domingo, 27 de marzo de 2016

Es esto lo que queremos?

Es normal que la falta de perspectiva nos impida comprender bien nuestra realidad más cercana, juzgarla con la ecuanimidad necesaria para poner cada cosa en su sitio y actuar en consecuencia. Como dice la expresión popular, los árboles no nos dejan ver el bosque. Por eso, aunque los hechos estén a la vista, a veces somos incapaces de reconocerlos y llamarlos por su nombre. Un pez no sabe que está mojado, de la misma manera que tantos políticos y altos cargos no tenían conciencia de estar podridos. Con el arte madrileño pasa algo parecido: estamos tan involucrados en sus dinámicas que no percibimos lo mal que huele. Porque la cruda verdad es que el sistema del arte en Madrid es corrupto. Quizás lo sea todo el sistema de la cultura y quizás en toda España, pero yo me limito a comentar lo que veo con mis propios ojos.

La cuestión es que en el momento en que escribo estas líneas, los recursos públicos a los que puede acceder un artista madrileño por medio de convocatorias públicas, contando todo lo que aportan la administración central, a través de la Secretaría de Estado para la Cultura y las agencias y organismos que dependen de Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, suman CERO EUROS. Y nos parece natural. Pero dinero hay. Hay secretarías de estado, direcciones generales, concejalías, museos, centros de arte, con todos sus sueldos, hay millones de euros destinados a promoción de la cultura y a subvenciones nominativas. Pero los recursos se consiguen a través de contactos personales. Y nos parece natural. No nos extraña la ausencia de un reglamento, de un marco legal, de un procedimiento, y aceptamos sin cuestionarlo que las cosas se apañen en una conversación informal en el transcurso de una inauguración, tomando unas cañas en el bar de la esquina… Además no se apoya nunca la creación, sino la mediación. Esto es peculiar de Madrid y obliga a los artistas a meterse a proyectos de gestión. Lo que nació como respuesta a la crisis de la vanguardia — el artist-run space —  se ha convertido en una forma perversa de reconducir la relación entre los poderes públicos y la creación artística. Nada de esto nos extraña, aunque los contenidos de todas esas instancias públicas que he citado antes los tienen que producir los artistas.

Vamos a ver unos ejemplos para tomar perspectiva y evaluar el tamaño del bosque sin liarnos con los árboles: en el Reino Unido el Ars Council distribuye cada año 89.000.000 € en convocatorias públicas (open-access funding programme). Estos recursos van destinados a todos los ámbitos de la creación a través de una serie de programas, entre los que se incluyen las Grants for the Art, con ayudas de 1.000 a 100.000 libras. Los artistas británicos pueden acceder además a recursos locales. En Berlín, ciudad que todos envidiamos y admiramos, los fondos anuales del  Projektförderung alcanzan los 23.000.000 € a través de varios programas. El de artes visuales, que se subdivide en 16 aplicaciones, dispone de 5.500.000 €. Los artistas residentes en Berlín pueden además acceder a otros recursos a través de organismos federales. En Holanda la Fundación Mondriaan reparte 26.000.000 € al año, sólo para artes visuales.

En Madrid: 0 €.

Y lo peor es que los representantes electos de cada administración, los altos cargos y los privilegiados que revolotean a su alrededor saben perfectamente que en el resto de Europa hay importantes recursos para la cultura que se redistribuyen a la sociedad a través de convocatorias públicas. Es una simple cuestión de legitimidad democrática. Si hay recursos públicos destinados a la cultura, significa que se ha diseñado una política cultural y uno de los ejes de cualquier política cultural es el estímulo a la creación. Pero aquí no. En Madrid esos sistemas no valen porque… ¡Porque no podríamos dar todo el dinero a nuestros amigos! Por eso he afirmado que el sistema del arte de nuestra ciudad y comunidad autónoma es corrupto. No quiero decir que alguien se esté llevando dinero a su casa, sino que hay un enorme desfase entre la realidad de la creación en Madrid, las políticas culturales y el marco legal y político en el que se supone que vivimos. El origen de la corrupción está en la falta de adecuación de las políticas públicas a las necesidades y objetivos de la sociedad. El dinero va donde no debe, y además va como no debe.

No voy a hacer sangre ahora con el detalle de las actuaciones de las distintas administraciones públicas. Todos sabemos que las Ayudas a la Promoción del Arte Español se han estado concediendo en los últimos 10 años a las galerías para que asistan a ferias de arte, pero sin el requisito, en apariencia obvio, de que lleven artistas españoles. Nadie se ha quejado nunca. Todos sabemos que el Reina Sofía es una especie de OVNI en el centro de Madrid, que no tiene ni desea diálogo alguno con el tejido creativo de la ciudad, y mucho menos si es “grassroots”. Su foco ha estado en la política, no en el arte, y también sabemos todos a quiénes ha apoyado y dónde están ahora esas personas. El CA2M por su parte es perfectamente irrelevante, Todos, o muchos, conocemos el “procedimiento administrativo” implantado por la Comunidad de Madrid para la relación con el tejido creativo: “escribe un e-mail a Javier”. La verdad es que me alucina que con la que le está cayendo al PP en los tribunales todavía se atrevan a decirnos que metamos proyectos en una administración pública en plan amiguetes, sin las garantías de una convocatoria reglada, que debe garantizar unos criterios justos, y sin el respaldo del sello de ingreso en el registro de Alcalá 31, que es lo que salvaguarda los contenidos y autoría de los proyectos. Pero he dicho que no iba a hacer sangre. Además no sólo nadie se ha quejado, sino que muchas personas relevantes de este tejido creativo han admitido sin reparos el “procedimiento” y ya tienen sus proyectos en marcha. Los proyectos son buenos y merecen apoyo público, pero la escasa legitimidad de su acceso a la financiación pública los perjudica a largo plazo, aunque ahora parezca lo contrario.

En cuanto al Ayuntamiento, valoro y mucho el esfuerzo de recuperar las ayudas a la creación. Provienen de aquellas que un grupo de personas pedimos en 2005 a Juan Carrete, entonces director del Conde Duque. Yo personalmente estoy orgulloso de aquellas ayudas, que el Ojo Atómico / Antimuseo sólo obtuvo dos veces por culpa de mis “excesos verbales” (léase crítica despiadada). Recuerdo el día que el Ayuntamiento nos propuso que trasladásemos nuestras actividades al futuro Matadero, y no sólo nos negamos (El Ojo Atómico, Liquidación Total y otros) sino que exigimos que se creasen las ayudas. Muchos artistas y colectivos auto-organizados se han beneficiado de ellas en los seis años que duraron, y el panorama creativo de Madrid no sería el mismo si en aquellos momentos hubiésemos optado por el camino fácil y nos hubiésemos integrado en el proyecto de Matadero. Es una buena noticia que recuperen algo de aquello.

Sin embargo ha sido lamentable la manera en que la Concejalía de Cultura se ha comportado con nosotros. En mi opinión nos ha engañado y despreciado. En el Encuentro de Organizaciones de Artistas celebrado en Medialab el pasado septiembre, Jesús Carrillo no sólo aceptó la creación de una mesa de trabajo con el grupo que luego se ha convertido en la Plataforma por el Fondo para las Artes de Madrid, sino que nos urgió nombrar una comisión para la primera reunión. Siete meses después la comisión que nombramos a toda prisa sigue esperando su respuesta; o la de su sucesora, Getsemaní San Marcos. Un simple e-mail con la fecha y lugar. Con la concejala ni intentarlo, porque ella no pierde su tiempo con los ciudadanos de a pie. La Plataforma cuenta ya con más de 30 asociaciones y colectivos, casi todos con proyectos en activo en Madrid. Además han suscrito la propuesta casi cien artistas y simpatizantes, un número que sigue creciendo todos los días. ¿No somos interlocutores válidos para el Ayuntamiento? Aquí hay otra cosa que está fallando. Y con toda seguridad la convocatoria de ayudas a la creación va a nacer viciada, porque ha habido una maniobra de distracción y eso es por algo. No lo duden.

Lo peor es que en 2005, con un gobierno del PP,  media docena de asociaciones pudimos colaborar en la redacción de las ayudas. En 2015/16, con el gobierno de Ahora Madrid, somos más de treinta y han impedido a toda costa que participemos o sepamos algo de las convocatorias que preparan en sus despachos. Es el mundo al revés.

Pero no va a pasar nada, porque lo que he descubierto en este proceso es que la mayoría de los artistas de Madrid, y no hablemos de los gestores y de las entidades asociativas más grandes, no quieren un sistema público, reglado, transparente, basado en la igualdad de oportunidades, como el que hay en el resto de los países de Europa. Confían más en la intriga, en sus contactos, en su habilidad para aprovechar la oportunidad de gol. A mí me escandalizó que la autodenominada Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo exigiese, entre las demandas de siempre sobre el IRPF, el IVA, etc., que el gobierno les financie revistas de arte, un programa de televisión (en horario de máxima audiencia, precisa su documento), o la creación de un centro de postgrado de estudios estéticos “de prestigio internacional”. Sin embargo ninguna de las asociaciones que forman parte de esa mesa sectorial ha apoyado hasta ahora el Fondo para las Artes de Madrid. AVAM tampoco lo ha suscrito e incluso su junta directiva ha rechazado reunirse con una comisión de la Plataforma. Muchos artistas que en su día recibieron las Ayudas de Intermediae/Matadero tampoco quieren apoyarlo, cuando en esencia es una ampliación y mejora de aquellas ayudas. Gran ampliación y gran mejora.

Quizás es una idea demasiado avanzada, demasiado democrática. Como que cualquiera que tenga un buen proyecto podría hacer arte en Madrid. Qué tremendo desafío a las jerarquías y establishment de nuestro pequeño mundo.

Bueno, también he descubierto que hay una duda: algunos creen que la Plataforma va a gestionar los recursos del Fondo. Desde aquí aprovecho para aclararlo: el objetivo de la Plataforma es la creación del Fondo para las Artes de Madrid. La Plataforma no es  una asociación, federación o persona jurídica que pueda manejar recursos públicos, y como tal plataforma ciudadana, se disolverá el día que consiga su objetivo: el Fondo. Es necesario definir instancias de la sociedad civil que durante el proceso de su creación y una vez exista el Fondo colaboren con las administraciones públicas, que son las que ponen el dinero y las que tendrán la última palabra sobre su reglamento. Pero el rechazo de AVAM ha dejado un vacío que los artistas madrileños tendremos que rellenar por medio de otra figura. Quizás sea el momento de empezar a trabajar en un Consejo, Observatorio o algo similar.

En cualquier caso y para quien no lo haya entendido: la Plataforma tiene como único objetivo la creación del Fondo. La Plataforma no tendrá ningún control sobre los recursos del Fondo, de hecho dejará de existir en el mismo momento en que se aprueben estos recursos. El suscribir la propuesta y aparecer en la lista de ciudadanos y asociaciones que forman la Plataforma no da ningún derecho futuro sobre esos recursos, ya que serán jurados independientes, designados por el Ayuntamiento y la Comunidad con la colaboración de esas instancias aún desconocidas de la sociedad civil, los que seleccionen o rechacen las aplicaciones de cada programa del Fondo.

Dicho esto, la pregunta que me asalta, a la vista de las reticencias de tantos artistas de Madrid que yo suponía que apoyarían la propuesta de un Fondo para las Artes, y que sin embargo parecen preferir el régimen de arbitrariedad y manipulación partidista que hemos sufrido durante tantos años, es si realmente esto es lo que queremos. De verdad ¿Es esto lo que queremos? ¿Un sistema cultural gobernado por la picaresca, donde las habilidades cortesanas son más importantes que el mérito, que el trabajo, que la trayectoria? ¿La sumisión perpetua a las veleidades de los altos cargos? ¿El despilfarro de nuestros impuestos en proyectos que en vez de apoyarlo, erosionan el tejido creativo de Madrid? ¿Es esto lo que queremos?

...

Voy a acabar con un dato para la reflexión: lo que deberían ofrecer el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid en convocatorias abiertas, para todas las disciplinas, incluidas artes escénicas, si establecemos una proporción entre el gasto en cultura, el PIB y la población de ambos con los de Berlín. En rojo los presupuestos que nos equipararían a Berlín.

Berlín
Ayuntamiento
CAM
Población
3.500.000
3.141.991
6.454.000
PIB
109.200M€
122.223M€
193.834M€
Fondos anuales en convocatoria abierta
 23.084.491€
0€
0€
Proporción fondos convocatoria abierta dentro del presupuesto de cultura
5%
0%
0%
Equivalencia x población
20.716.000€
 42.057.000€
Equivalencia x PIB
25.700.000€
40.890.000€
Equivalencia 5% porcentaje presupuestos cultura
7.700.000€
6.100.000€
Nota: si se tiene problemas para visualizar la tabla, se puede bajar en JPG de https://goo.gl/1nEE4z

 Los cálculos son aproximados; en el Ayuntamiento cultura está unida a deportes y en la CAM a turismo. En los resultados por población y PIB las cantidades no se suman, pues la ciudad está comprendida en la comunidad, pero en la última línea sí se deben considerar en su suma: 13.800.000 euros. Ésta es la cantidad que correspondería al Fondo para las Artes de Madrid, si realmente alguien estuviese interesado en que Madrid tenga la misma vida cultural que Berlín.

El que no vea que aquí falla algo… Lo que no entiendo es por qué no nos hemos echado aún a la calle.

FIRMA POR EL FONDO PARA LAS ARTES DE MADRID
Declaración: https://goo.gl/o08jZq
Formulario para firmar: http://goo.gl/forms/UxfEAemDZF

martes, 1 de marzo de 2016

LA COLECCIÓN SANDRETTO RE REBAUDENGO EN EL MATADERO

Llevo una semana con una gripe espantosa. Fiebre, dolor de garganta, ataques de tos en medio de la noche… No he sido capaz de leer ni de escribir nada en varios días, hasta que me he topado hoy con una noticia que ha surtido en mí el efecto de una inyección de energía. ¿Qué inyección? ¡Un supositorio gigante que ha estremecido mis carnes! Matadero Madrid va a acoger de manera permanente la colección de arte de una millonaria italiana (http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/28/actualidad/1456687591_174041.html). Gallardón debe estar disfrutando del mejor orgasmo de su vida en estos momentos, porque no ha sido su sucesora, Ana Botella, sino el bando contrario, Manuela Carmena, quien ha encontrado la manera de dar sentido (neoliberal) al modelo de ciudad e instituciones (neoliberales) que él soñó. Matadero nació como un cascarón vacío. Recuerdo muy bien la inauguración, con renders 3D, catering para varios miles de personas y batucada multicultural. Pero en realidad no había nada, sólo humo. Gallardón era un gran vendedor de aire.

Luego, nadie ha sabido qué hacer con ese monstruo de 85.000 metros cuadrados (edificados), que aún requiere inversiones millonarias. Era una dotación que respondía a un proyecto urbano que se frustró con la crisis: un gran Madrid, quizás con 10 ó 12 millones de habitantes, que escalase de la categoría beta a la alfa dentro de la red de ciudades globales. Hay mucho dinero implicado en ese simple cambio de categoría. Hoy en día los países no importan mucho, son las ciudades globales las que dominan el mundo. Y Madrid estuvo cerca, con sus multinacionales (casi todas empresas públicas privatizadas por Aznar), algunos organismos internacionales, pocos, IFEMA, buenos museos, una gastronomía en alza… Pero faltaba base fiscal y de consumo. Aquí faltaba gente, porque en una ciudad de menos de tres millones de habitantes, y otros tantos en su área metropolitana, no se generan los recursos necesarios.

Matadero se insertaba en esta lógica de la ciudad alfa. Gallardón, que en los ocho años que estuvo al frente de la Comunidad de Madrid (1995-2003) no realizó inversiones significativas en dotaciones culturales, dio un giro radical a su estrategia al llegar al Ayuntamiento. A lo largo de dos mandatos (fue elegido tres veces, pero en 2011 renunció para ser ministro de Justicia) inauguró 155.000 metros cuadrados, dentro de los cuales están  incluidos Matadero, CentroCentro, Circo Price, la rehabilitación completa del Conde Duque y Medialab.

Esto no se cuestionó en ningún programa de las pasadas elecciones locales. En Ahora Madrid (ver entrevista con Guillermo Zapata http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html), ni siquiera habían pensado en el tema. No habían previsto que iban a recibir una ciudad con un exceso de recintos culturales, la mayoría sin recursos para funcionar y sobre todo sin un proyecto museológico. Es decir, tenemos las dotaciones, pero no sabemos para qué sirven. Quizás pensaban que todo se convertiría en Patio Maravillas. Matadero además no es una institución cultural, como entenderíamos normalmente un museo. Es una propiedad de Madrid Destino a la que se pueden dar distintos usos. Algo muy postmoderno y flexible.

A mí nunca me ha gustado, no es un secreto, empezando por el nombre, porque creo que llamar Matadero a una institución de este tipo determina lecturas específicas sobre la cultura, en las que el choque semántico entre la amenaza implícita de la palabra Matadero, por un lado, y la esperanza inscrita en la noción de cultura, por el otro, se resuelve por medio del humor: es un sitio para hacer el payaso. Aquí no vengas a hablar de la muerte, porque este lugar se llama Matadero.

La cuestión es que con la colección de Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, Matadero se consolida como el espacio de arte contemporáneo de la ciudad de Madrid, del Ayuntamiento, pero al mismo tiempo se da un paso más en la destrucción de cualquier relato coherente sobre lo contemporáneo en nuestra ciudad, así como en la erosión de una cultura crítica local, que se suplanta por una cultura mainstream que aunque quizás hable de cosas muy interesantes, es posible que calle las que más nos podrían importar a nosotros, los madrileños.


Lo voy a explicar de otra manera: en Madrid no hay MACBA. Ni el Ayuntamiento ni la Comunidad han sido capaces de generar una institución, un museo y centro de arte, que desarrolle ese relato al que antes aludía: el de nuestro arte contemporáneo. Ni mucho menos de coordinarse para algo así, claro. No se ha creado un espacio teórico e historiográfico que articule un debate serio sobre el arte madrileño, sino que se han ido superponiendo ejercicios de modernidad en estado puro, capa sobre capa, hasta convertirnos en la ciudad artísticamente más imbécil del planeta.

Hay dos fenómenos que han facilitado este vacío intelectual: ARCO y la falacia de que Madrid es lo mismo que España. Cuando escribí la serie de artículos semanales del año pasado, el último iba a ser “Reformar o Cerrar, ante el colapso de las instituciones culturales madrileñas”. No llegué a terminarlo, pero en mis notas reflexionaba sobre ambos fenómenos:

    1.    La feria ARCO, un proyecto de Estado impulsado por el gobierno de Felipe González en 1982, ha funcionado como un sucedáneo del tejido institucional que Madrid necesita. Su titular es IFEMA, es decir, es propiedad del Ayuntamiento y la CAM conjuntamente, y para los políticos madrileños ha sido la solución para disponer, sin coste ni esfuerzo intelectual, de un proyecto cultural y modernizador que ellos no habrían sabido hacer. Pero ARCO no es un museo, no es una institución cultural, es una feria, y su funcionamiento institucionalizado (bienalizado en la jerga al uso) es una anomalía. Ahora tenemos toda una semana del arte, con seis o siete ferias, que produce una excitación compulsiva parecida a la de las rebajas. Ése es un rasgo que identifica el consumismo más exacerbado. Imagino que debemos considerarlo un éxito.

    2.    Se ha identificado el arte madrileño con el arte español, y se ha sobrentendido que el Reina Sofía cumple ya la función de un Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Pero Madrid no es España, y su arte y la historia de su arte no se identifican con el arte y la historia del arte del Estado Español considerado en su conjunto, ni de las demás comunidades autónomas por separado. Durante las décadas de los 80 y los 90 los artistas de Madrid no tuvimos instituciones públicas dedicadas al arte madrileño. A partir del 2000, como ya he indicado, hubo una especie de big bang institucional, pero sigue sin existir un centro que tenga como principal cometido crear un relato histórico del arte de Madrid. Como consecuencia de ello no se ha formado una colección que explique la recepción de la modernidad (modernism) en Madrid y sus relecturas en los años 30, 40, 50, 60, 70, 80… Es muy difícil encontrar algo sobre las relaciones de arte y política en la Transición, hay una pérdida ya irreparable de archivos, no se fomenta la creación, etc.

Ésta es una situación insólita en nuestro entorno, la Unión Europea. Y no sé qué es lo que  me llama más la atención: si la prepotencia palurda de nuestros dirigentes o la sumisión idiotizada de la comunidad artística a una situación de la que sólo pueden resultar daños.

Aquí se hacen cosas sin sentido, una detrás de otra. Se gastan millones de euros en “políticas culturales” que no producen sentido para la sociedad. Sino todo lo contrario, nos privan del sentido, nos frustran el potencial de conocimiento que hay en el arte y en la cultura.


Entiendo que la decisión de colocar en Matadero la colección de esta señora, que por lo demás está divina de la muerte con sus collares, es una cacicada de la alcaldesa, que habrá pensado, como antes otros, que con esto sí que nos ponemos modernos, pero modernos-modernos. Manuela, como Paco Martínez Soria en "El turismo es una gran invento", acaba de dar con el artilugio que nos estaba haciendo falta.

La principessa estará feliz, porque ha comprado arte de manera compulsiva durante dos décadas largas, más de 2000 piezas de todas las estrellas y estrellitas de los 90 en adelante, y puede que con la crisis tenga algunos problemas para pagar los costes, nada accesibles, del mantenimiento de su colección. No sufra, principessa, que se los pagamos los madrileños.

Pero lo que pagamos los madrileños, sobre todo, es esa falta de sentido, el vaciamiento de nuestra historia, de las identidades. Las capas de modernidad trasnochada que han querido aplicar como un barniz sobre el paletismo casposo de este pueblote.


La decisión de Manuela Carmena marca un antes y un después. En primer lugar porque contradice todo el discurso sobre cultura que se ha generado en la llamada nueva izquierda. Poner nuestros recursos a disposición de una aristócrata italiana es justo lo contrario al cacareado procomún. Las estrategias de cesión de locales a los (ex)okupas, los huertos urbanos, toda la panoplia de la “otra cultura”, no es éste el sitio para discutirla, se convierten en productos de un catálogo cultural donde también cabe la aristócrata italiana. Es decir, formas de ocio, atractivos turísticos que se complementan. Rutas que los guiris harán en autobuses panorámicos. Al final en Madrid todo es bar, y Gramsci me parece un buen nombre para un antro.

No es de extrañar que en la nota de El País citen a Luis Cueto, presidente de Ifema y coordinador del Ayuntamiento, y no a Celia Mayer, Concejal de Cultura, o a Santiago Eraso, Director de Contenidos de Madrid Destino y responsable directo de Matadero. Imagino que se acostumbrarán a vivir en la contradicción, pero a la larga las contradicciones explotan. Hace menos de un mes hablaba del colapso del discurso cultural del Ayuntamiento y resulta que en realidad nunca lo hubo, que seguimos en lo de siempre.