Carta sobre las políticas culturales en tiempos de COVID

CIIA/Antimuseo y la Fundación Mosis queremos compartir con los artistas visuales y asociaciones culturales de Madrid el siguiente documento, que se remitirá a la Delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy, a la consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, así como a los vocales de cultura de los demás partidos con representación en el Ayuntamiento y la Asamblea de Madrid. Os invitamos a valorar las reivindicaciones que se presentan en él y, en su caso, firmarlo a través de este formulario: https://forms.gle/jQ4RCUejAzWY9wXT9

Los artistas visuales y asociaciones culturales de Madrid abajo firmantes

MANIFIESTAN:

1º La denominada Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo de Madrid, constituida el pasado 8 de octubre, declara en su documento fundacional que “se constituye como una plataforma abierta, inclusiva y participativa, que aglutina y representa a todos los colectivos profesionales del arte contemporáneo en el territorio de la Comunidad de Madrid.“
Esta afirmación es falsa, ya que el tejido asociativo del arte de Madrid está compuesto por decenas de pequeñas asociaciones que mantienen espacios de experimentación, organizan exposiciones y festivales, gestionan programas internacionales de residencias artísticas, editan publicaciones especializadas en papel o virtuales y desarrollan todo tipo de proyectos innovadores, de tal manera que son ellas las que constituyen el sustrato esencial del arte de nuestra ciudad y comunidad autónoma. La Mesa no ha realizado una convocatoria pública ni se ha dirigido a este tejido para consensuar el documento citado. En Madrid viven y trabajan además varios miles de artistas, la mayoría de los cuales no pertenecen ni se sienten representados por ninguna asociación

2º Ninguna de las asociaciones que integran la Mesa cuenta con la declaración de Utilidad Pública, por lo que sus fines no se establecen en beneficio de toda la sociedad, sino sólo de sus socios. Además, al carecer de esta declaración, ni sus datos ni cuentas son públicos, por lo que es imposible comprobar el número real de socios de cada una. Por último, no está claro que todas las que figuran estén legalmente constituidas y registradas como asociaciones culturales.

3º La mesa sectorial propone una serie de “medidas concretas destinadas a impulsar el desarrollo del arte contemporáneo” en nuestra Comunidad. Entre ellas queremos destacar las correspondientes a los objetivos 8 (acciones específicas para la promoción y difusión de la producción artística contemporánea) y 9 (Fomentar una información rigurosa y de calidad sobre arte contemporáneo en los medios de comunicación):

1- Constitución de una red regional de centros de recursos para las artes visuales, centros de investigación, de producción y residencias artísticas.
2- Desarrollo de programas específicos para la movilidad y participación de los distintos profesionales del sector.
3- Realización de programas de formación continua para los profesionales que estén ocupando puestos en las administraciones públicas (…)
4- Creación en las televisiones y radios públicas de programas informativos, divulgativos y de debate que traten la creación contemporánea de forma rigurosa y en profundidad, de manera continuada y en horarios normalizados de audiencia.
5- Fomento de las publicaciones especializadas sobre arte contemporáneo de Madrid (…)

Ninguna de estas medidas redunda en beneficio directo de los artistas, que son la parte esencial del sistema del arte, a la vez que la más vulnerable. Una vez más ponen el foco en la distribución del arte, dejando la creación en el abandono, lo que a la larga hace que los artistas produzcan menos obra y de peor calidad.

- Respecto al punto 1, la creación de una red de centros de arte supone una inversión desmesurada, sobre todo en la situación de crisis en que nos encontramos debido a la COVID, que requerirá la contratación de numeroso personal especializado, de los mismos ámbitos profesionales que los integrantes de las asociaciones que constituyen la Mesa, a costa de políticas que ya existen y que son más necesarias. Estos centros competirían además con los que ya existen en Madrid, gestionados por otras asociaciones culturales que no forman parte de la Mesa, y que reciben financiación de ambas administraciones a través de convocatorias públicas de subvenciones.
- Respecto al punto 2, las ayudas a la creación del Ayuntamiento de Madrid ya incluyen la movilidad, por lo que no entendemos la necesidad de crear nuevos programas, sino de mejorar los existentes, como ya estaba previsto.
- Respecto al punto 3, Consideramos que los profesionales contratados por las administraciones públicas cuentan con la formación necesaria, así como los funcionarios, y de nuevo nos preocupa que el presupuesto de estos programas acabe recayendo en los miembros de las asociaciones que forman la Mesa.
- El punto 4, creación de programas de televisión y radio, no sólo es inviable económicamente, sino va contra las políticas de digitalización e innovación tecnológica que impulsan todas las administraciones. La creación de contenidos audiovisuales, especialmente si son para Internet, puede concurrir además a las ayudas que convocan anualmente tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid.
- Y respecto al quinto y último, las asociaciones y particulares que editan publicaciones especializadas pueden concurrir a las ayudas que convocan anualmente tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid, y de hecho son varias las que lo hacen.

En conclusión, tememos que las propuestas de la Mesa Sectorial, de ser adoptadas por las administraciones públicas de Madrid, consuman íntegramente los recursos que ahora se están destinando a los creadores, tanto a través de las Ayudas a la Creación, que desaparecerían, como con las adquisiciones realizadas por la Comunidad en los últimos meses.

Y por tanto,

SOLICITAMOS

1º Que no se considere la Mesa Sectorial como el único interlocutor legítimo entre los artistas y demás agentes de la creación visual y las administraciones públicas, y menos con la exclusividad que se deriva de su documento.

2º Que se inicie un proceso de mapeado y diálogo con el tejido asociativo de Madrid para comprender su situación en el contexto de la pandemia y la subsiguiente crisis económica, y se diseñen de manera colectiva otros órganos de diálogo distintos de la mesa y del Consejo de Cultura, más flexibles y adecuados a la realidad del sector.

3º Que se refuercen y mejoren las políticas ya existentes tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad, en especial las Ayudas a la Creación y para Asociaciones y otras entidades, que recaen directamente en los artistas y garantizan la vitalidad de la creación madrileña.

4º Que se dé continuidad a la adquisición de obras de arte por convocatoria pública, con inclusión de los artistas no representados por galerías, como se ha hecho este mismo año en la Comunidad de Madrid.

5º Que se establezca el pago obligatorio por exposición como un derecho de los artistas, cuando haya financiación pública, y se inicie un diálogo con los artistas, colectivos y asociaciones de Madrid para determinar el  sistema de cálculo, tal como se está haciendo en todos los países de nuestro entorno.

Si estás de acuerdo con los contenidos de esta carta, puedes firmar en:  https://forms.gle/jQ4RCUejAzWY9wXT9

 

FIRMADO

A) Asociaciones y otras entidades

  1. Centro de Investigación sobre la Institucionalidad del Arte A.C. Reg. Nac. Nº 613351 antimuseo2@gmail.com 
  2. Fundación Mosis, Modelos y Sistemas; Arte y Ciudad. Reg Nº845 fundaciones janaleo@fundacionmosis.com


B) Artistas y colectivos

  1. Tomás Ruiz-Rivas - www.antimuseo.org 
  2. María María Acha-Kutscher - www.acha-kutscher.com y www.herstorymuseum.org 
  3. Jana Leo - https://janaleo.com/











La Mesa Sectorial: ni agua para los artistas

Antes escribía estas cosas con entusiasmo, es decir, me alentaba la fe en el arte, o en que si los artistas nos uníamos, podríamos mejorar no sólo nuestra situación, sino la “calidad” misma de la creación visual en España, que está secularmente lastrada por pésimas políticas culturales, instituciones regidas por intereses espurios, escuelas desastrosas y, en definitiva, una cultura de la corrupción donde la amistad, el compadreo, el “y tú de quien eres”, valen más que el trabajo honesto y el criterio ecuánime. Ahora no, lo hago como por obligación, porque creo que debemos denunciar las situaciones que nos conducen no sólo a hacer un peor arte, sino a construir una peor sociedad,  y, en consecuencia, a ser peores personas. Y que debemos hacerlo cada uno en nuestro campo, en las distancias cortas, donde es más difícil pero más efectivo, porque hablar mal de Donald Trump o de los supermillonarios no arregla nada, aunque eso sí, nos sale gratis.

El motivo de este comunicado, tras tan prolongado silencio, es el documento que la autodenominada Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo de Madrid (MSACM en adelante) ha publicado con motivo de su refundación, tras el frustrado intento de 2015, que ya comenté en su momento. Una de las cosas más curiosas de este documento es que es casi idéntico al anterior. Hay párrafos que han copiado sin modificación alguna (pueden consultar el primero aquí: https://drive.google.com/file/d/1GIrxIee-gyK_FDJ_CZfsMatN9ay4GGgc/view?usp=sharing o pedírmelo por email, mensaje, etc.). Es como si dijesen: —Bueno, aquel lo hicimos tan mal que tuvimos que desistir de seguir adelante con él, pero ahora que gobierna el PP igual con una blanqueadita conseguimos colarlo.—

El documento surge en un contexto similar al de aquellos momentos: una profunda crisis económica y la aparición en el horizonte de cuantiosos recursos públicos. En 2015 esta reaparición se debía a la reactivación de nuestra economía y al cambio político en Madrid; el gasto en cultura, tras largos años de sequía, volvería a incrementarse y había que estar atentos para pescar algo. El momento actual no hace falta explicarlo, el arte está en caída libre: los museos vacíos y en quiebra, la ferias canceladas, las administraciones públicas endeudadas hasta las cejas. Las cosas se van a poner muy mal para los que nos dedicamos a esto, pero… ¡Bienvenido Míster Marshall! Los fondos europeos, esos 140.000 millones que nos tienen más ansiosos que Gollum con el anillo, van a salpicar a nuestro pequeño mundo. Aunque sea una parte ínfima, sabemos que hay otras prioridades, para nosotros significará una diferencia. La reconstitución de la MSACM hay que entenderla como un primer posicionamiento para sacar tajada de este pastel. En principio esto no tiene porque estar mal. El arte madrileño, como el del resto de España, va a necesitar ayuda. Muchos artistas ya estaban antes en una situación muy delicada, que empeoró aún más con la crisis financiera. No sólo es la imposibilidad de continuar con nuestras carreras, de mantener estudios, de producir nuestra obra. Nos enfrentamos a una situación en que la supervivencia misma va a ser difícil. Estamos hablando de un tejido creativo en riesgo de pobreza. El problema es que los artistas, precisamente los artistas, se han quedado fuera de los grandiosos planes de la Mesa. Una vez más, como en 2015, a los creadores no nos dejan ni las migas.

No voy a analizar todo el documento, porque no acabaría nunca, pero explicaré por qué digo esto:

1º) La mesa se presenta a sí misma como representativa de TODO el mundo del arte de Madrid, cuando no lo es. Se trata de una afirmación falsa y lo saben. La inmensa mayoría de los artistas de Madrid no estamos representados por ninguna asociación. AVAM es una asociación minoritaria, todos sospechamos que apenas le quedan socios, y la verdadera estructura asociativa del tejido creativo, esto lo saben también, consiste en una miríada de pequeñas asociaciones culturales, cuyo objetivo no es gremial o corporativo, sino de gestión. Recordemos que la Plataforma para el Fondo de las Artes de Madrid la formaron cincuenta de estas asociaciones, y no estaban todas ni de cerca. Estas asociaciones, integradas casi exclusivamente por artistas, constituyen el verdadero tejido creativo de nuestra ciudad y comunidad autónoma, y cualquier intento de establecer un diálogo entre las administraciones públicas y los agentes artísticos debe dirigirse a ellas e implementar fórmulas de participación que vayan más allá de las apolilladas mesas sectoriales.

2º) Hay un capítulo titulado “Recursos económicos y financiación”, que señala como objetivo recuperar los presupuestos anteriores a 2009 (es que lo han copiado de la de 2015) y luchar de forma contundente contra la precariedad del sector. Para alcanzar estos objetivos propone dos acciones:

- Mantenimiento y mejora de los recursos dedicados a los museos y centros de arte contemporáneo.
- Reactivación de los consejos de cultura.

¿Vamos a luchar contra la precariedad, que se ceba sobre todo en los artistas, mejorando los presupuestos de los museos y centros de arte, donde con frecuencia ni siquiera nos pagan por exponer? Cuando leo esto, no puedo dejar de imaginarme ese globito con los pensamientos ocultos que sale en los dibujos animados: “Vamos a pedir más recursos para los museos, que es donde los curadores, gestores, críticos, académicos, incluso las galerías, podemos ganar dinero”. El segundo punto no tiene que ver con los Recursos que alude el título de la sección, sino con un reforzamiento del poder de estas mismas asociaciones. Hay que atar las cosas bien atadas.
 

3º) El capítulo 3 se titula “Educación y política cultural para las artes visuales”. No entiendo bien la combinación de términos, porque todo el documento trata sobre políticas culturales, pero bueno. Incluye cuatro objetivos, de los que vamos a comentar dos:

8, Desarrollar, en el marco de la política cultural, acciones específicas para la promoción y difusión de la producción artística contemporánea. Atención, no dice “acciones específicas para la producción artística”, sino sólo para su promoción y difusión. El dinero no es para quienes hacen el arte, sino para quienes lo gestionan. Las acciones previstas son coherentes con este principio, pero entran en el campo de lo delirante:

- Constitución de una red regional de centros de recursos para las artes visuales, centros de investigación, de producción y residencias artísticas. Y se ve el globito de los pensamientos: “…que dirigiremos nosotros”.
- Creación de un Portal de la Creación, “…que gestionaremos nosotros”.
- Desarrollo de programas específicos para la movilidad, “…que aprovecharemos nosotros”.

El objetivo 9 es Fomentar una información rigurosa y de calidad sobre arte contemporáneo en los medios de comunicación, y las acciones previstas, heredadas del documento de 2015, van un paso más allá.

- Creación en las televisiones y radios públicas de programas informativos, divulgativos y de debate, “…que dirigiremos nosotros y donde saldremos nosotros”. Es patético que junto a las ganas de salir en la tele, un deseo de por sí deplorable, exhiban su desconexión con el mundo actual, porque hoy la información fluye por Internet y las redes. Quizás son demasiado vagos o demasiado torpes para crear un canal de Youtube o mantener un blog, o quizás vean más fácil cobrar un buen dinero en un programa en la televisión pública, pero en cualquiera de los casos, este no es el camino.
- Fomento de las publicaciones especializadas sobre arte contemporáneo, “…que dirigiremos nosotros y donde escribiremos nosotros”. Podría ensañarme, pero lo vamos a dejar aquí.


 

Hay dos puntos que se han olvidado, y quizás sean los más importantes si queremos que haya creación artística en Madrid: el mantenimiento y mejora de las ayudas a la creación y la obligatoriedad del pago a los artistas en todas las exposiciones que cuenten con financiación pública, mediante un sistema de cálculo como los que se están implantando en otros países de nuestro entorno.

El tema de las ayudas a la creación (subvenciones y becas) nunca ha contado con el apoyo de estas asociaciones. Yo llevo luchando por ellas desde 2005, y puedo decir con orgullo que, junto con otras personas, contribuí de manera significativa a la creación de las de Matadero en aquella época, y a la reforma de las ayudas que se realizó durante el mandato de Carmena y que aún existen. ¿Por qué las asociaciones gremiales con presencia en Madrid (IAC, MAV, AVAM…) nunca han apoyado a los artistas para conseguir un sistema reglado y transparente para el acceso a recursos públicos? En todos los países de la Unión Europea existen desde hace décadas, son muy cuantiosas, aunque poco a poco vayan menguando, y nadie las cuestiona. En las negociaciones con el Ayuntamiento en el periodo 2015-2019 hice una pequeña investigación al respecto: https://drive.google.com/file/d/1NJL9Wl_5D3sDuFJ5f8oG2tKcWYRjHRfT/view?usp=sharing . Recomiendo leer este documento, porque pese a sus limitaciones resulta esclarecedor.

La cuestión es que en Madrid el acceso al dinero público ha dependido siempre de los contactos directos. Si conoces a un mandamás del Ayuntamiento o de la Comunidad, puedes llamarle, explicarle tu proyecto y conseguir un presupuesto. Este procedimiento es opaco, antidemocrático y abre la puerta a todas las formas de corrupción  y nepotismo imaginables. Pero eso no parece importarles. Las asociaciones de cierto peso político cuentan además con otro instrumento, la subvención nominativa, que te dan todos los años sin que tengas que aplicar ni competir con proyectos que quizás sean mucho mejores. Las asociaciones pequeñas, las que formamos los artistas para la gestión de nuestros proyectos, estamos en desventaja en este sistema, pero los artistas, los creadores, simplemente se quedan fuera.

Se genera así una situación en la que los artistas dependemos casi absolutamente de nuestra buena relación con los miembros de las juntas directivas de estas asociaciones, que son las que van a gestionar de manera vicaria los presupuestos públicos. Estas personas, que con frecuencia ocupan simultáneamente cargos en instituciones públicas, son profesores o profesoras de universidad, escriben en la prensa, forman parte de jurados y comités, asesoran, etc., refuerzan su poder y van generando redes clientelares a su alrededor. Paradójicamente, estas mismas personas, periódicamente, se echan las manos a la cabeza y exclaman —¿Qué ocurre con el arte español? ¿Por qué se ha visto reducido a la insignificancia? ¿Qué vamos a hacer?— Y la respuesta es siempre la misma: que nos den más dinero, pero a nosotros, no a los artistas.

En cuanto al pago a los artistas, que se menciona de paso y de forma un tanto ambigua al principio del documento, es hoy un movimiento internacional. Se debe a transformaciones profundas en el sistema del arte, porque el trabajo de un artista ya no consiste en producir y vender piezas, aunque puede hacerlo. Su participación en una exposición institucional es una provisión de servicios y el concepto de práctica artística va mucho más allá del objeto. En noviembre de 2018 hubo un simposio sobre el pago por exposición en Bruselas, con la participación de asociaciones de artistas de toda Europa menos de… España. Hay un resumen de las conclusiones, y antes tenían las ponencias en un solo volumen, pero ahora se presentan con links independientes en la primera dirección (simposio). Vale la pena revisar todos estos documentos. La organización European Artist’s Rights también incluye información valiosa sobre este tema, entre otros. En el Reino Unido y en los Estados Unidos hay asociaciones que están trabajando, desde hace años, en la elaboración de un sistema de cálculo para los honorarios por exposición (http://www.payingartists.org.uk y https://wageforwork.com/home#top).

Pero estas señoras y señores, que se dicen representantes de TODO el mundo del arte de Madrid, que invocan la precariedad y que alegremente piden que las administraciones locales les paguen programas de televisión que nadie va a ver, revistas que nadie va a comprar, centro de recursos o de investigación que los artistas ya hemos creado con nuestro esfuerzo, etc., no han tenido la decencia de dejar ni una sola migaja para los creadores. Creo que las personas decentes que hay en estas asociaciones, y las hay porque las conozco, deberían retractarse inmediatamente del documento fundacional y retirarse de la mesa. Y AVAM debería disolverse de una vez, porque su posición en todas las negociaciones que hemos tenido en los últimos años ha sido en contra de los intereses legítimos de los artistas. Casi sin socios, carente de recursos para alquilar una oficina, sólo sobrevive gracias al espacio gratuito que le cede el Ayuntamiento. En esta lógica de la supervivencia, su fidelidad se inclina hacia quienes les dan de comer, no hacia los artistas. Al final, parece que sólo sirve para que el presidente de turno haga contactos y saque algún provecho. Muy triste que el sueño iniciado con AMAVI hace casi 25 años haya acabado así, pero lo cierto es que AVAM no puede contribuir a solucionar las cuestiones que nos preocupan, porque se ha convertido en un problema más para los artistas de Madrid. Un obstáculo en cualquier negociación para conseguir las mejoras que todos necesitamos.

Y sepan una cosa: puede no haber museos y haber arte; puede no haber políticas culturales y haber arte; puede no haber facultades de Bellas Artes y haber arte; puede no haber crítica ni ediciones especializadas y haber arte; puede no haber galerías ni ferias y haber arte; puede no haber mesas sectoriales ni asociaciones y haber arte. Lo que no puede ser es que no haya artistas y haya arte. Sin los artistas, no existe el arte. Y esta debe ser la premisa básica de las políticas culturales del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

TODOS CONTRA LOS ARTISTAS

Antes de empezar este artículo debo hacer una precisión: no todos están contra los artistas. VEGAP acaba de publicar una convocatoria a través de la cual va a distribuir 250.000 euros en cien ayudas, además de su programa habitual de apoyo a la creación, dotado con otros 100.000 euros, que se mantiene. Para una entidad como VEGAP, supone un esfuerzo importante y quiero felicitarlos por su iniciativa. También la Comunidad de Madrid ha tomado medidas con rapidez y acierto. ¿Quiénes son “todos” entonces? Pues el resto, empezando por el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento y continuando por nuestro Museo Nacional y Centro de Arte, el Reina Sofía.

No hace falta dar más detalles sobre el desacierto del Ministerio, que ha dotado un plan de emergencia con 76,4 millones de euros, de los cuales sólo un millón está destinado a las artes visuales y aún con condiciones. El 1,3 %, recuerden esta proporción. Hablé de esto hace dos semanas (El millón del arte). Ahora ha sido el Ayuntamiento, que por fin ha publicado su plan de emergencia para la cultura, con el significativo nombre de Aplaude:
El Área de Cultura, Turismo  y Deportes ha diseñado un plan de subvenciones destinado a mantener las estructuras culturales. Se creará una línea de ayudas de la que podrán beneficiarse teatros (1.909.000 euros), cines (1.172.500), salas de música en vivo (1.338.000 euros) y compañías de teatro, danza y circo (530.000 euros).
En el párrafo siguiente añade:
Además las salas alternativas1 y los espacios singulares dedicados a la creación contemporánea podrán optar a una ayuda bianual por programación dotada con 1.640.000 euros y 1.000.000 de euros respectivamente.
Las artes visuales aparecen por fin en la página 9: 100.00 euros para adquisiciones del Museo de Arte Contemporáneo municipal (?), durante la semana de Apertura. Es decir, 6.589.500 € para artes escénicas y mundo del espectáculo, un millón en un rubro de gran vaguedad, y 100.000 euros para las artes visuales, vía compras a las galerías. Pero, a falta de más datos, 80.000 de estos 100.000 euros ya estaban previstos en la subvención a “Actividades de promoción de las artes visuales en galerías y espacios de arte”, en principio para ir a ferias de arte. Así que en realidad parece que la cantidad extraordinaria que el plan de emergencia asigna a las artes visuales es de 20.000 €. Nos toca el 0,3 %.

Los artistas hemos desaparecido de las políticas culturales del Ayuntamiento.

El trabajo que desarrollamos entre 2015 y 2017 en la Plataforma para el Fondo para las Artes de Madrid ha sido liquidado de un plumazo. Entonces, en 2017, cuando Getsemaní de San Marcos asumió la Dirección General de Promoción de la Cultura, existía ya la idea de reformar las ayudas a las artes escénicas, con el fin de actualizar sus bases y aumentar las dotaciones. En una conversación informal le dije a Getsemaní que no podían dejar fuera a los artistas visuales y le conté cómo se crearon las ayudas de Matadero, diez años antes. A partir de aquí empezaron unas conversaciones, no siempre fáciles, que culminaron con la convocatoria de las primeras ayudas en 2018. Hay que decir que en estas negociaciones no contamos con el apoyo ni de AVAM, ni del IAC, ni de MAV.

Aunque sigue vigente el Plan Estratégico de Subvenciones 2019-2020, lo que ha presentado ahora el Ayuntamiento no parece un plan de emergencia, sino una reforma del sistema de ayudas a la creación que con tanto esfuerzo conseguimos plasmar entonces en las convocatorias que todos conocéis. Esta afirmación entra en el terreno de las suposiciones, porque no tengo manera de obtener una información fiable sobre los planes del Área de Gobierno de Cultura, pero por lo que podemos aventurar, las políticas culturales vuelven a su cauce, donde siempre han existido cuantiosos apoyos a las artes escénicas y los artistas visuales quedamos una vez más sumidos en el olvido. Dudo mucho que salga la convocatoria de Ayudas a la Creación en 2020, y menos aún en 2021, cuando nuestras administraciones públicas estén bajo la supervisión de la Unión Europea debido a sus altas tasas de endeudamiento. Al igual que el Ministerio, el Ayuntamiento no se pregunta quién hace, con qué dinero y en qué condiciones las obras que las galerías llevan a las ferias. Ni mucho menos si existe un escenario de creación experimental que quizás tarde décadas en salir al mercado, pero que es la base y la substancia del arte de una sociedad.

En un alarde de iniquidad el Ayuntamiento anuncia además que se cederán espacios públicos para los artistas plásticos: a la puta calle y trabajando gratis, para que nos entendamos.

El plan Aplaude es aún una declaración de intenciones, no sabemos cómo si fijará en los decretos y convocatorias correspondientes, pero nos indica el camino. En nuestro caso, artistas visuales, es el de la puerta.

¿A quién podemos recurrir? La Comunidad ya ha establecido sus límites, muy estrechos, y es de suponer que el año que viene los recursos sean aún más escasos. Ni el Ministerio ni el Ayuntamiento van a mover un dedo por nosotros. ¿El Reina Sofía? Al fin y al cabo es el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Tan largos apellidos hacen pensar que su cometido es apoyar e impulsar el arte español. Y al suspender parte de la programación es posible que les sobre algo de su multimillonario presupuesto (treinta y nueve millones y medio para 2020, el 1,3% supondría una inyección de medio millón). Pero resulta que no. En la entrevista realizada por Marcelo Éxposito (qué sorpresa) a su director, Manuel Borja Villel, el catálogo de grandes conceptos que exponen con autosatisfacción (museo-hospital es el mejor) no contempla involucrar a los artistas españoles en la “renovación” del museo en ese futuro post-COVID que nos espera. Para Borja Villel el museo es el gran productor de significado, asume una función preceptiva: su cometido, o su privilegio más bien, porque es una cuestión de ejercicio del poder, consiste en definir qué es el arte, cuáles son los lenguajes/prácticas/contenidos legítimos e incluso establecer el lenguaje con el que debemos hablar de arte, porque como bien dice, a través de éste se alcanza el control de la subjetividad.

También declara ser crítico “con este arte excesivamente discursivo donde el hecho artístico se transforma en una ilustración”, pero lo cierto es que se dirige a una comunidad imaginaria –de nuevo el pueblo como secreción de la intelectualidad– que sólo existe en su cabeza y en la de los académicos que lo rodean, no a la comunidad de los artistas que justifican la existencia de un “Museo Nacional Centro de Arte”. Una multitud (es el término que ha substituido a pueblo) que sólo pueden exhibir en formato de muestra de laboratorio, recurriendo a diversos colectivos de Lavapiés en un ejercicio continuado de simulacro. El Picnic de que comenté hace dos semanas es un buen ejemplo: una merendola para treinta migrantes racializados reduce a magnitudes manejables la complejidad de las relaciones postcoloniales, sus conflictos con una institución colonialista en su esencia y exorcizan la turbia relación del museo con las industrias culturales, el turismo y la patrimonialización de la creación artística.

De igual manera, habla de la “gran precarización de los sistemas culturales”, pero no de cómo su propia gestión al frente del Reina está contribuyendo a invisibilizar y empobrecer a los artistas españoles, sobre cuyo trabajo no ha sido capaz de desarrollar las narrativas necesarias para situarlo en la historia, ni de proponer sentidos para una obra —entendida ésta como la producción colectiva de arte— que por definición es elusiva, contradictoria y a veces molesta. Quizás porque para él “De lo que se trata es de reinventar los modos de producción para construir nuevos tipos de espacios mediante otras formas de relacionarnos”. Que significa: “indicar a nuestros fieles lo que tienen que hacer para rellenar este museo que parece a la deriva sin alterar las relaciones jerárquicas de siempre”.

En fin, parece como si hubiese una conspiración de amplio alcance para acabar con el arte español. Quizás sea el único punto donde coincide todo el arco político, de VOX a algún obscuro partido maoísta que aún quedé por ahí. Los artistas no somos nada bueno. Lo que hacemos es burgués-revolucionario-elitista-populista y caro y raro. Para mí es muy difícil comprender por qué en un país desarrollado, donde se editan miles de libros y se producen buenas películas y series de televisión, donde hay unas infraestructuras culturales enormes y carísimas, donde hay miles de funcionarios y políticos dedicados a la cultura, que consumen decenas de millones de euros en sueldos, se mantiene esta especie de inquina contra las artes visuales. Debo reconocer que me gustan muy pocas cosas de las que veo, es cierto, pero también creo que las políticas culturales no se pueden basar en este tipo de valoraciones, porque un tejido creativo que ha sido sistemáticamente maltratado durante más de doscientos años2 requiere medidas de largo plazo y, ahora sí, cuidados hospitalarios. Los mismos que nos niega el antiguo Hospital de san Carlos, hoy MNCARS, ya que sale el tema.

Quizás los políticos piensen que los artistas españoles damos lo mejor de nosotros mismos cuando nos tenemos que ir del país. Ahí está la terna Picasso-Dalí-Miró, por no detallar todos los que hicieron y siguen haciendo carrera gracias a la hospitalidad de sociedades más amables con el arte. Somos conscientes de que si Picasso se hubiese quedado en España no habría llegado a nada, pero de lo que no se habla es del motivo: esos políticos, académicos y oportunistas de variada laya, como el ministro Uribe, la concejala Andrea Levy o Borja Villel, que siguen reproduciendo los mismos modos, los mismos desatinos y las mismas arbitrariedades de sus antecesores, con los artistas como sus eternas víctimas.

Creo que esto lo tenemos claro la mayoría de los que nos dedicamos al arte por estas tierras, pero hay algo que, dentro del folletín que estamos viviendo, aún ha conseguido sorprenderme: cuando el Ministerio de Cultura publicó su plan de emergencia hubo un gran revuelo. Se enviaron cartas abiertas al ministro, se exigieron reuniones de urgencia, incluso alguien inició una campaña en Change.org para pedir su dimisión. Facebook se llenó de declaraciones indignadas, no se escatimaron descalificaciones y la prensa se hizo eco de la rabia de los profesionales del arte. Cuando el Ayuntamiento de Madrid ha hecho lo mismo, no ha abierto la boca ni dios. Silencio absoluto. El Ministerio nos dedicaba un mísero 1,3%, pero el Ayuntamiento sólo el 0,3%. ¿A quién habría que criticar con más saña?

Claro, con el Ministerio no se puede negociar nada específico, es un marco demasiado grande para apañar algún tipo de privilegio. Tampoco va a tomar represalias. El Ayuntamiento en cambio es accesible. Las mismas asociaciones que han puesto el grito en el cielo por el agravio comparativo del Ministerio, tienen buenas razones para callarse en el caso del Ayuntamiento. Antes de que consiguiésemos esas ayudas en convocatoria pública de las que hablaba al principio, existían las llamadas subvenciones nominativas, que vienen ya con el nombre del beneficiario puesto. Un dinero anual que podían recibir a dedo, sin necesidad de arriesgarse con complejas aplicaciones ni competir con todos los demás agentes culturales y asociaciones de Madrid. O locales. A estas alturas AVAM ni siquiera existiría si no disfrutase de un espacio municipal con todos los gastos pagados. Su silencio por tanto, aunque injustificable, es comprensible.


[1] Con salas alternativas se refieres posiblemente a las salas alternativas de teatro, mientras que el rubro “espacios singulares de creación contemporánea” es un cajón de sastre donde también entran los espacios independientes de arte.
[2] A principios del siglo XIX, tras desaparecer las instituciones de patronato del Antiguo Régimen, el arte español quedó huérfano de cualquier forma de protección pública, mientras que la sociedad no acababa de entrar en la Modernidad y constituir un mercado como en otros países de Europa.

EL DÍA DEL MUSEO

Hace 3 años participé en el simposio The Museum Reader, organizado por Wrong Wrong Magazine1 en Lisboa. Recuerdo que el director del MACBA, Ferrán Barenblit, terminó su ponencia proclamando: “¡La próxima revolución podría empezar en un museo!”. La verdad es que sonó bastante ridículo, porque en un museo pueden acabar muchas cosas, pero empezar, ninguna. La principal razón por la que nunca veremos estallar una revolución en un museo, o en el Museo como idea abstracta, es que es una institución disciplinaria. No sirve para liberarnos de nada, sino que contribuye a someternos. Además, no sólo es una institución disciplinaria, sino también obsoleta. Es decir, ya no cumple las funciones para las que fue inventado en pleno Siglo de las Luces, como fomentar el sentimiento nacional, difundir los valores de la sociedad entonces moderna o atenuar el conflicto entre las clases sociales mediante un espacio de representación común. Eso es lo que llamamos educar. El museo, en resumen, fue uno de los medios para la constitución del nuevo sujeto político burgués y la consolidación de su hegemonía. Hoy ninguno de estos cometidos tiene sentido en el marco de una institución cultural. Aunque el nacionalismo existe, es una ideología zombie. Puede infectar y matar, pero no fecundar, porque hace tiempo que vivimos en Estados post-nacionales. Los valores de la sociedad moderna —como el progreso o la misma cultura— están tan devaluados que nadie les da crédito. Y la lucha de clases, aunque existe y existirá, se ha diversificado de tal manera que ya no es necesario ni posible modularla por medio de la alta cultura.

Tony Bennet2 describió este carácter disciplinario del museo hace 25 años:
…una característica importante del museo público (...) consiste en el hecho de que despliega su maquinaria de representación dentro de un aparato cuya orientación es principalmente gubernamental. Como tal, se preocupa no sólo de impresionar al visitante con un mensaje de poder, sino también de inducirlo a nuevas formas de programar el yo, dirigidas a producir nuevos tipos de conducta y auto-identificación. (P. 46)
El problema es que ni siquiera esto funciona ya. Al museo le pasa como a la novela, que aún podemos leer algunas que son excelentes, pero como género está muerta. Terry Eagleton3 lo explica muy bien cuando habla de su origen:
En el siglo XVIII la literatura hizo algo más que "encarnar" ciertos valores sociales: fue un instrumento vital para su consolidación más profunda y una más amplia difusión. (P. 15)
Si existe hoy en día una narrativa que cumpla esta función, estará en los medios audiovisuales —cine, televisión— o incluso en ese mundo para mí desconocido, cosas de la edad, de los youtubers e influencers.

Al museo le pasó como a tantos sueños de la Modernidad: cuando navegaba a toda máquina hacia el futuro se estrelló contra un Iceberg. El Titanic, como afirmaba el poeta peruano Pablo Guevara, es la metáfora de todas las crisis de nuestra cultura. Lo que ahora vemos cuando visitamos un museo no es un gran transatlántico camino de la isla Utopía, aunque estemos convencidos de ello, sino los fragmentos que han quedado a flote después del naufragio. Sobre ellos sus directores, los curadores, los críticos, los académicos, gesticulan y se esfuerzan para conservar el rumbo, pero no pueden subir a nadie más a bordo. Como en la famosa película, tal vez ellos puedan sobrevivir, pero a costa de dejar que otros se ahoguen.

El Museo de Arte, luego de Arte Moderno, luego de Arte Contemporáneo y luego Museo Centro de Arte Contemporáneo, es el artefacto menos eficiente dentro de este panorama ruinoso de las instituciones culturales. Los museos de arte antiguo, como el Prado, conservan cierta honestidad, aunque no puedan incorporar las otredades del pasado a su ‘display’. Pero el Museo Centro de Arte Contemporáneo ha vivido siempre a la carrera para escapar de su destino: no estar nunca al día pese a lo que diga su largo nombre. El Nuevo Institucionalismo4 fue el último intento de reunir los fragmentos del naufragio para dotarlos de maniobra, siguiendo con el lenguaje marítimo. En realidad consistió en un intento fallido de trasladar a las instituciones lo que los artistas habían hecho en sus espacios.
[El museo] parecía estar adoptando, o al menos experimentando, los métodos de trabajo de los artistas contemporáneos y sus micro instituciones efímeras, especialmente sus formas de trabajo flexibles, temporales y procesuales. (Ekeberg, J. 2003 P. 9)
El museo de abría a procesos colectivos de carácter político o social; intentaba incorporar minorías; dejaba de ser la estación final de la obra, para transformase en espacio de producción… Pero por algún motivo la estrategia de renovación no acabó de funcionar. Y es que en el museo todo tiene que salir bien, no se permite el fracaso. Mientras en los espacios de artistas esos “procesos” pueden desembocar en la genialidad o en la payasada, y lo colectivo en agria discusión o en fiesta descontrolada, y en todos los casos está bien, en el museo los resultados tienen que estar previstos hasta el menor detalle y lo colectivo debe mantenerse siempre dentro de los márgenes de la corrección.

Además en esos espacios que pretendían imitar no había nada con valor material, y tampoco programa ni presupuesto. Pero los museos son grandes acumuladores de capital, que requieren vigilancia armada y electrónica. El público del museo es un público bajo vigilancia, por mucho que nos quieran hacer creer que vamos a participar en algo. En el funcionamiento del museo todo es presupuesto y programa, por lo que desarrolla una burocracia que somete a la creación a sus reglas y tiempos. ¿Qué podía salir mal en el Nuevo Institucionalismo?

Debido a la aceptación gradual por parte de creadores y audiencias de que las iniciativas dirigidas por artistas fuesen absorbidas por las instituciones públicas durante la década de 1990, organizaciones como Rooseum y Kunstverein München están intentando reinventarse adoptando sus metodologías, incluida una tendencia a mostrar trabajos basados en el proceso, conservando la capacidad de reaccionar rápidamente a las innovaciones en el mundo del arte y consolidando redes de artistas con la institución en el centro. (...) Toman el marco institucional existente (...) como punto de partida (...) Uno de los principales errores con esta forma de trabajar es que los artistas y sus actividades se ven obligados a encajar dentro de una construcción definida por las instituciones, que generalmente sirve para satisfacerlas a estas y desempoderar a aquellos. (Gordon Nesbitt, Rebecca, Harnessing the means of production. En Ekeberg, 2003. P. 84)

Al final lo que ha quedado del NI son un par de maceteros en la azotea del CA2M, donde un grupo de vecinos motivados cultivan hortalizas y, de paso, tiñen al centro de las benignas cualidades de la institución postmuseal. El Nuevo Institucionalismo sólo ha funcionado cuando se ha vuelto hacia su reverso obscuro. Me explicaré: en Madrid lo introdujo la derecha neoliberal, primero con una fundación bancaria, la Casa Encendida, y luego con Matadero. Fue el alcalde Ruiz-Gallardón quien nos proporcionó de un espacio realmente post- (postmuseal, postindustrial, postarte…) porque comprendió que el disenso de la juventud se puede controlar a través de un simulacro de una cultura antagonista. Los valores que ahora difunden Matadero y los museos del NI son los de esa pseudoideología que Manuel Delgado bautizó con el nombre de “Ciudadanismo”. Es curioso que no haya estudios sobre este impresionante artefacto, que enamora tanto a los políticos de derechas como a los activistas de izquierda.

Pero el último iceberg contra el que ha chocado el Museo es el turismo. Falto de un público natural, mas allá de los propios artistas y sus críticos, pensó que los turistas le darían el sentido y el empuje que necesitaba para seguir navegando hacia el futuro. Pero hay un problema: el espacio que quiere ocupar este Museo renovado le corresponde al Turismo. El turismo es la INSTITUCIÓN con mayúsculas, y el museo sólo uno de los muchos escenarios que necesita para cumplir su cometido. Es el turismo quien ha creado ese espacio de representación donde se superan los conflictos de clase y se difunden los valores de la sociedad (post)moderna. MacCannell nos lo advirtió hace mucho en su libro El Turista. En nuestra época, ser es ser turista. Por tanto, el Museo no puede poner al Turismo a trabajar a su servicio, porque es él quien trabaja para el Turismo. Si quisiéramos obtener una imagen del mundo actual, deberíamos visitar Benidorm, no el Reina Sofía, porque es en esta ciudad donde se refleja el auge y decadencia de la Modernidad. Si no lo creen, lean mi libro “Benidorm, diario de un artista” y acabarán convencidos.

El resultado es que este espacio transversal, social, procesual, colaboratival y fenomenal tuvo que asumir la lógica del consumo e invertir más en espectáculo, con grandes exposiciones y edificios de fantasía, lo que le condujo a una mayor dependencia de los patrocinios privados y a un alza continuada del precio de las entradas. Más arriba hemos hablado de cómo las instituciones culturales del siglo XIX contribuyeron a formar el nuevo sujeto político burgués. En el museo del NI, el sujeto político que toma forma no es el proletario, ni el subalterno, ni el que está señalado por algún tipo de alteridad, sino el Coleccionista. Todos los adjetivos que he enumerado antes quedan reducidos a simulacros ridículos, como aquel Picnic del Reina Sofía, en el que invitaron a merendar en el patio a un grupo de inmigrantes racializados, como mejor solución para transformar su relación de clase con los miembros del patronato y los millonarios que han suscrito acuerdos con esta institución.

Que el museo de arte contemporáneo estaba en crisis lo sabíamos desde hace tiempo. Yo tenía preparado un artículo sobre el tema, que esbocé a partir de un simposio de “reimaginadores” el año pasado. Baste decir que de 91 ponentes sólo uno era artista: Fred Wilson. Me llamó la atención que fuese precisamente él quien aceptase aportar, nunca mejor dicho, una nota de color a este encuentro de funcionarios y académicos. Quizás era una obra, o al menos una ironía muy fina de su parte. Volviendo al asunto, sabíamos que estaba en crisis, pero ahora la pandemia ha disparado todas las alarmas, porque ha tocado el bolsillo de la institución. Son muchas las opiniones que se están vertiendo en la prensa al respecto. Entre ellas, me parece la más razonable la de José Díaz Cuyás en El País, aunque no llega a perfilar una crítica en profundidad ni avanza posibles soluciones. Sólo pide reflexión:
Pero ahora que el público ha pasado a adquirir todo el protagonismo, puede ser un buen momento para dejar de pensar en él en abstracto, como cantidad, y plantearse que la función pública del museo pasa por asumir, con todas sus contradicciones, los movimientos que dominan la circulación en el nuevo espacio de la ciudad planetaria. En aceptar que sus retóricas de autenticidad e identidad no deben buscar la identificación del visitante ni la segregación entre experiencias.
Pero al final cae en una especie de reivindicación del Nuevo Institucionalismo, invocando a Derrida y la ética de la hospitalidad reclamando el “museo como un espacio de encuentro con la alteridad”.

En Exit-Express la redacción firma un artículo titulado Museos vacíos, ¿y después qué? El texto empieza con un insuperable “Y de repente llegó un virus”, para luego ofrecernos la declaraciones de varios directores de museos de arte contemporáneo. Sus posturas parecen buscar un equilibrio entre un poco de autocrítica y la promesa, ya gastada, de una institución más abierta, más cercana, más de todo eso que hemos visto antes.

Para mí el más sensato es Gilberto González, del TEA, porque profundiza en la autocrítica.: “Repetimos constantemente el mantra sobre el valor de la cultura pero quizá toca ahora entender si somos o no sustanciales en ese debate”. Los demás no son capaces de transcender un discurso autorreferente en el que el museo, y no las circunstancias de nuestras colectividades, sigue siendo el centro.

Un leitmotiv que ha aparecido también estos días es el papel de los artistas en la recuperación de los museos. Me imagino que porque somos los únicos que trabajamos gratis. Pero en ningún caso esta idea viene acompañada de una reflexión sobre la gobernanza de los museos y el papel que podrían tener los artistas en ella. Quizás sea un buen momento para recordar las reivindicaciones de la Art Workers Coalition, aunque ya sabemos que en España no puede haber un movimiento similar a Occupy Museums, porque, cuantas veces habrá que repetirlo, nuestras instituciones son transversales, colaborativas, democráticas, abiertas a lo diferente y benignas con el pueblo. ¿Quién puede tener queja?

Para acabar este breve repaso de la prensa sobre los museos en los tiempos del corona-virus, Martí Manen ha publicado en A*Desk un artículo titulado New New New Institutionalism. El título, que rebasa el refrito para llevarnos a la secuela de la secuela, incorpora su propia negación. Es un texto más documentado que los anteriores, que hace un sucinto repaso de las evoluciones del museo y algunas prácticas artísticas relacionadas con él —no incluye los espacios alternativos dentro de ellas— pero tampoco es capaz de transcender de los modelos existentes de institución cultural, con sus pequeñas tretas para “reimaginarse”, y en consecuencia ni formula una crítica rigurosa del museo-centro de arte, que parece percibir como el espacio utópico de aquella Modernidad pretérita, ni puede pensar otros tipos de espacios y ni otras relaciones sociales entre los agentes del arte. El marco es el que hay y tendremos que arreglarnos con él.

La transformación de la institución museal, tanto en las declaraciones de los directores que recoge Exit-Express como en el texto de Manen, no es una propuesta integral, revolucionaria, innovadora. Se trata de mantener el precario sistema que hemos heredado, pero con pequeños retoques que lo hagan tolerable. Otra institución, o mejor aún, una institución otra, es algo que de lo que no se habla porque, sencillamente, no se puede pensar. Al menos nos desde dentro de los parámetros del Museo como lo conocemos.

Los artistas, por otra parte, hemos sido capaces de imaginar nuestros museos. No sólo con el movimiento de los espacios alternativos5 del último tercio del siglo XX, que sigue siendo un tema más o menos tabú para la historia del arte, sino a través de nuestra obra en el sentido convencional del término. En España están el Davis Museum, que es el museo más pequeño del mundo, el [M]UMoCA, que es el más pobre, o Herstorymuseum, que es un museo feminista de las mujeres creadoras, por poner algunos ejemplos. Son otros lugares desde donde pensar la institución.

Yo creo que a los museos de arte contemporáneo hay que dejarlos como están: desorientados y al borde de la quiebra. Incluso reducirlos, quitarles la atribución de “centro” para que se enfoquen sólo a la historia, a la colección y al archivo. Que gasten menos, que ocupen menos espacio en la cultura. Un baño de modestia, que es lo que deberíamos aprender de este virus, que sin una sola neurona ha puesto de rodillas a toda la humanidad.


[1] Ver https://wrongwrong.net/index, el número 9.
[2] The Birth of the Museum. Routledge. London 1995. He traducido “self-shaping” como “auto-identificación”. 
…an important characteristic of the public museum (…) consist in the fact that it deploys its machinery of representation within an apparatus whose orientation is primarily governmental. As such, it’s concerned not only to impress the visitor with a message of power but also to induct her or him into new forms of programming the self aimed at producing new types of conduct and self-shaping.
[3] Literary Theory. An introduction. 2nd edition. The Univ. Minnesota Press. Minneapolis 1996. In the eighteenth century, however, literature did more than 'embody' certain social values: it was a vital instrument for their deeper entrenchment and wider dissemination.
[4] Ver Ekeberg, Jonas. New Institutionalism. Verksted 1, 2003 Office for Contemporary Art Norway
[the museum] seemed to be adopting, or at least experimenting with, the working methods of contemporary artists and their micro or temporary institutions, especially their flexible, temporal and procesual ways of working.
[5] Para ampliar sobre el tema ver mi ensayo La Cara Oculta de la Luna

EL MILLÓN DEL ARTE

Hace una semana escribí un artículo sobre el ya difunto proyecto del Fondo para las Artes de Madrid, al hilo de la liquidación del FONCA1 en México y como colofón de mi anterior publicación: “Un Plan postCovid19 para las Artes Visuales”. No lo publiqué, más que nada porque tengo la cabeza en otros asuntos, pero la noticia del “Plan” de verdad, el del Ministerio, me ha arrancado de mis abstrusas lecturas literarias, tan apropiadas para estos tiempos eremitas, y me ha empujado a tomar parte de nuevo en el debate público sobre las (des)políticas culturales. España tiene al menos eso de bueno: la estabilidad, la continuidad. Gobierne quien gobierne, si te dedicas al arte contemporáneo sabes que caminas solo por el mundo.

El gobierno, del cual soy votante para que quede todo claro, ha aprobado una dotación extraordinaria para socorrer al sector —si es que hay tal cosa— de la cultura con 76,4 millones de euros. No hay que dejarse engañar por el titular, porque los 780 millones que anuncia son en realidad para garantías para créditos. Documentos que rara vez se convertirán en obligaciones de pago. El detalle del dinero de verdad, que se presenta incompleto, es como sigue: 38 millones para las artes escénicas y la música; 13.252.000 para las salas de cine; 4 para las librerías “independientes” (¿Independientes de qué o de quién? ¿De las distribuidoras?). UN MILLÓN para las artes visuales:
En relación a las Bellas Artes, el Real Decreto Ley incorpora ayudas extraordinarias por valor de 1 millón de euros para la promoción del arte contemporáneo, y en concreto para el desarrollo de proyectos de innovación digital que fomenten la difusión de las artes visuales, la creación artística, la comunicación, la difusión internacional y la adquisición de arte contemporáneo español.
Los destinatarios de estas medidas incluyen a los artistas visuales, las galerías de arte, críticos y comisarios, así como la dotación para compras de arte contemporáneo español a través de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y Deporte.

Curiosamente, como señalaba un amigo en Facebook, la misma cantidad que ha donado Helga de Alvear para la lucha contra el Covid-19. No soy conspiparanoico, pero con mil euros arriba o abajo se libraban del paralelismo.

El monto, no hace falta decirlo, es ridículo. Pero además no es en apoyo a la creación, la parte más vulnerable del sistema, sino a todo el sector y, atención a este detalle, al propio Ministerio, que se puede quedar con la tajada del león con un programa de compras del que no se ofrece ningún detalle. ¿Será una convocatoria pública como han hecho los gobiernos autonómicos de Madrid y Valencia? No, porque para eso tienen la mencionada Junta, que ya sabrá qué o a quién tiene que comprar.

Pero lo más grave es el objetivo de las ayudas: “proyectos de innovación digital”. ¿Qué significa esto? Está claro que le objetivo de esta línea de apoyo no somos los artistas, sino los mediadores. No se apoya a la creación, como podría parecer en una lectura rápida, sino a proyectos de innovación digital que fomenten la creación. ¿Por qué no la fomentan ellos directamente, con la premisa de que sin ésta no puede haber ni difusión, ni comunicación, ni adquisiciones? A saber. Imagino que las asociaciones del sector que han asistido a las reuniones con el ministro habrán estudiado el tema y nos podrán iluminar al respecto. ¿Qué carajo son los “proyectos de innovación digital que fomentan la difusión y la creación”? ¿Es que a nadie en este país se le ha ocurrido que si no hay artistas no habrá arte que difundir, ni con proyectos de innovación digital ni a voces en las plazas? ¿De qué cabeza ha salido esta idea, y cómo es que nadie, con toda la gente que dice haberse reunido en el Ministerio, la ha denunciado antes de que se publique?

Otro aspecto preocupante del “Plan” es que pone de manifiesto la irrelevancia de las artes visuales para la sociedad española. La desproporción con los otros ámbitos creativos, reggeaton incluido, es vergonzosa. Y como muy bien han señalado Paco Barragán y Carlos Jiménez en un hilo de Facebook, esto es algo sobre lo que deberíamos detenernos a pensar. “¿Qué hemos hecho o dejado de hacer en el mundo del arte contemporáneo para que este le importe tan poco a la sociedad?”, nos interroga Carlos en su comentario.

En mi anterior post critiqué la línea de acción de AVAM. Sé que mis palabras resultaron molestas para muchos compañeros, no todos, pero lo que de verdad siento es haber resultado profético. Debo insistir, a pesar de todo, en que estas asociaciones que supuestamente nos representan ante las instituciones están mostrando su habitual falta de visión política y de compromiso, cuyas consecuencias son, entre otras cosas, los constantes batacazos que recibimos en las decisiones políticas. Éste es un momento en el que se pueden plantear reformas de calado histórico, como la obligatoriedad del pago a los artistas2 en exposiciones con financiación pública, la creación de un Fondo como el que proponíamos un amplio grupo de asociaciones hace ya varios años, no sólo el de “emergencia” que ha planteado ADACE en su documento, que por cierto no deja mucho más para los artistas, o mecanismos de compra de obra como el que ha habilitado la Comunidad de Madrid, que podría convertirse en permanente, dado que las galerías, con mi mayor respeto por su trabajo, no pueden canalizar toda la creación actual, ni sobre todo la más experimental. Ahora que ya todas las rotondas tienen su mamotreto, quizás deberíamos racionalizar las políticas de compras para que de ellas resulten colecciones con un sentido histórico.

Sin duda podemos redactar una larga lista de medidas útiles a corto plazo y beneficiosas a largo, medidas fáciles de consensuar con todo el tejido creativo, como lo fueron las ayudas a la creación, pero que requerirían mucha energía y unión para obtener el compromiso de los gobiernos locales y central. La ausencia de un liderazgo fuerte en el sector, que debería venir, como decía en el texto anterior, del Reina Sofía o de instituciones o personajes que cuenten con un respaldo generalizado (ya sé que no los hay), nos deja por desgracia en una posición muy vulnerable. El tiempo que se ha perdido para desarrollar propuestas con verdadero calado no se puede recuperar en pocas semanas.

Pero lo que debemos tener presente es que la crisis sanitaria del COVID-19 va a acarrear una crisis económica de proporciones bíblicas. Hace pocos días un periódico ofrecía datos escalofriantes sobre la situación fiscal de España en un futuro próximo: una caída del 20% en la recaudación, que equivale a 42.100 millones de euros. Para que nos hagamos una idea, en la anterior crisis, en su peor año, la caída fue del 6,6 %. Pensar que en esta situación va a haber subvenciones, ayudas o planes de emergencia para que capeemos el temporal sin sufrir penalidades es una quimera. El millón del Ministerio debería servirnos de  aviso. Por mucho que ahora prometan, es difícil creer que en 2021 se convoquen ayudas o se implementen programas especiales para apoyar a los artistas de Madrid —del resto no hablo, pues sé poco. Y esto es en realidad todo lo que puedo aportar al presente debate.


[1] Este Fondo fue impulsado por la sociedad civil a través de una carta publicada en 1975 la revista Plural, que suscribían importantes intelectuales como Octavio Paz, Elena Poniatowska o Juan Rulfo. Su título era “Ideas para un fondo de las artes” y demandaba un cuerpo cultural “creado por iniciativa del Estado”, pero “como un organismo autónomo […] separado de la administración pública”. En la idea de los firmantes, el Estado debía fomentar la cultura pero, a su vez, debía renunciar por completo a su pretensión por controlar sus contenidos:  “El examen histórico muestra que no solamente el Estado jamás ha sido creador de una literatura de veras valiosa, sino que, cada vez que intenta convertirla en instrumento de sus fines, termina por desnaturalizarla y degradarla”.
[2] Escribí un artículo al respecto hace algún tiempo. Para quien quiera conocer lo que se está haciendo en otros países, recomiendo las memorias de este simposio donde no estuvo presente ninguna asociación española: https://drive.google.com/open?id=15u95HjPWXQ_cEtiAeoBBqooMNlLOBVL9

UN PLAN POSTCOVID19 PARA LAS ARTES VISUALES

El estallido de la pandemia provocada por el virus que los científicos han denominado SRAS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, ha paralizado de repente nuestras vidas. Como por efecto de una máquina del tiempo perversa, el calendario parece haberse detenido. La vida sigue, pero en suspenso. Las actividades que rellenan y dan sentido a nuestra existencia, se han visto aplazadas sine die. Es una situación extraña para la que no contamos con experiencias previas, ni siquiera en la literatura, y que nos tiene tan asustados como atónitos. Y la angustia que sentimos crece cada día, como si bajo la capa visible del tiempo congelado fluyese una corriente de miedo. ¿Qué va a ser de nosotros? Al enemigo invisible se une la certeza manifiesta de que tras la salud viene la economía.

Los artistas de Madrid, por las noticias que me van llegando en la distancia (nos encontramos en México, pero dadas las circunstancias como si estuviésemos en la mismísima Puerta del Sol), parecen particularmente desorientados. Treinta años de pésimas políticas culturales en los gobiernos locales y una completa desarticulación del tejido nos ponen en una situación muy complicada. La cancelación de proyectos, el cierre de galerías, la caída de las ventas y las dificultades para mantener otras fuentes de ingresos habituales para la mayoría de nosotros, como el diseño gráfico, los trabajos relacionados con la gestión cultural o montaje de exposiciones, la enseñanza, incluso la hostelería, auguran un futuro inmediato lleno de dificultades. El tiempo que se ha perdido en desarrollar unas políticas culturales coherentes en los tres niveles de administración pública no se va a recuperar, pero puede ser el momento para subsanar carencias ya seculares.

Hay muchas iniciativas en marcha y creemos que todas están bien, porque todas suman al esfuerzo conjunto para salir de esta crisis. Nosotros, desde nuestra experiencia, que abarca de la creación de las ayudas de Matadero en 2005 a la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid y las consiguientes ayudas a la creación del Ayuntamiento, aún vigentes, queremos aportar algunas ideas a este debate


I
Debemos iniciar un diálogo que involucre a la mayor cantidad posible de creadores y de agentes independientes en el campo del arte contemporáneo. Pienso que los mas jóvenes deberían empezar a liderar este diálogo, y que si los que tenemos más experiencia no somos capaces de involucrarlos y de apoyarlos con nuestros conocimientos, de poco servirá lo que hagamos.

Nuestra situación es substancialmente distinta de la de otros sectores de la cultura (editorial, escénicas, música, producción audiovisual para cine y televisión). Las artes visuales no son una industria. Es decir, no hay un capital industrial detrás de la creación visual, ni tampoco en su distribución, que está en manos de empresas generalmente pequeñas, sostenidas más por la vocación de los galeristas que por la holgura de sus patrimonios. Los artistas visuales no contamos con una discográfica que produzca nuestro trabajo y organice su difusión; o con una productora de cine que reúna los recursos y los técnicos necesarios para materializar nuestras ideas; ni con un grupo editorial que publique nuestra obra y la distribuya internacionalmente. Nuestra posición de partida en este diálogo es por tanto muy diferente, y nuestros objetivos pueden acabar siendo casi opuestos. Recordemos la inyección de 15 millones a las televisiones privadas. En los encuentros y comunicaciones, expresemos y defendamos nuestra especifidad.

Debemos coordinar nuestros movimientos con las principias asociaciones sectoriales, como el IAC o MAV, pero sin perder nuestra voz propia, ya que la relación de los artistas con los curadores, galeristas, académicos, funcionarios y otros mediadores culturales es con frecuencia asimétrica, y de nuevo nuestros intereses pueden entrar en conflicto. Baste recordar que ninguna de estas asociaciones quiso suscribir la reivindicación de Ayudas a la Creación que promovía la Plataforma, y que son tan importantes para los artistas.


II
Es necesario crear estructuras horizontales, asamblearias. Como nuestro objetivo está limitado en el tiempo —un Plan postCovid19 para las Artes Visuales— tampoco tiene sentido, en estos momentos, formalizar entidades como asociaciones de artistas que requieren, necesariamente, un debate mucho más profundo sobre sus premisas y  objetivos. Insisto, debemos llegar a consensos sobre mínimos, debemos caber todos. Las asociaciones, por su estructura jerárquica, puede causar también fuertes distorsiones en una situación en la que todos los problemas demandan una atención urgente y donde el consenso debe ser el paso previo para cualquier acción.

Para organizarnos de esta manera es necesario recurrir a las herramientas digitales: grupos de correo, foros, documentos online, formularios. Todos estos medios son gratuitos y ya los hemos usado en el desarrollo de la Plataforma por el Fondo para las Artes. Hace meses el Antimuseo creó las cuentas correspondientes para un Observatorio de las Artes de Madrid, y aunque la respuesta que obtuvimos fue mayoritariamente de artistas que viven en América Latina, no de nuestra ciudad, las ponemos de nuevo a disposición de la comunidad, así como toda nuestra experiencia.


III
Existe una confusión muy extendida sobre las competencias de las administraciones públicas. Nuestros interlocutores son la Comunidad Autónoma de Madrid, en primer término, y el Ayuntamiento en segundo. El Ministerio no tiene competencias en la promoción de la cultura local, por lo que sus esfuerzos se dirigirán sobre todo a canalizar medidas fiscales con Hacienda, que son importantes, claro, pero que a la gran mayoría del tejido creativo de Madrid nos sirven de muy poco, porque vivimos en la precariedad. Si el Ministerio llegase a proponer medidas extraordinarias, éstas deberían ser ejecutadas por las Comunidades Autónomas, y como hemos visto en el caso de la Educación, pueden negarse a hacerlo.

Queremos señalar que la Comunidad ha dado los primeros pasos y que nos parecen acertados: se mantienen las ayudas de 2020 y se ha destinado un fondo extraordinario de casi 500.000 euros a la compra de obras de arte por concurso público. Además el CA2M ha iniciado un programa de actividades virtuales, con pago de honorarios a los artistas. Creemos que esta sensibilidad hacia nuestros problemas se debe a que en la CAM hay cargos directivos que conocen bien el tejido: Antonio Sánchez Luengo y Manuel Segade. Aprovechemos su buena disposición para proponer nuevas medidas y apoyar las que ya estén en marcha.

Hay que reclamar a la Comunidad y el Ayuntamiento una acción coordinada, algo que ya estaba en el espíritu del Fondo para las Artes. Una dotación especial en becas y en Ayudas que incluyan honorarios; programas viables en esta situación con pago de honorarios; nuevas adquisiciones de obras de arte. O las que seamos capaces de imaginar.

Una de las asignaturas pendientes de la comunidad artística de Madrid y de sus instituciones es establecer un sistema de cálculo para el pago por exposición, como ya existe en otros países de nuestro entorno o como muchas asociaciones de artistas de otros países están desarrollando. Es el momento de avanzar con esto. (http://antimuseo.blogspot.com/2019/05/los-honorarios-de-los-artistas.html)

También debemos contar con los partidos de la oposición, que pueden ayudarnos a dar forma legal a nuestras propuestas y apoyarlas en el Pleno o en la Asamblea. Pilar Perea y Jazmín Beirak, de Más Madrid, se han mostrado dispuestas a escucharnos y colaborar desde que empezó la pandemia.


IV
A nivel estatal, es necesario sin duda mantener la comunicación con el Ministerio de Cultura, pero como ya hemos explicado no creemos que se pueda esperar mucho. El dinero no está allí, sino en AC/E, dependiente de Exteriores, y el Reina Sofía, que es un organismo autónomo. Es el momento de que los generosos presupuestos de AC/E, que se dedican a una promoción internacional que ahora ni es posible ni tiene sentido, reviertan en los creadores de toda España. Y sería también el momento de que el Reina abandone su ya tradicional postura de desprecio e ignorancia hacia el arte español y lidere las políticas de recuperación que necesitamos todos. Pero para llegar a esto quizás hagan falta cambios importantes en su organigrama.

Otras instituciones que también dependen de Exteriores, como el Instituto Cervantes y la AECID, podrían colaborar activamente en un Plan postCovid19 para las Artes Visuales.

El diálogo con las instituciones nacionales debe estar coordinado entre las distintas asociaciones de artistas de cada comunidad y con la Unión. En Madrid no hay en realidad una asociación de artistas, AVAM hace mucho que no sirve para nada y ahora permanece en silencio, por lo que sería imprescindible crear el órgano de interlocución horizontal que hemos descrito en el punto II.


V
Si fuésemos capaces de organizar todo lo anterior, deberíamos fijar objetivos claros y de consenso. Podemos luchar por los mínimos, por aquello que nos interesa a todos con independencia de nuestras afinidades estético-políticas y de nuestro estatus profesional. Esta fue una de las premisas de la Plataforma, y así se consiguió reunir a más de 50 asociaciones activas en Madrid y casi doscientos artistas a título individual. Lo que no podemos, en la presente situación, es enzarzarnos de discusiones filosóficas, proyectos megalómanos o propuestas excluyentes. Las herramientas que nos ofrece la Ley son limitadas y deficientes, pero tampoco es el momento de cambiarlas, sino de transformar la relación que hemos tenido hasta ahora con las administraciones. Del éxito en este objetivo podrán venir otras mejoras.

A partir de ese momento instituyente podremos crear grupos de trabajo centrados en los temas que se hayan acordado, así como en funciones específicas: redes, análisis legal, estudio de modelos europeos, etc.


Datos del Observatorio de las Artes de Madrid:
Foro del grupo: https://groups.google.com/forum/#!forum/observatoriodelasartes
Correo: observatoriodelasartes@gmail.com 


LA VENGANZA DE DUCHAMP

Imagino que para los lectores a quienes me dirijo Avelina Lésper no es una desconocida. Pero por si acaso voy a trazar muy brevemente su semblanza: es una crítica de arte mexicana que se caracteriza por mantener una postura de rechazo radical a todo lo moderno-contemporáneo. Es decir, Avelina es al arte de los dos últimos siglos lo que los Creacionistas a Darwin con su Teoría de la Evolución y toda la ciencia que se desarrolla a partir de ella, o los Terraplanistas a Cristóbal Colón y su viaje por la (para ellos) incurva superficie del océano Atlántico.

Los que nos interesamos por el arte, sea por motivos profesionales, por afición o por aburrimiento, no nos la hemos tomado nunca en serio. Los recursos que utiliza son fáciles y la conclusión final absurda: que el mundo de hoy es peor que el pretérito. Pero su discurso funciona, en el sentido de que gana adeptos y crea opinión, porque ayuda a convertir en odio las inseguridades que se derivan la la ignorancia. Un truco muy viejo sobre el que se han montado todas las fes religiosas y políticas de la historia, con consecuencias que conocemos demasiado bien.

Sus argumentos parten además de hechos obvios. Gran parte del arte contemporáneo es perfectamente prescindible. No hace falta ser un experto para darse cuenta de que el 99% de la producción artística actual está destinada al olvido, porque son pastiches, juguetes para ricos o meros bodrios. No sé si esto es bueno o malo, simplemente es así. Tampoco estoy seguro de que en otros tiempos haya sido distinto. Mal arte lo ha habido siempre, pero el que conservamos es aquel que, desde nuestra perspectiva, ha alcanzado el grado de excelencia. Quizás en el futuro lo desprecien. El crecimiento del mercado ha provocado no sólo una espiral inflacionista en los precios (de algunos), sino una sobreproducción de objetos artísticos. Pero tampoco estoy seguro de que esto sea malo, porque nos indica que hay muchas personas en el mundo que tienen una casa, recursos suficientes para adquirir bienes más o menos superfluos y suficiente educación como para necesitar algún tipo de satisfacción cultural o para dedicarse al arte. No siempre ha sido así.

El problema de sujetos como Avelina es que ven los síntomas pero no son capaces de explicar su origen ni de proponer el remedio adecuado. Son como el curandero, que puede detectar fiebre, congestión, dolores, pero lo atribuye a la acción de un espíritu maligno, en vez de a un microorganismo, y pretende curarlo con cantos y sahumerios, en vez de con un buen pelotazo de antibióticos. Solucionar las contradicciones del presente volviendo al pasado es imposible, y la verdad que muy poco deseable, porque estos retornos, véase lo que ocurre ahora en Brasil o lo que fue la España franquista, no nos llevan a la Arcadia ancestral, idealizada por nuestra memoria, sino a un futuro distópico.

Su actitud hacia la creación es además fruto de una falsa sensación de superioridad: piensa que su función como crítica es dictaminar lo que deben hacer los artistas, no escucharlos, intentar comprenderlos y ofrecer interpretaciones de su obra. Una desviación menos visible pero mucho más extendida que la anterior, y que se da tanto en las políticas culturales de izquierda y derecha como en las instituciones, que erróneamente pretender construir un canon a partir del discurso. Es el caso que todos conocemos del Reina Sofía, donde Manuel Borja Villel y su amigos intentan determinar la legitimidad de las obras de arte sobre la base de sus prejuicios políticos.

Avelina tiene su columna en el periódico Milenio, un programa de televisión y hasta ha publicado un libro, con el previsible título de “El fraude del arte contemporáneo”. Imagino que una sutil teoría conspiratoria sustenta la idea del engaño. El chiste de todo esto es el incidente que se produjo el sábado pasado en la feria mexicana Zona Maco, cuando la crítica, por hacer una broma, destruyó una obra de arte expuesta en el booth (cubículo) de la galería OMR.

Por lo que podemos leer en la prensa, el asunto fue que la crítica, seguramente con la intención de hacerse una fotografía chistosa para ilustrar su columna, intentó posar una lata de refresco sobre una escultura. Dicha escultura consistía en una plancha de vidrio templado, sujeta con dos varillas metálicas con esquineras, y en la que se veían como cortados distintos elementos: una balón de fútbol, una pelota de tenis, plumas, piedras… Y lo que ocurrió fue que el vidrio explotó.

Antes y después de Avelina Lésper

A partir de aquí la historia se convierte en sainete. La presunta articida intenta darse a la fuga, luego se declara insolvente a gritos y acaba por proponer a los galeristas que la vendan así, rota, invocando ni más ni menos que el Gran Vidrio de Duchamp (¿Pero no que no? ¿Que lo conceptual no?). El galerista alega que eso es imposible porque “el sentido estético se ha perdido”.  ¿Es una pieza estético-conceptual? Me estoy perdiendo. Y por fin el artista, Gabriel Rico, declara que no quiere repetirla, porque “no hay forma de que salga igual”. Sin comentarios. Yo creo que lo mejor para todos es que no se remueva mucho la cosa.

Y Avelina, ay, Avelina. Ahora es admirada como artista conceptual, con vídeo y todo como formalización final de su obra. Pasa a engrosar las filas de los locos, vándalos y artistas que destruyen arte, desde la insuperable Mary Richardson al serial art vandal Hans-Joachim Bohlmann, que dañó a lo largo de su vida más de cincuenta piezas de valor histórico: Durero, Lucas Cranach, Rubens, hasta llegar a Klee. O el ya inmortal Laszlo Toth, el que se lió a martillazos con la Piedad de Miguel Ángel. O, más modernos y artistas conscientes, Tony Shafrazi, que pintarrajeó el Guernica; Pierre Pinoncelli, un freak que va por el mundo meando en urinarios de Duchamp; Máximo Caminero, el que rompió las cerámicas de Ai Weywey en el Pérez Museum de Miami; o, para acabar, David Datuna, el performancero que hace un par de meses le comió el plátano a Maurizio Cattelan en Art Basel.

Ella no lo sabe, pero ésta es la venganza de Duchamp: no puedes oponerte al arte conceptual sin convertirte tú misma en artista conceptual. Estamos atrapados en su Mile of String, el laberinto que creó en 1942 para la exposición First Papers of Surrealism. Avelina, como una Sísifa post-conceptual, está condenada a culminar cada columna que escriba contra el arte contemporáneo escuchando, una y otra vez, el resto de su vida, el estallido de la escultura de vidrio que rozó con una lata warholiana. Lot postmoderna, en su huída de la Gomorra de las artes ha convertido en metáfora, la pobre.

Carta sobre las políticas culturales en tiempos de COVID

CIIA/Antimuseo y la Fundación Mosis queremos compartir con los artistas visuales y asociaciones culturales de Madrid el siguiente documento,...