domingo, 4 de febrero de 2018

LA PRESENTACIÓN

Asistí, el pasado 24 de enero, a la presentación de los nuevos directores y directoras de los centros culturales de Madrid Destino. No sé bien cómo describir el acto: raro, triste, no exento de tensión (y no por mi parte, que yo soy muy tranquilo). En todo caso muy mal planteado, como casi todo lo que hace este Ayuntamiento en materia de cultura, porque si lo que se pretendía era que la comunidad cultural de Madrid (de haberla) conozca a los nuevos responsables de estos espacios, organizar una fiesta restringida ya está marcando una pauta que la promesa de “apertura” de los mismos no va a desmentir.

Antes de nada debo decir que encuentro muy positivo que se haya convocado un concurso público y estoy seguro de que el proceso ha sido absolutamente limpio. Soy testigo, porque me presenté a la dirección de Matadero, aunque con mero afán testimonial. Pero contra todo pronóstico llegué a las semifinales, a la entrevista con el comité de expertos. La verdad es que habría sido una broma que me eligiesen a mí, aunque no habría aceptado un cargo de dirección para el que no puedo elegir mi propio equipo. Tampoco un cargo de dirección en Madrid Destino, ni menos aún para un sitio como Matadero, en fin, pero ver la cara alegría de algunas buenas amigas que trabajan allí, al recibir la noticia de que iba a ser su jefe, eso no habría tenido precio. Mi proyecto lo publicaré, que para eso lo redacté y presenté, cuando consiga entrevistar a la ganadora, Rosa Ferré (aprovecho para pedir la entrevista) o al menos pueda leer su propuesta.

Éste es otro aspecto positivo: el Ayuntamiento va a publicar los proyectos ganadores. Hasta ahora los proyectos museológicos han sido secretos, tanto del de Manuel Borja Villel para el Reina como el de Manuel Segade para el CA2M. Cuando me dijeron que este último era secreto, lo primero que pensé es que a lo mejor era muy malo y les daba vergüenza publicarlo. No sé. Me dicen que los proyectos los conoceremos a medida que se desarrollen, pero a mí me parece que es como si un partido político guardase en secreto su programa, porque ya veríamos en qué consistía según vayan gobernando. Los ciudadanos tenemos derecho a saber qué se pretende hacer con y en nuestras instituciones, ya que las pagamos nosotros. Y si no publican los proyectos, lo que nunca sabremos no es sólo si el proyecto era un disparate, sino si los políticos respetaron la propuesta ganadora, o si presionaron al director hasta plegarlo a sus intereses.

En segundo lugar, el Ayuntamiento por fin a regularizado la situación anómala de estos centros. Ahora Madrid llegó al Ayuntamiento con un programa de cultura de 105 palabras (a la vista está). Cuando entrevisté a Guillermo Zapata1 en un ya muy lejano mes de abril de 2015, le pregunté qué iban a hacer con las instituciones culturales que heredaban de Gallardón. Me respondió: “vamos a discutir colectivamente qué hacemos con ellos para darles el uso que deben tener”. Bien, dos años después ha habido muy poca discusión. Los centros se mantuvieron en una especie de interinidad, con muy pocos recursos, hasta que se ha hecho esta convocatoria. Todo está muy bien, pero flota en el aire un aroma rancio a fracaso, tan madrileño.

Volviendo a la presentación, lo segundo que me llamó la atención es que apenas había personas, o personajes, del mundo del arte. Ni críticos, ni artistas, sólo algunos pares de otras instituciones. ¿Es una señal más de que las artes visuales están siendo marginadas, como siempre, a favor de las escénicas? Quizás. O quizás los personajes conspicuos del mundillo del arte de Madrid saben ya de sobra que estos centros tienen poco o nada que ver con el arte de Madrid, con nuestro tejido y con nuestros legítimos intereses. Que por allí no se nos ha perdido nada a ninguno, porque están al servicio de estrategias de representación política, y porque además Ahora Madrid sigue intentando inventarse una cultura popular que justifique la red clientelar que han sido captes de tejer en un par de años (y no son palabras mías, estoy citando a Emmanuel Rodríguez2).

La selección es rara. Correcta, pero sin sorpresas que puedan detonar nuestro entusiasmo. Un poco gris, diría. Tengo mis dudas, en un momento tan delicado, respecto a que haya tan pocos directores de museos que hayan vivido en Madrid, porque esta plaza es compleja y necesitamos interlocutores que nos conozcan y que comprendan nuestros problemas. Sospecho además que algunos centros los van a gobernar en realidad los coordinadores, porque los contratos son cortos, tres años prorrogables, y ya se están organizando porras sobre la duración de los nuevos jefes. La primera baja ha sido en CentroCentro, donde la recién elegida directora dimitió antes de empezar. Durante la presentación, que fue tediosa, cada uno de los nuevos y nuevas directoras nos ofreció un resumen muy breve de su propuesta: apertura, participación, proceso, salir de los muros de la institución y llegar a la calle, interdisciplinariedad… Salvo Ignacio Marín Valiño, director del CC de la Villa - Fernán Gomez, que viene con una propuesta muy concreta de música, los demás eran intercambiables entre sí. Aunque quizás esto sea positivo, porque si ha coincidido que todos vienen con las mismas ideas, la colaboración entre ellos resultará muy fácil.

Me preocupa, de todas maneras, la obsesión con la apertura y la participación. De hecho creo que cualquier persona que siga hablando de arte y participación, colaborativo, etc., debería ser inhabilitada para ocupar cargos públicos. Es un término que se ha vaciado de significado y sirve, como han servido siempre estas figuras institucionales, para ocultar la falta de ideas o, peor aún, la existencia de una férrea censura y el control político sobre la creación. Ya escribí algo al respecto hace tiempo, en este mismo blog3. De lo que no habló ninguno es de crítica, y deberían saber que “el arte contemporáneo (Darío Corberia dixit) será crítico o no será. Es decir, nunca será democrático.”  Y todavía mucho menos hablaron de iniciar un proceso de auto-crítica dentro de estas instituciones, que están ligadas en su mera esencia al proyecto de ciudad de Alberto Ruiz-Gallardón, y formuladas con un muy fino entendimiento de la noción de poder pastoral. De hecho, ninguno habló de iniciar una gran reforma desde dentro, cambiar la estructura, la identidad, de cuestionar sus sistemas de gobierno, del problema de los trabajadores precarios4, o de los falsos autónomos (ellos mismos lo son), los falsos becarios y hasta los falsos subvencionados, sino de rellenar los mismos cascarones con nuevos (?) contenidos. Es decir, apertura, participación, proceso… Parece que el truco de presentar la institución como alternativa a sí misma todavía aguanta.

Si los statements de los directores no ocultaban sorpresa alguna, el de la alcaldesa nos dejó a todos con los ojos como platos, porque empezó pidiendo respeto a las instituciones (¿A las instituciones culturales? ¿Quién puede respetar las instituciones culturales?) y acabó pidiendo un aplauso para sus predecesores, Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella, por el precioso legado que nos han dejado.  Y la gente, directores incluidos, aplaudió a Gallardón y a Ana Botella como si fuesen lo mejor que nos ha pasado, no sólo a Madrid, sino a nuestro maltratado tejido creativo. Yo como Alberti, sentí que “era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

La tensión a la que me refería al principio debe venir, me imagino, del sector de Ahora Madrid que tiene problemas éticos para aplaudir a los anteriores alcaldes. Yo me mantuve con los brazos pegados al cuerpo, los puños cerrados y ambos dedos corazón enhiestos.

Pero lo más sorprendente de este acto público, aunque restringido, lo que me dejó con mal cuerpo, con un desasosiego profundo, fue que en la silla que ocupaba Manuela Carmena podría haber estado, efectivamente, Alberto Ruiz-Gallardón. O Esperanza Aguirre, o Cristina Cifuentes, o cualquier otro. Y habríamos oído hablar exactamente igual de apertura, participación, proceso, interdisciplinariedad y demás quincalla conceptual al uso. Una vez más, ha sido necesario que algo cambie para que todo siga igual.


[1] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html
[2] “los nuevos profesionales de la representación —cada quien ponga sus nombres favoritos— solo tienen posibilidad de legitimarse por medio de una política de guiños y cooptación de lo que llaman su "base social". Ahora Madrid cuenta con una masa crítica de oportunistas suficiente para que el dinero público llueva con generosidad sobre los movimientos, también de la peor manera posible: liberados, asesores, contratación de militantes en el ámbito de la "intervención social", cesión de espacios "sociales" siempre con contrapartidas políticas”
https://www.elsaltodiario.com/municipalismo/la-apuesta-municipalista-revision-o-abandono#
[3] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/09/la-crisis-del-arte-de-participacion.html
[4] https://apuntesdeclase.lamarea.com/reportajes/despidos-y-miseria-laboral-en-los-museos-de-la-comunidad-de-madrid/

miércoles, 15 de marzo de 2017

QUE INVENTEN ELLOS

Sigo con mucho interés la polémica sobre el proyecto de las naves del Matadero. Creo que es algo que nos afecta a todos los madrileños, porque ha reaparecido esa fibra de nuestra cultura que “no es de ayer ni de mañana, sino de nunca. La fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido”. (Cito al poeta para halagar el oído de la caverna, que posiblemente escucha pero no entiende). Y también porque Matadero fue el gran experimento cultural de Gallardón, el campo de pruebas para un modelo de ciudad neoliberal donde la cultura debía aplicarse como un instrumento de gubernamentabilidad. Todo el debate sobre el museo, el “Nuevo Institucionalismo”, las perspectivas críticas desarrolladas por autores como Tony Bennet, Nina Möntmann, Douglas Crimp y un larguísimo etcétera, llegaban a Madrid en 2007 transformados en lo contrario de lo que se pretendía conseguir: el centro de arte como simulacro de un espacio público, un contenedor sin alma, una institución que en vez de generar espacio para la cultura, se limita a representarla ante el público, la participación como auto-gobierno. Incluso el nombre, ya lo he indicado en otro lugar, tiene un efecto corrosivo sobre el pensamiento crítico, porque la amenaza que encierra y la brutalidad que expresa (matadero: ríos de sangre, cuerpos desollados, vísceras desparramadas, olor a muerte), sólo pueden enfrentarse con una sonrisita tonta en la cara: “Matadero, qué gracioso”.

Obviamente el debate no está aquí, que es donde debería, sino donde todos sabemos. En un lugar extraño, fuera del camino, en el páramo, en mitad de la nada como esos personajes del cuadro de Goya que matan a garrotazos enterrados hasta la cintura.

La reacción de algunos sectores de la cultura ante una propuesta innovadora no es inédita en Madrid. Esta ciudad es tremendamente reacia al cambio. En mi ámbito, que son las artes visuales, los artistas han tenido que enfrentarse generación tras generación a los mismos funcionarios que rechazan por instinto todo lo que huela a novedad; críticos y académicos que reaccionan con violencia contra lo que les sorprende, contra lo que no entienden; empresarios que temen perder sus magros negocios si se cambia una sola línea del consabido guión. Ramón de la Serna ya escribía en 1925: “Lo viejo se ha podido quedar, pero no se debe hacer nada nuevo con hipo viejo. Contra eso es contra lo que reaccionamos.”

En el Madrid de Ramón de la Serna se predicaba una “modernidad sin estridencias”, en alusión a las vanguardias que estallaban, una tras otra como salvas de artillería, a lo largo de toda Europa. Y ciertamente, aquí no hubo vanguardias, aunque el discurso oficial siga proclamando que somos el país de Picasso, adalides de la modernidad y protagonistas del arte del siglo XX. Pero Picasso era francés. El español se habría llamado Pablo Ruiz y nunca habría “inventado” el cubismo, porque este movimiento sólo podía originarse en una sociedad abierta, curiosa, audaz ante los cambios, sedienta de conocimiento. Picasso y Braque recogen y catalizan esa energía que hunde sus raíces en la Revolución Francesa. En España Pablo Ruiz se habría vuelto loco. El crítico Moreno Villa escribía hace también casi un siglo: “Cada número de L’Art d’aujourd’hui o de Cahiers d’Art era recibido como una palabra de promesa, como una mirada sonriente. En ellos no había nada de lobreguez, ni de cansinas viejas aldeanas, ni de vestidos que transcendían un vaho caliente. La imaginación entraba en juego por primera vez en la historia del arte.” Da miedo que resulte tan actual.

Yo he leído el proyecto de Mateo Feijóo (http://blog.mataderomadrid.org/wp-content/uploads/2017/03/PROYECTO_MATADERO_MATEO_FEIJOO.pdf) y no le encuentro la arista polémica. No me interesa especialmente, porque no me interesa la cultura que se produce en las instituciones, pero creo que es un gran avance para una ciudad que lleva 25 años sufriendo gobiernos municipales y autonómicos del Partido Popular, que han hecho todo lo posible para acabar con cualquier impulso creativo y cualquier destello de inteligencia crítica en la cultura madrileña.

Su detractores hablan de la “muerte del teatro”, como si algún género artístico hubiese sobrevivido al cataclismo de la Modernidad. Pero creo que la cuestión es la de siempre: temen que el público, si prueba cosas nuevas, le pierda el gusto a lo antiguo. Poco seguros deben estar de lo que hacen. En las artes visuales hemos vivido y volveremos a vivir situaciones parecidas: mientras Santiago Sierra excavaba el suelo del Ojo Atómico, allá por 1993, conocidos críticos pontificaban desde sus tribunas en el ABC y El País que la instalación no era arte, y que España debía salvaguardar los valores tradicionales de la pintura. También recuerdo, por aquellas fechas, la tormenta crítica contra la exposición Cocido Crudo, curada por el norteamericano Dan Cameron en el Reina Sofía. Fue una de las exposiciones más importantes y más influyentes que ha habido nunca en Madrid, pero no recibió una sola reseña positiva. Incluso una crítica muy conocida, de las más conocidas por aquí, terminaba su artículo diciendo: “Lo que pasa es que en esta exposición hay muchas ideas, pero muy poco arte”.

Ahora el panorama artístico de Madrid es desolador y se lo debemos a los mismos que están intentando abortar una experiencia que, al margen de su eventual éxito o fracaso, es necesaria para sacudirnos la caspa que hemos acumulado desde que José María Álvarez del Manzano llegó a la alcaldía en 1991. Yo estoy colaborando con artistas que no habían nacido todavía.

Pero lo bueno de esta historia es que se va convirtiendo en sainete a toda velocidad. El primer aviso fue cuando los medios más conservadores se erigieron en paladines de la memoria de Max Aub, republicano y exiliado. Se me ocurren varias bromas de mal gusto, pero me las voy a callar. Luego vemos que intelectuales de izquierdas de toda la vida se movilizan contra la innovación, contra la experimentación. “Qué inventen ellos”, habrán pensado. En España no necesitamos cosas raras, ya les llegarán a nuestros hijos convenientemente refritas dentro de 30 años. ¿En un país donde la izquierda está en contra de las innovaciones, qué hace la derecha? Nada, se sienta a esperar. (Solución de este acertijo: Rajoy).

Pero la guinda ha llegado con el sorpresivo apoyo de Ciudadanos al teatro sin estridencias (http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170314/42874569139/cs-presentara-un-plan-en-defensa-del-teatro-tras-reunirse-con-el-sector.html) Los intelectuales de izquierdas se alían con la derecha para frenar el primer impulso de renovación cultural que se ve en nuestras instituciones desde… desde nunca. Si la cosa sigue por estos rumbos, no dudo que lleguen distribuir camisetas-protesta con el famoso slogan: “Que inventen ellos”. O la no menos famosa copla de Manolo Escobar: “¿De qué te sirve ser tan inteligente, si luego no te entiende la gente?”. Y antes de que nos demos cuenta veremos a Begoña Villacís y Pilar Bardem del brazo manifestándose contra la modernidad. Lo que ya nos está faltando es una de aquellas intervenciones estelares de Esperanza Aguirre, que podría unirse a la comitiva e invocar la memoria no de Max Aub, sino de la más grande actriz, guionista y productora teatral que ha tenido Madrid: Lina Morgan.

Es todo tan absurdo que sólo me lo puedo tomar a risa, pero también soy consciente de la gravedad de una situación como esta: cualquier intento de desarrollar un modelo de gestión innovador en arte va a toparse con la misma oposición, que degenera, como estamos comprobando, en una mezcla de intereses corporativos y oportunismo político. Y no es casual que ni AVAM, ni MAV ni el IAC ni los llamados Agentes Artísticos Independientes de Madrid hayan querido apoyar un sistema de apoyo a la creación, cuyo principal eje son las becas para artistas. Las cosas en Madrid están atadas y bien atadas, y lo último que importa es la cultura.

La historia pasa como un tren vertiginoso por delante de nuestras puertas y los madrileños corremos el riesgo de quedarnos una vez más sin nuestro billete hacia el futuro.

martes, 15 de noviembre de 2016

AUTO-ORGANIZACIÓN DE ARTISTAS

He redactado este texto a partir de las notas que usé para mi charla en La Quinta del Sordo el pasado 12 de noviembre, en el marco de Tándem, un curso para la profesionalización de artistas y gestores, lo que sea que esto signifique. Lo que quiero decir es que la charla iba dirigida a jóvenes con formación universitaria, es decir, que casi no saben casi nada de arte. Incluyo datos y referencias que no pude detallar en aquel momento, por limitaciones de tiempo, pero he preferido no ampliar la presentación. Creo que el enfoque didáctico y la estructura y dimensiones que le di para aquel momento están bien, y que ya habrá ocasión para desarrollar los temas que apunto.

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(Saludos, agradecimientos…)

Yo voy a hablaros sobre la auto-organización de los artistas. Sobre la auto-gestión, como reza el título de la mesa, o, yo prefiero esta expresión, la auto-institución.

Pero antes de entrar en materia creo que es conveniente indicar que este tipo de prácticas son consustanciales a la Modernidad, a una Modernidad entendida en sentido amplio. Como dato, la primera exposición, porque hubo una “primera exposición” en la historia, en 1665, fue organizada por artistas. Por supuesto no fue algo con un carácter alternativo en el sentido que le daríamos hoy. Fueron los mismos artistas que unos años antes habían creado la Real Academia de Bellas Artes de Francia quienes pidieron permiso al rey para organizar una muestra en el Louvre. Pero la intención sí era crear una alternativa, y, como pasaría siglos después, liberarse de un sistema que estaba impidiendo en desarrollo de las artes visuales: el Gremio de Vidrieros, Pintores, Escultores y Doradores, que desde el siglo XIII controlaba la producción y distribución del arte.

La historia de los Salones tiene un largo recorrido, como todos sabrán, pero vamos a dar un salto de 300 años para llegar a 1965: entre finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo hubo una explosión de espacios fundados y gestionados por artistas. La escena más conocida es la de Nueva York, pero el fenómeno se da simultáneamente en todo el mundo occidental. Por citar algunos: en Nueva York el Museo del Barrio y 112 Greene Street en 1969, el Institute for Art and Urban Resources Inc., del que luego surge el  PS1, y The Kitchen en 1971, Franklin Furnace en 1976; en Los Ángeles el Woman’s Building en 1973; en San Francisco el Museum of Conceptual Art en 1970 y la Mamelle en 1975; en Buffalo Hallwalls en 1974. Cruzando el Atlántico, en Londres SPACE en 1968 y ACME en 1972; en Berlín la NGbK en 1969; en Toronto Art Metropole en 1974; en Florencia Zona en 1974, y un largo etcétera.

¿Por qué? ¿Por qué en pocos años se produce un movimiento de estas dimensiones dentro del mundo del arte? Sin duda un fenómeno de tal amplitud se debe siempre a la coincidencia de varias causas que lo impulsan y posibilitan. Pero vamos a centrarnos en una que es esencial y que es la que sigue vigente al día de hoy: a partir de los años 50 se produce una fuerte institucionalización del arte.

Si hacemos caso de Peter Bürger, “con los movimientos históricos de la vanguardia, el subsistema social que es el arte entra en una etapa de auto-crítica. (…) El concepto de ‘arte como institución’ como lo empleo aquí, refiere al aparato productivo y distributivo, así como a las ideas sobre el arte que prevalecen en una época determinada y que determinan la recepción de la obra.”

En los mismos años en que Bürger escribe su Teoría de la Vanguardia, el crítico peruano-mexicano Juan Acha desarrolla un análisis marxista del arte enfocado al sistema de producción, distribución y consumo. Los títulos de sus libros incluyen precisamente expresiones como ‘La producción del arte’, 'El arte y su distribución’ o ‘El consumo del arte’.

Tras la Segunda Guerra Mundial esta institución, en el sentido abstracto del término, desarrolla una institucionalidad, entendida ésta como el aparato comercial y administrativo del arte: museos, galerías, ferias, bienales, fundaciones, facultades y escuelas, editoriales especializadas, revistas…

Entonces, por un lado tenemos que eso que llamamos intuitivamente mundo del arte ha tomado conciencia de ser una institución, y por otro que alrededor de los artistas han aparecido otros muchos actores que toman parte en los procesos de producción, distribución y consumo del arte.

Hay dos consecuencias inmediatas del nuevo estado de cosas:

La primera, que se hace evidente que la creación es proceso social, donde el significado se construye colectivamente, con la participación de todos esos actores. Esto es lo que nos explica el urinario de Duchamp, que en un determinado marco institucional y dentro de un discurso específico sobre el arte adquiere el valor  de obra. Pero fuera de ellos no deja de ser un urinario. Dicho de una manera más atractiva, en palabras del situacionista Asger Jorn, “El valor no emerge de la obra de arte, sino que se libera desde dentro del espectador.”

En segundo lugar, se ha producido una división del trabajo creativo, en la que el artista deja de ser el centro. Una nueva figura, el curador, va a competir con él por el papel protagonista. En los años 60 y 70 encontramos numerosas declaraciones al respecto por parte de los artistas. En ellas se expresa la preocupación por el nuevo orden, donde los que antes parecían trabajar al servicio de los artistas, ahora ocupan la posición de sus jefes. Mel Radsem, Hans Haacke o Daniel Buren, quien en 1969 mantiene una polémica sobre el tema con Harald Szemann, son buenos ejemplos.

En respuesta, las nuevas generaciones deciden abrir sus propios espacios de exhibición e intercambio de ideas. Por una parte porque el sistema, ya completamente institucionalizado, se ha vuelto resistente a las innovaciones. Ha cristalizado en determinadas prácticas y carece de flexibilidad para asumir otras. Por otra, porque han comprendido que no basta con producir la obra, que el significado depende de la forma en que ésta se socializa. En los años 70 hay además una fuerte implicación política, pero no tanto como transmiten algunos autores. El objetivo principal de casi todos los proyectos es crear espacios de libertad creativa, como podemos comprobar si revisamos declaraciones de intención de la época o entrevistas posteriores.

En los 90 hay una nueva oleada de espacios alternativos. No es que no siguiese habiéndolos en los 80, pero la vuelta a la pintura y la fuerte reacción en los círculos de poder de la cultura tienen un efecto reductor, y los que sobreviven quedan relegados a circuitos menos visibles. En España, en Madrid, para ser más precisos, la de los 90 es la primera generación propiamente dicha de espacios y proyectos alternativos.

El contexto era muy diferente. Quizás lo más relevante es que hay una desaparición de lo político. Si los 70 fueron muy politizados, en los 90 la política no está casi presente. El proyecto histórico de la izquierda está agotado. No es algo que yo considere mejor o peor. El matrimonio entre arte y política no siempre es fértil, ni siquiera propenso al orgasmo, al menos en los términos en que se ha entendido hasta ahora. Sólo señalo la diferencia porque de nuevo vivimos tiempos en los que la política se ha estetizado y se infiltra en los terrenos del arte.

En el caso de Madrid, resaltaría además dos rasgos:

 1.   El nacimiento de la institución arte como tal. Pero lo peculiar es que la institucionalidad del arte no surge de las prácticas de sus distintos agentes, sino de decisiones del gobierno. No es un movimiento de abajo a arriba, sino de arriba a abajo. En 1982 Felipe González impulsa la creación de ARCO, y en el 88 del Reina Sofía. Son dos instituciones monstruosas, que hegemonizan por completo las artes visuales de nuestra ciudad, pero que no tienen interés en lo que está pasando en ella. Los artistas que empezamos a trabajar en Madrid a final de los 80 y principios de los 90 no disponíamos de espacios donde exponer. Tuvimos que inventarlos.

 2.    La necesidad de una renovación de los lenguajes, atascados en los soportes más tradicionales. El performance y el conceptual, todo lo relacionado con la desmaterialización de la obra de arte, no habían tenido en España la visibilidad o el protagonismo que en otros países. Para colmo, las políticas culturales del PSOE en los 80 provocan un corte histórico entre las generaciones de los 60 y 70 y nosotros. En consecuencia nos lanzamos a experimentar con nuevos lenguajes, porque era algo que no existía.

Pero en ambas generaciones, 70 y 90, hay un elemento político más profundo y de gran importancia: mientras que la vanguardia, y sobre todo la teoría que se ha producido a partir de ella en el mundo académico, parte de una matriz ideológica marxista y se presenta como una avanzadilla para la toma del poder, para la demolición del sistema existente, es decir, son propuestas de corte revolucionario, los espacios alternativos no se plantean el antagonismo en estos términos, sino orientada a la creación de diferentes posiciones de diálogo con el sistema. Sistema que es rechazado, pero sin intención de tomar el poder para ejercerlo desde premisas ideológicas diferentes. Alternativas es siempre plural y responde a una ética anarquista antes que a una doctrina marxista. Alternativas es una práctica, de la que no es necesario que emane un discurso. Vanguardia es un discurso que preconfigura la práctica artística. Es un pensamiento estratégico, que señala los objetivos y el camino para llegar a ellos. Éste es el conflicto que vivimos ahora en Madrid entre un arte político que excluye todo aquello que no ha sido previsto en el texto, y la realidad de la creación, que es heterogénea, diversa, con frecuencia contradictoria, y, como ya he dicho, eminentemente práctica. La auto-institución tendría una raíz táctica, de cómo resolver problemas concretos, antes que estratégica.

A partir del 2000 ocurre un fenómeno que aún no se ha estudiado a fondo, y aquí les doy un pequeño adelanto de mis investigaciones: las instituciones culturales se dan cuenta de que no tienen contenidos. Mientras que los artistas hace casi 50 años que hemos superado la exposición como principal “dispositivo”, hemos dado prioridad al proceso frente a la obra acabada, hemos aprendido a crear públicos específicos (frente a público universal del museo), a ocupar lugares concretos en la sociedad y en la geografía de la ciudad, la institución cultural, el museo, está atascado en prácticas obsoletas y relaciones jerarquizadas. ¿Y qué ocurre? Que mientras que los artistas vivimos a salto de mata, los curadores y demás funcionarios de la cultura tienen que justificar un sueldo. Y se inventan esto: New Institutionalism.

Hay una cooptación o una apropiación del conocimiento producido desde aquellas posiciones de disenso, de alteridad, de antagonismo no revolucionario, para rellenar de contenido el moribundo aparato administrativo de la cultura. Apelan a los movimientos sociales (antiglobalización), y por último a un arte político que pueda tener lugar dentro de los muros de un museo. La institución entra así en un momento de máxima contradicción. Quiere ser alternativa a sí misma, pero no puede renunciar a su poder.

Debo insertar aquí una precisión importante: los proyectos alternativos son contingentes, y son conscientes de su propia contingencia. Responden a un contexto y tienen un plazo de vida. No aspiran a la permanencia. Las instituciones tienen en su ADN el instinto más básico de cualquier forma de poder: perpetuarse.

Quizás por eso las instituciones no pueden convivir con la crítica ni con el conflicto. La función de las instituciones culturales es en realidad desactivar el disenso. Invisibilizar la heterodoxia. Yo llevo más de 10 años provocando a la institución. Provocando en términos concretos, no desde la retórica del Fin del Capitalismo. Es parte de mi práctica artística, además de ser un ejercicio de responsabilidad política, y como muchos de ustedes saben el resultado es que ocupo un puesto de honor en todas las listas negras. La crítica no genera una respuesta de diálogo, sino de exclusión, que se extiende de manera perversa, inducida por las mismas instituciones, al terreno de las relaciones sociales y la afectividad. No se preocupen, porque a mí da exactamente igual.

Uno de los grandes éxitos, por así llamarlo, de toda la corriente del New Institutionalism ha sido apropiarse del antagonismo desde la hegemonía. El mejor ejemplo es el Reina, pero también las instituciones que creó Gallardón en Madrid, como Intermediae o Medialab. No se pueden criticar y actúan con superioridad moral, porque ellos protagonizan el antagonismo. Pero paradójicamente también son las instituciones a través de las cuales se escenifica el poder y se implementa la gubernamentabilidad, término foucaultiano, y tienen la capacidad no sólo simbólica, sino económica, política e incluso policial para sofocar la crítica.

Como he dicho antes, estamos en el momento de la máxima contradicción institucional: el antagonismo desde la hegemonía. Por eso no es extraño que un gobierno de derechas mantenga en la dirección del Reina a Borja Villel, que hace política de izquierdas desde su cargo, o que las instituciones creadas por Gallardón hayan continuado sin cambios substanciales, ni siquiera en sus organigramas, bajo un gobierno municipal de signo contrario.

Éste es el momento que vivís los que ahora estáis ensayando formas de organización autónoma, o, como he dicho al principio, de auto-institución. En el lenguaje pedorro al uso, procesos auto-instituyentes. Ésta es una parte del esquema que tenéis que dibujar en vuestras cabezas para saber por dónde camináis. No vayáis a pisar justo en la tablita rota del puente.

Yo no sé qué es lo que tenéis que hacer. No hay una fórmula. Tampoco es algo que podamos hacer de manera racional. En los 90 muchos artistas tomamos decisiones que no eran fáciles, y sobre todo no eran razonables. Nos adentramos en territorio desconocido, empezamos a hacer cosas que no sabíamos hacer, que nadie sabía hacer. Que ni siquiera nadie sabía que se podían hacer. Y las hicimos. Yo ahora estoy escribiendo un libro sobre este periodo y me doy cuenta de que fue una época apasionante y que lo que hicimos, como generación, como colectividad, como inteligencia colectiva en un momento histórico determinado de Madrid, fue increíble. Pero por supuesto no lo vivimos así. El camino siempre es duro.

Pero sí me gustaría insistir en algo que hace unos meses comenté aquí mismo de pasada, en otra sesión de Tandem. Es algo que oí en Youtube al director del Medialab del MIT (éste es un Medialab donde se desarrolla tecnología, no es un centro cultural). Los proyectos que ellos aprueban tienen que cumplir ciertos requisitos.

El primero, que sea original. Pero no original en el sentido que se usaba antes en el arte, el gesto provocador, la ruptura formal… sino en el sentido estricto: que nadie más lo esté haciendo. No hagáis algo que ya están haciendo otros, para tal caso colaborad con esas personas. Por ejemplo, en un plano práctico, si yo quisiera empezar un proyecto que requiere invitar a artistas extranjeros, no montaría un programa de residencias, vería la forma de colaborar con Intercambiador y me concentraría en una actividad más específica que ellos no estén cubriendo. O en general, si hay mil sitios haciendo exposiciones, no hagáis exposiciones, no situéis la exposición en el centro de vuestra actividad. O incluso si lo hacéis, buscad en elemento especial, que no sea lo mismo que en las galerías. Yo en el Ojo Atómico, en los 90, hacía exposiciones de una sola pieza. En el segundo Ojo Atómico, en 2003, organizamos algunas exposiciones “curadas”, pero enseguida comprendimos que había que explorar otras formas de trabajar e hicimos proyectos como ¿Cómo te imaginas tu plaza? O el Museo de la Defensa de Madrid o Bellas Durmientes, de los que éramos “autores”; CODE:RED, con Tadej Pogacar y la asociación de prostitutas de Madrid. O finalmente el CPAC. Yo además preparaba en público paellas “profanadas”, con ingredientes de otras culturas.

Segundo, haced algo que os involucre personalmente. No nos llenemos la boca con grandes palabras. Busquemos y reconozcamos cuestiones que nos afectan para bien o para mal, que nos atormentan o que nos fascinan. Porque si el móvil de nuestra acción está en el corazón, y no sólo en la cabeza, tendremos la energía para superar todos los obstáculos. Si no, es fácil ir cambiando de foco, porque lo que estamos haciendo es consumir problemáticas. Hay que entender por qué determinados asuntos son importantes para nosotros, cuál es el elemento que convierte el interés, un honesto y legítimo interés, en una imperiosa necesidad.

Tercero, que lo que hagamos genere comunidad. Que tenga la capacidad de activar un circuito de intercambio intelectual y emocional. Eso es lo que debemos entender por “crear públicos”. No se trata de llegar a mucha gente, ni de engancharnos a una comunidad marcada con el asterisco de una vulnerabilidad, sino de crear un espacio de circulación de conocimientos y de relación entre personas. Y si es sólo con otra persona, con esa, si son 10, son 10, y si son mil, pues con los mil. Podéis entender esta idea a través del concepto de contra-públicos que acuñó la socióloga Nancy Fraser en los 90: arenas discursivas paralelas donde los miembros de grupos sociales subordinados inventan y circulan contra-discursos para formular interpretaciones oposicionales de sus identidades, intereses y necesidades.

Y yo voy a añadir otra: que todo lo que hagáis entre de alguna forma, brutal o sutil, en conflicto con el sistema del arte y sus instituciones. Que lo cuestione, que detone debates inesperados.

Pero si queréis que os diga la verdad, hay una frase que podría resumir todos los principios y teorías que han dirigido mi trabajo durante estos 25 años:

No hagáis nunca nada que esté bien.

jueves, 29 de septiembre de 2016

SOBRE EL PROGRAMA DE AYUDAS A LAS ARTES VISUALES DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Decía Hal Foster en El Retorno de lo Real que "...mientras la izquierda hablaba de la importancia de la cultura, la derecha la practicaba." En Madrid, ahora que tenemos ambas opciones políticas en los gobiernos locales, podemos comprobar que la fina ironía de Foster es, hasta cierto punto, válida. Pero sólo hasta cierto punto.

La izquierda (Ahora Madrid) ha perdido un año precioso para liderar las energías creativas de una sociedad que tiene muchas ganas de hacer y que ha estado reprimida durante los largos gobiernos municipales de José María Álvarez de Manzano (1991-2003), Alberto Ruiz-Gallardón (2003-2011) y la fugaz pero no menos destroyer Ana Botella (2011-2015). En la Comunidad de Madrid el nuevo equipo de cultura de la derecha, heredero de las políticas desarrolladas durante los mandatos de Alberto Ruiz-Gallardón (1995-2003), Esperanza Aguirre (2003-2012) e Ignacio González (2012-2015), ya tenía preparado su programa al asumir el cargo, como nos explicaron en el Encuentro de Organizaciones de Artistas1 de septiembre de 2015. Es decir, en la Comunidad de Madrid llegaron y empezaron a actuar, mientras en el Ayuntamiento los responsables empezaron a pensar y discutir la orientación de sus políticas culturales, y la verdad es que al principio no hicieron mucho, aparte de una serie de gestos mediáticos poco afortunados.

Hasta aquí la ironía de Foster parece cumplirse. Pero si deshojamos una capa más de la lacrimógena cebolla que es la cultura de Madrid, los términos se pueden invertir. El problema de la “efectividad” del equipo de la Comunidad es que no han dedicado ni un segundo a pensar qué hacen, dónde están y a quién se dirigen. Han podido actuar tan rápido porque siguen aplicando modelos de gestión que se establecieron décadas atrás, cuando Joaquín Ruiz-Giménez era Ministro de Educación Nacional a principios de los años 50. Pero ya han pasado casi 70 años desde que aquel personaje proclamase que “Únicamente ayudando a los artistas a ser auténticos, apartándolos de cuantas insinuaciones extrañas puedan desviarlos de su propio ser, puede concebirse una verdadera política artística2,” y los tiempos actuales exigen abordar las políticas culturales desde una perspectiva no sólo más democrática, sino mucho más compleja.

Tanto el Ayuntamiento como la Comunidad han incluido un programa de apoyo a la creación en sus respectivos proyectos. El del Ayuntamiento aún está en camino, al cabo de un itinerario en cual distintos agentes de la sociedad civil hemos reclamado un diálogo abierto y horizontal, como es el caso de la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid. Y lo hemos conseguido. Hemos compartido y discutido documentos3, hemos participado o rechazado foros de diálogo, como los Laboratorios4, en los que yo, personalmente, no quise entrar, pero donde otros colectivos que apoyan el Fondo han podido expresar sus inquietudes. Estamos aportando nuestra experiencia y nuestras ilusiones a la construcción de algo que es para todos. Ha sido un largo y no siempre apacible proceso, gracias al cual esperamos llegar a un sistema de apoyo a la creación consensuado con todos, o casi todos estos agentes. Entre nosotros, los que hacemos arte en Madrid, hay grandes divergencias, sin duda tenemos visiones enfrentadas sobre lo que es la cultura y la forma de gestionarla. Y no digamos si nos ceñimos al reducido y siempre polémico campo del arte contemporáneo, cuya mera existencia, como comentaba hace poco en Facebook creo que José Manuel Costa, es de por sí tema de discusión. Pero la virtud de la democracia está precisamente en el respeto a las minorías, en la capacidad para mantener estos complejos diálogos a muchas bandas.

La Comunidad en cambio ya ha publicado sus ayudas. No ha necesitado, o más bien ha rechazado, la ayuda de la sociedad civil para su redacción. No han escuchado ni escuchan las voces que les advierten de las carencias cualitativas y cuantitativas de lo que están haciendo. ¿Laboratorios? ¿Grupos de trabajo? ¿Diálogo? ¿Para qué? No hacen falta, porque su Programa de Ayudas a las Artes Visuales5 no responde a las necesidades del tejido creativo, sino a las suyas propias.

En primer lugar el programa es, como ya he dicho, cualitativa y cuantitativamente muy insuficiente. No me voy a extender, basta compararlo con el Programa de Artes Visuales6 del Senado de Berlín:

Cantidad total ofertada en convocatoria pública para artes visuales:
  • Berlín (2013)7: Cinco millones quinientos diecisiete mil doscientos veinte euros (5.517.220 €)
  • Comunidad de Madrid (2016): Ciento diez mil euros (110.000 €)
Presentación del programa:

Berlín (resumen):
“El departamento de asuntos culturales de la Cancillería del Senado de Berlín apoya producciones y provee becas en forma de fondos para proyectos y becas para artistas radicados en Berlín. Los fondos pueden ser obtenidos por proyectos en disciplinas dentro del sector cultural no-comercial, incluidos las artes visuales y escénicas, la fotografía, nuevos medios, literatura y música, así como formas relacionadas y propuestas interdisciplinares. La Cancillería del Senado - Asuntos Culturales provee fondos para proyectos interculturales e intercambios culturales. El programa de mujeres artistas ofrece fondos y becas para mujeres que trabajan en video y cine, y premios en el área de las artes visuales y la composición. Hay un programa de co-finaciamiento que permite a los artistas y grupos de la escena independiente de Berlín aplicar para financiamiento externo de entidades que lo requieran. Hay fondos disponibles para la presentación de trabajo ya realizado por artistas residentes en Berlín, así como ensambles y grupos de todas las disciplinas.
Todos los fondos se otorgan de acuerdo con los Principios de la Cancillería del Senado - Asuntos Culturales: libertad artística, transparencia, igualdad y equidad.”
Madrid:
La Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid considera el apoyo a las artes visuales como una de las prioridades de su política cultural. Facilitar la movilidad, la formación y el acceso al mundo profesional de los jóvenes artistas y fomentar la promoción y visibilidad de su trabajo son los dos pilares fundamentales de esta política, articulada a través de un programa de becas, ayudas y premios, que se materializa en los distintos espacios expositivos de la Comunidad de Madrid.
(Las negritas son mías)

Convocatorias de cada programa:

Berlín:
    1.    Becas de trabajo
    2.    Visitas a estudios (una comisión del Senado invita a coleccionistas)
    3.    Fondos para talleres
    4.    Becas internacionales de la República Federal de Alemania
    5.    Premio para espacios e iniciativas artísticas
    6.    Beca Hannah-Höch (sólo mujeres)
    7.    Premio Hannah-Höch (sólo mujeres)
    8.    Proyectos interculturales
    9.    Fondos para catálogos
    10.    Cofinanciación
    11.    Beca de intercambio: Estambul, L.A., Pasadena, Nueva York, Tokio
    12.    Beca de intercambio: París
    13.    Intercambio cultural Berlin Global (artes visuales)
    14.    Fondos para proyectos
    15.    Subsidios para viajes internacionales
    16.    Fondos para proyectos artísticos interdisciplinares
Ademas hay varios programas transversales a los que pueden aplicar también los artistas y gestores independientes de artes visuales.

Madrid:
    1.    Becas de residencia en el extranjero para jóvenes artistas y comisarios
    2.    XXVII Edición de Circuitos de Artes Plásticas
    3.    I Edición Ayudas a entidades culturales privadas sin ánimo de lucro para la realización de actividades relacionadas con las artes visuales.

En Madrid las ayudas se otorgan a posteriori, al cabo del año y con el proyecto acabado, y se han convocado con 15 días para presentar la aplicación.

Habría que añadir que Berlín es un estado federado, lo más parecido a una de nuestras autonomías, que tiene tres millones y medio de habitantes, frente a los seis millones de la Comunidad de Madrid, y que su PIB es aproximadamente la mitad que el de nuestra Comunidad.

El programa de Apoyo a la Creación de la Comunidad de Madrid no aporta nada. Las ayudas a entidades sin ánimo de lucro siempre han existido bajo otros epígrafes. Además en los presupuestos de la CAM hay ya una partida (nº 48) de 648.000 euros (10 veces más de lo convocado) “A familias e instituciones sin fines de lucro”. Circuitos por su parte es un programa de la misma Oficina de Cultura y Turismo, por lo que esta convocatoria para participar es una manera indirecta de financiarlo, no de apoyar el desarrollo de un tejido creativo independiente.

Sobran los comentarios. Pero por desgracia el asunto tiene una vuelta más. Y es que las convocatorias agrupadas bajo el título de Programa de Apoyo a las Artes Visuales son sólo una parte del sistema de reparto de recursos públicos que está aplicando la Dirección General de Promoción de la Cultura del gobierno de Cristina Cifuentes. Otra parte, cuyo monto es imposible averiguar, se está distribuyendo de la manera más usual en la Comunidad de Madrid: a dedo.

No voy a enumerar los proyectos que están recibiendo apoyo sin necesidad de una convocatoria pública, por respeto a sus autores. Conozco a muchos de ellos y sus proyectos sin duda merecen apoyo público. Lo triste es que haya que ser amigo de alguien para conseguirlo. Cuando una comisión de la Plataforma por el Fondo para las Artes se reunió con los responsables de la mencionada Dirección General, no sólo rechazaron cualquier diálogo sobre el Fondo o sobre un sistema de apoyo consensuado con el tejido creativo de Madrid, sino que nos explicaron que el procedimiento para presentar un proyecto es “escribir un e-mail a Javier”. ¿No sabes quién es Javier? Pues tú no puedes jugar en este patio.

Para concluir, el problema en la Comunidad no es si se apoya o no la cultura con recursos públicos, no es una cuestión política de fondo — la cultura como consumo privado o como bien público — ya que el gobierno de Cifuentes mantiene instituciones culturales y está financiando proyectos y entidades privadas con más de 14 millones de euros, y dispone de otros 12 millones para Promoción de la Cultura. Todos estos datos pueden encontrarse en el documento “Estado de gastos por vinculación jurídica8, página 44. El debate es sobre la forma y cantidad en que el gobierno autonómico apoya la creación y la gestión independiente. Ni siquiera estamos hablando de un incremento de los presupuestos, sino de un reparto más democrático y más acorde con los tiempos que vivimos. El cuestión es si podemos implantar en la Comunidad de Madrid los principios declarados por el Senado de Cultura de Berlín: libertad artística, transparencia, igualdad y equidad, o si vamos a seguir vagando en las tinieblas.

Sé que deberíamos estar en otro momento de la historia. Que la discusión debería girar en torno a otros modelos de participación en lo público, al problema de la institucionalización de la creación y de lo alternativo, etcétera. Posiblemente por eso ni AVAM ni otras asociaciones del sector se han tomado la molestia de pronunciarse al respecto. Pero por desgracia todavía estamos aquí, en un punto más propio de aquellos viejos debates de los años 70, y no tiene pinta de que vayamos a pasar página en esta legislatura.

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Postdata: las opiniones reflejadas en este artículo son exclusivamente mías, nadie ha colaborado en su redacción, por lo que las represalias deben dirigirse sólo contra mí, o en todo caso contra mí y los miembros de mi familia, no a terceras personas con las que colaboro en distintos proyectos, o que simplemente han cometido el error de tomarse unas cañas conmigo.



[1] Las grabaciones son algo largas, pero en la sesión de lunes 21 - presentaciones, los responsables de la CAM presentaron su programa, elaborado ya con detalle: http://www.antimuseo.org/fondo_arte/encuentro.html
[2] La cita está tomada de la entrevista a Jorge Luis Marzo a Luis González Robles: http://www.soymenos.net/Gonzalez_Robles.pdf
[3] http://medialab-prado.es/mmedia/18/18773/18773.pdf La Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid ha respondido a este borrador con un documento que lo analiza y comenta con detalle: https://drive.google.com/open?id=1jahTxUSZWBA7X6E2tX4M2qKpV-tk84BTHwe9wgehL6I
[4] http://medialab-prado.es/article/los-laboratorios
[5] http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_InfPractica_FA&cid=1354602914747&idConsejeria=1109266187224&idListConsj=1109265444710&idOrganismo=1109266228361&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&sm=1109170600517
[6] https://www.berlin.de/sen/kultur/en/funding/funding-programmes/visual-arts/
[7] https://www.berlin.de/sen/kultur/_assets/kulturpolitik/kfb_14_englisch.pdf Todavía no se ha publicado el análisis de los años posteriores. Datos de financiación de proyectos en la página 39
[8] http://www.madrid.org/presupuestos/attachments/category/62/LIBRO_02_ESTADO_GASTOS%20(web).pdf Presupuesto de Promoción de la Cultura en la página 45.

lunes, 27 de junio de 2016

Pyramid Versus Mobile: The great transformation of cultural policymaking




Summer is just around the corner, and an equally hot post-electoral period also beckons. This would seem a convenient point for taking time out for reflection, to be self-critical with regard to the collective processes which have taken place over the last ten months. This of course began with the Meeting of Madrid Artists' Organizations and led to the creation of the Platform for the Fund for the Arts of Madrid. This now boasts a membership consisting of over 40 organizations, self-run centres,  associations, plus over 150 individuals. The cultural scene in Madrid extends much further in reality, but up to now there has never been such a convergence of cultural agents in our City and Autonomous Region.

The proposal in question, the Fund for the Arts, is merely a system of support for the arts comparable to what already exists in neighboring European countries, in any big city (or administrative district comparable to our Autonomous Regions). A public system, regulated, set up on the basis of consensus with those at which it is directed. A system that supports creation in its myriad forms, that supports self -organization for creators, enabling them to develop their own means of production and distribution. A system that uses up-to-date and realistic assessment criteria and that inspires experimentation, and supports cultural models that do not see themselves as just another business. A system that allows artists and creators to develop their careers, get involved in relevant international circuits, and work in an atmosphere of  freedom, something which has been frequently lacking in Madrid.

A peculiarity of the proposed Funding Programme is that it is ‘inter-administrational’; that is to say, it is a budget provided by the City Council and Regional Government, within a framework to co-ordinate their action and help prevent overlap of responsibilities. After all, both bodies direct their efforts at broadly the same social target, given that 50% of the population of the Madrid Region live in the city municipality. This is where practically all cultural activity takes place, notwithstanding those artists that live in the different municipalities. The participation of different administrations in the  proposed fund also provides stability. We know that a municipal Funding Programme could conceivably disappear as fast as it appears, as in the case of the Grants from the Matadero Centre. However, the cancellation of the Funding Programme would have repercussions for whichever body was responsible, leaving the other in a favourable light by default, as it were.

Ideally the Funding Programme would include other administrations: municipalities in the Madrid Region where creative networks are weak or small, yet have potential to play a greater part in future cultural scenarios. Not forgetting of course central government. I think that the Madrid City Council could even issue calls for projects open to other municipalities of the region, at least initially. Again, in in ideal world the Fund could acquire public Foundation status, which would increase its independence and stability along with the possibility of attracting private funding, especially if there were a law for sponsorship programmes. But, unlike in such an ideal world, the reality is that  Madrid is 30 years behind with its cultural policymaking, and its creators in whatever fields are at breaking  point. As a result, the proposal for the Fund is currently on the tables of the City Council and Regional Government.

There are also many people, artists and cultural administrators included, who are against funding grants. I think it is worth pausing to consider this point. Most people believe that there is a grant whenever public money is transferred to civil society, to individuals. That is not quite right. The grant is a means of making this transfer, subject to legislation. Yet the public administrations also award contracts, for example, and they can do so arbitrarily up to a certain limit beyond which public tendering takes over. Grants are a legal framework to ensure that access to public funding is transparent and kept under control. In my experience over the years, those who reject grant funding usually do so because they prefer the cronyist approach. Look at the example of Esperanza Aguirre, president of the Madrid Region, who went on on on about ‘gravy trains’, yet whose party at that exact moment had a vast network of corruption trails based on a payroll using slush funds.

Many of those working in culture are used to accessing public funding through their personal contacts, and that is something which must come to an end. To preserve the dignity of cultural activity and those operating within it, the ‘back door’ must be sealed off once and for all. One thing is the freedom of cultural institutions to invite or take on artists, curators, speakers, and so on; quite another is for public access to policymaking to operate on an ‘it’s who you know’ basis.  More importantly, when we speak of grant-funded culture as a culture bound to party political interests, who operate the tap controlling the flow of public money, it is precisely that situation we are referring to. The need to ‘get in’ with those who hold office and their assessors in order to gain access to resources leads necessarily to docility and absence of critical discourses.

I was surprised last may when Podemos, in their presentation of cultural policy for the Madrid region, expressly rejected grant funding for culture. Cultural policies, where funding is yet another tool, have as their aim to counteract the deviations caused by the market and address social inequality. This affects funding given to culture in the same way as that which goes to political parties, to give just one example. Nobody has ever called the latter into question, of course; we know that without them, those with vast sums of money would have an unfair advantage even if they had fewer votes. The term is ugly and the state funding law is a shambles, but it is not the grant funding itself which ties the work of intellectuals and artists to party political interests: it is the dysfunctional process in the form of arbitrary use of the taxpayers money which does so. If there is no legal framework then there is nothing to stop those in power looking after those who toe the line whilst marginalizing critical discourse. What we at the Platform request, as has been said, is is that legal framework for a programme of support for cultural undertakings, set up in collaboration with those at whom it is directed. One of the aims of the Fund is to improve the procedures involved, such as overcoming bureaucratic obstacles, thus facilitating access.

From this point of view, cultural policies ought to focus on promoting those undertakings that take risks, and which by their experimental nature are not based on financial return but on producing new knowledge. The 15-M movement taught us one great thing: the old ways of ruling are over, or at least should be. Society wants to and should participate actively in policymaking. We are no longer content just to visit the ballot box once every four years and hope for the best. I think that the same applies to culture, and participation is an inherent part of any work in that field.

A few days ago, I participated in the Second Congress of Cultural Press at the Santillana Foundation. The director Basilio Baltasar expressed this shift by means of an image which I have adopted for my talk: the pyramid versus the Calder mobile. In terms of cultural policy, the society we have been living in resembled a pyramid. At the top, those with political responsibility: ministers of culture, councillors, and so forth, who set out the direction to take and choose content. Beneath these come public institutions and civil servants, whose speciality is making these political decisions into concrete reality through various programs. Then come the creators, destined to move within the tight framework assigned to them by those with politicial responsibility, being careful all the time not to move outside the set limits of content and action. And at the base of the pyramid lies wider society, conceived as a passive entity, an audience who are there to receive the ‘benefits’ of culture handed down from on high.

However, the real world is not like that. The cultural ecosystem actually resembles a Calder mobile, made up of an infinite number of pieces of different shapes and sizes, highly mobile, and adaptable to a changing reality. In this scenario, the aim of cultural policy ought to be that of maintaining the connections between the pieces and ensuring they stay connected to the complex superstructure that is today’s society.

To get back to the Fund, the path we have travelled up to now has not been easy. The Madrid Regional Goverment rejected the idea in the first meeting, in January of this year, and shut the door to future negotiations. It has taken ten months to get the Madrid City Council to sit down with us, only to discover that during all that time it seems we were separately taking the same route before our paths converged. Whilst retaining a healthy suspicion of  public institutions, and keeping in mind that we are in an election campaign period, I believe that the City council have taken on board the complex creative network existing in Madrid and also the need for developing cultural policies with those who constitute it. We, as a platform but also as a diverse collection of undertakings, want to contribute towards the formation of a great cultural project for Madrid along with many other groups. And at last it seems likely that the opportunity for meaningful dialogue to this end has arisen.

This new situation also allows us to focus on the area where the problem really lies: the Madrid Autonomous Region. This is because most people have no idea that it is this body that has responsibility for nurturing creation and implementing the system of support which we have been demanding. This has been the case since the legislation of 1985, which set out not only the responsibilty but also the economic means to do so. That the City Council wants to support the arts is wonderful, but it is scandalous that the regional Government does not.

The Regional Government has systematically evaded its legal responsibilities, continues to do so and shows no sign of stopping. Besides, it remains stuck in the pyramid model, where society at large is relegated to a bit player. Proof of this was made visible when, during the meeting in January, the  representative of their Cultural Promotion Department explained that the procedure for accessing resources was ‘send Javier an email’. No further comment necessary.

The refusal of Cristina Cifuentes’ administration to engage in dialogue of any kind with cultural agents, who have painstakingly at personal cost produced cultural offerings, leaves only one path open: present the project to the Culture Commission at the Regional Parliament. It would be hoped that the representatives of Podemos, PSOE and Ciudadanos parties have accepted the idea that from now on, cultural policymaking is something to be done by all of us.

Follow-up in September.

Thanks for the translation to Ben Roberts