martes, 24 de febrero de 2015

Pagar el arte - 1

El poder del capitalista para trasladar una fábrica fuera de una región debido a la actividad sindical, es exactamente el mismo que el poder del capitalista para retirar el apoyo a un museo donde él o ella desaprueban el arte que se expone… Los espacios alternativos que dependen de élites para su financiamiento no son en realidad alternativos a nada, y ni siquiera reformistas [1].
-Carl André, 1980


Hay un lugar común en las declaraciones de los políticos españoles: que el arte - la cultura en general - no puede mantenerse con subvenciones. Lo dicen todos. Ibán García del Blanco (El Confidencial, 04/11/2014 [2]), delegado nacional de cultura del PSOE; Jorge Lago y Germán Cano (El Confidencial, 11/11/2014 [3]), de la comisión de cultura de Podemos, y por supuesto las más preclaras mentes de la derecha. Se ha transmitido a la “ciudadanía” la imagen de que la creación artística consume una ingente cantidad de recursos públicos, a costa, supondremos, de la sanidad, la educación la ayuda a la dependencia o el programa espacial, y sin ofrecer a cambio contrapartida alguna. Los artistas, los intelectuales, vivimos estupendamente a costa del sudor de nuestros vecinos. Esto no es sólo mentira, es uno de los más tristes legados de la dictadura franquista y de cinco siglos de Inquisición y fanatismo. La desconfianza hacia la cultura [4], cuando no un odio abierto, está firmemente arraigada en la sociedad española. Había escrito una carta abierta a Ibán García del Blanco para entrar en este tema desde una anécdota concreta: la entrevista del Confidencial antes citada. Pero creo que ésta es una cuestión que requiere un análisis mucho más detallado.

Para empezar, voy a explicar cómo ve alguien como yo la participación de las administraciones públicas en la cultura. Llevo casi veinticinco años en uno de los sectores más duros del medio: la escena alternativa del arte contemporáneo (que haberla, hayla). Nunca he ocupado un cargo público, sí he recibido subvenciones y premios, además bastantes e incluso internacionales, tengo una gran trayectoria; en un par de ocasiones he trabajado bajo contrato con entidades públicas, pero jamás he ganado con mi trabajo lo suficiente para presumir de ser un mileurista. Para financiar mis proyectos he alquilado habitaciones en mi piso, he freelanceado a costa de no dormir, he montado bares clandestinos en el Ojo Atómico y el Antimuseo, he organizado mercadillos o he recurrido a instituciones extranjeras, que casi siempre se han mostrado más abiertas e interesadas que las madrileñas.

Quizás haya subvenciones para productores de cine y de teatro, para editores, para casas discográficas, para organizadores de conciertos. Desde luego las hay para las galerías de arte, para asistir a ferias en el extranjero, por cierto sin necesidad de que lleven a artistas españoles. Pero que alguien me diga qué subvenciones hay para los artistas visuales, para los compositores de música experimental, para los escritores… Las subvenciones en España son para los empresarios, no para los creadores. Las administraciones públicas nunca han apoyado la creación directamente, sino a los empresarios que la explotan, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Por tanto no es la cultura la que recibe las subvenciones, sino los negocios que la rodean, desde los intermediarios comerciales a los transportistas.

Además podríamos decir, parafraseando a Ibán, que “La actividad política no se puede sostener exclusivamente vía subvención.” Porque los partidos políticos sí que reciben dinero de subvenciones. O la banca, o la industria del automóvil, o la de la moda, o la farmacéutica, o la agricultura, o las eléctricas, o la minería… No hay un solo sector de la economía española, incluidas las confesiones religiosas, que no reciba recursos públicos. Salvo la creación artística en todas sus ramas.

En el caso de la cultura la mayoría de las competencias están transferidas a las comunidades autónomas y para comprobar la exuberancia de esas subvenciones que recibimos los artistas propongo un sencillo experimento: vaya usted a la calle Alcalá 31 de Madrid, diga que es un artista visual que quiere hacer un proyecto y pregunte cuáles son los canales administrativos para solicitar una ayuda de la Comunidad Autónoma. ¿La respuesta? Ninguno. Los madrileños no disponemos de ningún canal para acceder a nuestros propios recursos. No los hubo con Leguina, no los hubo con Gallardón, ni con Esperanza Aguirre, ni menos aún en la interinidad que padecemos ahora. Nunca la Comunidad de Madrid ha subvencionado ni apoyado la creación artística. Sólo convoca un premio que debe estar por los dos mil o tres mil euros, con unos diez premiados al año. Pese a ser un premio exigen justificación de los gastos y está prohibido incluir honorarios por tu propio trabajo.

Sin embargo su logotipo aparece en innúmeros eventos culturales. ¿Cómo es esto posible, si en la misma puerta de la ex-consejería de cultura nos han dicho que no hay ningún procedimiento para pedir recursos? Pues es gracias a una ley de contratación llena de agujeros, que permite el fraccionamiento de los contratos para eludir el control, que obliga a convocar concursos públicos pero no evita que nazcan amañados, y sobre todo porque el procedimiento administrativo favorito es el que se llama AMIGUETE. Este marco legal asombroso, y no unas subvenciones imaginarias, es el que ha facilitado la aparición de grandes redes de corrupción, las verdaderas mamandurrias.

Y esto nos lleva a la otra cuestión: ¿de qué hablamos cuando decimos subvenciones? Para la mayoría de las personas hay una subvención siempre que una administración pública da dinero a la sociedad civil. Pero ésta es una idea errónea. En el mundo de la cultura lo más corriente es que el político substituya al ciudadano y tome la iniciativa. Es decir, los proyectos que hacen las consejerías, direcciones generales, concejalías, etc. son muchas veces “geniales ideas” que se les ocurren a los respectivos titulares de los cargos. Una vez que han tenido la “idea”, ellos mismos se aprueban su presupuesto, contratan a quien les apetece — aquí se confunde clientelismo con subvención — y se vigilan a sí mismos para que todo transcurra a la perfección. Esto no es una subvención, es un disparate.

Otra es la contratación. Un ciudadano, a título personal o como representante de una empresa o asociación, tiene un proyecto y la suerte de conocer a los que mandan. Entonces llama al director general correspondiente y agenda una cita para explicárselo — no hace falta que sea algo muy formal, podemos vernos en el Cock —. A partir de cierta cantidad es obligatorio convocar un concurso público. Entonces se puede fraccionar el proyecto en varios contratos [5]. Por ejemplo, si es una exposición se hace un contrato por la organización, otro por la edición del catálogo, otro en concepto de difusión y relaciones públicas… Pero si es mucho dinero se convoca el concurso público con unas bases a medida del amigo. La creación de ese oxímoron de las “Sociedades Públicas” ha simplificado las cosas, porque en ellas no aplican las leyes que regulan la contratación de servicios por parte de las administraciones públicas. Como dicen nuestros políticos, son más eficaces, pero ya sabemos para qué.

Luego están las subvenciones nominativas, sobre las que reconozco que no sé mucho. Es como un convenio con una entidad privada, imagino que principalmente asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro, que reciben una cantidad anual como apoyo a su trabajo. Y por fin las subvenciones propiamente dichas. Aquí es cuando el sans-coulotte, el pelao, el pendejo, el loser de las artes, puede por fin arañar unas migajas del banquete de la cultura. Hay una convocatoria pública, hay unas normas relativamente claras, unas reglas del juego iguales para todos, al menos en teoría, y un jurado que decidirá a quién se apoya. Además hay un reglamento para la justificación de los gastos. El Ministerio de Cultura tenía antes las de Promoción del Arte Español, que te podías sacar hasta mil o dos mil euros, una barbaridad de dinero, pero con la obligación de aportar la mitad de los recursos y con la limitación expresa de no cobrar honorarios por tu trabajo. Pero en los últimos años estas ayudas se han dado exclusivamente a las galerías de arte para asistir a ferias internacionales [6]. Y como he comentado al principio, ni siquiera se controla que llevan a artistas españoles y soy testigo de este hecho: empresarios corruptos consiguen esta subvención para vender obra de reconocidos artistas norteamericanos, británicos… y ni un español. También estaban las de Acción y Cooperación Cultural, creo que así se llamaban, para asociaciones culturales, pero ahora están destinadas a becas de estudio.

No hace falta decir que la ley de subvenciones es un desastre perfecto. Pero la culpa es de los políticos que hacen las leyes, no de  los artistas que las padecen. Si en España no ha habido nunca un sistema de apoyo a la creación no ha sido por falta de dinero, sino por la ignorancia, venalidad y falta de visión de nuestros dirigentes.

El Ojo Atómico y Liquidación Total, dos espacios alternativos que funcionaron en Madrid en la pasada década, conseguimos impulsar unas ayudas que primero se llamaron Programa no se qué de Intermediae y luego Ayudas a la Creación Contemporánea de Matadero. No se han convocado desde 2012 y no sé si reaparecerán para las elecciones de mayo. Pero aquellos tampoco fueron tiempos fáciles, aunque era antes de la crisis. Con la Comunidad de Madrid tuvimos choques bastante fuertes y al final no conseguimos nada. Era consejero Santiago Fisas y Director General de Museos etc. Álvaro Ballarín, el mismo que luego contrató a miss Barcelona 2007 de asesora de cultura en la Junta de Moncloa [7], como comenté la semana pasada. Con el Ayuntamiento conseguimos las ayudas, pero siempre fueron insuficientes.  Toda esta historia está recogida en los textos del Antimuseo [8]. Ahora el Ayuntamiento tiene un programa que se llama El Ranchito. Creo que son “residencias” en el Matadero, donde te ofrecen unos espacios para trabajar tabicados con plásticos, me imagino de de ahí el nombre: ranchito, chabola, poblado, villa miseria, pueblo joven… y unos dos mil o tres mil euros de presupuesto.

En fin, que los artistas nos sostenemos exclusivamente vía subvenciones: 2.000 o 3.000 euracos que nos podemos sacar algún año que se nos dé bien. Vivimos como reyes sin trabajar, porque no está claro que la creación sea un trabajo, y merecemos el epíteto de las mamandurrias que acuñó Esperanza Aguirre, que en román paladino significa que quien no sepa robar no merece recibir. Profunda sabiduría del pueblo español que nos recuerda las dos caras contrapuestas de su alma: la picaresca y el esperpento.

Esto en cuanto a lo que realmente hay y ha habido, porque las carencias no pueden atribuirse a la crisis económica: son la estructura misma del arte español. Un sistema clientelar y opaco donde unos pocos reciben mucho y la mayoría nada o casi nada. El desprecio al arte es lo que se esconde tras esta realidad tan devastadora, porque las instituciones, fiel reflejo del país, consideran irrelevante la aportación de la cultura a la construcción de la sociedad. Inmersos en una ignorancia satisfecha, los políticos siguen pensado que tener un “gran arte” es que aparezca un genio al siglo, aunque lo haga en Francia, no que la comunidad en su conjunto pueda, podamos generar los imaginarios críticos que necesitamos para lidiar con el desierto de lo real.

Sigue la semana que viene…


[1] The capitalist’s power to move a factory away form a region because of militant union activity is exactly the same as the capitalist’s power to withdraw support from a museum when he or she disapproves of the art shown there… Alternative spaces which depend on elites for their support are not really alternative to anything and are not even reformist.
Citado en Alternative Art New York, pág. 161
[2] “La actividad cultural no se puede sostener exclusivamente vía subvención.” http://bit.ly/1z2XtHw
[3] Noticia - Queremos acabar con la ‘hipsterización’ de la cultura - Cultura  http://bit.ly/1AsRf6E
[4] Recordemos la cita de Marcelo Expósito de la semana pasada: “quienes arriman el hombro construyendo política desde los movimientos desprecian el arte y se cachondean de los artistas”⁠
http://esferapublica.org/nfblog/arte-y-politica-en-el-melancolico-callejon-de-las-aporias/
[5] Éste es un buen ejemplo: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/10/13/madrid/1413234857_799498.html
[6] Creo que en la última convocatoria se han vuelto a admitir proyectos de artistas.
[7] http://masdeporte.as.com/masdeporte/2014/12/23/portada/1419352779_606614.html
[8] http://www.antimuseo.org/textos/comunicados/comunicados.html 
En el capítulo titulado blog 2012 hay otros textos que continúan en esta línea.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Qué espacios de arte No necesita Madrid - parte 2

Respecto a la Comunidad Autónoma de Madrid, como Esperanza Aguirre ha deshecho más de lo que ha hecho, creo que las cosas en realidad resultarían más fáciles. La falta de articulación de los espacios de arte de la CAM es completa y el catálogo corto [1]: Alcalá 31, CA2M, la sala del Canal Isabel II y la Sala de Arte Joven en la avenida de América. Hay que señalar que las competencias en cultura corresponden a las comunidades autónomas. Es decir, la responsable del fomento del arte y el apoyo a la creación en Madrid es la CAM, ni el ex-Ministerio de Cultura ni el Ayuntamiento. Resulta por tanto sorprendente que la CAM tenga infraestructuras culturales menores y peores que el Ayuntamiento, y no digamos el hecho de que no haya una consejería de cultura.

Hay poco que decir acerca de Alcalá 31, famosa por su errática programación desde los tiempos de Santiago Fisas, del Canal o de Arte Joven, que quizás es la que ha tenido una función más clara dentro del panorama artístico de Madrid.

El CA2M, Centro de Arte Dos de Mayo, es sin embargo el mejor ejemplo de la suma de disparates que han sido las despolíticas culturales de Madrid. Empezando por su ubicación, que estaría muy bien si en Madrid hubiese un Museo de Arte Contemporáneo de verdad, pero no lo hay. El decreto fundacional[2] deja claro que éste es el Museo y Centro de Arte de la Comunidad de Madrid, que se crea para albergar su colección y que su ámbito de actuación es toda la comunidad. La decisión de Esperanza Aguirre de crear la principal infraestructura de arte de la comunidad en Móstoles nunca ha sido ni discutida ni explicada, pero no hace falta ser muy perspicaz para comprender que fue una manera de respaldar a Esteban Parro, el primer alcalde del Partido Popular en esta población tradicionalmente de izquierdas, que había ganado las elecciones de 2003 por un estrecho margen. Y seguramente una demostración más de su retorcido humor, al dotar a los artistas de Madrid de unas instalaciones que sin duda todos necesitábamos, pero allí donde no pudieran sernos de utilidad alguna. Si tenemos en cuenta que el CA2M “Quiere ser un centro de referencia de debate y conocimiento del arte contemporáneo. Se constituye como un centro de reflexión sobre la creación más emergente…” tendríamos que pensar en la cantidad de artistas, curadores y críticos, por no decir galerías, que trabajan en Móstoles comparados con los que hay en Madrid capital. Lo que menos entiendo de todas formas es la falta de respuesta del mundo del arte madrileño.

Este centro se inauguró en 2008 con una exposición que pretendía ubicar el “nacimiento de la ciudadanía” en el levantamiento del 2 de mayo de 1808. No voy a entrar aquí en un análisis sobre aquello, ni a comparar el levantamiento popular contra el ejército de Napoleón con el que hubo también en Madrid el 19 de julio de 1936. La exposición si tituló “Madrid 2 de Mayo: un pueblo, una nación”. (¿Por qué me recuerda a aquello de “Ein Volk, ein Reich, ein(e) Führer(in)”?) y el curador, el escritor Arturo Pérez Reverte, cobró 300.000 euros de honorarios. Los más altos pagados hasta ahora en el mundo del arte español. Pero la celebración del 2 de Mayo no quedó aquí: se gastaron casi 8 millones en distintas actividades y espectáculos, además de otros 15 millones en la producción de la película Sangre de Mayo, que no ha visto ni Dios[3].

El director del CA2M es desde entonces Ferrán Barenblit, quien sumó méritos para este cargo con la organización en 2007 de la exposición Entresijos y Gallinejas, cuando dirigía el Centro Santa Mónica en Barcelona. Esta exposición era parte de un programa de la Consejería de Cultura de la CAM llamado Made in Madrid[4], que pretendía llevar la cultura madrileña al “exterior” (o sea, al vecino país de Cataluña). De hecho se presentó como la primera actividad de una estrategia más amplia. Pero la verdad es que nunca tuvo continuidad — con Santiago Fisas la Consejería de Cultura fue una entidad perfectamente inútil — y que casualmente dicho programa inédito se realizó sólo un mes antes de las elecciones en que Esperanza Aguirre fue reelegida por primera vez y sin sobornos, es decir, ya en campaña. No sé si me sorprende más la poca vergüenza de los políticos o la de los curadores y artistas que toman parte en este tipo de cosas. En su momento publiqué un texto[5] que contaba con detalle la tortuosa preparación de esta exposición y denunciaba el engaño que se estaba tramando contra los colectivos independientes de Madrid, que hasta entonces nunca habían sido de interés para Esperanza Aguirre ni para Santiago Fisas, pese a que habíamos intentado abrir un diálogo con ellos para crear un sistema de apoyo similar al que habíamos conseguido un año antes en el Ayuntamiento. Lo que hay que reconocer es que Barenblit nunca ha defraudado la confianza que la ex-presidenta depositó en él.

El último capítulo del sainete del CA2M ha sido la “aceptación” de la colección de la Fundación ARCO. Un acervo que la misma fundación ha preferido mantener a la sombra, dado que las compras nunca se hicieron siguiendo criterios de calidad, sino por compromisos con las galerías, y que nadie había querido albergar hasta ahora. La Fundación ARCO, que me imagino que es de IFEMA, por tanto del Ayuntamiento y de la CAM, y por tanto financiada por todos nosotros, debe estar al borde de la quiebra y mantener una colección implica costes considerables: seguros, almacenamiento bajo condiciones controladas de temperatura y humedad, seguridad, supervisión técnica de restauradores… El problema de que el CA2M se haga cargo de la colección es que de lo que se está haciendo cargo en realidad es de esos costes de conservación. Un torpedo más a la línea de flotación de este atribulado museo - centro de arte, que en vez de aumentar sus recursos para mejorar una colección de por sí deficiente, o para implementar programas que estimulen la escena artística de Móstoles (es un decir), ahora debe cargar con un muerto que lleva años buscando sepultura.

La historia del CA2M resume todos los vicios de la política cultural que hemos sufrido con el Partido Popular: instrumentalización de la cultura con fines electorales, oportunismo, falta de rigor, inversiones enormes con objetivos de corto plazo, desprecio a los artistas y demás profesionales del arte, y corrupción, corrupción y más corrupción. Aquí sólo han faltado el pequeño Nicolás y la miss Barcelona que Ballarín contrató como asesora de cultura en Moncloa. Pero no ha sido por falta de ganas, recordemos que Álvaro Ballarín dejó la dirección general de Archivos, Museos y Bibliotecas porque resultó elegido en 2007 y tuvo que incorporarse como concejal.

A pesar de todo yo no creo que haya que cerrarlo. Pienso que la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid deberían crear conjuntamente un museo en condiciones en la capital, con la doble vocación de reunir una colección del arte madrileño de los siglos XX y XXI, y de promover y apoyar la creación más experimental. El CA2M, en un esquema racional, quedaría como un centro de arte, que es una cosa distinta de un museo, para difundir este acervo (si llegara a formarse) y sobre todo para fomentar la creación artística en las ciudades del sur. Es decir, con una vocación descentralizadora, no descentradora. De verdad es increíble — y digo esto sin perder la perspectiva crítica sobre el “Museo” como tal — que la Comunidad de Madrid, desde el 1 de marzo de 1983 que se aprobó su estatuto, no haya sido capaz de crear una institución de arte contemporáneo en condiciones.

La colección de la Fundación ARCO sí que la devolvería. O mejor aún, la vendería para pagar cosas más útiles, aunque por desgracia esto también sea imposible. En cualquier caso el próximo consejero de cultura, si lo hay, debería llevar el acuerdo de cesión a los tribunales, porque es una estafa más a los madrileños. No tenemos por qué pagar con nuestros impuestos las consecuencias de viejos errores, y mucho menos condenar nuestras políticas culturales porque la Fundación Arco tuviese una política de compras cuyo principal objetivo era conseguir que algunas galerías de prestigio, que de otra manera jamás habrían venido a Madrid, participasen en la feria.

La última gran institución local es precisamente ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid. Porque ARCO, al contrario que el resto de las ferias de arte del mundo, es una institución pública. Es sorprendente como los gobiernos neoliberales aman el dinero público, siempre que sea para estimular los negocios privados. Podemos calcular que en sus mejores momentos ARCO facturaba más de 10 millones de euros, sobre un presupuesto de gastos de 7. Como es de esperar el beneficio siempre se ha aplicado al apoyo de la creación en Madrid. ¿O no? Es una broma, sabemos que el dinero que entra en IFEMA puede ir a cualquier sitio menos a la cultura. En cualquier caso las pérdidas, que las ha habido en los últimos años, imagino que sí que nos las hemos repartido los madrileños, aunque en esta última edición sea con la ayuda de los contribuyentes colombianos. Ver al respecto los artículos de Carlos Jiménez y Elena Vozmediano [6]. Sobre ARCO se han vertido ríos de tinta, por lo que no voy a explayarme más. La misma dinámica competitiva de las ferias de arte la está conduciendo a un callejón sin salida, y es difícil que recupere las inmensas aportaciones de dinero público que disfrutó en los años previos a al crisis. Lo lógico sería que el Partido Popular la privatice ya mismo, antes de las elecciones. No sé como no se les ha ocurrido antes.

Entrando en las conclusiones, hay tres panoramas posibles tras las elecciones locales de mayo: una nueva victoria del Partido Popular, que gobierne el PSOE o que lo haga una candidatura formada por Podemos, Ganemos, Equo y restos de IU. Creo que en todos los casos serían gobiernos en minoría, y salvo con el PP, que no puede traernos nada bueno, con los otros dos hay tanto oportunidades de mejorar como zonas obscuras. Debemos esperar un desconocimiento profundo del tejido creativo del arte madrileño y una sórdida lucha por el respectivo trozo del pastel entre los artistas e intelectuales que están involucrados con los distintos grupos. El PSOE necesita con urgencia legitimarse y recuperar base social. No tiene más remedio que abrirse a un diálogo muy amplio y ceder terreno a la sociedad civil. Por otra parte arrastra sus redes clientelares, muchos compromisos viejos — esperemos que no haya que pagar otra millonada por una cúpula de Barceló — y sobre todo la inercia controladora que ha caracterizado a las administraciones públicas durante los últimos 30 años. Del mismo modo que el Ayuntamiento de Gallardón creó Intermediae para suplantar a los espacios independientes, o que el de Tierno creó una sociedad municipal de conciertos para arrinconar a los productores independientes, o la revista Madriz para desplazar a La Luna, es de esperar que tiendan a substituirnos con programas, entidades o instituciones que plagian nuestros modelos de trabajo y vampirizan nuestros públicos, pero desactivando el pensamiento crítico.

En el segundo caso, una formación surgida de los movimientos ciudadanos, mi mayor temor es la implantación de una doctrina a la que deban plegarse las iniciativas de la sociedad civil. Es decir, lo que no encaje en la doctrina se borra del mapa. Y no es una sospecha infundada. Con la llegada de Manolo Borja Villel al Reina se formó un think tank (Traficantes de Sueños, Universidad Nómada…) que manifiesta una profunda hostilidad a las artes visuales. Paradójico pero cierto, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, así se llama, nunca ha puesto interés en la escena artística de base, quizás habría que decir grassroot para hacerla más atractiva, pero financia la producción de un discurso que execra el arte. El pensamiento que elaboran es sin duda valioso en otros órdenes y yo lo sigo, leo lo que publican y en ocasiones me interesa, pero no constituye una doctrina y mucho menos sobre arte. Declarar, como hizo Marcelo Expósito, que “quienes arriman el hombro construyendo política desde los movimientos desprecian el arte y se cachondean de los artistas” [7] es algo peor que una barbaridad, es la amenaza de una noche aún más oscura para el arte español. Marcelo, por cierto, está en el eje de cultura de Guanyem Barcelona y es un miembro destacado del think tank antes aludido. Yo no tengo ni el tiempo ni las ganas de discutir si el arte es una manifestación de la cultura burguesa. Creo que hace mucho que estamos en otro lugar. Lo que importa ahora es que los que están diseñando las líneas maestras de la política cultural de estas formaciones nos aclaren su posición respecto al arte contemporáneo, y que lo hagan con propuestas concretas y compromisos escritos, no con vaguedades sobre la transversalidad, la transparencia, la participación, etc. Si consigo entrevistarlos profundizaré en estas cuestiones. También es notoria la ignorancia de sus líderes, y como muestra un botón: Jorge Lago y Germán Cano, ambos miembros de la comisión de cultura de Podemos, pusieron como ejemplo de cultura independiente las galerías de la calle Doctor Fourquet [8]. ¡Helga de Alvear estandarte de la cultura antagonista! Bromas aparte, estas cosas dan miedo.

Para terminar, lo que está claro es que Madrid no necesita los centros de arte que ahora tiene. O al menos no como están planteados. Si lo que pretendemos es que haya una gran actividad cultural, que la creatividad de la sociedad encuentre cauces para desarrollarse, que el arte y la cultura en general contribuyan a la innovación y a la cohesión sociales, se debe apoyar la creación desde la base e impulsar una revolución pedagógica, y no más al negocio ni al espectáculo. Pero somos nosotros, los que hemos insuflado vida al arte de Madrid durante décadas, quienes debemos organizarnos para hacer un diagnóstico de los problemas y desarrollar el plan maestro que nos saque de hoyo.

Si estamos soñando que los miembros de los ejes y círculos o los delegados de cultura de los partidos convencionales conozcan y entiendan nuestra situación actual y nuestra historia; si estamos soñando que van a superar los prejuicios y lugares comunes con que han visto siempre el arte contemporáneo; si creemos que los que lleguen al poder van a anteponer el interés común al del partido o al personal; si estamos esperando que los sectores duros, esos que desprecian el arte y se cachondean de los artistas, se vuelvan tolerantes de la noche a la mañana y acepten la diversidad de la creación actual; si de verdad estamos soñando con el advenimiento mágico de un mundo maravilloso, vamos a sufrir un amargo despertar. Somos nosotros, la comunidad artística, quienes debemos hacer un análisis crítico y aportar soluciones.

[1] http://goo.gl/aCvVhO
[2] http://www.madrid.org/wleg/servlet/Servidor?opcion=VerHtml&nmnorma=4978&cdestado=P
[3] http://www.eldiario.es/politica/Esperanza-Aguirre-millones-promocionar-crisis_0_254775212.html
[4] http://elpais.com/diario/2007/04/14/catalunya/1176512851_850215.html
[5] http://www.antimuseo.org/textos/comunicados/gallinejas.html
[6] http://esferapublica.org/nfblog/arco2015/
y
http://www.elcultural.es/revista/arte/El-negocio-de-la-Feria-de-arte/34139
[7] Ver el primer comentario en:
http://esferapublica.org/nfblog/arte-y-politica-en-el-melancolico-callejon-de-las-aporias/
[8] "¿Como se consigue arrimar la cultura a la sociedad?
De entrada, mirando qué se está haciendo en este momento al margen de las instituciones. Como esta calle [Doctor Fourquet], que de manera espontánea se ha llenado de galerías sin subvenciones ni ayudas públicas."
Leer más:  El Confidencial, 11/11/2014: Queremos acabar con la ‘hipsterización’ de la cultura  http://bit.ly/1AsRf6E
(Lo más chistoso es que Doctor Fourquet se llenó de galerías por la presencia del Reina, nada espontáneo ni gratuito, y dentro del proceso de gentrificación de Lavapiés.)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Qué espacios de arte NO necesita Madrid - parte 1

Una de las cuestiones que van a ser verdaderamente interesantes cuando los partidos políticos empiecen a aterrizar sus programas en propuestas concretas, es qué van a hacer con las instituciones creadas por el Partido Popular. ¿Cómo regenerar, en el caso de que eso sea posible, Matadero, CentroCentro, CA2M o el Conde Duque? Y por otra parte, qué hacer con la red de centros culturales del ayuntamiento, que sin duda cumplen una función para la ciudadanía, pero no la que su nombre anuncia: cultura. Tras la reforma de las instituciones públicas hay además otras muchas preguntas que responder: situación de los trabajadores y colaboradores (¿autónomos, funcionarios, precarios a secas?), órganos de control y gobierno, normas de contratación, una guía ética para el trato con los artistas…

Por poner un ejemplo, las buenas intenciones expresadas por los representantes nacionales de Podemos en una reciente rueda de prensa [1] pueden estrellarse contra la realidad de unas instituciones descomunales, en gasto que no en contenido, y unos presupuestos exangües. Cerrar estos centros se me antoja deseable pero seguramente es imposible. Mejorarlos difícil, porque han sido concebidos desde intereses ajenos al arte y la cultura. Si pensamos en sus ubicaciones, la arquitectura, el tipo de espacios expositivos, sus vínculos con la sociedad en general y con el mundo del arte en particular, su organización interna, su estructura legal… Todo se ha hecho para evitar la intromisión de la sociedad civil y la emergencia de una cultura crítica. Medialab ha sido quizás la única excepción. Tabacalera es de titularidad nacional.

Es obvio que el primer paso para reorganizar las políticas culturales del Ayuntamiento es desmantelar Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, S.A. (antes Madrid Arte y Cultura Sociedad Anónima), nombres que darían risa si no hubiesen causado tanto dolor. Los centros deben volver al ámbito de lo público y es desde allí, desde la concejalía de cultura, desde donde debe decidirse si pueden tener una personalidad jurídica propia o si se debe desarrollar un nuevo marco institucional para administrarlos. Yo desconozco la legislación al respecto, pero no tengo duda de que en ella encontraremos todo tipo de obstáculos al cambio, porque las leyes están hechas con inteligencia, pero con una inteligencia perversa. La necesidad de coordinar las políticas de la CAM y el Ayuntamiento es así mismo evidente, incluso de crear una figura permanente que permita un mejor aprovechamiento de los recursos y evitar duplicidades. Durante las legislaturas del PP se fabricó un enfrentamiento entre ambas administraciones que impidió el desarrollo de programas comunes y mucho menos la creación de una fundación, fideicomiso, aunque creo que esta figura no existe en España, o similar para la promoción de la cultura.

Los dos espacios estrella del ayuntamiento son el Matadero y CentroCentro. Por cierto, la persona que Gallardón tenía encargada de pensar nombres debería hacerse ver, porque no está bien. Matadero nació vinculado a una gran operación inmobiliaria: la demolición del estadio Vicente Calderón y la fábrica de Mahou para construir viviendas de renta alta. Tras 10 años de recursos, crisis y demoras, el Ayuntamiento ha conseguido aprobar la construcción de dos rascacielos residenciales, entre otros edificios, y un hotel de 27 plantas [2]. Los madrileños hemos contribuido muy generosamente a este negocio, porque el soterramiento de la M30 y el parque Madrid Río eran parte de la estrategia, junto con Matadero: unos 5.000 millones de euros, tocamos a mil y pico por cabeza. En 2005, en el curso de las reuniones que citaba hace dos semanas [3], Juanjo Echevarría y Juan Carrete nos propusieron que trasladásemos nuestras actividades al Matadero, aún por inaugurar. Ninguno de los colectivos que participamos en los encuentros quisimos involucrarnos con el Matadero, por razones que no es necesario enumerar. Intermediae se creó como una réplica a nuestros proyectos, para apropiarse el espacio social y cultural que habíamos creado y desactivarlo. No creo que ni Juanjo, ni Juan, ni nadie en el Ayuntamiento, supiesen con anterioridad a los Encuentros que existían este tipo de espacios. Por aquellas fechas conocí a Simancas, quien tampoco había oído hablar nunca de una escena alternativa de arte contemporáneo.

Ahora Matadero está controlado por Madrid Destino y parte de sus espacios los gestionan entidades sin ánimo de lucro: la asociación de diseñadores, AVAM, la fundación Ruipérez [4]… En los últimos años se dio entrada a multinacionales de bebidas como patrocinadores de programas específicos [5], que finalmente han desaparecido. Pero quitando el Teatro Español, creo que el nivel de las actividades de este mega centro no justifica el gasto de un solo euro. Dar sentido y viabilidad — pero sobre todo sentido — a una infraestructura de estas dimensiones y costes va a ser todo un reto para quien gane la alcaldía de Madrid. La verdad es que no espero nada bueno.

CentroCentro no responde a nada: ni necesidades culturales, ni servicio a la ciudadanía, ni responsabilidad con los recursos… Era otra fantasía imperial de Gallardón. Como Matadero, de lo primero que carece es de sentido. Es un lugar muy grande y muy bonito donde se desarrollan actividades culturales sin pies ni cabeza. Y grandes fiestas. Nunca tuvo un proyecto museológico, ese documento en el que se explica el porqué de la inversión y de los programas. Substituyó al Museo de la Ciudad, el peor museo de Madrid durante décadas, sin acertar a plantear una línea de trabajo coherente sobre su tema: la ciudad. Está claro que desarrollar un programa sobre los fenómenos urbanos que se están produciendo al hilo de la globalización y la transformación del capitalismo sobrepasa las capacidades de nadie que haya pasado hasta ahora por CentroCentro, el Área de las Artes y no digamos Madrid Destino. Por lo demás los espacios son inmanejables museográficamente. Yo se lo alquilaría a una multinacional de moda y con ese dinero financiaría no sólo un centro de estudios de la ciudad, sino todo un sistema de apoyo a la creación.

El Conde Duque estuvo en obras durante los años gloriosos de Gallardón y cuando por fin pudieron abrir de nuevo la fiesta ya había acabado. Alberga entre otras cosas el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, que se acaba de re-inaugurar. La colección es un desastre, aunque quizás no peor que la del CA2M. La ausencia de un museo que recoja la historia del arte moderno y contemporáneo de Madrid, al menos desde la primera aparición de movimientos vanguardistas en la II República, es una muestra más de la desidia e ignorancia de nuestros gobernantes. No tiene sentido además que haya un museo de la CAM y otro del Ayuntamiento, salvo porque así se gasta más dinero en obras, contratas y chanchullos varios. El 99% de la producción artística de Madrid se ha realizado en la capital, y aunque es muy deseable que se funden y potencien centros de arte en otras ciudades de la Comunidad, hablar de arte madrileño es sobre todo hablar del arte de la ciudad de Madrid.

Una compulsión curiosa de los espacios creados por el PP es la multifunción. Ninguno de estos centros es específicamente un centro o museo de arte contemporáneo. Son recintos que incluyen museos, archivos, teatros, que organizan conciertos, fiestas, ferias… se trata de un fenómeno que refuerza la tendencia hacia el parque temático como modelo de gestión, y aunque en algunos casos puede tener sentido la agregación de campos culturales, a lo que conduce en realidad es a una pérdida de identidad de las instituciones.

Hay que decir que en otros tiempos hubo una serie de centros en Móstoles, Leganés y Alcorcón, no sé si también en Getafe, que formaron colecciones bastante buenas. No sé que ha sido ni de estos centros ni de las colecciones, pero seguramente el interés por construir infraestructuras mayores, es decir, por el negocio de la construcción, los ha dejado arrinconados.

El Ayuntamiento cuenta además con otras instalaciones, como el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa — otro nombre digno de estudio — o una red de centro culturales de distrito que se dedican sobre todo a impartir talleres y cursos sobre los temas más variados. Como decía al principio, éstos sí cumplen una función, aunque no sé si llamarla cultural. Para ser precisos deberían llamarse centros sociales y sería necesario que en paralelo a ellos hubiese en Madrid una red de centros dedicados a las culturas contemporáneas, capaces de ofrecer otros contenidos y dirigirse a otros públicos. Este es un papel que idealmente harían a la perfección los centros autogestionados — como centros de experimentación social y política — y los espacios independientes de arte, que tienen la potencialidad para desarrollar y difundir el amplio espectro de la cultura visual del presente. Articular una política que desarrolle una red de espacios con esta vocación no me parece tan difícil como rescatar los monstruos que vamos a heredar del largo periodo de gobiernos del PP, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de inmuebles vacíos propiedad del Ayuntamiento. Otra cosa es que exista un político a quien le interese realmente la aparición de un pensamiento crítico e independiente, o que sea capaz de ceder cuotas de poder a la sociedad sin interponer instrumentos de control.

(Continúa la semana que viene)


[1] Rueda de prensa del 22/01/2015 http://youtu.be/HyCOuVDaf4E
[2] http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/02/madrid/1404330114_604339.html
[3] http://antimuseo.blogspot.mx/2015/01/el-margen-como-espacio-de-apertura.html
[4] Plano del Matadero: http://www.mataderomadrid.org/mapa
[5] Por ejemplo la Red Bull Music Academy hace unos años.
http://www.mataderomadrid.org/ficha/993/red-bull-music-academy.html

jueves, 5 de febrero de 2015

Qué espacios de arte necesita Madrid?

Madrid no necesita un centro de arte estrella. Ya tenemos bastante con el Reina (que quizás funciona pero es un monstruo), con Matadero o CentroCentro, (que sin duda son monstruos y no funcionan) o con el CA2M, que ni siquiera se sabe bien lo que es. Ya hay suficientes espacios de ocio cultural, que como antaño las iglesias proporcionan a su público el opio amable de una experiencia estética carente de aguijones críticos. Que sustituyen el riesgo de la experimentación por un saber académico verdaderamente estéril. Que no nos confrontan con nosotros mismos, con los mitos que nos sujetan al poder y que muchas veces celebramos sin querer. No necesitamos otro espectáculo, fuegos artificiales, inauguraciones suntuosas donde el arte sólo es el marco ideal para que los políticos se hagan la foto.

Los gobiernos de Madrid, el de la Comunidad Autónoma y los de todas las ciudades y pueblos que la integran, empezando por la capital, deben apoyar la apertura y el desarrollo de espacios gestionados por la sociedad civil, recuperar el trabajo que tantas personas hemos realizado a contracorriente desde finales de los 80 y apoyarse en él para impulsar una nueva política cultural que no se base más en el modelo del parque temático gigante, sino en una estructura dispersa, guerrillera, heterogénea en sus posicionamientos y contenidos. El museo diseminado en la ciudad. Lo micro frente a lo macro. No sólo se hará mejor arte, no sólo se llegará a muchos más sectores de la sociedad, no sólo se estimulará la creatividad, sino que será infinitamente más barato que mantener edificios de miles de metros cuadrados, con amortizaciones exhorbitantes por su construcción o rehabilitación y gastos millonarios en calefacción, seguridad, limpieza y sueldos. Sueldos que en muchas ocasiones tienen más de prebenda política que de retribución por un trabajo altamente cualificado. Ejemplo, asesores con 6.000 euros al mes más dietas, como en su momento hubo en la Comunidad de Madrid (las dietas porque no eran de Madrid, claro, ¿para qué necesitas que un asesor de cultura conozca la ciudad?).

La experiencia está. Sólo hay que recordar lo que han aportado y aportan a esta ciudad Espacio P, Estrujenbank, El Legado Social de Def con Dos, el Ojo Atómico/Antimuseo, Cruce, Circo Interior Bruto, Garaje Pemasa, Liquidación Total, La Enana Marrón, Off Limits, Espacio Naranjo, y un largo etcétera. O en otros formatos, proyectos editoriales como Brumaria o La Más Bella, por citar dos radicalmente distintos, pero que han sabido mantenerse a flote durante más de 20 años. O los proyectos casi inasibles de performance en espacio público, desde los tiempos de Pedro Garhel a la Revista Caminada, o las sutiles inscripciones de Isidoro Valcárcel Medina en la piel de Madrid. Es un derroche de trabajo, imaginación y talento que se ha realizado durante tres décadas largas al margen del mercado y las instituciones, aunque paradójicamente es esta energía la que a mantenido a flote el precario perfil creativo de la capital. Sin todo lo que nosotros hemos hecho y hacemos, nuestra ciudad tendría ahora el mismo pulso artístico que la terminal de un aeropuerto.

Los espacios independientes de arte son esenciales. Sobre todo en esta era de relaciones desmaterializadas y mediadas por tecnologías que pertenecen a corporaciones multinacionales. Porque, cito aquí al arquitecto griego S. Stavrides, debemos comprender que el espacio no es un mero contenedor de la sociedad, sino un elemento formativo de las prácticas sociales [y culturales]. Imaginar un futuro distinto significa por tanto que intentemos experimentar y conceptualizar espacialidades que puedan contribuir a crear relaciones sociales diferentes. De poco sirven estas experiencias trasladadas a los museos — debo añadir — porque éstos llevan en su ADN el gen disciplinario del Estado.

Como he dicho antes, la experiencia existe, las redes permanecen, las ideas aguardan vibrantes en nuestras cabezas. La energía contenida, reprimida, perseguida durante los 30 años de gobiernos del PP, no se ha extinguido. Una generación tras otra nos hemos lanzado contra el mismo muro, pero la verdad es que nunca conseguimos derribarlo. La cultura en Madrid se ha gestionado de una manera opaca, arbitraria y sospechamos que corrupta.

Hoy todos presentimos que estamos en momentos de cambio, pero el cambio debe ser profundo. No basta con substituir a directores de museos, consejerías o áreas de gobierno. Al contrario que en el dicho popular, tendríamos distintos perros con los mismos collares. Pero son precisamente esos collares los que hay que desechar (con sus canes incluidos, claro). No basta con pronunciar vagos lineamientos progresistas para la cultura, reivindicar el derecho, la horizontalidad, la transversalidad y la participación. Hay que dar la palabra a la sociedad. Pero la sociedad no habla con una sola voz. Si queremos escuchar la polifonía de un mundo sometido a grandes  presiones, debemos evitar que se instituya un nuevo poder centralizado en la cultura.

Este debe ser un objetivo prioritario para las asociaciones y colectivos que forman la base creativa de Madrid. El poder, sea cual sea su cara, tiende a instituir hegemonías porque su esencia es el dominio. Para regenerar el tejido creativo de Madrid debemos organizarnos y planear estrategias que nos permitan contrarrestar esa previsible deriva. La mayoría no debe sofocar las voces de las minorías, porque precisamente es la aceptación de las minorías lo que da sentido a la democracia. Y también porque la mayoría nunca es tal, por el contrario, es un cuerpo social vivo y contradictorio que todos compartimos y rechazamos al mismo tiempo. Si queremos que en nuestra ciudad el arte y la cultura jueguen un papel que transcienda a lo social y a lo político, debemos crear los instrumentos de diálogo necesarios para que las instituciones no vuelvan a usurpar el lugar de la sociedad civil en la creación.