miércoles, 28 de noviembre de 2018

100.000 IMPACTOS EN EL BLOG DEL ANTIMUSEO



El blog del Antimuseo sobre las políticas culturales de Madrid ha superado las 100.000 vistas. Estoy sinceramente agradecido a todos los lectores que desde 2015 han seguido mis publicaciones y han compartido, en muchas ocasiones, mis conflictos con las diferentes instancias de la administración de la cultura en Madrid. Y también quiero agradecer a las instituciones y sus responsables la inagotable inspiración que me han brindado, porque sin su torpeza, su mezquindad y su falta de rigor no habría habido lugar para la sátira, que tantos buenos ratos nos ha proporcionado y proporcionará.

Cuando inicié este blog tenía aspiraciones más modestas: quería poner sobre la mesa algunos temas que normalmente se eluden en las campañas electorales: las ayudas a los artistas, la reforma y democratización de las instituciones, la apertura de los recursos públicos a la autogestión por parte de las asociaciones culturales y colectivos de artistas... De los primeros artículos y entrevistas que publiqué en 2015, antes de las elecciones locales y del cambio político en el Ayuntamiento de Madrid, surgió la Plataforma, y con ella una forma de acción política y cultural que era inédita en nuestra ciudad. La Plataforma a su vez generó nuevas tensiones, no sólo con las instituciones, que se encontraban de repente con un nuevo interlocutor que no sabían como manejar (el más legitimado en cuanto a base social porque éramos más de 40 pequeñas asociaciones con un total de más de 1.000 asociados), sino con el mismo tejido asociativo, que nos vio como un competidor en un contexto donde el pastel ya estaba repartido. El objetivo de la Plataforma -instaurar un sistema de apoyo a la creación equiparable al que hay en otras capitales europeas- que yo creía que sería respaldado por todas y cada una de las grandes asociaciones del sector, no recibió el apoyo de ninguna de ellas. Ni AVAM, ni MAV ni el ICA apoyaron o aceptaron debatir nuestra propuesta. A otras que habitualmente figuran en las mesas sectoriales, como los críticos y los galeristas, ni les preguntamos.

No ha sido un camino fácil. Hace unas semanas Carlos Jiménez, un crítico de la época en la que en el mundo del arte había personas cultas, escribía que me he convertido en "el personaje incómodo por excelencia en el mundo del arte madrileño". Lo sé, y aunque desde luego no es un lugar cómodo donde estar una larga temporada, no me arrepiento de haber tomado este camino. Creo que el arte de Madrid necesita un debate de verdad, un debate incómodo, tenso, donde se puedan vomitar las verdades que todos sabemos y todos nos guardamos. A diario me cuentan humillaciones e injusticias contra los artistas, y nadie hace nada. Pienso que los que nos dedicamos al arte de una manera u otra en esta ciudad estamos acostumbrados a convivir con la corrupción. Pero el arte, precisamente el arte, no puede darse donde la verdad no impera. Por eso es necesario acabar con determinadas maneras de actuar: la cultura del amiguete, la falta de rigor, la mentalidad del superviviente, el "estás conmigo o estás contra mí", el intercambio de favores, el servilismo hacia los poderosos.

Los directores de los museos y centros de arte se llenan la boca de grandes palabras. Como decía hace pocos días Paul B. Preciado, seguramente sin saber de lo que habla, se supone que son “espacio(s) donde se puedan discutir y negociar sin cesar las representaciones y los lenguajes disidentes. Un lugar de disenso y de confrontación democrática y no de consenso normativo”. Pero son todo lo contrario. La agenda crítica la marca la misma institución, no aquellos que llegan a criticarla.

Voy a poner un ejemplo con muy mala idea, pero que describe perfectamente lo que estoy diciendo: en un artículo anterior, Archivo y maldad, denuncié que dos directoras del MNCARS habían eliminado del acta de una reunión una intervención mía, de carácter muy crítico. No todas mis intervenciones, sino sólo esa. No sé si esto es legal, me imagino que no, pero lo importante es lo que sigue: en la siguiente reunión, según he sabido por distintas fuentes, se dedicó bastante tiempo a cuestionar mi encanto personal. Hubo un consenso general en que yo había sido agresivo y, no sé si éste fue el término: grosero. Es decir, el problema no es que dos cargos directivos de una institución nacional falseen los contenidos de un acta y censuren los posicionamentos críticos, haciendo gala de un comportamiento que las debería inhabilitar para ocupar un cargo público, sino que yo, un particular que se indigna porque dos instituciones pretenden apropiarse del trabajo de una generación entera de artistas, soy un grosero. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿No hemos sufrido ya lo suficiente con las malas prácticas en las instituciones y la política como para seguir siendo tolerantes? ¿Es éste el arte y el futuro que queremos?

El arte madrileño, el español en general, está muy mal y las señales son cada vez más claras. Que cada cual saque sus conclusiones, yo seguiré escribiendo mi blog porque esto es parte de mi práctica artística, como la Plataforma, el Ojo Atómico, el Antimuseo y todo lo que hago. Una práctica artística que no se basa necesariamente en la producción de objetos o documentos, ni en la autoría u otras formas de propiedad, sino en la participación en procesos colectivos y en la confrontación permanente con las instituciones. Seguiré porque he despertado el interés de alguien más de 100.000 veces, y eso es algo por lo que vale la pena luchar. Sé que no puedo ganar, la institución siempre acaba por aplastar al artista. ¿Pero quién dijo que el arte consiste en ganar?