miércoles, 28 de noviembre de 2018

100.000 IMPACTOS EN EL BLOG DEL ANTIMUSEO



El blog del Antimuseo sobre las políticas culturales de Madrid ha superado las 100.000 vistas. Estoy sinceramente agradecido a todos los lectores que desde 2015 han seguido mis publicaciones y han compartido, en muchas ocasiones, mis conflictos con las diferentes instancias de la administración de la cultura en Madrid. Y también quiero agradecer a las instituciones y sus responsables la inagotable inspiración que me han brindado, porque sin su torpeza, su mezquindad y su falta de rigor no habría habido lugar para la sátira, que tantos buenos ratos nos ha proporcionado y proporcionará.

Cuando inicié este blog tenía aspiraciones más modestas: quería poner sobre la mesa algunos temas que normalmente se eluden en las campañas electorales: las ayudas a los artistas, la reforma y democratización de las instituciones, la apertura de los recursos públicos a la autogestión por parte de las asociaciones culturales y colectivos de artistas... De los primeros artículos y entrevistas que publiqué en 2015, antes de las elecciones locales y del cambio político en el Ayuntamiento de Madrid, surgió la Plataforma, y con ella una forma de acción política y cultural que era inédita en nuestra ciudad. La Plataforma a su vez generó nuevas tensiones, no sólo con las instituciones, que se encontraban de repente con un nuevo interlocutor que no sabían como manejar (el más legitimado en cuanto a base social porque éramos más de 40 pequeñas asociaciones con un total de más de 1.000 asociados), sino con el mismo tejido asociativo, que nos vio como un competidor en un contexto donde el pastel ya estaba repartido. El objetivo de la Plataforma -instaurar un sistema de apoyo a la creación equiparable al que hay en otras capitales europeas- que yo creía que sería respaldado por todas y cada una de las grandes asociaciones del sector, no recibió el apoyo de ninguna de ellas. Ni AVAM, ni MAV ni el ICA apoyaron o aceptaron debatir nuestra propuesta. A otras que habitualmente figuran en las mesas sectoriales, como los críticos y los galeristas, ni les preguntamos.

No ha sido un camino fácil. Hace unas semanas Carlos Jiménez, un crítico de la época en la que en el mundo del arte había personas cultas, escribía que me he convertido en "el personaje incómodo por excelencia en el mundo del arte madrileño". Lo sé, y aunque desde luego no es un lugar cómodo donde estar una larga temporada, no me arrepiento de haber tomado este camino. Creo que el arte de Madrid necesita un debate de verdad, un debate incómodo, tenso, donde se puedan vomitar las verdades que todos sabemos y todos nos guardamos. A diario me cuentan humillaciones e injusticias contra los artistas, y nadie hace nada. Pienso que los que nos dedicamos al arte de una manera u otra en esta ciudad estamos acostumbrados a convivir con la corrupción. Pero el arte, precisamente el arte, no puede darse donde la verdad no impera. Por eso es necesario acabar con determinadas maneras de actuar: la cultura del amiguete, la falta de rigor, la mentalidad del superviviente, el "estás conmigo o estás contra mí", el intercambio de favores, el servilismo hacia los poderosos.

Los directores de los museos y centros de arte se llenan la boca de grandes palabras. Como decía hace pocos días Paul B. Preciado, seguramente sin saber de lo que habla, se supone que son “espacio(s) donde se puedan discutir y negociar sin cesar las representaciones y los lenguajes disidentes. Un lugar de disenso y de confrontación democrática y no de consenso normativo”. Pero son todo lo contrario. La agenda crítica la marca la misma institución, no aquellos que llegan a criticarla.

Voy a poner un ejemplo con muy mala idea, pero que describe perfectamente lo que estoy diciendo: en un artículo anterior, Archivo y maldad, denuncié que dos directoras del MNCARS habían eliminado del acta de una reunión una intervención mía, de carácter muy crítico. No todas mis intervenciones, sino sólo esa. No sé si esto es legal, me imagino que no, pero lo importante es lo que sigue: en la siguiente reunión, según he sabido por distintas fuentes, se dedicó bastante tiempo a cuestionar mi encanto personal. Hubo un consenso general en que yo había sido agresivo y, no sé si éste fue el término: grosero. Es decir, el problema no es que dos cargos directivos de una institución nacional falseen los contenidos de un acta y censuren los posicionamentos críticos, haciendo gala de un comportamiento que las debería inhabilitar para ocupar un cargo público, sino que yo, un particular que se indigna porque dos instituciones pretenden apropiarse del trabajo de una generación entera de artistas, soy un grosero. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿No hemos sufrido ya lo suficiente con las malas prácticas en las instituciones y la política como para seguir siendo tolerantes? ¿Es éste el arte y el futuro que queremos?

El arte madrileño, el español en general, está muy mal y las señales son cada vez más claras. Que cada cual saque sus conclusiones, yo seguiré escribiendo mi blog porque esto es parte de mi práctica artística, como la Plataforma, el Ojo Atómico, el Antimuseo y todo lo que hago. Una práctica artística que no se basa necesariamente en la producción de objetos o documentos, ni en la autoría u otras formas de propiedad, sino en la participación en procesos colectivos y en la confrontación permanente con las instituciones. Seguiré porque he despertado el interés de alguien más de 100.000 veces, y eso es algo por lo que vale la pena luchar. Sé que no puedo ganar, la institución siempre acaba por aplastar al artista. ¿Pero quién dijo que el arte consiste en ganar?

lunes, 22 de octubre de 2018

POR QUÉ SON IMPORTANTES LAS AYUDAS A LA CREACIÓN

 Hace casi dos décadas Miguel Cereceda escribía en el catálogo de MAD.01:
"…un periodo de diez o doce años sin inversiones culturales convierte el territorio en un páramo, de modo tal que los artistas que no consiguen acceder a los museos nacionales — reservados por su naturaleza propia a las grandes exposiciones internacionales o a las grandes retrospectivas de artistas históricos nacionales — se encuentran al final sumidos en la nada, sin un espacio para exposiciones, sin catálogos subvencionados, sin ayudas ni promociones para viajar o exponer en el extranjero…”
 Efectivamente, la ausencia de políticas culturales en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid ha tenido efectos devastadores. A la dejadez absoluta de los años 90 que Cereceda denunciaba en su texto, siguió una estrategia perversa que tenía como objetivo transformar la cultura en entretenimiento, como parte de la reconversión de Madrid en un destino turístico. Los ocho años de Ruiz Gallardón al frente del Ayuntamiento (2003-2011) nos dejaron ciento cincuenta mil metros cuadrados de contenedores culturales en los que las artes visuales virtualmente desaparecían, substituidas por una confusa amalgama de buen rollito, pensamiento crítico-institucional (nótese el oxímoron) y, sobre todo, una producción de pseudo-espacio público acorde con su proyecto de ciudad neoliberal. Pronto publicaré un artículo sobre esto.

En aquel periodo conseguimos que se aprobasen las primeras Ayudas a la Creación, de las que hubo siete convocatorias (de 2006 a 2012 inclusive). Se otorgaron en total doscientas quince ayudas, tanto a creadores como a organizaciones “independientes” dedicadas a la gestión, edición, etc., por un total de algo más de dos millones de euros. En este periodo hubo también ayudas para artes escénicas, con bases y cuantías que desconozco. El efecto de estas ayudas sobre el tejido creativo de Madrid fue notable, pese a lo limitado de los recursos: el año con más dotación, 2008, el presupuesto para las ayudas fue de 555.000€1.

En mi opinión la convocatoria por parte del Ayuntamiento de Madrid de las Ayudas en 2017, con un presupuesto de cerca de seis millones, escénicas incluidas, ha sido, en materia de políticas culturales, la decisión más acertada y con más visión de futuro del gobierno de Manuela Carmena. Pese a los errores habituales de la primera edición, pese a determinados desacuerdos que la Plataforma manifestó en su momento, pese a lo accidentado del diálogo que se inició con la llegada de Getsemaní de San Marcos a la D.G. de Actividades Culturales, y pese a los plazos inasumibles para los creadores que impuso la burocracia municipal2, la instauración de un sistema de ayudas a la cultura a través de convocatorias públicas es lo mejor que nos ha podido pasar a los creadores y gestores independientes de Madrid. Y por ende, a todo el sistema del arte. La convocatoria de su segunda edición, con un incremento notable el presupuesto y la apertura de nuevas líneas, como Investigación o Movilidad, es una noticia que todos debemos celebrar.

Explicaré por qué:

El modelo de financiación de la cultura a través de subvenciones en convocatoria pública aparece en la segunda mitad del siglo XX3, debido en primer término al agotamiento del modelo centralizado que había funcionado con relativo éxito desde la creación de los primeros museos de arte a finales del siglo XVIII. Aquel modelo respondía a la división entre la esfera pública y la privada que se impone tras el ocaso del Antiguo Régimen, por ejemplo la diferenciación entre el Tesoro de la Nación y el patrimonio personal del rey. En consecuencia, el Estado asumió la protección y promoción de la cultura, al mismo tiempo que un mercado anónimo, primero a través de los Salones y luego de las galerías, substituía al patronazgo de nobles y cargos eclesiásticos. La gestión de la cultura se convierte en una competencia de las administraciones públicas, que se ocupan de crear colecciones, fundar museos y escuelas de arte, organizar exposiciones, otorgar premios, etc. Por supuesto no fue un modelo exento de conflictos: los movimientos obreros, con su reivindicación de una cultura proletaria, cuestionaron los contenidos de la cultura hegemónica, que tenía como sujeto central al varón de raza blanca y perteneciente a las clases dominantes.

Pero a partir de cierto momento lo que se cuestiona no es sólo el contenido de la cultura institucional y las políticas culturales, sino su estructura y fundamentos. El modelo decimonónico queda obsoleto porque es incapaz de gestionar la diversidad creciente de nuestra sociedad, donde se van constituyendo nuevos sujetos: mujeres, minorías raciales… Tampoco es capaz de absorber un tejido creativo que aumenta exponencialmente ni de sortear el aparato burocrático que él mismo ha generado. Y sobre todo, se queda obsoleto porque es incapaz de responder a las demandas de autogobierno de la sociedad, que siempre camina dos pasos por delante de sus instituciones. Se hace necesario entonces liberar parte del presupuesto que gestionan las instituciones, para que esas energías creativas heterogéneas e innovadoras cuenten con los recursos suficientes para dar su fruto en la mayor libertad, sin perjuicio de que siga habiendo una cultura promovida desde el poder político, de acuerdo con los valores sociales y culturales de los sucesivos gobiernos.

Hay que señalar que en Madrid no se discute que haya recursos públicos para la cultura, pese a la privatización de la gestión de algunas áreas y dotaciones que efectuó el Partido Popular, sino la forma en que estos se aplican.

La “convocatoria pública de subvenciones en régimen de concurrencia competitiva”, como pomposamente se llaman, es el instrumento que hoy por hoy tenemos para que los ciudadanos podamos participar activamente en la ejecución de las políticas culturales. Sabemos que es una herramienta defectuosa, que su burocracia interna es poco eficiente y genera exclusión, que los sistemas de valoración no están exentos de cierta arbitrariedad, pero también sabemos que sin estas convocatorias el territorio acabará por convertirse en un páramo cultural, parafraseando la anterior cita de Cereceda.

En un entorno tan precarizado como el de Madrid, donde la mayoría de los artistas no alcanzan el salario mínimo interprofesional4 y el mercado es una entelequia, el apoyo del sector público se convierte en algo vital. La creación cultural es posiblemente el único sector de la economía española que no cuenta con este tipo de soporte, lo cual nos señala que hay un elemento ideológico tras la negativa a articular un verdadero sistema de becas y subvenciones para los artistas. Las ayudas públicas suponen además un importante respaldo a su libertad creativa y la posibilidad de desarrollar su trabajo sin depender de la simpatía de curadores o funcionarios. En una sociedad tan jerarquizada como la española, la posibilidad de obtener recursos sin necesidad de disfrutar de la “protección” de alguien que ocupe una parcela de poder no es poca cosa.


La opción contraria es la discrecionalidad de los altos cargos en la asignación de estos recursos (vulgo “a dedo”), de manera que son los directores de los museos o centros culturales, o los directores generales, o los cargos electos y sus asesores, quienes deciden cuánto y a quién se otorgan recursos públicos. El problema de este sistema es que el ciudadano necesita tener un acceso directo al alto cargo (vulgo “amiguete”), y que no se establecen unas reglas de juego comunes, para que sepamos cómo y por qué se da el dinero. A pesar de todo hay muchas personas que defienden este modelo, que es el que ha mantenido el Partido Popular en la Comunidad de Madrid, aunque la convocatoria del Ayuntamiento en 2017 les obligó a destinar una pequeña cantidad de dinero a subvenciones.

Para los que rechazan la convocatoria de ayudas a la creación y a la gestión independiente, es la institución quien produce la cultura y todos los recursos públicos deben concentrarse en ella. El ciudadano juega un papel pasivo y el artista es un recurso a disposición de los centros de arte o de las políticas culturales. No hace falta señalar los riesgos de la discrecionalidad: formación de redes clientelares, utilización política de la cultura, desarticulación de un tejido creativo sometido a los vaivenes electorales cada cuatro años… Y por supuesto, un empobrecimiento cultural de toda la sociedad, ya que los gobiernos promoverán sólo aquellas expresiones que sintonicen con su ideología, sea ésta cual sea.

Para otros las Ayudas a la Creación no eran un tema prioritario, por eso creo que la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid puede considerar un éxito propio que finalmente asociaciones como MAV o el IAC, que nunca quisieron emitir un documento apoyando nuestras demandas, por más que se lo pedimos, se hayan presentado y hayan obtenido subvenciones tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad.

En Madrid, además, estas ayudas llegan en un momento que podemos considerar crítico para las artes visuales: el sistema del arte español está a punto de colapsar. Varias personas de entornos muy diferentes me han hecho esta observación en las últimas semanas. El síntoma más claro: que las galerías ya no quieren, o no pueden, trabajar con artistas españoles. La ausencia de políticas culturales en Madrid durante más de veinte años y el uso de la cultura como un elemento de representación política por parte del Estado nos han conducido a una situación que no se sostiene más. El abandono en que han dejado a los artistas, mientras promovían la gestión, el comisariado y el comercio del arte es un caso único y un auténtico disparate. Parece como si nuestros políticos nunca hubiesen comprendido que hay una relación intrínseca entre el trabajo de los artistas y las exposiciones y museos que tanto les gusta inaugurar.

Las bases de la nueva convocatoria incluyen además mejoras notables, como expuso Getsemaní de San marcos en una sesión informativa el pasado 18 de octubre: se elimina la modalidad “Residencias en Red”, que revertía las ayudas en las propias instituciones municipales; se distribuyen por anticipado los presupuestos para creadores y para agentes culturales, de manera que se disipa la inquietud, justificada, de los artistas, que juegan con desventaja frente a los gestores. De hecho, en la anterior edición se concedieron 830.000 € a los gestores, y sólo 700.000 € a los artistas. Esta vez el presupuesto para los creadores será superior al que se destina a la gestión independiente. También se han ajustado los criterios, otorgando mayor importancia a la trayectoria y primando la calidad y la coherencia del proyecto sobre el retorno social, que habíamos criticado por su carácter ideológico y subjetivo. Por último, el número de especialistas independientes en el jurado sube de cuatro a diez, lo cual garantiza una mayor diversidad de puntos de vista y la preponderancia de los profesionales sobre los técnicos municipales (cuatro más la presidente), que es una garantía de transparencia y buenas prácticas.

Mi mayor preocupación en este momento es que las artes visuales siguen siendo los grandes olvidados de la cultura de Madrid. En 2017, de las 73 ayudas concedidas en el "Programa A Creadores” de las Ayudas a la Creación, sólo 17 fueron para artistas visuales. Es muy poco. La Comunidad de Madrid, con un programa que sólo puedo calificar de cutre (200.000 €) y elaborado sin abrir un diálogo con el sector, ha concedido este año 29 ayudas para artistas visuales. Los artistas visuales no disponemos de otras ayudas, al contrario que las artes escénicas, la música y los audiovisuales, y además nuestro sector, para lo bueno y para lo malo, carece de industria; es decir, no hay grandes compañías que produzcan nuestra obra, los más débiles de la cadena debemos asumir el gasto básico que mantiene el sistema en funcionamiento.

En todo caso me toca rectificar mis duras críticas del pasado y reconocer que el equipo de cultura del Ayuntamiento está haciendo el mayor esfuerzo posible por ofrecer a la sociedad general, y a la comunidad artística en particular, un sistema de apoyo a la creación transparente, equitativo y, por primera vez en nuestra historia, libre de intereses partidistas. Ojalá los demás grupos municipales entiendan su importancia.

El esfuerzo que realiza el Ayuntamiento debe mantenerse en el tiempo y debe ser compartido y ampliado por el próximo gobierno de la Comunidad de Madrid. La erosión que ha sufrido el tejido creativo de nuestra ciudad y comunidad autónoma a lo largo de los últimos 20 ó 25 años es profundísima, y no se va a regenerar tras una o dos convocatorias. El proceso será largo y exigirá también responsabilidad por parte de los que ocupan cargos directivos en las instituciones, algo que por desgracia no ha sido tan frecuente. De manera paralela, la comunidad artística debe participar activamente en la mejora de las bases de las subvenciones y pelear cuanto haga falta para contener las inercias autoritarias de la institución. Desde luego estamos muy lejos de las cifras que se manejan en otras capitales de Europa, pero incluso con nuestras limitaciones estoy seguro de que a medio plazo los resultados de este giro en las políticas culturales de Madrid se harán patentes. Y nos van a sorprender.



[1] Hablo sólo de las que se dirigían a artistas visuales. Las artes escénicas disfrutaban de presupuestos mucho mayores.
[2] En un artículo anterior señalé algunos de los principales defectos de la convocatoria de 2017 y planteé posibles soluciones: http://antimuseo.blogspot.com/2018/04/ayudas-la-ddestruccion-de-la-cultura.html
[3] El Arts Council británico se fundó en 1946, el National Endowment for the Arts de EEUU en 1965. En Austria se promulgó una ley federal de apoyo al arte en 1988; en Holanda la fundación Mondriaan en 1994…
[4] Ver La Actividad Económica de los/las Artistas en España. Estudio y análisis. Marta Pérez Ibáñez e Isidro López-Aparicio. 2017.

lunes, 24 de septiembre de 2018

ARCHIVO Y MALDAD

“Ningún poder político existe sin control del archivo, cuando no de la memoria. La democratización efectiva se mide siempre por este criterio esencial: la participación y el acceso al archivo, a su constitución y a su interpretación.”
J. Derrida, El mal de archivo.

La constitución de los archivos de las instituciones autónomas de arte contemporáneo —los espacios alternativos y demás estructuras auto-organizadas para la producción y difusión de la creación experimental— se está convirtiendo en uno de los temas de trabajo y discusión más significativos tanto para los artistas como para los historiadores, ahora que los cincuentenarios de los principales espacios de la primera generación se van a suceder a un ritmo imparable: 1969 Museo del Barrio, Gain Ground y 112 Greene Street Workshop en Nueva York, y nGbK en Berlín; 1970 el Museum of Conceptual Art MOCA en San Francisco; 1971, Institute for Art and Urban Resources Inc., (del que luego surgiría PS1) y The Kitchen (NY); 1972, Air Gallery (NY); 1973 Idea Warehouse y 3 Mercer (NY), Woman’s Building (LA) y Western Front en Vancouver; 1974 Hallwalls en Buffalo, Zona en Florencia y Art Metropole en Toronto; 1975, La Mamelle en San Francisco; 1976 Franklin Furnace y Printed Matter (NY)… Una lista exhaustiva sería interminable. La inauguración de una exposición dedicada a A 37 90 89 en Neuer Berliner Kunstverein el próximo 27 de septiembre es el pistoletazo de salida.

Algunos de aquellos espacios míticos encontraron en su momento el camino para transformarse en archivos independientes, como Zona o Franklin Furnace. En otros casos los archivos han sido incorporados a instituciones, como MOCA, al Museo de Berkeley en la Universidad de California, o el de Art Metropole a la National Gallery de Canadá. En Madrid sólo Espacio P está en vías de constituir un archivo formal, aunque no podemos hablar de un proceso de auto-archivo, ya que su impulsor, Pedro Garhel, murió en 2005. Afortunadamente algunos de los miembros de la primera etapa de Espacio P están colaborando en este trabajo, como Karin Ohlenschläger o el fotógrafo Fernando S. Cabeza, quien, igual que Cosmos Sarchiapone en 112 Greene Street Workshop, documentó durante años las actividades de aquel reducto de libertad creativa.

Los demás proyectos que tuvieron lugar en Madrid a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX no han iniciado aún una reflexión sobre la constitución de sus archivos y la producción de sus propias narrativas históricas. Los que participamos en ellos, fuesen espacios, festivales u otros formatos de gestión autónoma y colectiva, todavía no nos hemos parado a pensar sobre estos temas, ni sobre cómo vamos a articular nuestra relación con las instituciones hegemónicas y los relatos históricos que imponen. Quizás se deba a que la mayoría continuamos en un estado de marginación igual o mayor que el que sufrimos en los 90. O simplemente a la ausencia de un pensamiento crítico comprometido con la creación. El mundo del arte de Madrid ha sido capaz de modernizarse en lo formal, tanto en la obra como en el discurso, sin alterar en lo más mínimo las estructuras jerárquicas heredadas del Franquismo. Luego ilustraré esta afirmación con un ejemplo, para mayor deleite de mis lectores.

La exposición "La Cara Oculta de la Luna, arte alternativo en el Madrid de los 90" pretendía, entre otras cosas, abrir este debate. Pero no ocurrió, claro. Las pocas críticas que tuvo la exposición se deslizaban por su superficie sin intuir siquiera estas cuestiones cruciales. Una narrativa basada en el par ‘pieza-autor’, por ejemplo, impide ver realidades más complejas y con mayores consecuencias políticas y culturales. Creo que sólo algunos cuestionamientos hechos desde la “banda izquierda” se acercaban al meollo de la cuestión: Pablo España sobre mis criterios, que dejaban fuera a colectivos como Industrias Mikuerpo, o, en una fase posterior, Mar Núñez sobre el lugar del archivo de la Red de Lavapiés, si vinculado a movimientos artísticos o a movimientos sociales. Una pregunta, por cierto, que pone en evidencia la insuficiencia del concepto de archivo que estamos manejando. Los dos abren debates importantes y deseables, porque nos ayudarían a construir esas narrativas históricas alternativas, que eludan los rodillos de la institución y puedan ofrecernos una visión compleja de nuestro pasado, con los conflictos y disensos que dieron impulso a nuestro trabajo.

Pero la reflexión sobre qué hacemos con nuestros acervos documentales es, sin duda alguna, una asignatura pendiente. La constitución hoy de nuestros archivos tiene la misma transcendencia que hace veinticinco años tuvieron los procesos instituyentes que dieron lugar a Estrujenbank, el Ojo Atómico, La Más Bella, Cruce, Public Art, Zona de Acción Temporal, etc. Desde la perspectiva actual podemos comprender —éste era otro objetivo de La Cara Oculta— que las diversas iniciativas que fueron apareciendo en Madrid a partir de 1990 condujeron a la formación de un tejido creativo sin precedentes, y con él a la detonación, literal, de un ejercicio de inteligencia colectiva que tiene pocos parangones en nuestra historia. Una inteligencia colectiva que no se basaba en la adscripción a una doctrina política, ni a una corriente estética, ni a un consenso previo sobre cuestión alguna, sino que se desarrollaba a partir de encuentros y discrepancias, de complicidades y fugas, en la diversidad de nuestros objetivos personales y de nuestras formas de hacer y entender el arte.

Los archivos de los proyectos artist-run, independientes, alternativos, auto.-organizados, etc., tienen necesidades específicas y deben desarrollar características propias. Éste es un proceso que necesariamente debe hacerse de “abajo a arriba”, es decir, desde ese tejido creativo hacia la institución, que no debería pretender ser más que un acompañante lo más silencioso posible. Como dice Stuart Hall en "Constituting an Archive":
La constitución de un archivo es un momento significativo sobre el que debemos reflexionar con cuidado. Ocurre cuando un colección más o menos aleatoria de trabajos, cuyo movimiento parece ser impulsado de una producción creativa a la siguiente, llega al punto en que se convierte en algo más ordenado y ponderado: un objeto de reflexión y debate. El momento del archivo representa el final de cierto tipo de inocencia creativa y el principio de una nueva etapa de auto-conciencia o auto-reflexividad en un movimiento artístico. Aquí, todo el aparato de “una historia” —periodos, figuras y trabajos claves, tendencias, cambios, rupturas—se desliza silenciosamente a su lugar.
Los archivos de los espacios alternativos no pueden basarse en las categorías habituales de la historia del arte, precisamente porque en su momento quisieron desafiarlas a través de sus prácticas creativas y organizativas. El par obra-autor que aludía antes, por ejemplo, reduciría el significado del Ojo Atómico a la exposición en primicia de la “Ley del Arte” de Isidoro Valcárcel Medina y la producción de la pieza de Santiago Sierra “Rectángulo de 1.000 x 500 cm. cortado sobre el suelo”. E invisibilizaría todo aquello que de verdad fue importante: el cuestionamiento de las instituciones; su contribución a la construcción del espacio socio-cultural de lo alternativo en Madrid y al desarrollo del mencionado tejido artístico; el impulso a la renovación de lenguajes, incluido un cambio de escala respecto a los formatos impuestos por la feria ARCO…

Del mismo modo, una historia jalonada por figuras clave —grandes artistas— invisibilizaría el papel de las mujeres en este movimiento, ya que el mundo del arte promueve de manera evidente que sean los artistas masculinos quienes adquieran un valor de hito histórico.

Por otra parte, ¿qué documentos queremos archivar? En una reunión comenté que hace pocos años tuve que deshacerme de las facturas del Ojo Atómico, desde la apertura de Valgamedios en 1990 hasta el cierre del Antimuseo en 2007. Las bibliotecarias del Reina Sofía me contestaron que ese material no les parecía de interés, pero para mí es esencial, porque en proyectos que se han desarrollado con enormes carencias materiales, la estructura de los gastos nos dice mucho sobre sus objetivos, funcionamiento y problemas. Nuestras facturas describen nuestra precariedad.

Otro tema que ha sido recurrente en las reuniones que hemos tenido, y que aparece en buena parte de la bibliografía especializada, es la distinción entre obra y documento. ¿Necesitamos categorías cerradas? ¿No podemos convertir la constitución y el uso del archivo en actos creativos? En todo caso, no es algo que el archivero pueda solucionar marcando una u otra casilla en la ficha correspondiente. Nuestros acervos tienen una lógica propia y deben producir conocimiento nuevo desde ella. La transformación del acervo en archivo es el momento de la producción de ese conocimiento, y esto es algo que sólo podemos hacer nosotros.

Por un momento pareció que iba a ser así, que el impulso de La Cara Oculta nos serviría para iniciar un apasionante proceso de archivo colectivo. Que diez o doce de los proyectos que tuvieron lugar en los años noventa estaban interesados en compartir este viaje y que el Reina Sofía nos acompañaría a lo largo de todo el trayecto. Pero por desgracia las instituciones tenían otros planes. Voy a intentar explicarlo brevemente: se había solicitado un apoyo económico del Ayuntamiento, porque el inventariado de los acervos más grandes requiere la contratación de personal, o al menos una compensación por las horas de trabajo empleadas. Proyectos que tienen veinticinco años de trayectoria, como Cruce o el Ojo Atómico / Antimuseo, acumulan docenas de cajas llenas de documentos que por el momento no son, como dice Hall, más que colecciones aleatorias. En principio hubo buena disposición, pero en la tercera o cuarta reunión apareció Azucena Klett, asesora del Área de Gobierno de Cultura del Ayuntamiento, y nos comunicó —porque no hubo lugar a debate, no nos preguntó nuestra opinión— que el Ayuntamiento había decidido que el presupuesto prometido para los inventarios se iba a dedicar a la investigación. Investigación cuya dirección asumiría el mismo Consistorio, desplazándonos a todos nosotros, y en el curso de la cual se incorporarían al archivo colectivo los acervos de “movimientos sociales”. No nos dijo cuáles, seguramente porque ella misma no lo sabía. ¿Patio Maravillas? ¿Asociaciones de vecinos? ¿La lucha antifranquista en los 70? ¿11M? ¿El archivo de Intermediae? Está claro que eso es algo que tampoco van a decidir los interesados, sino este Ayuntamiento tan abierto a la participación.

No dudo que en la “red de afinidades" que se ha tejido a lo largo de los años desde instituciones como Intermediae, Medialab o el mismo Reina Sofía haya personas mejor capacitadas que nosotros para reflexionar sobre lo que hicimos en aquel periodo excepcional y dar sentido a nuestros acervos, por lo cual es lógico que los recursos públicos se destinen a contratar a tan grandes expertos y no se dilapiden en facilitar el trabajo de quienes los hemos construido, conservado y, en algunos casos, investigado. Bueno, todos sabemos a qué huele el área de cultura del Ayuntamiento y todos conocemos su larga trayectoria en el “apropiacionismo” de proyectos de particulares, pero lo malo es que aquí dos directivas del Reina Sofía, Ana Longoni, directora de actividades públicas, y Bárbara Muñoz de Solano, directora de la biblioteca, estaban en el ajo. En una invocación a lo más obscuro de la España franquista, lo que iba a ser un proceso democrático se convirtió en un ejercicio de autoritarismo institucional. Todas estas funcionarias, que sin duda se presentan a sí mismas como adalides de la democracia participativa, lo postocolonial, lo queer, etc., invirtieron la cita de Derrida que encabeza esta artículo para asegurarse que la constitución de un archivo de los proyectos auto-organizados no pueda convertirse en un elemento democratizador de la cultura y de nuestras instituciones. El papel de los agentes culturales independientes se reduce a donar sus acervos a la institución. Y esta no es una decisión que se pueda discutir, porque, desde su punto de vista, a la autoridad se la obedece, no se la cuestiona.

Pero yo discutí, y con gran vehemencia, porque he sido víctima de muchas violencias por parte de nuestras instituciones culturales y hace tiempo decidí denunciar, al precio que lo estoy pagando, la mezcla de corrupción y fascismo que pervive en ellas. Me puse nervioso, levanté la voz, acusé al Ayuntamiento y al Reina Sofía de antidemocráticos, de abusadores y mentirosos. Los acusé de querer ocupar por la fuerza el espacio que corresponde a los ciudadanos, con el único fin de anular nuestra escasa agencia y tergiversar nuestra historia. Recordé que en los ocho tomos de Desacuerdos (2004-2014) no hay una sola referencia al fenómeno de los espacios alternativos de Madrid. Expliqué que la auto-organización de artistas es ya un epígrafe establecido en la historia del arte y que nuestro archivo, de acuerdo con lo que los interesados habíamos votado en una reunión previa, se ceñía a este concepto. Y por último abandoné la reunión. Cuando un mes después recibí el acta, mi intervención había desaparecido.

Bien, el proceso con el Reina Sofía se ha frustrado. Si el sentido de este archivo colectivo dependía de que reuniese un amplio registro de los proyectos de aquel periodo, todos a ser posible, ahora sólo unos pocos parecen dispuestos a continuar los trámites de donación. Gracias a la iniquidad de estas tres personas nunca habrá un archivo que recoja un repertorio razonable de las prácticas auto-organizadas de los artistas de Madrid y la visión de conjunto, la percepción que hubo un tejido, una inteligencia colectiva y una dimensión política, se perderá. Es muy grave, pero la impunidad está entre sus privilegios.

Sin embargo nuestro archival impulse sigue intacto. En el debate posterior a los hechos descritos apareció la idea de continuar nosotros sin las instituciones. Y bien pensado, si ni en los 80, ni el los 90, ni en los 2000 nos han apoyado, ¿por qué creíamos que ahora iba a ser distinto? Para las instituciones culturales de Madrid los agentes independientes, y en buena medida los artistas, somos el enemigo.

También comprendo que no somos un tejido homogéneo, ése ha sido siempre nuestro principal valor. Para los que desde un principio tuvieron como objetivo el reconocimiento institucional de determinadas prácticas, esta donación, sin debate ni procesos colectivos, puede ser una opción razonable. Para los que esperan que la donación de sus acervos les sirva para alcanzar otros objetivos con las instituciones, sin duda también. Pero para los que como AA Bronson, miembro de General Idea y fundador de Art Metropole, no buscábamos la legitimación del mundo del arte, la constitución de un archivo colectivo independiente no sólo es una buena idea, sino posiblemente la única aceptable.

Un archivo autónomo soluciona algunos problemas inherentes a la institución:
  1. No hay donación de originales, sino un acuerdo para escanearlos y subirlos a un espacio común en Internet. La donación incondicional que exige el Reina es abusiva, me he informado y en otras instituciones los directivos, más honestos, recomiendan a los artistas que hagan depósitos renovables, para que conserven el control de sus legados en caso de que en el futuro no reciban el tratamiento que se había previsto. Además estos archivos tienen un valor material y en último caso la institución debería comprarlos.

  2. Es un archivo abierto. Como sabemos, la donación que propone el Reina es un acto único. No podremos añadir nuevos materiales a nuestros propios archivos, ni se podrán sumar otros proyectos en el futuro, pues se debe iniciar el proceso completo desde cero. El archivo independiente estará siempre abierto. Por ejemplo, el artista Javier Pérez Aranda, que ahora reside en Grecia, tiene un ingente archivo fotográfico, dentro del cual hay material del Ojo Atómico, El Establecimiento, Espacio F y otros muchos donde él colaboró en su momento. Yo podría aprovechar un viaje suyo a Madrid para digitalizar estos fondos y añadirlos a los proyectos correspondientes. Con el Reina, esas fotografías quedarían excluidas para siempre.

  3. El archivo independiente se gobierna por una asamblea de todos sus participantes. En el caso del Reina nosotros no tendríamos ningún control sobre incorporaciones o exclusiones futuras en el archivo colectivo, como puede ser el caso de la inclusión por parte del Ayuntamiento de organizaciones políticas afines. Pero en el modelo que propongo las decisiones se deberán tomar por consenso, lo cual garantiza que un archivo colectivo no pierda sentido ni se convierta en un instrumento de políticas partidistas.

  4. No necesitamos establecer categorías cerradas. Nuestro archivo es fluido, abierto a interpretaciones. Las etiquetas “arte” y “documento” quedan al albedrío del usuario. La cuestión que planteaba Mar Núñez sobre el lugar del acervo de la Red de Lavapiés se disuelve, porque puede estar en varios archivos a la vez, o si deciden organizarlo por secciones, puede vincular a éste las actividades artísticas/simbólicas, pero no las estrictamente políticas.

  5. Es un rizoma, no un organismo cerrado, y puede conectarse con otros archivos para formar redes. La pregunta de “qué somos” queda abierta, viva, porque no tenemos ninguna necesidad de identificarnos con los términos de la historia del arte. Es una identidad que construiremos y reconstruiremos desde el debate y desde las nuevas incorporaciones.

  6. No tenemos por qué perder la proyección que nos daría el Reina, porque si en realidad están actuando de buena fe pueden vincular nuestro archivo online a su Centro de Documentación y facilitarnos recursos para su desarrollo y conservación. Si durante años han financiado la recuperación y manteniento de archivos en toda América Latina, a través de la Red de Conceptualismos del Sur, sin exigir a cambio su donación, ¿por qué no querrían hacer lo mismo con una red de archivos independientes del arte de Madrid? ¿Acaso somos diferentes? ¿No nos alimentamos con la misma comida y padecemos las mismas enfermedades? Si nos pinchan, ¿no sangramos? Ana Longoni puede facilitar las cifras exactas de la Red de Conceptualismos del Sur, ya que fue su promotora y directora antes de asumir la dirección de actividades públicas en el Reina. A no ser que sean datos secretos o que simplemente se niegue a hacerlo, claro.
Existe una amplia literatura sobre los archivos de espacios alternativos y hay experiencias de colaboración entre archiveros y artistas de las que podemos aprender mucho. También hay, como ya he señalado, archivos constituidos como continuación de proyectos que, en palabras de Stuart Hall, rebasaron su edad de la inocencia y que pueden ofrecernos inspiración. La investigación y el debate que nos niegan las instituciones, previos a la formación física del archivo, me parecen de por sí una experiencia única y llena de significado. Invitados estáis.

martes, 24 de abril de 2018

AYUDAS A LA DESTRUCCIÓN (DE LA CULTURA)

Tengo cierta sensación de impotencia, de la inutilidad de un artículo más, al empezar estas líneas. Tres años de trabajo en este blog, todo lo que ha hecho la Plataforma por el Fondo para las Artes, todas las reuniones y broncas con las administraciones públicas locales, han servido para poco. Quizás hayamos evitado que las ayudas a la creación se dirijan exclusivamente a alimentar la amplia red clientelar del Ayuntamiento y se distribuyan de una manera más amplia en el tejido creativo de Madrid. Sin duda gracias a la Plataforma muchos proyectos impulsados por artistas jóvenes han tenido acceso a recursos públicos por primera vez —son proyectos que no existían en la época de las Ayudas de Matadero— y eso es todo un éxito en esta ciudad, donde el pastel siempre parece estar repartido entre unos pocos.

También he ido postergando un comentario más personal sobre las Ayudas a la Creación porque yo no la obtuve. Mi proyecto, como el de otros compañeros de mi generación, quedó a pocos puntos del aprobado. Al menos media docena de artistas de media carrera “suspendimos”, todos con una nota alrededor de 45 puntos. Entiendo que el Ayuntamiento ha querido mandar un mensaje: “arte es lo que las autoridades dicen que es arte”. No es noticia, desde el siglo XIX los políticos se han aplicado a un trabajo de destrucción[1] sistemática del arte español, donde los madrileños nos hemos llevado siempre la peor parte. Cuando los políticos establecen el canon, el arte que se ve es malo, muy malo, y el bueno no se ve aunque sigamos haciéndolo. Y cuando un jurado en el que la mayoría de los votos está en manos de funcionarios y otros cargos públicos decide excluir a artistas cuya obra, la verdad, no están capacitados para juzgar, es que se pretende manipular ese “canon” para adaptarlo a un determinado discurso.

Por otra parte, no quiero que mi crítica se interprete como revanchismo, y tampoco dudo que a la hora de denegarme la ayuda hayan tenido en cuenta que así podrían contestarme, diga lo que diga, con este argumento. He discutido bastante con las dos responsables del desaguisado —Getsemaní de San Marcos y Azucena Klett— como para no prever sus movimientos. Por eso esperé a que la Plataforma emitiese su propia valoración[2], que ha quedado sin concluir, ya que el Ayuntamiento no nos ha facilitado la información que reclamábamos para poder analizar con más precisión los desajustes de la convocatoria, y esperé luego a reunirme[3] con las concejales de la oposición, con el fin de buscar las vías de diálogo institucional que ahora mismo nos niega el equipo de cultura dirigido por de San Marcos.

Las reuniones con las concejales de PSOE y Ciudadanos —entiendo que al PP no le interesa la cultura— han sido muy útiles, no sólo por la buena respuesta de ambas, sino porque nos han ayudado a concretar las demandas y a buscar una formulación viable. No voy  repetir aquí las críticas que hemos publicado ya, ni voy a profundizar en la abyección del comportamiento institucional. No es necesario, y quienes asistieron a las reuniones de septiembre de 2017 han visto como nos llamaban idiotas a la cara (“lo que pasa es no habéis entendido la convocatoria, pero está muy bien hecha”), o como nos han mentido una y otra vez y han ignorado todas y cada una de las sugerencias y propuestas emanadas de la sociedad, incluidas las que se plantearon en sus Laboratorios.

Por si se atreviesen a decir, mintiendo una vez más, que han seguido las recomendaciones de los Laboratorios, aviso que conservo la relatoría del dedicado a las Ayudas, que muy oportunamente han retirado de la WEB con todas las demás, al mismo tiempo que convocaban una reunión para formar el Consejo de la Cultura de Madrid. La conservo debidamente subrayada y comentada, de manera que puedo probar que hubo un rechazo expreso a la idea del “retorno social de la obra de arte”, entre otras cosas.

A todo el desastre se suma ahora la pésima gestión de las Ayudas: a estas alturas sólo están confirmados 39 beneficiarios, de los 98 provisionales, y no se ha realizado ningún desembolso. Los artistas, que aplicaron para solicitar fondos para proyectos por realizarse, han tenido que adelantar ellos el dinero (en ocasiones endeudándose) o han tenido que reducir sus proyectos al mínimo, porque van a tener que producirlos en dos meses, en el mejor de los casos. El plazo de ejecución de los proyectos subvencionados acaba el 30 de junio. El artista, de nuevo, financia a la institución. Porque el Ayuntamiento no va a dejar de proclamar que las Ayudas han sido un éxito y que ha repartido un millón y medio de euros entre creadores y gestores. Lo que no va a decir es que estos creadores y gestores han funcionado como banca privada del Ayuntamiento, financiando por adelantado sus políticas, pero sin cobrar intereses. El peso de la financiación de las políticas culturales recae, una vez más, sobre los más vulnerables: “Tú adelanta el dinero, que ya te lo devolveremos”.

Los beneficiarios de Ayudas a Festivales han recibido hoy mismo la confirmación definitiva, tres semanas después de que terminase el plazo de ejecución de los proyectos, que era el 31 de marzo. ¿Pueden pagar facturas emitidas después del 31 de marzo? La información al respecto es muy confusa, porque se mezclan las fechas límite de ejecución y de justificación, que son conceptos muy diferentes. Los que empiecen a contratar servicios y pagar honorarios cuando reciban el dinero, puede que dentro de un mes, se arriesgan a que luego sus facturas sean rechazadas por estar fuera de plazo, con lo que tendrían que devolver el importe de su bolsillo. Un miembro de la Plataforma se preguntaba hoy si no es mejor rechazar la subvención. La verdad es que estamos a ciegas, y es mejor perder un proyecto que verse con una deuda de decenas de miles de euros con el Ayuntamiento, que crecerá a un ritmo enloquecido con los gastos de gestión que le imputen y los intereses de demora.

Y un nuevo temor aparece en el horizonte: ¿si no fuesen capaces de terminar todos los trámites de las Ayudas a la Creación antes de que prescriba el plazo legal? Llegado un punto, si la flamante Dirección General de Actividades Culturales no ha conseguido publicar la lista definitiva de concesiones, la subvención se cancela automáticamente. Ni un euro para nadie. Y los que hayan adelantado dinero, que se busquen la vida. La primera vez que alguien, en una reunión, comentó esta posibilidad, yo dije que eso era absolutamente imposible. Pero ha pasado un mes desde entonces, se acercan las festividades del 2 y el 15 de mayo, que absorberán a todo el personal de dicha dirección general, y el reloj no se para. Muchos artistas están asustados por esta posibilidad, y tienen motivos. En cualquier caso, lo que está pasando con los Festivales es muy grave y puede ser un anuncio de lo que se les viene encima a los de Creación.

*         *        *

Vayamos a las soluciones para el futuro: podemos esperar, por la línea de conducta que Getsemaní de San Marcos ha seguido hasta ahora, que retrasen la convocatoria de las próximas ayudas hasta el límite, para evitar el debate y su necesaria reforma. De esta manera nos enfrentaremos de nuevo a hechos consumados, y una vez más nos dirán que en la próxima ya se arreglará todo. Hay que tener en cuenta que si las convocan, que incluso lo dudo, querrán que todo esté acabado antes de mayo de 2019, cuanto habrá elecciones locales. Por este motivo creo que sería útil que haya un amplio acuerdo para reformar los siguientes puntos, que considero más o menos obvios:

En general:
  1. Establecimiento de una BECA o PREMIO, que permita a los creadores dedicar el dinero a su propio mantenimiento o a los gastos que realmente requiera su trabajo.
  2. Plazos para el pago establecidos desde la convocatoria de las ayudas, de manera que los beneficiarios sepan cuando van a disponer de los recursos y puedan programar sus actividades de acuerdo con sus posibilidades.
En las Ayudas a la Creación:
  1. Eliminación de la línea C: Red Urbana de Residencias en Red. Madrid Destino cuenta con 100 millones de euros para desarrollar sus proyectos, y ya hay programas de residencias en algunos centros. Si quieren invertir más en este sentido, es bienvenido, pero con su dinero.
  2. Distribución presupuestaria de las líneas A, Creadores, y B, Agentes Cuturales, de manera que haya cantidades predeterminadas para cada una, debiendo tener mayor presupuesto la de Creadores.
  3. Posible división de la línea A, Creadores, por disciplinas, para separar los jurados.
  4. Eliminación del criterio de “Retorno social” en la valoración. Esto se ha argumentado en los documentos antes citados (valoración ayudas e informe reuniones)
  5. Mayor valoración del criterio de “Trayectoria”, claramente infravalorado en las ayudas de 2017.
Por otra parte es necesario un debate sobre los siguientes puntos, que no son tan obvios:
  1. Ayudas a espacios de creación contemporánea: no se han concedido los 600.000 euros asignados a esta ayuda, creo que sólo 400.000. Es necesaria una reformulación, porque si no lo único que habrá es una reducción de presupuesto.
  2. Jurados y procedimiento de votación: en Creación el jurado tuvo mayoría de votos de la institución (5 contra 4 independientes). Además sólo había un independiente por “sector”, de manera que especialistas en danza debían juzgar proyectos de arte contemporáneo, por ejemplo. Hay que elaborar una propuesta viable, que puede partir de la separación por disciplinas.
Obviamente hay muchos más problemas, pero si somos realistas y queremos que haya una segunda edición de las ayudas, es preferible que reduzcamos nuestras reivindicaciones a lo esencial.

Tras la publicación del Informe de las Reuniones con las concejales de PSOE y Ciudadanos sólo ha habido respuesta de AVAM, aunque sin proponer fecha para una reunión. Es necesario que las asociaciones interesadas en mejorar estas ayudas, o la Mesa Sectorial si aun existiese, se reúnan lo antes posible para enviar una propuesta conjunta.

Hay que decir que ni AVAM, ni MAV, ni el IAC, ni el Consejo de la Crítica (no recuerdo si hay otras asociaciones en la Mesa) han compartido sus conclusiones sobre las Ayudas ni sobre la propuesta del Consejo. Sería muy chistoso que después de que algunas de estas asociaciones hayan calificado a la Plataforma de “informal” y “no profesional”, resulte que no son capaces de redactar un informe sobre un tema que es vital para los artistas de Madrid. O será que eso es lo mucho que les importa.

Para los interesados de Madrid: Voy a buscar un lugar donde reunirnos y en breve enviaré una convocatoria a través de los grupos de correo de la Plataforma y de la Mesa Sectorial. Si hubiese demanda por parte de la comunidad artística de Madrid, creo que la reunión debería ser abierta.

Sugerencias e ideas a: plataformafondoartesmadrid@gmail.com

Y por si acaso, Getsemaní y Azucena: Dimitir no es el nombre de un artista ruso.


[1] Juan Genovés comentaba esta triste realidad hace un par de años: (minuto 6'44’’): http://cadenaser.com/emisora/2016/10/23/radio_valencia/1477221128_715308.html
[2] Documento con la valoración de las Ayudas, remitido a la Alcaldesa a través del Registro municipal: http://antimuseo.blogspot.com.es/2018/03/valoracion-y-propuestas-de-las-ayudas.html
[3] Informe de las reuniones con las concejales de Ciudadanos y PSOE en abril de 2018: https://drive.google.com/open?id=1Trs7dmYDnnQQAkbEuVX2_ZT3xjEbFU9m

domingo, 1 de abril de 2018

UN MAL CONSEJO

Poco antes de la Semana Santa recibí una extraña invitación: el Ayuntamiento de Madrid convoca a los agentes culturales de la ciudad a formar un Consejo, no hace falta decir que de la Cultura. Mi extrañeza se debe en primer lugar a las fechas: ¿convocar la víspera de las vacaciones (23 de marzo), para una reunión que tendrá lugar justo su fin, el 4 de abril1? Lo de convocar en periodo vacacional es un truco ya gastado, pero efectivo, de los gobiernos del PP —por ejemplo las ayudas a la creación en agosto—, que sirve para que nadie que no esté ya en el ajo pueda, por falta de tiempo, participar en lo convocado. Tratándose, como es el caso, de un gobierno de izquierdas, que además ha buscado con ahínco la participación de los ciudadanos, pues me ha producido extrañeza. No porque intuya obscuras maniobras, sino que no hayan pensado en la inconveniencia de este proceder, que provoca una inevitable comparación con aquellos de quien más querrían diferenciarse.

El segundo motivo de extrañeza es que el Ayuntamiento haya decidido cómo debe organizarse la sociedad civil para tener voz en las políticas culturales. Es decir, no es la sociedad la que se ha organizado y reclama, bajo sus propias condiciones, la participación, sino la autoridad quien presupone, organiza e institucionaliza esta necesidad. Y quien pone las condiciones, que las habrá. Es de nuevo un comportamiento poco consistente con una ideología progresista, o simplemente democrática, donde los procesos instituyentes, como dicen los pedantes al uso, deberían fluir de abajo a arriba, y no al revés.

La idea del consejo, por otra parte, es viejuna, poco realista y con toda seguridad inútil. Ya hay uno en la Comunidad de Madrid, formado por las mismas asociaciones que entrarían en este nuevo, y tiene tan poco efecto que mucha gente se estará sorprendiendo al saber de su existencia por estas líneas. Pues sí, el mismo Consejo que NO abrió un gran debate cuando Aguirre ubicó el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid en Móstoles, el mismo que NO ha dicho esta boca es mía cuando Cifuentes ha dotado 216.000.000 euros para subvenciones nominativas2 (sí, doscientos dieciséis millones), parte de los cuales se destinan a un confuso ámbito cultural, y menos de un millón a ayudas a la creación en convocatoria pública. El mismo que NO ha puesto en evidencia la ausencia de un proyecto cultural en nuestra Comunidad Autónoma, NI la falta de ideoneidad del consejero, Jaime de los Santos, NI la escasez del presupuesto destinado a artes visuales: 6.000.000 en 2017, según he oído comentar a un responsable de la casa. Poco más que la subvención nominativa a la Fundación de la Energía, 4.575.000 €, donde comparten patronato, en ese obscuro matrimonio que hay entre política e Eléctricas,  la CAM y las principales compañías del sector energético.

Con estos mimbres vamos a armar nuestras políticas culturales. En el Consejo, las artes visuales estarán representadas por una “mesa sectorial”3 que se formó hace meses a instancias, una vez más, del Ayuntamiento. Hubo una sola reunión, donde me pareció que se trataba sobre todo de repartirse el pastel. Nadie informó luego de las reuniones oficiales y si te he visto no me acuerdo. En aquella reunión, primera y última, los representantes de la Plataforma descubrimos con gran sorpresa que no éramos bienvenidos, e incluso se cuestionó nuestra participación en la mesa, por las siguientes razones:
  1. Que las estructuras políticas informales carecen de legitimidad para ser interlocutoras de las administraciones públicas. Suena a facha, pero una de las asociaciones lo ha planteado tal cual y en varias ocasiones.
  2. Que la llamada escena alternativa no es profesional. Este argumento también lo oí con frecuencia en los 90, antes de que los mismos que lo esgrimen tuviesen que ponerse a escribir sobre Santiago Sierra, los Torreznos, o incluso Isidoro Valcárcel Medina, entre otros muchos artistas que han podido desarrollar su carrera gracias a la existencia de una escena alternativa, no al trabajo de estas mismas personas en las instituciones.
  3. Que hemos roto el equilibrio de poder en un sistema donde todos estaban tan a gusto y cada cual recibía lo suyo. Esto en realidad no lo dijo nadie, pero a veces hay gente que piensa tan alto que uno tiene que taparse los oídos.
Lo cierto es que el Consejo de la Cultura no va a servir para nada, más que para que algún listillo arañe lo que pone a disposición la proximidad con el poder. No tiene sentido que haya un consejo en el Ayuntamiento y otro en la Comunidad, menos cuando constarán ambos de los mismos miembros. Pero como son órganos “producidos” por la institución, y no emanados de la sociedad a través de procesos democráticos, que es lo que les daría legitimidad, cada administración se lo ha cortado a medida, como un buen traje que disimula lo menos bonito de nuestras anatomías.

Dada la sagacidad del equipo municipal de cultura, me extraña, otra vez, que no hayan reparado en todos estos inconvenientes. Si quieren un órgano que facilite el diálogo entre la sociedad y el gobierno local, el Consejo va a tener el efecto contrario. Si en la capital gobernase el PP, pensaría que en realidad la función del Consejo, como pasa en la Comunidad, es servir de pantalla entre un gobierno que hace políticas culturales en contra de la cultura y una comunidad creativa que está muy cabreada. Se diluye así la queja, se fragmenta el frente y se negocian cooptaciones, se margina a los bocazas (como yo) y el Consejo acaba actuando como la policía blanda de un poder corrupto. Además muchos de los miembros del Consejo no son particulares propiamente dichos, sino funcionarios o trabajadores contratados en instituciones públicas. Es decir, son parte de esa arquitectura institucional a la que un Consejo estrictamente civil debe servir de contrapeso.

Pero no es el PP, sino Ahora Madrid, de modo que pensaré que lo están haciendo con la mejor intención y que, llegado el momento, se sorprenderán de que no haya servido para nada. Porque este consejo lo que va a ser es un mal consejo.

Para terminar, y para compensar, yo les ofrezco un buen consejo: que el acta, decreto o el como se llame fundacional, lo impriman en papel higiénico, para que así, llegado el momento, podamos encontrarle su utilidad.

1 Para más datos, a las 16h en el auditorio La Caja de Música en CentroCentro. Se supone que es una reunión abierta, pero en la invitación piden confirmación de la asistencia.
2 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-12-07/subvenciones-nominativas-cifuentes-madrid-2018_1488943/
La fundación está dirigida por una exdiputado del PP, según la nota de prensa citada. Por cierto, la propuesta del Fondo para las Artes de Madrid, que podría tener la misma forma legal que esta fundación, fue rechazada por Jaime de los Santos y Antonio Sánchez Luengo porque no existe un marco legal para algo así.
3 Hay una mesa sectorial nacional que publicó hace meses un documento con reivindicaciones. Lo comenté con mucha gracia en su momento: http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/06/un-arte-espanol-sin-artistas-espanoles.html
Sus miembros coindicen en gran parte con los de la mesa de Madrid.