimiento artístico. Aquí, todo el aparato de “una historia” —periodos, figuras y trabajos claves, tendencias, cambios, rupturas—se desliza silenciosamente a su lugar.
Los archivos de los espacios alternativos no pueden basarse en las categorías habituales de la historia del arte, precisamente porque en su momento quisieron desafiarlas a través de sus prácticas creativas y organizativas. El par obra-autor que aludía antes, por ejemplo, reduciría el significado del Ojo Atómico a la exposición en primicia de la “Ley del Arte” de Isidoro Valcárcel Medina y la producción de la pieza de Santiago Sierra “Rectángulo de 1.000 x 500 cm. cortado sobre el suelo”. E invisibilizaría todo aquello que de verdad fue importante: el cuestionamiento de las instituciones; su contribución a la construcción del espacio socio-cultural de lo alternativo en Madrid y al desarrollo del mencionado tejido artístico; el impulso a la renovación de lenguajes, incluido un cambio de escala respecto a los formatos impuestos por la feria ARCO…

Del mismo modo, una historia jalonada por figuras clave —grandes artistas— invisibilizaría el papel de las mujeres en este movimiento, ya que el mundo del arte promueve de manera evidente que sean los artistas masculinos quienes adquieran un valor de hito histórico.

Por otra parte, ¿qué documentos queremos archivar? En una reunión comenté que hace pocos años tuve que deshacerme de las facturas del Ojo Atómico, desde la apertura de Valgamedios en 1990 hasta el cierre del Antimuseo en 2007. Las bibliotecarias del Reina Sofía me contestaron que ese material no les parecía de interés, pero para mí es esencial, porque en proyectos que se han desarrollado con enormes carencias materiales, la estructura de los gastos nos dice mucho sobre sus objetivos, funcionamiento y problemas. Nuestras facturas describen nuestra precariedad.

Otro tema que ha sido recurrente en las reuniones que hemos tenido, y que aparece en buena parte de la bibliografía especializada, es la distinción entre obra y documento. ¿Necesitamos categorías cerradas? ¿No podemos convertir la constitución y el uso del archivo en actos creativos? En todo caso, no es algo que el archivero pueda solucionar marcando una u otra casilla en la ficha correspondiente. Nuestros acervos tienen una lógica propia y deben producir conocimiento nuevo desde ella. La transformación del acervo en archivo es el momento de la producción de ese conocimiento, y esto es algo que sólo podemos hacer nosotros.

Por un momento pareció que iba a ser así, que el impulso de La Cara Oculta nos serviría para iniciar un apasionante proceso de archivo colectivo. Que diez o doce de los proyectos que tuvieron lugar en los años noventa estaban interesados en compartir este viaje y que el Reina Sofía nos acompañaría a lo largo de todo el trayecto. Pero por desgracia las instituciones tenían otros planes. Voy a intentar explicarlo brevemente: se había solicitado un apoyo económico del Ayuntamiento, porque el inventariado de los acervos más grandes requiere la contratación de personal, o al menos una compensación por las horas de trabajo empleadas. Proyectos que tienen veinticinco años de trayectoria, como Cruce o el Ojo Atómico / Antimuseo, acumulan docenas de cajas llenas de documentos que por el momento no son, como dice Hall, más que colecciones aleatorias. En principio hubo buena disposición, pero en la tercera o cuarta reunión apareció Azucena Klett, asesora del Área de Gobierno de Cultura del Ayuntamiento, y nos comunicó —porque no hubo lugar a debate, no nos preguntó nuestra opinión— que el Ayuntamiento había decidido que el presupuesto prometido para los inventarios se iba a dedicar a la investigación. Investigación cuya dirección asumiría el mismo Consistorio, desplazándonos a todos nosotros, y en el curso de la cual se incorporarían al archivo colectivo los acervos de “movimientos sociales”. No nos dijo cuáles, seguramente porque ella misma no lo sabía. ¿Patio Maravillas? ¿Asociaciones de vecinos? ¿La lucha antifranquista en los 70? ¿11M? ¿El archivo de Intermediae? Está claro que eso es algo que tampoco van a decidir los interesados, sino este Ayuntamiento tan abierto a la participación.

No dudo que en la “red de afinidades" que se ha tejido a lo largo de los años desde instituciones como Intermediae, Medialab o el mismo Reina Sofía haya personas mejor capacitadas que nosotros para reflexionar sobre lo que hicimos en aquel periodo excepcional y dar sentido a nuestros acervos, por lo cual es lógico que los recursos públicos se destinen a contratar a tan grandes expertos y no se dilapiden en facilitar el trabajo de quienes los hemos construido, conservado y, en algunos casos, investigado. Bueno, todos sabemos a qué huele el área de cultura del Ayuntamiento y todos conocemos su larga trayectoria en el “apropiacionismo” de proyectos de particulares, pero lo malo es que aquí dos directivas del Reina Sofía, Ana Longoni, directora de actividades públicas, y Bárbara Muñoz de Solano, directora de la biblioteca, estaban en el ajo. En una invocación a lo más obscuro de la España franquista, lo que iba a ser un proceso democrático se convirtió en un ejercicio de autoritarismo institucional. Todas estas funcionarias, que sin duda se presentan a sí mismas como adalides de la democracia participativa, lo postocolonial, lo queer, etc., invirtieron la cita de Derrida que encabeza esta artículo para asegurarse que la constitución de un archivo de los proyectos auto-organizados no pueda convertirse en un elemento democratizador de la cultura y de nuestras instituciones. El papel de los agentes culturales independientes se reduce a donar sus acervos a la institución. Y esta no es una decisión que se pueda discutir, porque, desde su punto de vista, a la autoridad se la obedece, no se la cuestiona.

Pero yo discutí, y con gran vehemencia, porque he sido víctima de muchas violencias por parte de nuestras instituciones culturales y hace tiempo decidí denunciar, al precio que lo estoy pagando, la mezcla de corrupción y fascismo que pervive en ellas. Me puse nervioso, levanté la voz, acusé al Ayuntamiento y al Reina Sofía de antidemocráticos, de abusadores y mentirosos. Los acusé de querer ocupar por la fuerza el espacio que corresponde a los ciudadanos, con el único fin de anular nuestra escasa agencia y tergiversar nuestra historia. Recordé que en los ocho tomos de Desacuerdos (2004-2014) no hay una sola referencia al fenómeno de los espacios alternativos de Madrid. Expliqué que la auto-organización de artistas es ya un epígrafe establecido en la historia del arte y que nuestro archivo, de acuerdo con lo que los interesados habíamos votado en una reunión previa, se ceñía a este concepto. Y por último abandoné la reunión. Cuando un mes después recibí el acta, mi intervención había desaparecido.

Bien, el proceso con el Reina Sofía se ha frustrado. Si el sentido de este archivo colectivo dependía de que reuniese un amplio registro de los proyectos de aquel periodo, todos a ser posible, ahora sólo unos pocos parecen dispuestos a continuar los trámites de donación. Gracias a la iniquidad de estas tres personas nunca habrá un archivo que recoja un repertorio razonable de las prácticas auto-organizadas de los artistas de Madrid y la visión de conjunto, la percepción que hubo un tejido, una inteligencia colectiva y una dimensión política, se perderá. Es muy grave, pero la impunidad está entre sus privilegios.

Sin embargo nuestro archival impulse sigue intacto. En el debate posterior a los hechos descritos apareció la idea de continuar nosotros sin las instituciones. Y bien pensado, si ni en los 80, ni el los 90, ni en los 2000 nos han apoyado, ¿por qué creíamos que ahora iba a ser distinto? Para las instituciones culturales de Madrid los agentes independientes, y en buena medida los artistas, somos el enemigo.

También comprendo que no somos un tejido homogéneo, ése ha sido siempre nuestro principal valor. Para los que desde un principio tuvieron como objetivo el reconocimiento institucional de determinadas prácticas, esta donación, sin debate ni procesos colectivos, puede ser una opción razonable. Para los que esperan que la donación de sus acervos les sirva para alcanzar otros objetivos con las instituciones, sin duda también. Pero para los que como AA Bronson, miembro de General Idea y fundador de Art Metropole, no buscábamos la legitimación del mundo del arte, la constitución de un archivo colectivo independiente no sólo es una buena idea, sino posiblemente la única aceptable.

Un archivo autónomo soluciona algunos problemas inherentes a la institución:
  1. No hay donación de originales, sino un acuerdo para escanearlos y subirlos a un espacio común en Internet. La donación incondicional que exige el Reina es abusiva, me he informado y en otras instituciones los directivos, más honestos, recomiendan a los artistas que hagan depósitos renovables, para que conserven el control de sus legados en caso de que en el futuro no reciban el tratamiento que se había previsto. Además estos archivos tienen un valor material y en último caso la institución debería comprarlos.

  2. Es un archivo abierto. Como sabemos, la donación que propone el Reina es un acto único. No podremos añadir nuevos materiales a nuestros propios archivos, ni se podrán sumar otros proyectos en el futuro, pues se debe iniciar el proceso completo desde cero. El archivo independiente estará siempre abierto. Por ejemplo, el artista Javier Pérez Aranda, que ahora reside en Grecia, tiene un ingente archivo fotográfico, dentro del cual hay material del Ojo Atómico, El Establecimiento, Espacio F y otros muchos donde él colaboró en su momento. Yo podría aprovechar un viaje suyo a Madrid para digitalizar estos fondos y añadirlos a los proyectos correspondientes. Con el Reina, esas fotografías quedarían excluidas para siempre.

  3. El archivo independiente se gobierna por una asamblea de todos sus participantes. En el caso del Reina nosotros no tendríamos ningún control sobre incorporaciones o exclusiones futuras en el archivo colectivo, como puede ser el caso de la inclusión por parte del Ayuntamiento de organizaciones políticas afines. Pero en el modelo que propongo las decisiones se deberán tomar por consenso, lo cual garantiza que un archivo colectivo no pierda sentido ni se convierta en un instrumento de políticas partidistas.

  4. No necesitamos establecer categorías cerradas. Nuestro archivo es fluido, abierto a interpretaciones. Las etiquetas “arte” y “documento” quedan al albedrío del usuario. La cuestión que planteaba Mar Núñez sobre el lugar del acervo de la Red de Lavapiés se disuelve, porque puede estar en varios archivos a la vez, o si deciden organizarlo por secciones, puede vincular a éste las actividades artísticas/simbólicas, pero no las estrictamente políticas.

  5. Es un rizoma, no un organismo cerrado, y puede conectarse con otros archivos para formar redes. La pregunta de “qué somos” queda abierta, viva, porque no tenemos ninguna necesidad de identificarnos con los términos de la historia del arte. Es una identidad que construiremos y reconstruiremos desde el debate y desde las nuevas incorporaciones.

  6. No tenemos por qué perder la proyección que nos daría el Reina, porque si en realidad están actuando de buena fe pueden vincular nuestro archivo online a su Centro de Documentación y facilitarnos recursos para su desarrollo y conservación. Si durante años han financiado la recuperación y manteniento de archivos en toda América Latina, a través de la Red de Conceptualismos del Sur, sin exigir a cambio su donación, ¿por qué no querrían hacer lo mismo con una red de archivos independientes del arte de Madrid? ¿Acaso somos diferentes? ¿No nos alimentamos con la misma comida y padecemos las mismas enfermedades? Si nos pinchan, ¿no sangramos? Ana Longoni puede facilitar las cifras exactas de la Red de Conceptualismos del Sur, ya que fue su promotora y directora antes de asumir la dirección de actividades públicas en el Reina. A no ser que sean datos secretos o que simplemente se niegue a hacerlo, claro.
Existe una amplia literatura sobre los archivos de espacios alternativos y hay experiencias de colaboración entre archiveros y artistas de las que podemos aprender mucho. También hay, como ya he señalado, archivos constituidos como continuación de proyectos que, en palabras de Stuart Hall, rebasaron su edad de la inocencia y que pueden ofrecernos inspiración. La investigación y el debate que nos niegan las instituciones, previos a la formación física del archivo, me parecen de por sí una experiencia única y llena de significado. Invitados estáis.

AYUDAS A LA DESTRUCCIÓN (DE LA CULTURA)

Tengo cierta sensación de impotencia, de la inutilidad de un artículo más, al empezar estas líneas. Tres años de trabajo en este blog, todo lo que ha hecho la Plataforma por el Fondo para las Artes, todas las reuniones y broncas con las administraciones públicas locales, han servido para poco. Quizás hayamos evitado que las ayudas a la creación se dirijan exclusivamente a alimentar la amplia red clientelar del Ayuntamiento y se distribuyan de una manera más amplia en el tejido creativo de Madrid. Sin duda gracias a la Plataforma muchos proyectos impulsados por artistas jóvenes han tenido acceso a recursos públicos por primera vez —son proyectos que no existían en la época de las Ayudas de Matadero— y eso es todo un éxito en esta ciudad, donde el pastel siempre parece estar repartido entre unos pocos.

También he ido postergando un comentario más personal sobre las Ayudas a la Creación porque yo no la obtuve. Mi proyecto, como el de otros compañeros de mi generación, quedó a pocos puntos del aprobado. Al menos media docena de artistas de media carrera “suspendimos”, todos con una nota alrededor de 45 puntos. Entiendo que el Ayuntamiento ha querido mandar un mensaje: “arte es lo que las autoridades dicen que es arte”. No es noticia, desde el siglo XIX los políticos se han aplicado a un trabajo de destrucción[1] sistemática del arte español, donde los madrileños nos hemos llevado siempre la peor parte. Cuando los políticos establecen el canon, el arte que se ve es malo, muy malo, y el bueno no se ve aunque sigamos haciéndolo. Y cuando un jurado en el que la mayoría de los votos está en manos de funcionarios y otros cargos públicos decide excluir a artistas cuya obra, la verdad, no están capacitados para juzgar, es que se pretende manipular ese “canon” para adaptarlo a un determinado discurso.

Por otra parte, no quiero que mi crítica se interprete como revanchismo, y tampoco dudo que a la hora de denegarme la ayuda hayan tenido en cuenta que así podrían contestarme, diga lo que diga, con este argumento. He discutido bastante con las dos responsables del desaguisado —Getsemaní de San Marcos y Azucena Klett— como para no prever sus movimientos. Por eso esperé a que la Plataforma emitiese su propia valoración[2], que ha quedado sin concluir, ya que el Ayuntamiento no nos ha facilitado la información que reclamábamos para poder analizar con más precisión los desajustes de la convocatoria, y esperé luego a reunirme[3] con las concejales de la oposición, con el fin de buscar las vías de diálogo institucional que ahora mismo nos niega el equipo de cultura dirigido por de San Marcos.

Las reuniones con las concejales de PSOE y Ciudadanos —entiendo que al PP no le interesa la cultura— han sido muy útiles, no sólo por la buena respuesta de ambas, sino porque nos han ayudado a concretar las demandas y a buscar una formulación viable. No voy  repetir aquí las críticas que hemos publicado ya, ni voy a profundizar en la abyección del comportamiento institucional. No es necesario, y quienes asistieron a las reuniones de septiembre de 2017 han visto como nos llamaban idiotas a la cara (“lo que pasa es no habéis entendido la convocatoria, pero está muy bien hecha”), o como nos han mentido una y otra vez y han ignorado todas y cada una de las sugerencias y propuestas emanadas de la sociedad, incluidas las que se plantearon en sus Laboratorios.

Por si se atreviesen a decir, mintiendo una vez más, que han seguido las recomendaciones de los Laboratorios, aviso que conservo la relatoría del dedicado a las Ayudas, que muy oportunamente han retirado de la WEB con todas las demás, al mismo tiempo que convocaban una reunión para formar el Consejo de la Cultura de Madrid. La conservo debidamente subrayada y comentada, de manera que puedo probar que hubo un rechazo expreso a la idea del “retorno social de la obra de arte”, entre otras cosas.

A todo el desastre se suma ahora la pésima gestión de las Ayudas: a estas alturas sólo están confirmados 39 beneficiarios, de los 98 provisionales, y no se ha realizado ningún desembolso. Los artistas, que aplicaron para solicitar fondos para proyectos por realizarse, han tenido que adelantar ellos el dinero (en ocasiones endeudándose) o han tenido que reducir sus proyectos al mínimo, porque van a tener que producirlos en dos meses, en el mejor de los casos. El plazo de ejecución de los proyectos subvencionados acaba el 30 de junio. El artista, de nuevo, financia a la institución. Porque el Ayuntamiento no va a dejar de proclamar que las Ayudas han sido un éxito y que ha repartido un millón y medio de euros entre creadores y gestores. Lo que no va a decir es que estos creadores y gestores han funcionado como banca privada del Ayuntamiento, financiando por adelantado sus políticas, pero sin cobrar intereses. El peso de la financiación de las políticas culturales recae, una vez más, sobre los más vulnerables: “Tú adelanta el dinero, que ya te lo devolveremos”.

Los beneficiarios de Ayudas a Festivales han recibido hoy mismo la confirmación definitiva, tres semanas después de que terminase el plazo de ejecución de los proyectos, que era el 31 de marzo. ¿Pueden pagar facturas emitidas después del 31 de marzo? La información al respecto es muy confusa, porque se mezclan las fechas límite de ejecución y de justificación, que son conceptos muy diferentes. Los que empiecen a contratar servicios y pagar honorarios cuando reciban el dinero, puede que dentro de un mes, se arriesgan a que luego sus facturas sean rechazadas por estar fuera de plazo, con lo que tendrían que devolver el importe de su bolsillo. Un miembro de la Plataforma se preguntaba hoy si no es mejor rechazar la subvención. La verdad es que estamos a ciegas, y es mejor perder un proyecto que verse con una deuda de decenas de miles de euros con el Ayuntamiento, que crecerá a un ritmo enloquecido con los gastos de gestión que le imputen y los intereses de demora.

Y un nuevo temor aparece en el horizonte: ¿si no fuesen capaces de terminar todos los trámites de las Ayudas a la Creación antes de que prescriba el plazo legal? Llegado un punto, si la flamante Dirección General de Actividades Culturales no ha conseguido publicar la lista definitiva de concesiones, la subvención se cancela automáticamente. Ni un euro para nadie. Y los que hayan adelantado dinero, que se busquen la vida. La primera vez que alguien, en una reunión, comentó esta posibilidad, yo dije que eso era absolutamente imposible. Pero ha pasado un mes desde entonces, se acercan las festividades del 2 y el 15 de mayo, que absorberán a todo el personal de dicha dirección general, y el reloj no se para. Muchos artistas están asustados por esta posibilidad, y tienen motivos. En cualquier caso, lo que está pasando con los Festivales es muy grave y puede ser un anuncio de lo que se les viene encima a los de Creación.

*         *        *

Vayamos a las soluciones para el futuro: podemos esperar, por la línea de conducta que Getsemaní de San Marcos ha seguido hasta ahora, que retrasen la convocatoria de las próximas ayudas hasta el límite, para evitar el debate y su necesaria reforma. De esta manera nos enfrentaremos de nuevo a hechos consumados, y una vez más nos dirán que en la próxima ya se arreglará todo. Hay que tener en cuenta que si las convocan, que incluso lo dudo, querrán que todo esté acabado antes de mayo de 2019, cuanto habrá elecciones locales. Por este motivo creo que sería útil que haya un amplio acuerdo para reformar los siguientes puntos, que considero más o menos obvios:

En general:
  1. Establecimiento de una BECA o PREMIO, que permita a los creadores dedicar el dinero a su propio mantenimiento o a los gastos que realmente requiera su trabajo.
  2. Plazos para el pago establecidos desde la convocatoria de las ayudas, de manera que los beneficiarios sepan cuando van a disponer de los recursos y puedan programar sus actividades de acuerdo con sus posibilidades.
En las Ayudas a la Creación:
  1. Eliminación de la línea C: Red Urbana de Residencias en Red. Madrid Destino cuenta con 100 millones de euros para desarrollar sus proyectos, y ya hay programas de residencias en algunos centros. Si quieren invertir más en este sentido, es bienvenido, pero con su dinero.
  2. Distribución presupuestaria de las líneas A, Creadores, y B, Agentes Cuturales, de manera que haya cantidades predeterminadas para cada una, debiendo tener mayor presupuesto la de Creadores.
  3. Posible división de la línea A, Creadores, por disciplinas, para separar los jurados.
  4. Eliminación del criterio de “Retorno social” en la valoración. Esto se ha argumentado en los documentos antes citados (valoración ayudas e informe reuniones)
  5. Mayor valoración del criterio de “Trayectoria”, claramente infravalorado en las ayudas de 2017.
Por otra parte es necesario un debate sobre los siguientes puntos, que no son tan obvios:
  1. Ayudas a espacios de creación contemporánea: no se han concedido los 600.000 euros asignados a esta ayuda, creo que sólo 400.000. Es necesaria una reformulación, porque si no lo único que habrá es una reducción de presupuesto.
  2. Jurados y procedimiento de votación: en Creación el jurado tuvo mayoría de votos de la institución (5 contra 4 independientes). Además sólo había un independiente por “sector”, de manera que especialistas en danza debían juzgar proyectos de arte contemporáneo, por ejemplo. Hay que elaborar una propuesta viable, que puede partir de la separación por disciplinas.
Obviamente hay muchos más problemas, pero si somos realistas y queremos que haya una segunda edición de las ayudas, es preferible que reduzcamos nuestras reivindicaciones a lo esencial.

Tras la publicación del Informe de las Reuniones con las concejales de PSOE y Ciudadanos sólo ha habido respuesta de AVAM, aunque sin proponer fecha para una reunión. Es necesario que las asociaciones interesadas en mejorar estas ayudas, o la Mesa Sectorial si aun existiese, se reúnan lo antes posible para enviar una propuesta conjunta.

Hay que decir que ni AVAM, ni MAV, ni el IAC, ni el Consejo de la Crítica (no recuerdo si hay otras asociaciones en la Mesa) han compartido sus conclusiones sobre las Ayudas ni sobre la propuesta del Consejo. Sería muy chistoso que después de que algunas de estas asociaciones hayan calificado a la Plataforma de “informal” y “no profesional”, resulte que no son capaces de redactar un informe sobre un tema que es vital para los artistas de Madrid. O será que eso es lo mucho que les importa.

Para los interesados de Madrid: Voy a buscar un lugar donde reunirnos y en breve enviaré una convocatoria a través de los grupos de correo de la Plataforma y de la Mesa Sectorial. Si hubiese demanda por parte de la comunidad artística de Madrid, creo que la reunión debería ser abierta.

Sugerencias e ideas a: plataformafondoartesmadrid@gmail.com

Y por si acaso, Getsemaní y Azucena: Dimitir no es el nombre de un artista ruso.


[1] Juan Genovés comentaba esta triste realidad hace un par de años: (minuto 6'44’’): http://cadenaser.com/emisora/2016/10/23/radio_valencia/1477221128_715308.html
[2] Documento con la valoración de las Ayudas, remitido a la Alcaldesa a través del Registro municipal: http://antimuseo.blogspot.com.es/2018/03/valoracion-y-propuestas-de-las-ayudas.html
[3] Informe de las reuniones con las concejales de Ciudadanos y PSOE en abril de 2018: https://drive.google.com/open?id=1Trs7dmYDnnQQAkbEuVX2_ZT3xjEbFU9m

UN MAL CONSEJO

Poco antes de la Semana Santa recibí una extraña invitación: el Ayuntamiento de Madrid convoca a los agentes culturales de la ciudad a formar un Consejo, no hace falta decir que de la Cultura. Mi extrañeza se debe en primer lugar a las fechas: ¿convocar la víspera de las vacaciones (23 de marzo), para una reunión que tendrá lugar justo su fin, el 4 de abril1? Lo de convocar en periodo vacacional es un truco ya gastado, pero efectivo, de los gobiernos del PP —por ejemplo las ayudas a la creación en agosto—, que sirve para que nadie que no esté ya en el ajo pueda, por falta de tiempo, participar en lo convocado. Tratándose, como es el caso, de un gobierno de izquierdas, que además ha buscado con ahínco la participación de los ciudadanos, pues me ha producido extrañeza. No porque intuya obscuras maniobras, sino que no hayan pensado en la inconveniencia de este proceder, que provoca una inevitable comparación con aquellos de quien más querrían diferenciarse.

El segundo motivo de extrañeza es que el Ayuntamiento haya decidido cómo debe organizarse la sociedad civil para tener voz en las políticas culturales. Es decir, no es la sociedad la que se ha organizado y reclama, bajo sus propias condiciones, la participación, sino la autoridad quien presupone, organiza e institucionaliza esta necesidad. Y quien pone las condiciones, que las habrá. Es de nuevo un comportamiento poco consistente con una ideología progresista, o simplemente democrática, donde los procesos instituyentes, como dicen los pedantes al uso, deberían fluir de abajo a arriba, y no al revés.

La idea del consejo, por otra parte, es viejuna, poco realista y con toda seguridad inútil. Ya hay uno en la Comunidad de Madrid, formado por las mismas asociaciones que entrarían en este nuevo, y tiene tan poco efecto que mucha gente se estará sorprendiendo al saber de su existencia por estas líneas. Pues sí, el mismo Consejo que NO abrió un gran debate cuando Aguirre ubicó el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid en Móstoles, el mismo que NO ha dicho esta boca es mía cuando Cifuentes ha dotado 216.000.000 euros para subvenciones nominativas2 (sí, doscientos dieciséis millones), parte de los cuales se destinan a un confuso ámbito cultural, y menos de un millón a ayudas a la creación en convocatoria pública. El mismo que NO ha puesto en evidencia la ausencia de un proyecto cultural en nuestra Comunidad Autónoma, NI la falta de ideoneidad del consejero, Jaime de los Santos, NI la escasez del presupuesto destinado a artes visuales: 6.000.000 en 2017, según he oído comentar a un responsable de la casa. Poco más que la subvención nominativa a la Fundación de la Energía, 4.575.000 €, donde comparten patronato, en ese obscuro matrimonio que hay entre política e Eléctricas,  la CAM y las principales compañías del sector energético.

Con estos mimbres vamos a armar nuestras políticas culturales. En el Consejo, las artes visuales estarán representadas por una “mesa sectorial”3 que se formó hace meses a instancias, una vez más, del Ayuntamiento. Hubo una sola reunión, donde me pareció que se trataba sobre todo de repartirse el pastel. Nadie informó luego de las reuniones oficiales y si te he visto no me acuerdo. En aquella reunión, primera y última, los representantes de la Plataforma descubrimos con gran sorpresa que no éramos bienvenidos, e incluso se cuestionó nuestra participación en la mesa, por las siguientes razones:
  1. Que las estructuras políticas informales carecen de legitimidad para ser interlocutoras de las administraciones públicas. Suena a facha, pero una de las asociaciones lo ha planteado tal cual y en varias ocasiones.
  2. Que la llamada escena alternativa no es profesional. Este argumento también lo oí con frecuencia en los 90, antes de que los mismos que lo esgrimen tuviesen que ponerse a escribir sobre Santiago Sierra, los Torreznos, o incluso Isidoro Valcárcel Medina, entre otros muchos artistas que han podido desarrollar su carrera gracias a la existencia de una escena alternativa, no al trabajo de estas mismas personas en las instituciones.
  3. Que hemos roto el equilibrio de poder en un sistema donde todos estaban tan a gusto y cada cual recibía lo suyo. Esto en realidad no lo dijo nadie, pero a veces hay gente que piensa tan alto que uno tiene que taparse los oídos.
Lo cierto es que el Consejo de la Cultura no va a servir para nada, más que para que algún listillo arañe lo que pone a disposición la proximidad con el poder. No tiene sentido que haya un consejo en el Ayuntamiento y otro en la Comunidad, menos cuando constarán ambos de los mismos miembros. Pero como son órganos “producidos” por la institución, y no emanados de la sociedad a través de procesos democráticos, que es lo que les daría legitimidad, cada administración se lo ha cortado a medida, como un buen traje que disimula lo menos bonito de nuestras anatomías.

Dada la sagacidad del equipo municipal de cultura, me extraña, otra vez, que no hayan reparado en todos estos inconvenientes. Si quieren un órgano que facilite el diálogo entre la sociedad y el gobierno local, el Consejo va a tener el efecto contrario. Si en la capital gobernase el PP, pensaría que en realidad la función del Consejo, como pasa en la Comunidad, es servir de pantalla entre un gobierno que hace políticas culturales en contra de la cultura y una comunidad creativa que está muy cabreada. Se diluye así la queja, se fragmenta el frente y se negocian cooptaciones, se margina a los bocazas (como yo) y el Consejo acaba actuando como la policía blanda de un poder corrupto. Además muchos de los miembros del Consejo no son particulares propiamente dichos, sino funcionarios o trabajadores contratados en instituciones públicas. Es decir, son parte de esa arquitectura institucional a la que un Consejo estrictamente civil debe servir de contrapeso.

Pero no es el PP, sino Ahora Madrid, de modo que pensaré que lo están haciendo con la mejor intención y que, llegado el momento, se sorprenderán de que no haya servido para nada. Porque este consejo lo que va a ser es un mal consejo.

Para terminar, y para compensar, yo les ofrezco un buen consejo: que el acta, decreto o el como se llame fundacional, lo impriman en papel higiénico, para que así, llegado el momento, podamos encontrarle su utilidad.

1 Para más datos, a las 16h en el auditorio La Caja de Música en CentroCentro. Se supone que es una reunión abierta, pero en la invitación piden confirmación de la asistencia.
2 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-12-07/subvenciones-nominativas-cifuentes-madrid-2018_1488943/
La fundación está dirigida por una exdiputado del PP, según la nota de prensa citada. Por cierto, la propuesta del Fondo para las Artes de Madrid, que podría tener la misma forma legal que esta fundación, fue rechazada por Jaime de los Santos y Antonio Sánchez Luengo porque no existe un marco legal para algo así.
3 Hay una mesa sectorial nacional que publicó hace meses un documento con reivindicaciones. Lo comenté con mucha gracia en su momento: http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/06/un-arte-espanol-sin-artistas-espanoles.html
Sus miembros coindicen en gran parte con los de la mesa de Madrid.

VALORACIÓN Y PROPUESTAS DE LAS AYUDAS DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID


Nota: Este texto se ha presentado por Registro en el Ayuntamiento de Madrid. Lo publico tal como se redactó en la Plataforma, sin hacer corrección de estilo. La hoja con el sello de registro está disponible en: https://drive.google.com/open?id=1rX5X6qb4ZRo_ynVyJh8jYxBtKRm0sJtc
Hasta la fecha, no se ha recibido respuesta alguna por parte del Ayuntamiento de Madrid.



AYUNTAMIENTO DE MADRID
ÁREA DE GOBIERNO DE CULTURA Y DEPORTES
C/. Montalbán 1, planta 4
28014 Madrid

A la atención de Manuela Carmena, jefe en funciones del Área
Con copia a Getsemaní de San Marcos, Directora General de Programas y Actividades Culturales


7 de marzo de 2018
6 páginas



El presente documento recoge una primera evaluación, por parte de la Plataforma por el Fondo para las Artes, de las Ayudas convocadas por el Ayuntamiento de Madrid en 2017 y una serie de propuestas para mejorarlas en 2018.

Queremos decir en primer lugar que valoramos de manera absolutamente positiva que se hayan convocado estas ayudas, aunque por desgracia se han cometido algunos errores en la redacción de sus bases. Errores que podrían haberse evitado si el Ayuntamiento hubiese tenido una postura de diálogo con la sociedad civil y hubiese escuchado sus recomendaciones.

Introducción

Las Ayudas a la Creación, en sus diferentes líneas, son esenciales para el desarrollo de la cultura en nuestra sociedad y existen en la mayoría de los países de nuestro entorno desde hace al menos 40 años. En el caso concreto de Madrid, podemos señalar tres razones por las que las ayudas son esenciales:
  • Posibilitan la creación experimental, en un tejido muy precarizado, donde los creadores no disponen de recursos para desarrollar su trabajo.
  • Ofrecer un sistema transparente y accesible a todos los ciudadanos, lo que evita el amiguismo, la manipulación política de la cultura y en definitiva la sombra de corrupción que hay siempre en las subvenciones nominativas y en la contratación directa.
  • Por último, en un contexto donde apenas hay movilidad en los cargos directivos de las instituciones culturales, y donde debido a la precariedad los creadores dependen casi por completo del beneplácito de éstos para la producción y exhibición de sus trabajos, las ayudas expanden el abanico de posibilidades y favorecen la diversidad.
En definitiva, las Ayudas constituyen un paso para la democratización de la gestión de los recursos públicos, necesaria en un mundo donde no podemos seguir hablando de cultura, sino de culturas, y donde las administraciones públicas no pueden aspirar a abarcar la multiplicidad de intereses, expresiones y conflictos que conviven en nuestra sociedad.

Valoración de las Ayudas y propuestas

Aspectos generales:
  • Consideramos que la convocatoria de 2017 margina a los artistas visuales, ya que ofrecen un mayor número de opciones y recursos a las artes escénicas y destinan parte de los recursos de creación a la gestión. Tenemos que insistir en que las Artes Visuales son el único sector de la cultura que carece de una industria. Al contrario que la música, el cine o las artes escénicas, donde existen poderosas industrias con capacidad para producir y distribuir proyectos de todas las escalas, en las artes visuales todo el proceso de producción recae en el artista, y con frecuencia también la distribución. Esta diferencia debe ser tenida en cuenta a la hora de plantear las ayudas, ya que se trata de un sector especialmente precario y tradicionalmente ignorado por las administraciones públicas.
  • Denunciamos la falta de diálogo a lo largo del proceso. Pese a la aparente apertura del Ayuntamiento, en realidad no se ha escuchado ni una sola de nuestras recomendaciones, por lo que en la redacción no se han entendido las necesidades ni los problemas del tejido. Es destacable que el Ayuntamiento ni siquiera ha tenido en cuenta las conclusiones de los Laboratorios que él mismo organizó.
  • Señalamos la necesidad de implementar un sistema de becas o premios para artistas, como se hizo en las primeras Ayudas de Intermediae en 2007, de tal manera que el dinero concedido en ellas pueda ser utilizado para la manutención de los creadores.
  • No camuflar ayudas a residencias de artistas con programas establecidos con ayudas  a la creación.
  • Una falta de entendimiento profundo del tejido arte, tiene la consecuencia de creer que ayudar al arte es ayudar a las residencias de artistas, a las ferias de arte o a las galerías. Los que crean son los creadores, los artistas, y mantener una infraestructura de residencias, ferias y galerías sólo ayuda a la creación de manera residual. El sistema de arte es muy precario y no se puede gastar dinero en lujos: producción, residencias de artistas, galerías, ferias cuando no se ayuda a la creadores manteniendo su infraestructura necesaria para crear: salud, espacio para vivir, espacio para trabajar materiales básicos. No podemos vivir en un limbo como lo hacen los “artistas” estrella o hijos de ricos. El arte es un valor universal como la salud y el ayuntamiento ha de pagar a quien lo crea.
  • Señalamos también la necesidad de una convocatoria permanente de bolsa para viaje, como estaba previsto inicialmente.
  • Exigimos convocatorias y jurados diferentes para cada ámbito creativo. En la convocatoria de 2017 hay Ayudas redundantes para artes escénicas, que han podido presentarse, con idénticas actividades, a las líneas de espacios y de salas de pequeño formato, y al programa de Agentes Culturales de la línea de Ayudas a la Creación.
  • Los jurados tienen la responsabilidad de otorgar fondos públicos por valor de varios millones de euros. Siendo ámbitos muy especializados, es incomprensible que se hayan formado jurados interdisciplinares, donde expertos en danza deben valorar propuestas de artes visuales, por ejemplo.
  • Se solicita que se comunique a los no seleccionados el detalle de sus puntuaciones, para que puedan saber en qué han fallado y corregir errores en las siguientes convocatorias.
  • Denunciamos que existe una discriminación (no recogida en las bases) debido a la cual no se han concedido Ayudas a la Creación a los artistas que además son miembros de una asociación que ha concurrido a otras líneas.
  • El sistema de evaluación es manipulable por parte del Ayuntamiento, ya que la puntuación final no se ha hecho en una reunión presencial, sino que se ha pedido a los jurados independientes que remitan sus puntuaciones. Este sistema ha permitido que el Ayuntamiento puntúe a la alta o a la baja beneficiando o perjudicando de acuerdo con intereses que no tienen nada que ver con la calidad de los proyectos. Este sistema pone en tela de juicio la legitimidad de las subvenciones.
  • Nos gustaría colaborar con el Ayuntamiento para abrir un debate con todos los beneficiarios y en su caso publicar una encuesta.
  • También consideramos necesaria una revisión de la metodología de selección de los jurados.
  • El sistema telemático de aplicación falló en los últimos días de plazo, motivo por el cual hubo creadores que no consiguieron presentar sus aplicaciones.
  • El plazo de presentación fue muy breve, y es de señalar que las bases se filtraron a la prensa antes de ser publicadas.
  • Las concesiones deberían ser comunicadas por email a los beneficiarios.
  • No se ha convocado una ayuda para la compra de equipos, por motivos legales, pero simultáneamente el Consorcio de Teatros convocó una ayuda para la rehabilitación de salas. De nuevo estamos ante un problema de discriminación de las artes visuales.
  • Por último, les instamos a recuperar la idea del Fondo e iniciar un debate con todos los partidos.

Análisis y propuestas “Espacios independientes de creación contemporánea”:
  • Exigimos que se elimine el requerimiento de la forma jurídica (asociación cultural), ya que en la actualidad hay una gran cantidad de colectivos no regularizados e incluso agrupaciones de asociaciones. La redacción de este punto demuestra un completo desconocimiento del tejido creativo de Madrid.
  • Por consiguiente, exigimos que se retire la exigencia de antigüedad, donde se ha tomado como referencia la fecha de constitución de la asociación. Durante los años de crisis no tenía sentido formar una asociación, y las mismas dinámicas de la creación actual exigen modelos más flexibles y cambiantes.
  • Exigimos que se elimine el requisito de un contrato de alquiler a nombre de la asociación, ya que muchos proyectos se desarrollan en viviendas o estudios, y en cualquier caso los alquileres casi nunca están a nombre de las asociaciones, ya que los propietarios exigen una solvencia que éstas no tienen.
  • Consideramos que hay un conflicto entre estas ayudas y las de las Salas de Pequeño Formato de artes escénicas. Pedimos que haya una línea exclusiva para espacios dedicados a las artes visuales.
  • El plazo de ejecución del proyecto debe estar vinculado a la fecha de la concesión y pago efectivo. La convocatoria de 2017 se dirige a proyectos ya realizados. Dada la precariedad del tejido, muchos no han podido presentarse por carecer de facturas. El desfase entre el plazo de ejecución y la fecha de pago está causando enormes problemas a los beneficiarios, sobre todo a los más vulnerables. La ineficaz gestión de las Ayudas está retrasando además su pago, de tal manera que los beneficiarios temen recibirlas pasada la fecha límite para presentar la justificación.
Análisis y propuestas: “Festivales, muestras, certámenes, congresos y otros eventos culturales”:
  • Esta línea entra en conflicto con el programa de agentes culturales de la línea de Ayudas a la Creación, ya que las actividades que recoge son las que normalmente puede desarrollar un gestor o un curador.
  • Como en la anterior, no tiene sentido la convocatoria para proyectos ya realizados, ya que las ayudas se dirigen a un tejido sin capacidad de financiación propia.
  • Nos parece contradictorio con el espíritu de las ayudas que esta línea admita sociedades mercantiles.
Análisis y propuestas: Ayudas a la creación:
  • Exigimos que se elimine el programa de agentes culturales, ya que se obliga a los artistas, que son los más débiles, a competir con asociaciones que tienen una gran capacidad de gestión, y acaba reforzándose el poder de los gestores sobre los creadores. Se producen además varios conflictos, como el ya señalado con la línea de “Festivales, muestras, certámenes, congresos y otros eventos culturales”, y debido a la posibilidad de que un artista aplique con un proyecto que luego se va a incluir en el programa o proyecto de un agente cultural, produciéndose una doble financiación.
  • Exigimos que se elimine el programa de red de residencias, por tres motivos:
    • El sentido de estas ayudas es facilitar que la cultura se desarrolle también fuera de las instituciones, para garantizar la diversidad que caracteriza a la sociedad contemporánea. Al revertir las ayudas en las mismas instituciones, la posibilidad de que en Madrid convivan distintas formas de entender y practicar la cultura se ve limitada.
    • Este programa supone una vía de financiación lateral para las instituciones, ya que el beneficiario debe gastar el importe de la ayuda en el desarrollo de un proyecto en la misma institución. Consideramos que dado que estas instituciones tienen ya su propio presupuesto, no deben concurrir en unas ayudas destinadas a la sociedad civil.
    • Este programa instituye la figura del falso subvencionado, similar a los falsos autónomos y becarios que hay en todos los museos de España. No es más que una forma de trabajo gratuito, que incide en una mayor precarización de los creadores y gestores independientes. Es particularmente llamativo el caso de CiudadDistrito, dado que este programa es en realidad una herramienta de contratación, y por medio de las Ayudas puede contratar sin pagar honorarios.
  • Exigimos una revisión de los criterios de valoración, en especial el concepto de “retorno social”, por los siguientes motivos:
    • La obra de arte no tiene un significado inherente, el significado se produce en el momento de la recepción y éste está condicionado por factores sociales, culturales, geográficos e históricos. Plantear que un jurado de 9 personas puede prever y evaluar a priori este complejo proceso evidencia un conocimiento muy superficial de la cultura contemporánea y las condiciones de su producción, difusión y consumo.
    • Hemos detectado que se confunde “retorno social” con determinadas prácticas aparecidas en los años 70 en el arte norteamericano, que han devenido hoy en un lenguaje institucional: arte de participación, community art, arte colaborativo… Estas prácticas, sin duda muy interesantes, son una pequeña parte del espectro de la creación contemporánea. Supeditar la concesión de una ayuda a que los creadores asuman como propio este lenguaje es equivalente a poner como condición que la obra se identifique, por ejemplo, como abstracción geométrica.
    • El retorno social, planteado en los términos de la convocatoria, es un criterio subjetivo que empaña la transparencia del proceso de selección y permite favorecer determinados posicionamientos políticos.
  • Como ya hemos indicado antes, proponemos que se establezca una beca o premio, para que los creadores puedan disponer de la Ayuda para sus gastos de manutención, alquiler de estudio, inversiones en equipo…
  • Las Ayudas a la creación, tal como están redactadas, son el realidad ayudas a la realización de proyectos. Proponemos que en las Artes visuales haya una línea de Ayuda a Proyecto y otra, como se ha señalado en el punto anterior, que tenga carácter de beca. Señalamos aquí que el trabajo por proyectos tampoco cubre la totalidad de las prácticas artísticas contemporáneas, ya que muchos creadores mantienen un desarrollo constante en su obra.

Conclusión:

Las Ayudas, tal como se han convocado en 2017, constituyen un importante avance en las políticas culturales del Ayuntamiento de Madrid y un ejemplo a seguir por otras administraciones públicas. La Plataforma tiene, al igual que en los dos últimos años, la mejor disposición para colaborar en el perfeccionamiento de la próxima convocatoria.

Para completar el análisis de las Ayudas a la creación solicitamos que se haga público un listado de beneficiarios donde se incluya el título del proyecto y el programa (creación, agentes o red de residencias). Con este listado podremos desarrollar un informe y una propuesta más detallados, para mejorar la convocatoria de 2018. Entre tanto, esperamos sus noticias y sugerimos que se organice una reunión lo antes posible, con el fin de establecer un calendario de trabajo y una lista de objetivos.

LA PRESENTACIÓN

Asistí, el pasado 24 de enero, a la presentación de los nuevos directores y directoras de los centros culturales de Madrid Destino. No sé bien cómo describir el acto: raro, triste, no exento de tensión (y no por mi parte, que yo soy muy tranquilo). En todo caso muy mal planteado, como casi todo lo que hace este Ayuntamiento en materia de cultura, porque si lo que se pretendía era que la comunidad cultural de Madrid (de haberla) conozca a los nuevos responsables de estos espacios, organizar una fiesta restringida ya está marcando una pauta que la promesa de “apertura” de los mismos no va a desmentir.

Antes de nada debo decir que encuentro muy positivo que se haya convocado un concurso público y estoy seguro de que el proceso ha sido absolutamente limpio. Soy testigo, porque me presenté a la dirección de Matadero, aunque con mero afán testimonial. Pero contra todo pronóstico llegué a las semifinales, a la entrevista con el comité de expertos. La verdad es que habría sido una broma que me eligiesen a mí, aunque no habría aceptado un cargo de dirección para el que no puedo elegir mi propio equipo. Tampoco un cargo de dirección en Madrid Destino, ni menos aún para un sitio como Matadero, en fin, pero ver la cara alegría de algunas buenas amigas que trabajan allí, al recibir la noticia de que iba a ser su jefe, eso no habría tenido precio. Mi proyecto lo publicaré, que para eso lo redacté y presenté, cuando consiga entrevistar a la ganadora, Rosa Ferré (aprovecho para pedir la entrevista) o al menos pueda leer su propuesta.

Éste es otro aspecto positivo: el Ayuntamiento va a publicar los proyectos ganadores. Hasta ahora los proyectos museológicos han sido secretos, tanto del de Manuel Borja Villel para el Reina como el de Manuel Segade para el CA2M. Cuando me dijeron que este último era secreto, lo primero que pensé es que a lo mejor era muy malo y les daba vergüenza publicarlo. No sé. Me dicen que los proyectos los conoceremos a medida que se desarrollen, pero a mí me parece que es como si un partido político guardase en secreto su programa, porque ya veríamos en qué consistía según vayan gobernando. Los ciudadanos tenemos derecho a saber qué se pretende hacer con y en nuestras instituciones, ya que las pagamos nosotros. Y si no publican los proyectos, lo que nunca sabremos no es sólo si el proyecto era un disparate, sino si los políticos respetaron la propuesta ganadora, o si presionaron al director hasta plegarlo a sus intereses.

En segundo lugar, el Ayuntamiento por fin a regularizado la situación anómala de estos centros. Ahora Madrid llegó al Ayuntamiento con un programa de cultura de 105 palabras (a la vista está). Cuando entrevisté a Guillermo Zapata1 en un ya muy lejano mes de abril de 2015, le pregunté qué iban a hacer con las instituciones culturales que heredaban de Gallardón. Me respondió: “vamos a discutir colectivamente qué hacemos con ellos para darles el uso que deben tener”. Bien, dos años después ha habido muy poca discusión. Los centros se mantuvieron en una especie de interinidad, con muy pocos recursos, hasta que se ha hecho esta convocatoria. Todo está muy bien, pero flota en el aire un aroma rancio a fracaso, tan madrileño.

Volviendo a la presentación, lo segundo que me llamó la atención es que apenas había personas, o personajes, del mundo del arte. Ni críticos, ni artistas, sólo algunos pares de otras instituciones. ¿Es una señal más de que las artes visuales están siendo marginadas, como siempre, a favor de las escénicas? Quizás. O quizás los personajes conspicuos del mundillo del arte de Madrid saben ya de sobra que estos centros tienen poco o nada que ver con el arte de Madrid, con nuestro tejido y con nuestros legítimos intereses. Que por allí no se nos ha perdido nada a ninguno, porque están al servicio de estrategias de representación política, y porque además Ahora Madrid sigue intentando inventarse una cultura popular que justifique la red clientelar que han sido captes de tejer en un par de años (y no son palabras mías, estoy citando a Emmanuel Rodríguez2).

La selección es rara. Correcta, pero sin sorpresas que puedan detonar nuestro entusiasmo. Un poco gris, diría. Tengo mis dudas, en un momento tan delicado, respecto a que haya tan pocos directores de museos que hayan vivido en Madrid, porque esta plaza es compleja y necesitamos interlocutores que nos conozcan y que comprendan nuestros problemas. Sospecho además que algunos centros los van a gobernar en realidad los coordinadores, porque los contratos son cortos, tres años prorrogables, y ya se están organizando porras sobre la duración de los nuevos jefes. La primera baja ha sido en CentroCentro, donde la recién elegida directora dimitió antes de empezar. Durante la presentación, que fue tediosa, cada uno de los nuevos y nuevas directoras nos ofreció un resumen muy breve de su propuesta: apertura, participación, proceso, salir de los muros de la institución y llegar a la calle, interdisciplinariedad… Salvo Ignacio Marín Valiño, director del CC de la Villa - Fernán Gomez, que viene con una propuesta muy concreta de música, los demás eran intercambiables entre sí. Aunque quizás esto sea positivo, porque si ha coincidido que todos vienen con las mismas ideas, la colaboración entre ellos resultará muy fácil.

Me preocupa, de todas maneras, la obsesión con la apertura y la participación. De hecho creo que cualquier persona que siga hablando de arte y participación, colaborativo, etc., debería ser inhabilitada para ocupar cargos públicos. Es un término que se ha vaciado de significado y sirve, como han servido siempre estas figuras institucionales, para ocultar la falta de ideas o, peor aún, la existencia de una férrea censura y el control político sobre la creación. Ya escribí algo al respecto hace tiempo, en este mismo blog3. De lo que no habló ninguno es de crítica, y deberían saber que “el arte contemporáneo (Darío Corberia dixit) será crítico o no será. Es decir, nunca será democrático.”  Y todavía mucho menos hablaron de iniciar un proceso de auto-crítica dentro de estas instituciones, que están ligadas en su mera esencia al proyecto de ciudad de Alberto Ruiz-Gallardón, y formuladas con un muy fino entendimiento de la noción de poder pastoral. De hecho, ninguno habló de iniciar una gran reforma desde dentro, cambiar la estructura, la identidad, de cuestionar sus sistemas de gobierno, del problema de los trabajadores precarios4, o de los falsos autónomos (ellos mismos lo son), los falsos becarios y hasta los falsos subvencionados, sino de rellenar los mismos cascarones con nuevos (?) contenidos. Es decir, apertura, participación, proceso… Parece que el truco de presentar la institución como alternativa a sí misma todavía aguanta.

Si los statements de los directores no ocultaban sorpresa alguna, el de la alcaldesa nos dejó a todos con los ojos como platos, porque empezó pidiendo respeto a las instituciones (¿A las instituciones culturales? ¿Quién puede respetar las instituciones culturales?) y acabó pidiendo un aplauso para sus predecesores, Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella, por el precioso legado que nos han dejado.  Y la gente, directores incluidos, aplaudió a Gallardón y a Ana Botella como si fuesen lo mejor que nos ha pasado, no sólo a Madrid, sino a nuestro maltratado tejido creativo. Yo como Alberti, sentí que “era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

La tensión a la que me refería al principio debe venir, me imagino, del sector de Ahora Madrid que tiene problemas éticos para aplaudir a los anteriores alcaldes. Yo me mantuve con los brazos pegados al cuerpo, los puños cerrados y ambos dedos corazón enhiestos.

Pero lo más sorprendente de este acto público, aunque restringido, lo que me dejó con mal cuerpo, con un desasosiego profundo, fue que en la silla que ocupaba Manuela Carmena podría haber estado, efectivamente, Alberto Ruiz-Gallardón. O Esperanza Aguirre, o Cristina Cifuentes, o cualquier otro. Y habríamos oído hablar exactamente igual de apertura, participación, proceso, interdisciplinariedad y demás quincalla conceptual al uso. Una vez más, ha sido necesario que algo cambie para que todo siga igual.


[1] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html
[2] “los nuevos profesionales de la representación —cada quien ponga sus nombres favoritos— solo tienen posibilidad de legitimarse por medio de una política de guiños y cooptación de lo que llaman su "base social". Ahora Madrid cuenta con una masa crítica de oportunistas suficiente para que el dinero público llueva con generosidad sobre los movimientos, también de la peor manera posible: liberados, asesores, contratación de militantes en el ámbito de la "intervención social", cesión de espacios "sociales" siempre con contrapartidas políticas”
https://www.elsaltodiario.com/municipalismo/la-apuesta-municipalista-revision-o-abandono#
[3] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/09/la-crisis-del-arte-de-participacion.html
[4] https://apuntesdeclase.lamarea.com/reportajes/despidos-y-miseria-laboral-en-los-museos-de-la-comunidad-de-madrid/

QUE INVENTEN ELLOS

Sigo con mucho interés la polémica sobre el proyecto de las naves del Matadero. Creo que es algo que nos afecta a todos los madrileños, porque ha reaparecido esa fibra de nuestra cultura que “no es de ayer ni de mañana, sino de nunca. La fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido”. (Cito al poeta para halagar el oído de la caverna, que posiblemente escucha pero no entiende). Y también porque Matadero fue el gran experimento cultural de Gallardón, el campo de pruebas para un modelo de ciudad neoliberal donde la cultura debía aplicarse como un instrumento de gubernamentabilidad. Todo el debate sobre el museo, el “Nuevo Institucionalismo”, las perspectivas críticas desarrolladas por autores como Tony Bennet, Nina Möntmann, Douglas Crimp y un larguísimo etcétera, llegaban a Madrid en 2007 transformados en lo contrario de lo que se pretendía conseguir: el centro de arte como simulacro de un espacio público, un contenedor sin alma, una institución que en vez de generar espacio para la cultura, se limita a representarla ante el público, la participación como auto-gobierno. Incluso el nombre, ya lo he indicado en otro lugar, tiene un efecto corrosivo sobre el pensamiento crítico, porque la amenaza que encierra y la brutalidad que expresa (matadero: ríos de sangre, cuerpos desollados, vísceras desparramadas, olor a muerte), sólo pueden enfrentarse con una sonrisita tonta en la cara: “Matadero, qué gracioso”.

Obviamente el debate no está aquí, que es donde debería, sino donde todos sabemos. En un lugar extraño, fuera del camino, en el páramo, en mitad de la nada como esos personajes del cuadro de Goya que matan a garrotazos enterrados hasta la cintura.

La reacción de algunos sectores de la cultura ante una propuesta innovadora no es inédita en Madrid. Esta ciudad es tremendamente reacia al cambio. En mi ámbito, que son las artes visuales, los artistas han tenido que enfrentarse generación tras generación a los mismos funcionarios que rechazan por instinto todo lo que huela a novedad; críticos y académicos que reaccionan con violencia contra lo que les sorprende, contra lo que no entienden; empresarios que temen perder sus magros negocios si se cambia una sola línea del consabido guión. Ramón de la Serna ya escribía en 1925: “Lo viejo se ha podido quedar, pero no se debe hacer nada nuevo con hipo viejo. Contra eso es contra lo que reaccionamos.”

En el Madrid de Ramón de la Serna se predicaba una “modernidad sin estridencias”, en alusión a las vanguardias que estallaban, una tras otra como salvas de artillería, a lo largo de toda Europa. Y ciertamente, aquí no hubo vanguardias, aunque el discurso oficial siga proclamando que somos el país de Picasso, adalides de la modernidad y protagonistas del arte del siglo XX. Pero Picasso era francés. El español se habría llamado Pablo Ruiz y nunca habría “inventado” el cubismo, porque este movimiento sólo podía originarse en una sociedad abierta, curiosa, audaz ante los cambios, sedienta de conocimiento. Picasso y Braque recogen y catalizan esa energía que hunde sus raíces en la Revolución Francesa. En España Pablo Ruiz se habría vuelto loco. El crítico Moreno Villa escribía hace también casi un siglo: “Cada número de L’Art d’aujourd’hui o de Cahiers d’Art era recibido como una palabra de promesa, como una mirada sonriente. En ellos no había nada de lobreguez, ni de cansinas viejas aldeanas, ni de vestidos que transcendían un vaho caliente. La imaginación entraba en juego por primera vez en la historia del arte.” Da miedo que resulte tan actual.

Yo he leído el proyecto de Mateo Feijóo (http://blog.mataderomadrid.org/wp-content/uploads/2017/03/PROYECTO_MATADERO_MATEO_FEIJOO.pdf) y no le encuentro la arista polémica. No me interesa especialmente, porque no me interesa la cultura que se produce en las instituciones, pero creo que es un gran avance para una ciudad que lleva 25 años sufriendo gobiernos municipales y autonómicos del Partido Popular, que han hecho todo lo posible para acabar con cualquier impulso creativo y cualquier destello de inteligencia crítica en la cultura madrileña.

Su detractores hablan de la “muerte del teatro”, como si algún género artístico hubiese sobrevivido al cataclismo de la Modernidad. Pero creo que la cuestión es la de siempre: temen que el público, si prueba cosas nuevas, le pierda el gusto a lo antiguo. Poco seguros deben estar de lo que hacen. En las artes visuales hemos vivido y volveremos a vivir situaciones parecidas: mientras Santiago Sierra excavaba el suelo del Ojo Atómico, allá por 1993, conocidos críticos pontificaban desde sus tribunas en el ABC y El País que la instalación no era arte, y que España debía salvaguardar los valores tradicionales de la pintura. También recuerdo, por aquellas fechas, la tormenta crítica contra la exposición Cocido Crudo, curada por el norteamericano Dan Cameron en el Reina Sofía. Fue una de las exposiciones más importantes y más influyentes que ha habido nunca en Madrid, pero no recibió una sola reseña positiva. Incluso una crítica muy conocida, de las más conocidas por aquí, terminaba su artículo diciendo: “Lo que pasa es que en esta exposición hay muchas ideas, pero muy poco arte”.

Ahora el panorama artístico de Madrid es desolador y se lo debemos a los mismos que están intentando abortar una experiencia que, al margen de su eventual éxito o fracaso, es necesaria para sacudirnos la caspa que hemos acumulado desde que José María Álvarez del Manzano llegó a la alcaldía en 1991. Yo estoy colaborando con artistas que no habían nacido todavía.

Pero lo bueno de esta historia es que se va convirtiendo en sainete a toda velocidad. El primer aviso fue cuando los medios más conservadores se erigieron en paladines de la memoria de Max Aub, republicano y exiliado. Se me ocurren varias bromas de mal gusto, pero me las voy a callar. Luego vemos que intelectuales de izquierdas de toda la vida se movilizan contra la innovación, contra la experimentación. “Qué inventen ellos”, habrán pensado. En España no necesitamos cosas raras, ya les llegarán a nuestros hijos convenientemente refritas dentro de 30 años. ¿En un país donde la izquierda está en contra de las innovaciones, qué hace la derecha? Nada, se sienta a esperar. (Solución de este acertijo: Rajoy).

Pero la guinda ha llegado con el sorpresivo apoyo de Ciudadanos al teatro sin estridencias (http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170314/42874569139/cs-presentara-un-plan-en-defensa-del-teatro-tras-reunirse-con-el-sector.html) Los intelectuales de izquierdas se alían con la derecha para frenar el primer impulso de renovación cultural que se ve en nuestras instituciones desde… desde nunca. Si la cosa sigue por estos rumbos, no dudo que lleguen distribuir camisetas-protesta con el famoso slogan: “Que inventen ellos”. O la no menos famosa copla de Manolo Escobar: “¿De qué te sirve ser tan inteligente, si luego no te entiende la gente?”. Y antes de que nos demos cuenta veremos a Begoña Villacís y Pilar Bardem del brazo manifestándose contra la modernidad. Lo que ya nos está faltando es una de aquellas intervenciones estelares de Esperanza Aguirre, que podría unirse a la comitiva e invocar la memoria no de Max Aub, sino de la más grande actriz, guionista y productora teatral que ha tenido Madrid: Lina Morgan.

Es todo tan absurdo que sólo me lo puedo tomar a risa, pero también soy consciente de la gravedad de una situación como esta: cualquier intento de desarrollar un modelo de gestión innovador en arte va a toparse con la misma oposición, que degenera, como estamos comprobando, en una mezcla de intereses corporativos y oportunismo político. Y no es casual que ni AVAM, ni MAV ni el IAC ni los llamados Agentes Artísticos Independientes de Madrid hayan querido apoyar un sistema de apoyo a la creación, cuyo principal eje son las becas para artistas. Las cosas en Madrid están atadas y bien atadas, y lo último que importa es la cultura.

La historia pasa como un tren vertiginoso por delante de nuestras puertas y los madrileños corremos el riesgo de quedarnos una vez más sin nuestro billete hacia el futuro.

AUTO-ORGANIZACIÓN DE ARTISTAS

He redactado este texto a partir de las notas que usé para mi charla en La Quinta del Sordo el pasado 12 de noviembre, en el marco de Tándem, un curso para la profesionalización de artistas y gestores, lo que sea que esto signifique. Lo que quiero decir es que la charla iba dirigida a jóvenes con formación universitaria, es decir, que casi no saben casi nada de arte. Incluyo datos y referencias que no pude detallar en aquel momento, por limitaciones de tiempo, pero he preferido no ampliar la presentación. Creo que el enfoque didáctico y la estructura y dimensiones que le di para aquel momento están bien, y que ya habrá ocasión para desarrollar los temas que apunto.

*         *         *

(Saludos, agradecimientos…)

Yo voy a hablaros sobre la auto-organización de los artistas. Sobre la auto-gestión, como reza el título de la mesa, o, yo prefiero esta expresión, la auto-institución.

Pero antes de entrar en materia creo que es conveniente indicar que este tipo de prácticas son consustanciales a la Modernidad, a una Modernidad entendida en sentido amplio. Como dato, la primera exposición, porque hubo una “primera exposición” en la historia, en 1665, fue organizada por artistas. Por supuesto no fue algo con un carácter alternativo en el sentido que le daríamos hoy. Fueron los mismos artistas que unos años antes habían creado la Real Academia de Bellas Artes de Francia quienes pidieron permiso al rey para organizar una muestra en el Louvre. Pero la intención sí era crear una alternativa, y, como pasaría siglos después, liberarse de un sistema que estaba impidiendo en desarrollo de las artes visuales: el Gremio de Vidrieros, Pintores, Escultores y Doradores, que desde el siglo XIII controlaba la producción y distribución del arte.

La historia de los Salones tiene un largo recorrido, como todos sabrán, pero vamos a dar un salto de 300 años para llegar a 1965: entre finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo hubo una explosión de espacios fundados y gestionados por artistas. La escena más conocida es la de Nueva York, pero el fenómeno se da simultáneamente en todo el mundo occidental. Por citar algunos: en Nueva York el Museo del Barrio y 112 Greene Street en 1969, el Institute for Art and Urban Resources Inc., del que luego surge el  PS1, y The Kitchen en 1971, Franklin Furnace en 1976; en Los Ángeles el Woman’s Building en 1973; en San Francisco el Museum of Conceptual Art en 1970 y la Mamelle en 1975; en Buffalo Hallwalls en 1974. Cruzando el Atlántico, en Londres SPACE en 1968 y ACME en 1972; en Berlín la NGbK en 1969; en Toronto Art Metropole en 1974; en Florencia Zona en 1974, y un largo etcétera.

¿Por qué? ¿Por qué en pocos años se produce un movimiento de estas dimensiones dentro del mundo del arte? Sin duda un fenómeno de tal amplitud se debe siempre a la coincidencia de varias causas que lo impulsan y posibilitan. Pero vamos a centrarnos en una que es esencial y que es la que sigue vigente al día de hoy: a partir de los años 50 se produce una fuerte institucionalización del arte.

Si hacemos caso de Peter Bürger, “con los movimientos históricos de la vanguardia, el subsistema social que es el arte entra en una etapa de auto-crítica. (…) El concepto de ‘arte como institución’ como lo empleo aquí, refiere al aparato productivo y distributivo, así como a las ideas sobre el arte que prevalecen en una época determinada y que determinan la recepción de la obra.”

En los mismos años en que Bürger escribe su Teoría de la Vanguardia, el crítico peruano-mexicano Juan Acha desarrolla un análisis marxista del arte enfocado al sistema de producción, distribución y consumo. Los títulos de sus libros incluyen precisamente expresiones como ‘La producción del arte’, 'El arte y su distribución’ o ‘El consumo del arte’.

Tras la Segunda Guerra Mundial esta institución, en el sentido abstracto del término, desarrolla una institucionalidad, entendida ésta como el aparato comercial y administrativo del arte: museos, galerías, ferias, bienales, fundaciones, facultades y escuelas, editoriales especializadas, revistas…

Entonces, por un lado tenemos que eso que llamamos intuitivamente mundo del arte ha tomado conciencia de ser una institución, y por otro que alrededor de los artistas han aparecido otros muchos actores que toman parte en los procesos de producción, distribución y consumo del arte.

Hay dos consecuencias inmediatas del nuevo estado de cosas:

La primera, que se hace evidente que la creación es proceso social, donde el significado se construye colectivamente, con la participación de todos esos actores. Esto es lo que nos explica el urinario de Duchamp, que en un determinado marco institucional y dentro de un discurso específico sobre el arte adquiere el valor  de obra. Pero fuera de ellos no deja de ser un urinario. Dicho de una manera más atractiva, en palabras del situacionista Asger Jorn, “El valor no emerge de la obra de arte, sino que se libera desde dentro del espectador.”

En segundo lugar, se ha producido una división del trabajo creativo, en la que el artista deja de ser el centro. Una nueva figura, el curador, va a competir con él por el papel protagonista. En los años 60 y 70 encontramos numerosas declaraciones al respecto por parte de los artistas. En ellas se expresa la preocupación por el nuevo orden, donde los que antes parecían trabajar al servicio de los artistas, ahora ocupan la posición de sus jefes. Mel Radsem, Hans Haacke o Daniel Buren, quien en 1969 mantiene una polémica sobre el tema con Harald Szemann, son buenos ejemplos.

En respuesta, las nuevas generaciones deciden abrir sus propios espacios de exhibición e intercambio de ideas. Por una parte porque el sistema, ya completamente institucionalizado, se ha vuelto resistente a las innovaciones. Ha cristalizado en determinadas prácticas y carece de flexibilidad para asumir otras. Por otra, porque han comprendido que no basta con producir la obra, que el significado depende de la forma en que ésta se socializa. En los años 70 hay además una fuerte implicación política, pero no tanto como transmiten algunos autores. El objetivo principal de casi todos los proyectos es crear espacios de libertad creativa, como podemos comprobar si revisamos declaraciones de intención de la época o entrevistas posteriores.

En los 90 hay una nueva oleada de espacios alternativos. No es que no siguiese habiéndolos en los 80, pero la vuelta a la pintura y la fuerte reacción en los círculos de poder de la cultura tienen un efecto reductor, y los que sobreviven quedan relegados a circuitos menos visibles. En España, en Madrid, para ser más precisos, la de los 90 es la primera generación propiamente dicha de espacios y proyectos alternativos.

El contexto era muy diferente. Quizás lo más relevante es que hay una desaparición de lo político. Si los 70 fueron muy politizados, en los 90 la política no está casi presente. El proyecto histórico de la izquierda está agotado. No es algo que yo considere mejor o peor. El matrimonio entre arte y política no siempre es fértil, ni siquiera propenso al orgasmo, al menos en los términos en que se ha entendido hasta ahora. Sólo señalo la diferencia porque de nuevo vivimos tiempos en los que la política se ha estetizado y se infiltra en los terrenos del arte.

En el caso de Madrid, resaltaría además dos rasgos:

 1.   El nacimiento de la institución arte como tal. Pero lo peculiar es que la institucionalidad del arte no surge de las prácticas de sus distintos agentes, sino de decisiones del gobierno. No es un movimiento de abajo a arriba, sino de arriba a abajo. En 1982 Felipe González impulsa la creación de ARCO, y en el 88 del Reina Sofía. Son dos instituciones monstruosas, que hegemonizan por completo las artes visuales de nuestra ciudad, pero que no tienen interés en lo que está pasando en ella. Los artistas que empezamos a trabajar en Madrid a final de los 80 y principios de los 90 no disponíamos de espacios donde exponer. Tuvimos que inventarlos.

 2.    La necesidad de una renovación de los lenguajes, atascados en los soportes más tradicionales. El performance y el conceptual, todo lo relacionado con la desmaterialización de la obra de arte, no habían tenido en España la visibilidad o el protagonismo que en otros países. Para colmo, las políticas culturales del PSOE en los 80 provocan un corte histórico entre las generaciones de los 60 y 70 y nosotros. En consecuencia nos lanzamos a experimentar con nuevos lenguajes, porque era algo que no existía.

Pero en ambas generaciones, 70 y 90, hay un elemento político más profundo y de gran importancia: mientras que la vanguardia, y sobre todo la teoría que se ha producido a partir de ella en el mundo académico, parte de una matriz ideológica marxista y se presenta como una avanzadilla para la toma del poder, para la demolición del sistema existente, es decir, son propuestas de corte revolucionario, los espacios alternativos no se plantean el antagonismo en estos términos, sino orientada a la creación de diferentes posiciones de diálogo con el sistema. Sistema que es rechazado, pero sin intención de tomar el poder para ejercerlo desde premisas ideológicas diferentes. Alternativas es siempre plural y responde a una ética anarquista antes que a una doctrina marxista. Alternativas es una práctica, de la que no es necesario que emane un discurso. Vanguardia es un discurso que preconfigura la práctica artística. Es un pensamiento estratégico, que señala los objetivos y el camino para llegar a ellos. Éste es el conflicto que vivimos ahora en Madrid entre un arte político que excluye todo aquello que no ha sido previsto en el texto, y la realidad de la creación, que es heterogénea, diversa, con frecuencia contradictoria, y, como ya he dicho, eminentemente práctica. La auto-institución tendría una raíz táctica, de cómo resolver problemas concretos, antes que estratégica.

A partir del 2000 ocurre un fenómeno que aún no se ha estudiado a fondo, y aquí les doy un pequeño adelanto de mis investigaciones: las instituciones culturales se dan cuenta de que no tienen contenidos. Mientras que los artistas hace casi 50 años que hemos superado la exposición como principal “dispositivo”, hemos dado prioridad al proceso frente a la obra acabada, hemos aprendido a crear públicos específicos (frente a público universal del museo), a ocupar lugares concretos en la sociedad y en la geografía de la ciudad, la institución cultural, el museo, está atascado en prácticas obsoletas y relaciones jerarquizadas. ¿Y qué ocurre? Que mientras que los artistas vivimos a salto de mata, los curadores y demás funcionarios de la cultura tienen que justificar un sueldo. Y se inventan esto: New Institutionalism.

Hay una cooptación o una apropiación del conocimiento producido desde aquellas posiciones de disenso, de alteridad, de antagonismo no revolucionario, para rellenar de contenido el moribundo aparato administrativo de la cultura. Apelan a los movimientos sociales (antiglobalización), y por último a un arte político que pueda tener lugar dentro de los muros de un museo. La institución entra así en un momento de máxima contradicción. Quiere ser alternativa a sí misma, pero no puede renunciar a su poder.

Debo insertar aquí una precisión importante: los proyectos alternativos son contingentes, y son conscientes de su propia contingencia. Responden a un contexto y tienen un plazo de vida. No aspiran a la permanencia. Las instituciones tienen en su ADN el instinto más básico de cualquier forma de poder: perpetuarse.

Quizás por eso las instituciones no pueden convivir con la crítica ni con el conflicto. La función de las instituciones culturales es en realidad desactivar el disenso. Invisibilizar la heterodoxia. Yo llevo más de 10 años provocando a la institución. Provocando en términos concretos, no desde la retórica del Fin del Capitalismo. Es parte de mi práctica artística, además de ser un ejercicio de responsabilidad política, y como muchos de ustedes saben el resultado es que ocupo un puesto de honor en todas las listas negras. La crítica no genera una respuesta de diálogo, sino de exclusión, que se extiende de manera perversa, inducida por las mismas instituciones, al terreno de las relaciones sociales y la afectividad. No se preocupen, porque a mí da exactamente igual.

Uno de los grandes éxitos, por así llamarlo, de toda la corriente del New Institutionalism ha sido apropiarse del antagonismo desde la hegemonía. El mejor ejemplo es el Reina, pero también las instituciones que creó Gallardón en Madrid, como Intermediae o Medialab. No se pueden criticar y actúan con superioridad moral, porque ellos protagonizan el antagonismo. Pero paradójicamente también son las instituciones a través de las cuales se escenifica el poder y se implementa la gubernamentabilidad, término foucaultiano, y tienen la capacidad no sólo simbólica, sino económica, política e incluso policial para sofocar la crítica.

Como he dicho antes, estamos en el momento de la máxima contradicción institucional: el antagonismo desde la hegemonía. Por eso no es extraño que un gobierno de derechas mantenga en la dirección del Reina a Borja Villel, que hace política de izquierdas desde su cargo, o que las instituciones creadas por Gallardón hayan continuado sin cambios substanciales, ni siquiera en sus organigramas, bajo un gobierno municipal de signo contrario.

Éste es el momento que vivís los que ahora estáis ensayando formas de organización autónoma, o, como he dicho al principio, de auto-institución. En el lenguaje pedorro al uso, procesos auto-instituyentes. Ésta es una parte del esquema que tenéis que dibujar en vuestras cabezas para saber por dónde camináis. No vayáis a pisar justo en la tablita rota del puente.

Yo no sé qué es lo que tenéis que hacer. No hay una fórmula. Tampoco es algo que podamos hacer de manera racional. En los 90 muchos artistas tomamos decisiones que no eran fáciles, y sobre todo no eran razonables. Nos adentramos en territorio desconocido, empezamos a hacer cosas que no sabíamos hacer, que nadie sabía hacer. Que ni siquiera nadie sabía que se podían hacer. Y las hicimos. Yo ahora estoy escribiendo un libro sobre este periodo y me doy cuenta de que fue una época apasionante y que lo que hicimos, como generación, como colectividad, como inteligencia colectiva en un momento histórico determinado de Madrid, fue increíble. Pero por supuesto no lo vivimos así. El camino siempre es duro.

Pero sí me gustaría insistir en algo que hace unos meses comenté aquí mismo de pasada, en otra sesión de Tandem. Es algo que oí en Youtube al director del Medialab del MIT (éste es un Medialab donde se desarrolla tecnología, no es un centro cultural). Los proyectos que ellos aprueban tienen que cumplir ciertos requisitos.

El primero, que sea original. Pero no original en el sentido que se usaba antes en el arte, el gesto provocador, la ruptura formal… sino en el sentido estricto: que nadie más lo esté haciendo. No hagáis algo que ya están haciendo otros, para tal caso colaborad con esas personas. Por ejemplo, en un plano práctico, si yo quisiera empezar un proyecto que requiere invitar a artistas extranjeros, no montaría un programa de residencias, vería la forma de colaborar con Intercambiador y me concentraría en una actividad más específica que ellos no estén cubriendo. O en general, si hay mil sitios haciendo exposiciones, no hagáis exposiciones, no situéis la exposición en el centro de vuestra actividad. O incluso si lo hacéis, buscad en elemento especial, que no sea lo mismo que en las galerías. Yo en el Ojo Atómico, en los 90, hacía exposiciones de una sola pieza. En el segundo Ojo Atómico, en 2003, organizamos algunas exposiciones “curadas”, pero enseguida comprendimos que había que explorar otras formas de trabajar e hicimos proyectos como ¿Cómo te imaginas tu plaza? O el Museo de la Defensa de Madrid o Bellas Durmientes, de los que éramos “autores”; CODE:RED, con Tadej Pogacar y la asociación de prostitutas de Madrid. O finalmente el CPAC. Yo además preparaba en público paellas “profanadas”, con ingredientes de otras culturas.

Segundo, haced algo que os involucre personalmente. No nos llenemos la boca con grandes palabras. Busquemos y reconozcamos cuestiones que nos afectan para bien o para mal, que nos atormentan o que nos fascinan. Porque si el móvil de nuestra acción está en el corazón, y no sólo en la cabeza, tendremos la energía para superar todos los obstáculos. Si no, es fácil ir cambiando de foco, porque lo que estamos haciendo es consumir problemáticas. Hay que entender por qué determinados asuntos son importantes para nosotros, cuál es el elemento que convierte el interés, un honesto y legítimo interés, en una imperiosa necesidad.

Tercero, que lo que hagamos genere comunidad. Que tenga la capacidad de activar un circuito de intercambio intelectual y emocional. Eso es lo que debemos entender por “crear públicos”. No se trata de llegar a mucha gente, ni de engancharnos a una comunidad marcada con el asterisco de una vulnerabilidad, sino de crear un espacio de circulación de conocimientos y de relación entre personas. Y si es sólo con otra persona, con esa, si son 10, son 10, y si son mil, pues con los mil. Podéis entender esta idea a través del concepto de contra-públicos que acuñó la socióloga Nancy Fraser en los 90: arenas discursivas paralelas donde los miembros de grupos sociales subordinados inventan y circulan contra-discursos para formular interpretaciones oposicionales de sus identidades, intereses y necesidades.

Y yo voy a añadir otra: que todo lo que hagáis entre de alguna forma, brutal o sutil, en conflicto con el sistema del arte y sus instituciones. Que lo cuestione, que detone debates inesperados.

Pero si queréis que os diga la verdad, hay una frase que podría resumir todos los principios y teorías que han dirigido mi trabajo durante estos 25 años:

No hagáis nunca nada que esté bien.

TRASLADO

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