miércoles, 11 de febrero de 2015

Qué espacios de arte NO necesita Madrid - parte 1

Una de las cuestiones que van a ser verdaderamente interesantes cuando los partidos políticos empiecen a aterrizar sus programas en propuestas concretas, es qué van a hacer con las instituciones creadas por el Partido Popular. ¿Cómo regenerar, en el caso de que eso sea posible, Matadero, CentroCentro, CA2M o el Conde Duque? Y por otra parte, qué hacer con la red de centros culturales del ayuntamiento, que sin duda cumplen una función para la ciudadanía, pero no la que su nombre anuncia: cultura. Tras la reforma de las instituciones públicas hay además otras muchas preguntas que responder: situación de los trabajadores y colaboradores (¿autónomos, funcionarios, precarios a secas?), órganos de control y gobierno, normas de contratación, una guía ética para el trato con los artistas…

Por poner un ejemplo, las buenas intenciones expresadas por los representantes nacionales de Podemos en una reciente rueda de prensa [1] pueden estrellarse contra la realidad de unas instituciones descomunales, en gasto que no en contenido, y unos presupuestos exangües. Cerrar estos centros se me antoja deseable pero seguramente es imposible. Mejorarlos difícil, porque han sido concebidos desde intereses ajenos al arte y la cultura. Si pensamos en sus ubicaciones, la arquitectura, el tipo de espacios expositivos, sus vínculos con la sociedad en general y con el mundo del arte en particular, su organización interna, su estructura legal… Todo se ha hecho para evitar la intromisión de la sociedad civil y la emergencia de una cultura crítica. Medialab ha sido quizás la única excepción. Tabacalera es de titularidad nacional.

Es obvio que el primer paso para reorganizar las políticas culturales del Ayuntamiento es desmantelar Madrid Destino Cultura Turismo y Negocio, S.A. (antes Madrid Arte y Cultura Sociedad Anónima), nombres que darían risa si no hubiesen causado tanto dolor. Los centros deben volver al ámbito de lo público y es desde allí, desde la concejalía de cultura, desde donde debe decidirse si pueden tener una personalidad jurídica propia o si se debe desarrollar un nuevo marco institucional para administrarlos. Yo desconozco la legislación al respecto, pero no tengo duda de que en ella encontraremos todo tipo de obstáculos al cambio, porque las leyes están hechas con inteligencia, pero con una inteligencia perversa. La necesidad de coordinar las políticas de la CAM y el Ayuntamiento es así mismo evidente, incluso de crear una figura permanente que permita un mejor aprovechamiento de los recursos y evitar duplicidades. Durante las legislaturas del PP se fabricó un enfrentamiento entre ambas administraciones que impidió el desarrollo de programas comunes y mucho menos la creación de una fundación, fideicomiso, aunque creo que esta figura no existe en España, o similar para la promoción de la cultura.

Los dos espacios estrella del ayuntamiento son el Matadero y CentroCentro. Por cierto, la persona que Gallardón tenía encargada de pensar nombres debería hacerse ver, porque no está bien. Matadero nació vinculado a una gran operación inmobiliaria: la demolición del estadio Vicente Calderón y la fábrica de Mahou para construir viviendas de renta alta. Tras 10 años de recursos, crisis y demoras, el Ayuntamiento ha conseguido aprobar la construcción de dos rascacielos residenciales, entre otros edificios, y un hotel de 27 plantas [2]. Los madrileños hemos contribuido muy generosamente a este negocio, porque el soterramiento de la M30 y el parque Madrid Río eran parte de la estrategia, junto con Matadero: unos 5.000 millones de euros, tocamos a mil y pico por cabeza. En 2005, en el curso de las reuniones que citaba hace dos semanas [3], Juanjo Echevarría y Juan Carrete nos propusieron que trasladásemos nuestras actividades al Matadero, aún por inaugurar. Ninguno de los colectivos que participamos en los encuentros quisimos involucrarnos con el Matadero, por razones que no es necesario enumerar. Intermediae se creó como una réplica a nuestros proyectos, para apropiarse el espacio social y cultural que habíamos creado y desactivarlo. No creo que ni Juanjo, ni Juan, ni nadie en el Ayuntamiento, supiesen con anterioridad a los Encuentros que existían este tipo de espacios. Por aquellas fechas conocí a Simancas, quien tampoco había oído hablar nunca de una escena alternativa de arte contemporáneo.

Ahora Matadero está controlado por Madrid Destino y parte de sus espacios los gestionan entidades sin ánimo de lucro: la asociación de diseñadores, AVAM, la fundación Ruipérez [4]… En los últimos años se dio entrada a multinacionales de bebidas como patrocinadores de programas específicos [5], que finalmente han desaparecido. Pero quitando el Teatro Español, creo que el nivel de las actividades de este mega centro no justifica el gasto de un solo euro. Dar sentido y viabilidad — pero sobre todo sentido — a una infraestructura de estas dimensiones y costes va a ser todo un reto para quien gane la alcaldía de Madrid. La verdad es que no espero nada bueno.

CentroCentro no responde a nada: ni necesidades culturales, ni servicio a la ciudadanía, ni responsabilidad con los recursos… Era otra fantasía imperial de Gallardón. Como Matadero, de lo primero que carece es de sentido. Es un lugar muy grande y muy bonito donde se desarrollan actividades culturales sin pies ni cabeza. Y grandes fiestas. Nunca tuvo un proyecto museológico, ese documento en el que se explica el porqué de la inversión y de los programas. Substituyó al Museo de la Ciudad, el peor museo de Madrid durante décadas, sin acertar a plantear una línea de trabajo coherente sobre su tema: la ciudad. Está claro que desarrollar un programa sobre los fenómenos urbanos que se están produciendo al hilo de la globalización y la transformación del capitalismo sobrepasa las capacidades de nadie que haya pasado hasta ahora por CentroCentro, el Área de las Artes y no digamos Madrid Destino. Por lo demás los espacios son inmanejables museográficamente. Yo se lo alquilaría a una multinacional de moda y con ese dinero financiaría no sólo un centro de estudios de la ciudad, sino todo un sistema de apoyo a la creación.

El Conde Duque estuvo en obras durante los años gloriosos de Gallardón y cuando por fin pudieron abrir de nuevo la fiesta ya había acabado. Alberga entre otras cosas el Museo Municipal de Arte Contemporáneo, que se acaba de re-inaugurar. La colección es un desastre, aunque quizás no peor que la del CA2M. La ausencia de un museo que recoja la historia del arte moderno y contemporáneo de Madrid, al menos desde la primera aparición de movimientos vanguardistas en la II República, es una muestra más de la desidia e ignorancia de nuestros gobernantes. No tiene sentido además que haya un museo de la CAM y otro del Ayuntamiento, salvo porque así se gasta más dinero en obras, contratas y chanchullos varios. El 99% de la producción artística de Madrid se ha realizado en la capital, y aunque es muy deseable que se funden y potencien centros de arte en otras ciudades de la Comunidad, hablar de arte madrileño es sobre todo hablar del arte de la ciudad de Madrid.

Una compulsión curiosa de los espacios creados por el PP es la multifunción. Ninguno de estos centros es específicamente un centro o museo de arte contemporáneo. Son recintos que incluyen museos, archivos, teatros, que organizan conciertos, fiestas, ferias… se trata de un fenómeno que refuerza la tendencia hacia el parque temático como modelo de gestión, y aunque en algunos casos puede tener sentido la agregación de campos culturales, a lo que conduce en realidad es a una pérdida de identidad de las instituciones.

Hay que decir que en otros tiempos hubo una serie de centros en Móstoles, Leganés y Alcorcón, no sé si también en Getafe, que formaron colecciones bastante buenas. No sé que ha sido ni de estos centros ni de las colecciones, pero seguramente el interés por construir infraestructuras mayores, es decir, por el negocio de la construcción, los ha dejado arrinconados.

El Ayuntamiento cuenta además con otras instalaciones, como el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa — otro nombre digno de estudio — o una red de centro culturales de distrito que se dedican sobre todo a impartir talleres y cursos sobre los temas más variados. Como decía al principio, éstos sí cumplen una función, aunque no sé si llamarla cultural. Para ser precisos deberían llamarse centros sociales y sería necesario que en paralelo a ellos hubiese en Madrid una red de centros dedicados a las culturas contemporáneas, capaces de ofrecer otros contenidos y dirigirse a otros públicos. Este es un papel que idealmente harían a la perfección los centros autogestionados — como centros de experimentación social y política — y los espacios independientes de arte, que tienen la potencialidad para desarrollar y difundir el amplio espectro de la cultura visual del presente. Articular una política que desarrolle una red de espacios con esta vocación no me parece tan difícil como rescatar los monstruos que vamos a heredar del largo periodo de gobiernos del PP, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de inmuebles vacíos propiedad del Ayuntamiento. Otra cosa es que exista un político a quien le interese realmente la aparición de un pensamiento crítico e independiente, o que sea capaz de ceder cuotas de poder a la sociedad sin interponer instrumentos de control.

(Continúa la semana que viene)


[1] Rueda de prensa del 22/01/2015 http://youtu.be/HyCOuVDaf4E
[2] http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/02/madrid/1404330114_604339.html
[3] http://antimuseo.blogspot.mx/2015/01/el-margen-como-espacio-de-apertura.html
[4] Plano del Matadero: http://www.mataderomadrid.org/mapa
[5] Por ejemplo la Red Bull Music Academy hace unos años.
http://www.mataderomadrid.org/ficha/993/red-bull-music-academy.html

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