miércoles, 18 de febrero de 2015

Qué espacios de arte No necesita Madrid - parte 2

Respecto a la Comunidad Autónoma de Madrid, como Esperanza Aguirre ha deshecho más de lo que ha hecho, creo que las cosas en realidad resultarían más fáciles. La falta de articulación de los espacios de arte de la CAM es completa y el catálogo corto [1]: Alcalá 31, CA2M, la sala del Canal Isabel II y la Sala de Arte Joven en la avenida de América. Hay que señalar que las competencias en cultura corresponden a las comunidades autónomas. Es decir, la responsable del fomento del arte y el apoyo a la creación en Madrid es la CAM, ni el ex-Ministerio de Cultura ni el Ayuntamiento. Resulta por tanto sorprendente que la CAM tenga infraestructuras culturales menores y peores que el Ayuntamiento, y no digamos el hecho de que no haya una consejería de cultura.

Hay poco que decir acerca de Alcalá 31, famosa por su errática programación desde los tiempos de Santiago Fisas, del Canal o de Arte Joven, que quizás es la que ha tenido una función más clara dentro del panorama artístico de Madrid.

El CA2M, Centro de Arte Dos de Mayo, es sin embargo el mejor ejemplo de la suma de disparates que han sido las despolíticas culturales de Madrid. Empezando por su ubicación, que estaría muy bien si en Madrid hubiese un Museo de Arte Contemporáneo de verdad, pero no lo hay. El decreto fundacional[2] deja claro que éste es el Museo y Centro de Arte de la Comunidad de Madrid, que se crea para albergar su colección y que su ámbito de actuación es toda la comunidad. La decisión de Esperanza Aguirre de crear la principal infraestructura de arte de la comunidad en Móstoles nunca ha sido ni discutida ni explicada, pero no hace falta ser muy perspicaz para comprender que fue una manera de respaldar a Esteban Parro, el primer alcalde del Partido Popular en esta población tradicionalmente de izquierdas, que había ganado las elecciones de 2003 por un estrecho margen. Y seguramente una demostración más de su retorcido humor, al dotar a los artistas de Madrid de unas instalaciones que sin duda todos necesitábamos, pero allí donde no pudieran sernos de utilidad alguna. Si tenemos en cuenta que el CA2M “Quiere ser un centro de referencia de debate y conocimiento del arte contemporáneo. Se constituye como un centro de reflexión sobre la creación más emergente…” tendríamos que pensar en la cantidad de artistas, curadores y críticos, por no decir galerías, que trabajan en Móstoles comparados con los que hay en Madrid capital. Lo que menos entiendo de todas formas es la falta de respuesta del mundo del arte madrileño.

Este centro se inauguró en 2008 con una exposición que pretendía ubicar el “nacimiento de la ciudadanía” en el levantamiento del 2 de mayo de 1808. No voy a entrar aquí en un análisis sobre aquello, ni a comparar el levantamiento popular contra el ejército de Napoleón con el que hubo también en Madrid el 19 de julio de 1936. La exposición si tituló “Madrid 2 de Mayo: un pueblo, una nación”. (¿Por qué me recuerda a aquello de “Ein Volk, ein Reich, ein(e) Führer(in)”?) y el curador, el escritor Arturo Pérez Reverte, cobró 300.000 euros de honorarios. Los más altos pagados hasta ahora en el mundo del arte español. Pero la celebración del 2 de Mayo no quedó aquí: se gastaron casi 8 millones en distintas actividades y espectáculos, además de otros 15 millones en la producción de la película Sangre de Mayo, que no ha visto ni Dios[3].

El director del CA2M es desde entonces Ferrán Barenblit, quien sumó méritos para este cargo con la organización en 2007 de la exposición Entresijos y Gallinejas, cuando dirigía el Centro Santa Mónica en Barcelona. Esta exposición era parte de un programa de la Consejería de Cultura de la CAM llamado Made in Madrid[4], que pretendía llevar la cultura madrileña al “exterior” (o sea, al vecino país de Cataluña). De hecho se presentó como la primera actividad de una estrategia más amplia. Pero la verdad es que nunca tuvo continuidad — con Santiago Fisas la Consejería de Cultura fue una entidad perfectamente inútil — y que casualmente dicho programa inédito se realizó sólo un mes antes de las elecciones en que Esperanza Aguirre fue reelegida por primera vez y sin sobornos, es decir, ya en campaña. No sé si me sorprende más la poca vergüenza de los políticos o la de los curadores y artistas que toman parte en este tipo de cosas. En su momento publiqué un texto[5] que contaba con detalle la tortuosa preparación de esta exposición y denunciaba el engaño que se estaba tramando contra los colectivos independientes de Madrid, que hasta entonces nunca habían sido de interés para Esperanza Aguirre ni para Santiago Fisas, pese a que habíamos intentado abrir un diálogo con ellos para crear un sistema de apoyo similar al que habíamos conseguido un año antes en el Ayuntamiento. Lo que hay que reconocer es que Barenblit nunca ha defraudado la confianza que la ex-presidenta depositó en él.

El último capítulo del sainete del CA2M ha sido la “aceptación” de la colección de la Fundación ARCO. Un acervo que la misma fundación ha preferido mantener a la sombra, dado que las compras nunca se hicieron siguiendo criterios de calidad, sino por compromisos con las galerías, y que nadie había querido albergar hasta ahora. La Fundación ARCO, que me imagino que es de IFEMA, por tanto del Ayuntamiento y de la CAM, y por tanto financiada por todos nosotros, debe estar al borde de la quiebra y mantener una colección implica costes considerables: seguros, almacenamiento bajo condiciones controladas de temperatura y humedad, seguridad, supervisión técnica de restauradores… El problema de que el CA2M se haga cargo de la colección es que de lo que se está haciendo cargo en realidad es de esos costes de conservación. Un torpedo más a la línea de flotación de este atribulado museo - centro de arte, que en vez de aumentar sus recursos para mejorar una colección de por sí deficiente, o para implementar programas que estimulen la escena artística de Móstoles (es un decir), ahora debe cargar con un muerto que lleva años buscando sepultura.

La historia del CA2M resume todos los vicios de la política cultural que hemos sufrido con el Partido Popular: instrumentalización de la cultura con fines electorales, oportunismo, falta de rigor, inversiones enormes con objetivos de corto plazo, desprecio a los artistas y demás profesionales del arte, y corrupción, corrupción y más corrupción. Aquí sólo han faltado el pequeño Nicolás y la miss Barcelona que Ballarín contrató como asesora de cultura en Moncloa. Pero no ha sido por falta de ganas, recordemos que Álvaro Ballarín dejó la dirección general de Archivos, Museos y Bibliotecas porque resultó elegido en 2007 y tuvo que incorporarse como concejal.

A pesar de todo yo no creo que haya que cerrarlo. Pienso que la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid deberían crear conjuntamente un museo en condiciones en la capital, con la doble vocación de reunir una colección del arte madrileño de los siglos XX y XXI, y de promover y apoyar la creación más experimental. El CA2M, en un esquema racional, quedaría como un centro de arte, que es una cosa distinta de un museo, para difundir este acervo (si llegara a formarse) y sobre todo para fomentar la creación artística en las ciudades del sur. Es decir, con una vocación descentralizadora, no descentradora. De verdad es increíble — y digo esto sin perder la perspectiva crítica sobre el “Museo” como tal — que la Comunidad de Madrid, desde el 1 de marzo de 1983 que se aprobó su estatuto, no haya sido capaz de crear una institución de arte contemporáneo en condiciones.

La colección de la Fundación ARCO sí que la devolvería. O mejor aún, la vendería para pagar cosas más útiles, aunque por desgracia esto también sea imposible. En cualquier caso el próximo consejero de cultura, si lo hay, debería llevar el acuerdo de cesión a los tribunales, porque es una estafa más a los madrileños. No tenemos por qué pagar con nuestros impuestos las consecuencias de viejos errores, y mucho menos condenar nuestras políticas culturales porque la Fundación Arco tuviese una política de compras cuyo principal objetivo era conseguir que algunas galerías de prestigio, que de otra manera jamás habrían venido a Madrid, participasen en la feria.

La última gran institución local es precisamente ARCO, la feria de arte contemporáneo de Madrid. Porque ARCO, al contrario que el resto de las ferias de arte del mundo, es una institución pública. Es sorprendente como los gobiernos neoliberales aman el dinero público, siempre que sea para estimular los negocios privados. Podemos calcular que en sus mejores momentos ARCO facturaba más de 10 millones de euros, sobre un presupuesto de gastos de 7. Como es de esperar el beneficio siempre se ha aplicado al apoyo de la creación en Madrid. ¿O no? Es una broma, sabemos que el dinero que entra en IFEMA puede ir a cualquier sitio menos a la cultura. En cualquier caso las pérdidas, que las ha habido en los últimos años, imagino que sí que nos las hemos repartido los madrileños, aunque en esta última edición sea con la ayuda de los contribuyentes colombianos. Ver al respecto los artículos de Carlos Jiménez y Elena Vozmediano [6]. Sobre ARCO se han vertido ríos de tinta, por lo que no voy a explayarme más. La misma dinámica competitiva de las ferias de arte la está conduciendo a un callejón sin salida, y es difícil que recupere las inmensas aportaciones de dinero público que disfrutó en los años previos a al crisis. Lo lógico sería que el Partido Popular la privatice ya mismo, antes de las elecciones. No sé como no se les ha ocurrido antes.

Entrando en las conclusiones, hay tres panoramas posibles tras las elecciones locales de mayo: una nueva victoria del Partido Popular, que gobierne el PSOE o que lo haga una candidatura formada por Podemos, Ganemos, Equo y restos de IU. Creo que en todos los casos serían gobiernos en minoría, y salvo con el PP, que no puede traernos nada bueno, con los otros dos hay tanto oportunidades de mejorar como zonas obscuras. Debemos esperar un desconocimiento profundo del tejido creativo del arte madrileño y una sórdida lucha por el respectivo trozo del pastel entre los artistas e intelectuales que están involucrados con los distintos grupos. El PSOE necesita con urgencia legitimarse y recuperar base social. No tiene más remedio que abrirse a un diálogo muy amplio y ceder terreno a la sociedad civil. Por otra parte arrastra sus redes clientelares, muchos compromisos viejos — esperemos que no haya que pagar otra millonada por una cúpula de Barceló — y sobre todo la inercia controladora que ha caracterizado a las administraciones públicas durante los últimos 30 años. Del mismo modo que el Ayuntamiento de Gallardón creó Intermediae para suplantar a los espacios independientes, o que el de Tierno creó una sociedad municipal de conciertos para arrinconar a los productores independientes, o la revista Madriz para desplazar a La Luna, es de esperar que tiendan a substituirnos con programas, entidades o instituciones que plagian nuestros modelos de trabajo y vampirizan nuestros públicos, pero desactivando el pensamiento crítico.

En el segundo caso, una formación surgida de los movimientos ciudadanos, mi mayor temor es la implantación de una doctrina a la que deban plegarse las iniciativas de la sociedad civil. Es decir, lo que no encaje en la doctrina se borra del mapa. Y no es una sospecha infundada. Con la llegada de Manolo Borja Villel al Reina se formó un think tank (Traficantes de Sueños, Universidad Nómada…) que manifiesta una profunda hostilidad a las artes visuales. Paradójico pero cierto, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, así se llama, nunca ha puesto interés en la escena artística de base, quizás habría que decir grassroot para hacerla más atractiva, pero financia la producción de un discurso que execra el arte. El pensamiento que elaboran es sin duda valioso en otros órdenes y yo lo sigo, leo lo que publican y en ocasiones me interesa, pero no constituye una doctrina y mucho menos sobre arte. Declarar, como hizo Marcelo Expósito, que “quienes arriman el hombro construyendo política desde los movimientos desprecian el arte y se cachondean de los artistas” [7] es algo peor que una barbaridad, es la amenaza de una noche aún más oscura para el arte español. Marcelo, por cierto, está en el eje de cultura de Guanyem Barcelona y es un miembro destacado del think tank antes aludido. Yo no tengo ni el tiempo ni las ganas de discutir si el arte es una manifestación de la cultura burguesa. Creo que hace mucho que estamos en otro lugar. Lo que importa ahora es que los que están diseñando las líneas maestras de la política cultural de estas formaciones nos aclaren su posición respecto al arte contemporáneo, y que lo hagan con propuestas concretas y compromisos escritos, no con vaguedades sobre la transversalidad, la transparencia, la participación, etc. Si consigo entrevistarlos profundizaré en estas cuestiones. También es notoria la ignorancia de sus líderes, y como muestra un botón: Jorge Lago y Germán Cano, ambos miembros de la comisión de cultura de Podemos, pusieron como ejemplo de cultura independiente las galerías de la calle Doctor Fourquet [8]. ¡Helga de Alvear estandarte de la cultura antagonista! Bromas aparte, estas cosas dan miedo.

Para terminar, lo que está claro es que Madrid no necesita los centros de arte que ahora tiene. O al menos no como están planteados. Si lo que pretendemos es que haya una gran actividad cultural, que la creatividad de la sociedad encuentre cauces para desarrollarse, que el arte y la cultura en general contribuyan a la innovación y a la cohesión sociales, se debe apoyar la creación desde la base e impulsar una revolución pedagógica, y no más al negocio ni al espectáculo. Pero somos nosotros, los que hemos insuflado vida al arte de Madrid durante décadas, quienes debemos organizarnos para hacer un diagnóstico de los problemas y desarrollar el plan maestro que nos saque de hoyo.

Si estamos soñando que los miembros de los ejes y círculos o los delegados de cultura de los partidos convencionales conozcan y entiendan nuestra situación actual y nuestra historia; si estamos soñando que van a superar los prejuicios y lugares comunes con que han visto siempre el arte contemporáneo; si creemos que los que lleguen al poder van a anteponer el interés común al del partido o al personal; si estamos esperando que los sectores duros, esos que desprecian el arte y se cachondean de los artistas, se vuelvan tolerantes de la noche a la mañana y acepten la diversidad de la creación actual; si de verdad estamos soñando con el advenimiento mágico de un mundo maravilloso, vamos a sufrir un amargo despertar. Somos nosotros, la comunidad artística, quienes debemos hacer un análisis crítico y aportar soluciones.

[1] http://goo.gl/aCvVhO
[2] http://www.madrid.org/wleg/servlet/Servidor?opcion=VerHtml&nmnorma=4978&cdestado=P
[3] http://www.eldiario.es/politica/Esperanza-Aguirre-millones-promocionar-crisis_0_254775212.html
[4] http://elpais.com/diario/2007/04/14/catalunya/1176512851_850215.html
[5] http://www.antimuseo.org/textos/comunicados/gallinejas.html
[6] http://esferapublica.org/nfblog/arco2015/
y
http://www.elcultural.es/revista/arte/El-negocio-de-la-Feria-de-arte/34139
[7] Ver el primer comentario en:
http://esferapublica.org/nfblog/arte-y-politica-en-el-melancolico-callejon-de-las-aporias/
[8] "¿Como se consigue arrimar la cultura a la sociedad?
De entrada, mirando qué se está haciendo en este momento al margen de las instituciones. Como esta calle [Doctor Fourquet], que de manera espontánea se ha llenado de galerías sin subvenciones ni ayudas públicas."
Leer más:  El Confidencial, 11/11/2014: Queremos acabar con la ‘hipsterización’ de la cultura  http://bit.ly/1AsRf6E
(Lo más chistoso es que Doctor Fourquet se llenó de galerías por la presencia del Reina, nada espontáneo ni gratuito, y dentro del proceso de gentrificación de Lavapiés.)

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